0138 1959 09 Mundo Hispanico Barcelona

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HISPANICO

;N U¿àM E R O E S P E C IA L

BARCELÓ 1959 « n .°

138

25 ptas.

Tres tipos diferentes de trasatlánticos con e spléndidas acom o d aciones de Primera, S e g u n d a y Tercera clase, para d ar satis­ facción a todos los gustos y al alcance de todas las econom ías.

S a lid a s de: V i g o r L isb o a y Las P a lm a s p a r a Reclfe (P ernam b ucoj, S a lv a d o r (Bahía), Río d e J a n e iro , S a n ­ tos, M o n t e v id e o y B u e n o s A ire s. PROXIMAS SALIDAS DE LISBOA

DE VIGO

VAPOR

DE LAS PALMAS

PROXIMAS

SALIDAS

"REIN A DEL M AR" Hlghland Princes*. . . . 6 16 Hlghland M onarch. . . 3 A m asan............................. 25 Hlghland M onarch. . . . 12

de de de de de

7 17 4 26 13

O ctubre O ctubre Noviem bre Enero Febrero

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O ctubre Octubre Noviembre Enero Febrero

9 19 6 28 15

de de de de de

O ctubre O ctubre Noviembre Enero Febrero

De Santander: 18 de Octubre y 17 de Enero D e La Coruffa: 19 de O ctubre y 18 de Enero

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.

Nitrocelulosa para barnices

M erca d o oficial de artesanía esp añola

\

El éxito español en la Feria de Comercio de Nueva York, donde los exportadores de la Península consiguieron pedidos por un total de seis millo­ nes de dólares, ha animado a los comerciantes españoles a participar en la exposición que se celebrará en Santiago de Chile el año 1960. A tal efecto se ha constituido una entidad privada—Promo Chile—, integrada por Nitratos de Chile y un gran número de industrias españolas.

Con un presupuesto de cuatro millones de bolívares (1.142.000 dólares) anuales ha quedado cons­ tituida en Venezuela la Fundación

SANTA CRUZ DE TENERIFE (ISLAS

Shell, creada por la empresa pe­ trolífera del mismo nombre, que se dedicará a actividades científi­ cas, benéficas y culturales.

Jaime Laredo, el joven violinista boliviano que obtuvo en Bruselas el premio en el difícil Concurso de Música Reina Isabel de Bélgica, ofrecerá en octubre un recital en el Carnegie Hall, de Nueva York y otro en Filadèlfia, donde volverá a actuar en diciembre como solista, bajo la dirección de Eugène Ormandy. Luego realizará una jira por Hispanoamérica.

España se convertirá en el más importante importador de tábaco cubano, aumentando el año pró­ ximo las compras de cigarros ha­

CANARIAS)

Plaza de la Candelaria, 10 Teléfonos 15 25 y 24 30

banos, de los que anualmente se consumen 40 millones, por un va­ lor de ocho millones de dólares, en la Península.

La Empresa Nacional de Electricidad, de Chile, invertirá 60 millones de dólares, de aquí a 1972, en la construcción de centrales eléctricas, a fin de cuadruplicar la producción actual, que es de 328.000 kilovatios hora al año.

Más de 16 compañías extranje­ ras y cuatro españolas obtendrán concesiones petrolíferas en la Pen­ ínsula y las provincias españolas de Africa, atraídas por las faci­ lidades que otorga la nueva Ley de Hidrocarburos, recientemente

aprobada por el Gobierno de Ma­ drid. Existe la «casi absoluta se­ guridad» de que en la región pirenaica y en las llanuras desér­ ticas del Sáhara español hay gran­ des yacimientos.

Los cadetes de la Marina de guerra y del Ejército portugués recibirán una parte de su preparación del último año de la Academia Militar en cur­ sillos y maniobras comunes con los cadetes españoles.

Trabajos auténticos de artesanía canaria

El día 10 de agosto comenzó en el Ecuador el Año de la Recor­ dación Nacional, destinado a con­ memorar el CL aniversario de la revolución emancipadora quiteña de 1809. El Gobierno ha abierto un concurso histórico, en el que pueden participar los americanis­ tas ecuatorianos o de cualquier otra nacionalidad, entregando sus

*

Cerámica y vidrio ★

trabajos antes del 24 de mayo del año próximo. El Presidente de la República concederá un premio de óO.OOO sucres al autor del trabajo que el Jurado califique mejor, y la obra premiada será editada por el Ministerio de Educación Públi­ ca. En el caso de aue el autor re­ sida fuera del país, el Gobierno lo invitará a visitar el Ecuador.

El número de turistas y hombres de negocios hispanoamericanos que visi­ tan los Estados Unidos va en aumento. En 1958 entraron 225.000 hispano­ americanos, que gastaron 125 millones de dólares. Se calcula que en 1959 la cifra será un 10 por 100 mayor.

Mantillas, velos y tules ★

Colombia recibirá equipos in­ dustriales—en especial maquinaria para realizar perforaciones petro­ líferas y tractores—, a sí como productos químicos, fabricados en Rumania, en virtud del primer

M antelerías bordadas típicas de la Península

convenio de intercambio comercial firmado con aquel país entre la Federación Nacional de Cafeteros y la Prodexport (empresa estatal rumana del comercio exterior).

El próximo Vresidente de la República portuguesa ya no será elegido por sufragio directo, como hasta ahora se hacía. La Asamblea Nacional ha aprobado una enmienda constitucional por la cual el sufragio directo se mantiene para las elecciones parlamentarias, pero el Vresidente será designado por un cuerpo electoral restringido.



Muñecas, objetos de co b re y m a d era

El ex presidente guatemalteco Juan José Arévalo continuará re­ sidiendo en Caracas, donde es ac­ tualmente profesor de la Univer­ sidad, a pesar de que el Gobierno

de su país le ha restituido los bie­ nes, valorados en .300.000 dólares, que le fueron confiscados en ju­ nio de 1954 por el coronel Carlos Castillo Armas.

En el puerto chileno de Arica se instalará una fábrica de automóviles japoneses. La empresa Nissan Motors, constructora de los vehículos Natsun, ha firmado un convenio con la Casa Mussa, en virtud del cual durante los dos primeros años se producirán 2.500 automóviles, pasando después a fabricarse la misma cifra anualmente.

Muy visitado por el turista de Hispanoamérica «

Un reactor nuclear que tendrá una capacidad de 150.000 kilova­ tios y producirá energía eléctrica al mismo costo que la actual, ba­ sada en el consumo de carbón o petróleo, va a ser instalado en

Brasil, a orillas del río Iguape, a 160 kilómetros del puerto de San­ tos. La construcción de la central costará 40 millones de dólares y entrará en fu n cio n a m ien to en 1963. Armando PUENTE

MUNDO HISPANICO N IM B O 138

Director : J O A Q U I N

CAMPI LLO

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SiPIltfflBRt 1959

AÑO XII

»

25 PtStTAS

D epósito legal. M. 1034-1958

SUMARIO

zííl

P O R T A D A . (F o to co lo r de R oca C asan o v a.) L os tra b a jo s y los d ía s, p o r A rm a n d o P u e n te ............................................................................... 4 B a rc e lo n a , p o r Jo sé M aría de P o rció les, a lc ald e de B a rc e lo n a ................................................~ 0 C a ta lu ñ a , p o r B las P iñ a r ............................ ............................................................................................... J U n a c iudad de la V irg e n , p o r Jo sé M a ría de S a g a r r a ..................................................................... * C a rte l de fiestas. (Ilu s tra c ió n de J ip .) ................................................... . ............................................ I® F ie s ta s de la M erced, p o r J o a q u ín M a ría de N a d a l. (F o to s de Sáenz G u e rre ro .) ........ 11 F ie s ta m a y o r en la que la fe se a s ie n ta ........................................................................................... *4 N o ch es de B arce lo n a , p o r S e b a stiá n G asch. (F o to s P o s tiu s .) ................................................ 15 B a rc e lo n a desde a r r ib a . (F o to s P o s tiu s .) .......................................................................................... *9 A lg u n a s c ifra s de B arc e lo n a .................................. ................................................................................... 20 R e to rn o de E u g en io d ’O rs, p o r J a im e F e r r á n ........................................................................... 21 E l paseo de G racia, p o r Jo sé M aría E sp in á s ........................................ ........................................ 23 B a rc e lo n a ro m a n a , p o r A g u stín D u rá n y S a m p e re . (F o to s P o s tiu s .) .............................. 27 B a rc e lo n a , de fiesta en fie sta , p o r «S em pronio». (F o to s P o s tiu s y S áenz G u e rre ro .) 31 C a rte l de la M erced ................................................................................................. P o s ta le s de B arce lo n a . (F o to co lo r de R oca C asa n o v a.) ............................................................. 36 L a s re a le s A ta ra z a n a s , p o r J o sé M aría M a rtín e z H id alg o , d ire c to r del M useo M arítim o . 40 L a V I F lo ta de los E sta d o s U nid o s, h a b itu a l e n B a rc e lo n a , p o r M an u el V ig il. (F o to s P o s tiu s y O fficial P h o to g ra p h U . S. N a v y .) ................ .............................................................. 47 C o n fe re n c ia C lub, p o r C arlo s S oldevila. (F o to S a g a rra .) ......................................................... 51 E n p rim e ra fila del a r te a b s tr a c to , p o r C esáreo R o d ríg u e z A g u ile ra .............................. 52 E l te a tr o g rie g o , p o r L u is M arsilla c h . (F o to s X a v ie r M ise ra c h s, e x clu siv a s.) ................ 57 B arc e lo n a y su cin e, p o r J u a n F ra n c is c o de L a s a . (F o to s a rc h iv o R a m iro de C a ra lt.) 60 •••••;• 63 C. de F . B arce lo n a , p o r M iguel G a rc ía B aró ....................... B arce lo n a , ¿ p rim e ra P la z a de T oros de E s p a ñ a ? , p o r N é s to r L u já n . (F o to s T. A . F . y E u ro p a P re s s.) ........................................................................................................................................ U n a ig le sia fu n c io n a l y m ís tic a , p o r M. S .......................... ......................................................... ¿1 T a r r a s a y sus ig le sias v isig ó tic as, p o r J o sé C arb o n ell C osta ........................................... 81 E l c a ta lá n , le n g u a h is p á n ic a , p o r G u illerm o D ía z -P la ja . (Ilu stra c io n e s de L u is de B en .) 87 E l P re m io B oscán, p o r J o sé M a ría C a s tro C alvo ...................................................................... 89 El I n s titu to de E stu d io s H isp án ic o s de B a rc e lo n a , p o r R am ó n M u lle ra s .................. . 89 Dos vacíos en la poesía c a ta la n a c o n te m p o rá n e a : C arie s R ib a y J o sé M .n López P ic o . 90 A n to lo g ía de poesía en c a ta lá n . (S elección de A n to n io C o m a s; ilu s tra c io n e s de Ig le ­ s ia s del M a rq u e t.) ...............................................................-........................... ••••••;............. :........... . ^3 A n to lo g ía de p o e ta s c a ta la n e s en c aste lla n o . (Selección de F . G alí ; ilu s tra c io n e s de L u is de B en.) ................................................................................................................................................. C o lab o ració n lite r a r ia de M an u e l V ig il, E d u a rd o M arco, J o sé M a ría G a rc ía B aró y S a lv a d o r Jim é n ez . C o lab o ració n a r tís tic a de L u is de B en , Ig le sia s del M a rq u e t, C. E . S. C., J ip , O lom í y D a n iel del S o la r. D IR E C C IO N , R E D A C C IO N Y A D M IN IS T R A C IO N A v e n id a de los R eyes C atólicos, C iu d ad U n iv e rs ita ria (M a d rid ) T E L E F O N O S : R e d a c c ió n : 57 32 10. A d m in is tra c ió n : 57 03 12. A d m in is tra c ió n y R e d a c c ió n : 24 91 23 D IR E C C IO N P O S T A L P A R A T O D O S L O S S E R V IC IO S : A p a rta d o de C orreos 245 - M adrid E M P R E S A D IS T R IB U ID O R A : E diciones Ib e ro a m e ric a n a s (E . I. S. A .). P iz a rro , 17 - M adrid IM P R E S O R E S : T ip o g ra fía y e n cu a d e rn a c ió n : E d ito ria l M a g is te rio E s p a ñ o l, S. A . (M a d rid ). H u e co g rab a d o y o f f s e t: H e ra c lio F o u rn ie r, S . A . (V ito r ia ). E N T E R E D A S SE C O N D C L A SS M A T T E R A T T H E P O S T O F F IC E A T N E W Y O R K . M O N T H L Y : 1959. N U M B E R 138. R O IG , N E W Y O R K «M U N D O H IS P A N IC O » . S P A N IS H B O O K S, 576, 6 th A ve. N . Y . C. PR E C IO S : E S PA Ñ A .-—E j e m p la r : .15 p e se ta s.— S u sc rip c ió n s e m e s tra l: 85 p e se ta s.— S u sc rip c ió n a n u a l : 160 p e se ta s.— S u sc rip c ió n p o r dos a ñ o s : 270 p e se ta s.— A M E R IC A .— S u sc rip c ió n a n u a l : 5 dó­ la re s.— S u scrip ció n p o r dos a ños : 8,50 d ó la re s.— S u sc rip c ió n p o r tre s a ños : 12 d ó la re s.— E S T A D O S U N ID O S Y P U E R T O R IC O .— S obre el p re c io de su sc rip c ió n : 1,50 d ó la re s p o r a ñ o , de g a sto s de fra n q u e o .— E U R O P A Y O T R O S P A IS E S .— Sobre el p recio de su sc rip c ió n : p o r a ñ o , 60 p e se ta s p o r g a sto s de fra n q u e o s in c e rtific a r, o 120 p e se ta s p o r g a sto s de fra n q u e o certificado.

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LINDO HISPANICO” este magnífico portavoz de la m isió n e c u m é n ic a de nuestra raza, dedica el I mi ■ presente número a Barcej V I lon a, p rosigu ien d o su > mf ■ plausible tarea de dar a ■■■ conocer los valores y las características de las tierras y las gentes hispanas. Recuerdo que ya en 1951 publicó esta revista un estudio monográfico de la ciudad, que, por su alarde tipográfico y por el interés de sus colaboraciones, constituye una referencia documental de primer or­ den, digna de figurar en la mejor hemero­ teca barcelonesa. Será, pues, sumamente ilustrativo poder comparar la fisonomía de la urbe a través de esos ocho años que separan a ambos nú­ meros de esta publicación. Barcelona es una ciudad que vive la crisis de un creci­ miento ininterrumpido, que desborda los límites de su término municipal y reclama un nuevo trato jurídico administrativo. En esta coyuntura histórica, henchida de pro­ mesas e ilusiones, la ciudad se prepara y toma aliento para emprender su marcha hacia la plenitud, asegurada por su vigo­ roso complejo económico-demográfico y alen tad a y en cau zad a por el n u evo régimen administrativo que el Estado, con generosa visión, le ha concedido. Año feliz y prometedor para Barcelona

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este de 1959, en el que tantos logros se consolidan y tantas aspiraciones se concre­ tan. Año en el que la tradicional inquietud emprendedora de sus hijos encontrará am­ biente propicio en la nueva política econó­ mica emprendida por el Gobierno, que exige esfuerzos y lealtad en un trabajo te­ naz y continuado, tan en armonía con las virtudes laborales de este pueblo. Si en el orden económico europeo Bar­ celona se dispone a trabajar con entusias­ mo, no menos saludable es su estado de ánimo en relación con los mercados de ha­ bla española, de antiguo atendidos por co­ merciantes catalanes que en América se hicieron famosos. En definitiva, se trata de fortalecer los vínculos comerciales creados por aquellos hombres de empresa barcelo­ neses de nacimiento o por adopción que supieron comprender las posibilidades eco­ nómicas e incluso ideológicas de este inter­ cambio comercial. Son los ejemplos inolvi­ dables de Juan Güell, de José Xifré, que fué alcalde de Barcelona; de Manuel Girona, de Bosch y Labrus y de tantos otros que en el comercio, en la industria o en la ban­ ca contribuyeron a hacer de la Hispanidad un cuerpo vivo, dinámico e indisoluble. La Barcelona de nuestros días, progre­ siva y sensible, quiere hacer honor al elo­ gio cervantino estableciendo, a través de sus hombres y sus empresas, una corres­ pondencia grata de firmes amistades.

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aquella extensión territorial, dividida en condados y sujeta a los avatares y vicisitudes de una época dura y revuelta, comparece y se delimita como la «Marca Hispánica». H ay aquí como un símbolo claro de esta idea clave de la misión : dos condados, el del Pallars y el de Ribagorza, que estuvieron libres de la invasión sarracena, es decir, que nunca fueron conquistados por fuerzas extrañas y que, por tanto, nunca fué pre­ ciso reconquistar, no entran ni constituyen la «Marca Hispánica». Lo hispánico co­ mienza, pues, con la Reconquista, con la redención, con la liberación de lo que cons­ tituye después el contorno geográfico de España. Aquello que no es preciso recon­ quistar ni liberar se hace hispánico por su aportación a la empresa común, por su incidencia en el afán colectivo, por su en­ voltura y mestizaje, de tal modo, que si, replegado en sí mismo, hubiera estado au­ sente de la aventura, jamás habría mere­ cido el agua lustrar de Hispania y el pa­ tronímico de hispánico. oda

Lo hispánico, en aquel entonces, se iden­ tifica y entraña en lo catalán. La tarea española, que tuvo brotes en latitudes pen­ insulares distintas, tiene aquí fisonomía más dibujada. La empresa catalana tiene marchamo español, y mientras en dichas latitudes nacen reinos con variadas deno­ minaciones, aquí se funda una región be­ ligerante con el nombre significativo de «Marca Hispánica», primer llar y campa­ mento de la Hispanidad. Cuando, al servicio de esta Hispanidad por América y Oceania, hemos conversado con los hombres de nuestra estirpe y hemos contemplado la vastedad de las tie r r a s adonde llegó la imprenta y el sello de Es­ paña, nuestro recuerdo ha volado hacia las brumas del Canigó y las aguas tibias y azules del golfo de Rosas, porque allí, en el Ampurdán, en Cataluña la Vieja, latió por vez primera, y bajo el signo de San Jorge, el corazón de nuestra Hispanidad. Por eso, cuando ahondando y profundi­ zando en el alma de Cataluña, encontramos su vena hispánica, frente a deserciones que más tarde habrían de producirse, los hom-

P o r

BLAS

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bres que estamos embarcados en la tarea de mantener por el mundo toda la siembra de España, no podemos por menos de re­ cordar que esta filiación hispánica de Ca­ taluña, que fué, como os he dicho, una filia­ ción originaria y de nacimiento, se perpetúa y se prolonga sin soluciones de continuidad. Porque cualquiera que sea lo que .afirmen ciertos historiadores en torno a las Capitu­ laciones de Santa Fe, lo cierto es que en la tarea descubridora del Nuevo Mundo y en esas Capitulaciones estuvieron presen­ tes los súbditos del rey de Aragón y que fueron los florines aragoneses y catalanes los que hicieron viable económicamente la empresa descubridora; y porque fué preci­ samente Barcelona, la capital, donde los Reyes Católicos Isabel y Fernando recibie­ ron a Cristóbal Colón, el Almirante, al re­ gresar del primer viaje al mundo recién aparecido. Más tarde, en medio de las vicisitudes y de las luchas políticas de nuestro pueblo, son los catalanes los que insisten y reivin­ dican, frente a los reyes Austrias y Borbones, su derecho, como españoles, a comer-

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T o rre s r e m a n a s c /e / a c a //e

ciar con América; catalanes fueron los creadores de aquella compañía mercantil de Nuestra Señora de Montserrat, que llevó barcos, mercancías y hombres a Puerto Rico, a Santo Domingo, a la Margarita y a todos los puertos de ambas orillas del Atlántico y del Pacífico de la América es­ pañola. Finalmente, cuando el Imperio se frag­ mentó y entró en la última etapa de su liquidación y derrumbamiento, fueron los catalanes los que, atentos a su misión his­ panoamericana, a su vieja histórica tradi­ ción, urgieron y presionaron al Gobierno central a fin de que crease un Ministerio preocupado de manera exclusiva de los pro­ blemas ultramarinos. El Ministerio de Ul­ tramar, que quizá sea el viejo precedente del Instituto que yo dirijo, aquel Ministerio fué creado a sugerencia, a impulso y bajo la presión de los catalanes, de tal forma, que dos catalanes ilustres, don Francisco Permanyer y don Víctor Balaguer, tuvieron al principio que regentarlo. No está, por consiguiente, Cataluña aje­ na a la tarea hispánica, y si hemos dicho que este quehacer histórico dibuja la con­ ciencia nacional, está claro que en la me­ dida en que pongamos en el horizonte de la juventud española el ideal de América, en esa medida nuestras juventudes—y, por tanto, la juventud de Cataluña—estarán plenamente identificadas con los destinos nacionales de nuestro pueblo. Pero si es verdad que Cataluña ha es­ tado presente en la tarea española, tam­

c /e /O ó /s /fo .

bién lo es que los españoles del resto de España no conocemos bastante a Cataluña. Y de Cataluña no hay que conocer tan sólo la superficie y el barniz externo, sino el paisaje y los hombres; y si hemos dicho que en la vieja Cataluña, pirenaica y sep­ tentrional, se encuentra la cuna hispánica, allí hemos de empezar nuestra peregrina­ ción, allí hemos de ir con los ojos anhelan­ tes a beber la luz del paisaje y a conversar con los hombres para conocer su alma. En el Ampurdán, viejo, antiguo, pirenaico y alto, en la vieja Cataluña, la más pura, entrañable y limpia de todas las Cataluñas, el campesino viste aún su barretina, y allí «les cobles»—conjunto u orquesta ins­ trumental de viento que preside el «fabiol», hombre que al mismo tiempo que sopla maneja con la mano el tamboril— acompasan el ritmo de las parejas, que en el aire ponen el sesgo de la fina silueta y de los pasos inocentes y populares de las «sardanas». Desde aquella región ampurdanesa—la más pura entre las regiones catalanas— , la tierra de Caterina Albers, el Pirineo ciñe y atraviesa el valle de Arán, Andorra y la Cerdaña, con Puigcerdà y el enclave de Llivia y la Seo de Urgel. Dos ríos—el Noguera Pallaresa y el No­ guera Ribagorzana—constituyen los ejes de un sistema hidroeléctrico fundamental para Cataluña y especialmente para la zona industrializada de la Maresma, que, con Mataró y Arenys de Mar, como núcleos más importantes, termina en Barcelona.

Al norte de la Maresma, la Costa Brava, con Tossa, S’Agaró y Bagur, cuyas calas contemplé una tarde de invierno, y en el triángulo que constituye Cataluña la Vieja, Olot, Gerona y el Montseny. Luego, al interior, las comarcas del Panadés y del Vallés, y bajando de nuevo, junto al mar, Tarragona, «Hispanici orbis regina et dea», reina y diosa del mundo hispánico; Reus, a la izquierda, en disputa con la capital, y Salou, con su playa her­ mosa. Más abajo, en el linde casi con el país «valensiá», Tortosa, con el delta del Ebro, transformado en arrozal, como si el río que llega hasta allí desde los montes de Canta­ bria quisiera despedirse con un beso de espigas de la tierra que le fué acariciando en su duro y largo recorrido. Al interior, la hoya de Lérida, con la Ségarra y Cervera— de «ciervo» o «cerviz»— , dejando pasar la carretera por debajo de su hondura y alzada sobre una loma, en­ carando la estepa fronteriza de los Monegros, próximos a transformarse de erial en jardín. Y en el centro, dominando y protegiendo a toda Cataluña, Montserrat, con su Virgen morena, donde aún van los prometidos a casarse y los recién casados a prometerse fidelidad, y donde, entre hábitos monacales, cabezas tonsuradas, cantos gregorianos y millares de exvotos, una escolania de voces atipladas y agudas entona el «virolay». B. P.

UNA CIUDAD DE LA VIRGEN ,

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''Montserrat y Mercedes — estos dos nombres moríanos permanecen incrustados en la columna vertebral de Barcelona”

UÉ en los albores del siglo xiii cuando Pe­ dro N olasco, R ai­ mundo de Peñafort y Jaime, llamado el Conquistador, conde de Barcelona y rey de Aragón, fundaron en nuestra catedral la Orden mercedaria para la re­ dención de cautivos. La Virgen María había favorecido a la ciu­ dad con la luz del milagro y la ciudad le dió este nuevo título : Nuestra Señora de las Merce­ des. Doscientos años antes, Oli­ va, biznieto de nuestro primer conde soberano, abad de Ripoll y de Cuixá y obispo de Vich y de Elna, había inmortalizado en Montserrat—la sagrada monta­ ña de Barcelona—la luz de otro milagro de la Virgen, fundando el monasterio, que, por su ex­ traordinaria trascendencia, fué y sigue siendo el más alto ex­ ponente que ha dado Cataluña a la cultura occidental. Desde entonces, Montserrat y Mercedes—estos dos nom bres marianos—permanecen incrus­ tados en la columna vertebral de Barcelona. Los hechos histó­ ricos que aquí ha ido acumu­ lando el tiempo se han produ­ cido bajo el signo de otros nom­ bres, pero ninguno ha tenido ni la grandeza ni la voluntad de permanencia que los que en- su oculta intimidad o en su exter­ na resonancia se han acogido al signo mariano. Barcelona es, pues, en su jugo histórico, una ciudad de la Virgen, a la que otra virgen—la mártir Santa Eulalia—vino a añadir feminei­ dad, ennobleciendo con su ban­ dera el Consejo de Ciento o mu­ nicipio barcelonés. No creo que sea un puro ca­ pricho poético atribuir a Bar­ celona una realidad histórica entrañablemente femenina, co­ mo su nombre, porque en la perfección democrática de sus

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antiguas instituciones gremia­ les y municipales, más que el capricho aventurero de un ma­ rido impetuoso y soñador, se adivina el cálculo, el realismo y el sentido común de una mujer ponderada, de fértil y generosa matriz, pero de mano segura en el mantenimiento de las llaves y en el gobierno de la casa. Cuando los reyes de Aragón fueron leones del Mediterráneo, su rama y su sangre principa­ les eran estrictamente barcelo­ nesas. Barcelona era dentro de la confederación la primera, la más rica, la más importante, la de peso específico más conside­ rable; pero aquellos monarcas se llamaron reyes de Aragón, de Valencia, de Mallorca y de Sicilia, y al final, condes de Barcelona. Es decir, Barcelona, cabeza de Cataluña, era la que por derecho propio le tocaba ir en cabeza, y en realidad iba a la cola, y no con denominación de monarquía, sino de simple condado. El peso, la fuerza y el dinero estaban en el Consejo de Ciento y en la Generalidad de Barcelona; el rey y las ins­ tituciones barcelonesas lo sa­ bían perfectamente; pero aque­ lla Barcelona tan femenina y tan segura de su realidad, des­ preciando la pompa de los nom­ bres y ateniéndose a la verdad de los hechos, se complacía pa­ radójicamente en un secreto or­ gullo y en una exterior modes­ tia; era la gran señora que no necesitaba salir al balcón con la corona puesta para que todo el mundo se diera cuenta de su valor. Esta manera de ser democrá­ tica, lisa y llana, y este prurito en preferir el fruto del trabajo al fruto de la retórica o del es­ fuerzo brillante, tan caracterís­ ticos de la mentalidad barcelone­ sa, deben de haber ido siempre acompañados de una imponde­

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rable, de una muy misteriosa gracia femenina, para que nues­ tra ciudad se haya podido pro­ yectar en la Historia con un color y con un timbre tan ori­ ginales y tan eficaces. Sin este algo—que es puro misterio o puro milagro—yo no compren­ dería la frase de Carlos V pre­ firiendo el título de conde de Barcelona al de Emperador de los romanos. Ni comprendería, admitiendo aún todo lo ficticio que pueda acarrear la literatu­ ra, los desmesurados y extraor­ dinarios p irop os que dirigió Cervantes a nuestra ciudad. Es significativo que desp u és del choque de Don Quijote con Bar­ celona entre en las páginas del gran libro un chorro de piedad, de razón y de comprensión, y en la muerte del héroe nos sea dado respirar un perfume como de maternal ternura. Tampoco creo gratuito el he­ cho de que San Ignacio de Lo­ yola—a mi modo de ver, el va­ rón más alto y más universal que España haya dado al mun­ do—aprendiese sus latines en­ tre unos párvulos barceloneses y que la caridad de dos piadosas mujeres de nuestro casco viejo le nutriese de sopas b a r c e lo ­ nesas. Nuestros dos más ejemplares poetas modernos, Verdaguer y Maragall, en sus dos respecti­ vas odas a nuestra ciudad, exal­ tan a Barcelona bajo una forma femenina. Verdaguer ve en ella a la hija de Hércules; Máragall, menos retórico y mitológi­ co, la personifica en una mujer de carne capaz de lo más selec­ to o de lo más grosero, pero, a pesar de todos los pesares, siempre arrebatadoramente en­ cantadora. En más de cincuenta años de experiencia ciudadana, y des­ pués de haber vivido tantos mo­ mentos dispares y contradicto­

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rios sobre la piel de mi ciudad, intento a veces formarme una idea o un concepto de la esen­ cia de Barcelona, y si me pier­ do entre sus muchos elementos y sus componentes, si se me destroza lo histórico dentro de ese caos de la Barcelona actual, henchida de inmigraciones, su­ cia y brillante de vulgaridad; si comparo el vestido y el porte de todas las Barcelonas de mi recuerdo, a fin de cuentas lo que resalta, lo que queda para mi meditación, sobre tantas es­ tampas crueles, v erg o n zo sa s, gloriosas o apasionadas de mi Barcelona, es este su tremendo carácter femenino, es esta pro­ funda dulzura de su filiación mariana : Montserrat y Merce­ des, dos nombres pronunciados sin afectación, dos esencias pe­ rennes en la columna vertebral de la ciudad más ponderada y más disparatada, la mayor en volumen y en aventura humana de cuantas viven todavía ba­ ñándose en la sal del Medite­ rráneo. Barcelona será algo muy re­ cónditamente femenino, porque somos los hombres de acá, mu­ cho más que las mujeres, los que sentimos una pasión por ella. Nos sorprende a veces una Barcelona monstruosa que nos molesta, pero en seguida nos compensa la molestia una Bar­ celona que es simple encanto. No sentimos el orgullo de ser hijos de ella, sino el deseo de servil-la, la solicitud de mejo­ rarla y la ambición de ennoble­ cerla. Porque esta Barcelona, a pesar de su venerable anciani­ dad, de su brutal hinchazón, de su promiscuación contemporá­ nea y de su vitalidad excesiva, nos parece todavía una mucha­ cha a medio vestir y a medio alhajar, que espera todavía mu­ cho de nuestro cuidado y de nuestra ternura.

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La imagen de Nuestra Se­ ñora d e la M erc ed será de nuevo entro n izad a en la b a ­ sílica para presidir, como le corre spon de, los f e s t e j o s .

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Las proezas de los Xiquets de Valls a t r a e r á n , como otras veces, la admiración de las g en tes, alzando su célebre y gigantesca torre hum an a.

La sardana será la c a r a c te ­ rística expresión festiva del p u e b l o b a r c e l o n é s , que adoptó la danza del Ampurdán como cerem onia p o p u ­ lar y propia.

El Paseo M a r í t i m o , aun cu an do no esté totalmente term in ado, lucirá sus mejo­ res galas para enm ar car la deportiva t r a v e s í a a nado anunciada.

Un nuevo ciclo de teatro latino proporcionará culto deleite a la afición refinada y selecta de barceloneses y visitantes.

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El maravilloso es pectáculo de los g ig an tes y los e n a ­ nos desfilará a n t e los ojos ingenuos y as ombrados de niños y grandes, propios y extraños.

La ciudad estre nará, con toda solemnidad y pompa — salvo imponderables de última hora— , unas fuen­ tes nuevas para mayor es­ plendor de las fiestas y de Barcelona.

FIESTAS DE LA MERCED Por J O A Q U I N

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'IESTA de la Merced, fiesta mayor de Barcelona, de esta Barce­ lona que vio nacer su devoción y su advocación; fiesta mayor de innumerables iglesias de todo el mundo, singularmente del mun­ do hispanoamericano, al que España llevó la devoción a la Virgen blanca con el descubrimiento, o con la conquista, acompañada con el recuerdo inolvidable de dos santos y de un rey. Fiesta mayor en las calles y en los espíritus. ¡Ah!; yo quisiera entretenerme un poco en la interpretación del tí­

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tulo que damos a esta fiesta. Si nos atenemos al sentido puramente gramatical, la fiesta mayor es tan sólo la mayor de las fiestas del año. Pero esta interpretación resultaría errónea, porque sería tan sólo cuan­ titativa, y la fiesta mayor no es una cantidad, es una cualidad; es un sentimiento. ¡Desdichados los pueblos que no la juzguen así! La fiesta mayor es como si todas las fiestas del año se hubiesen hecho alegría, y esta alegría se hubiese convertido en fiesta: fiesta del cuerpo y fiesta del alma. Justo así, por este orden, con las sonoridades )

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FIESTAS DE LA MERCED de lo material y los sentimientos de lo espiritual resonando en los oídos, fulgurando en los ojos, cantando en el alma. Teóricamente, en principio, la fiesta se celebra para honrar al Santo Patrón o a las Vírgenes en sus distintas titulaciones, pero algunas ve­ ces, y aun muchas veces, la idea del festejo se desplaza o se vuelve tan dominadora que el santo llega a desaparecer; algo así como aquellas Vírgenes que la piedad mal entendida vistió con ropajes y mantos y joyas y coronas hasta el punto de desaparecer bajo todo ello la santa imagen a la que quiso honrar. En tales casos, el santo llega a conver­ tirse en un mero punto de referencia, que situamos en el tiempo y en el espacio, y la fiesta mayor es el día en que se estrenaron tal traje o tales zapatos, o tal novio, o la fecha en que cogieron a tal torero, o triunfó tal equipo o riñeron los bandos enemigos de dos pueblos vecinos. Y es que lo adjetivo llega a dominar a lo sustantivo hasta el punto de ofuscarlo completamente. Y, no obstante, desdichados de nosotros el día en que las fiestas mayores desapareciesen, porque, a pesar de los errores en que puede incurrirse en ellas, o en torno de ellas, consti­ tuyen la base en que se asienta la fe de los pueblos y tienen una pro­ yección espiritual inmensa en la vida de ellos. Ahora bien, las fiestas mayores tienen reacciones espirituales dis­ tintas en los pueblos y en las ciudades; a los pueblos les inspiran ten­ dencias de ciudad, y a las ciudades, inclinaciones de pueblo. Así vemos que en los pueblos que carecen de salones ciudadanos se levantan esos fantásticos entoldados llenos de espejos y de cortinajes y de alfombras, y de arañas de cristal o de vidrio, con orquestas más o menos famosas y aun chillonas o lánguidas animadoras; y, en cambio, en las ciudades se levantan arcos de follaje, se disfrazan las calles con arreos pueble­ rinos, se tienden de casa a casa las cadenetas de «sortija», se desen­ tierra la indumentaria popular folklórica, y aun pedimos prestada a los pueblos una «cobla» que lleve a nuestras plazas, con las danzas típicas de las montañas, los sones humildes que diríase que nos traen perfumes de tomillo, de boj y de romero. Y es porque, guiados por un instinto de superación, los pueblos sienten la apetencia de la gran­ deza, y las ciudades el orgullo de ser pueblo, como aquellos modestos hijos del pueblo a quienes la suerte ha favorecido y recuerdan con año­ ranza los tiempos de sus humildades. Y los pueblos se convierten en ciudades pequeñas y las ciudades en pueblos grandes. Y no obstante, la posición de unos y otras sigue siendo fundamen­ talmente la misma: en su devoción por el santo, unos quieren emularle a fuerza de grandezas y las otras a copia de simplicidades. Tal vez ha llegado el momento de decir: «¡Ay de los pueblos que no sienten aque­ llos estímulos de superación!; pero ¡ay de las ciudades que no sienten las humildades de pueblo, porque serán como los nuevos ricos que re­ niegan de la modestia de sus padres!» Por una mal entendida vergüenza de parecer pueblo, se perdieron las típicas fiestas de la Merced de Barcelona hace años. Yo las recuerdo aque­ llas fiestas sencillas de mi infancia, en las que triunfaba la personalidad de cada calle, la fraternidad de cada barrio, la flor de la menestralía y el rígido colorido de la lustrina y la «sortija» serpeteante. Con estos cinco elementos y un hondo sentido religioso se organizaban las fiestas de la Merced más atrayentes, y en las calles resonaban alegrías con las canciones de las muchachas, los galanteos de los mozos, la palabrería de las mujeres, el ruido isócrono de los instrumentos, el canto de los pájaros enjaulados y el correteo de los chiquillos en libertad. (No sé yo si hubiese sido más discreto enjaular a los chiquillos y dejar en libertad a los pájaros.) La «sortija» era el primer elemento decorativo; orgía de colores, con la que se podían levantar salones de fiestas, palacios de fantasía y catedrales de ensueño. Pero no una «sortija» prefabricada, que puede comprarse a metros, sino de «artesanía», una artesanía que unía en sus mallas todas las casas y aun todas las viviendas, y todas las ca­ lles y todas las almas; una artesanía en la que habían puesto su trabajo todos los hombres y sus tijeras todas las mujeres. (Conste que esto último lo digo sin segunda intención.) Y ahora, ¡perdónenme los lectores!, porque voy a decir algo que sonará a profanación en mi boca, acostumbrada a cantar las glorias de la generación de 1888. Y lo que digo es esto: que con aquellas fies­ tas de la Merced de tipo popular y de barriada acabó la Exposición Universal de 1888. La cosa es dolorosa, pero es auténtica. Habíamos recibido a tantos reyes y a tantos príncipes; habíamos realizado tan extraordinarios fes­ tejos; habíamos entablado tan altas relaciones; en una palabra, había­ mos crecido tanto, que nos avergonzamos de nuestras fiestas modestas y tradicionales, que nos hacían parecer tan pequeños. Y la gente em­ pezó a retraerse, y se llegó a más: a retrasar el regreso del veraneo para no tener la impresión de que la ciudad parecía un pueblo. Y de esta manera malvivimos unos años—concretamente cinco—, hasta que a un dulcísimo día de la Merced le puso la nota trágica, en plena «parada» militar, la bomba de un anarquista. Aquella bomba malhirió al general Martínez Campos, pero hizo algo más grave aún: mató las fiestas de la Merced. Unos años más tarde (en 1902), el esfuerzo esporádico de un Ayun­ tamiento reinstauró aquellas fiestas con esplendores singulares; pero, de hecho, las fiestas habían muerto. No olvidemos que es más fácil dar la vida a los hombres que resucitar a los pueblos. Hace unos pocos años el Ayuntamiento de Barcelona ha intentado nuevamente la aventura. Los barceloneses debemos agradecérselo. Pero no olvidemos que para resucitar aquellas fiestas hemos de resucitar primero el espíritu que las informaba, que era la sutil amalgama de un hondo sentimiento religioso y de un profundo sentido de pueblo. Para conseguir una y otra cosa es menester superar la crisis de es­ piritualidad que está padeciendo el mundo; sólo esta victoria sobre nosotros mismos puede asegurarnos el éxito de las fiestas, no olvidan­ do, entre tanto, que es preferible una espiritualidad sin fiestas que unas fiestas sin espiritualidad. He aquí marcado el camino de la gran resurrección. Hay que empe­ zar por resucitar el espíritu y luego entregarse confiadamente a nues­ tras fiestas; entregarnos a ellas con el alma y con el cuerpo, y resucitar, con ellas, un espíritu y unas costumbres, y si alguien pretende za­ herir nuestra fiesta mayor diciendo que «hace pueblo», contestémosle con el orgullo del convencimiento: «¿Un pueblo? ¡Enhorabuena! Lo fuimos, lo somos y queremos serlo. Un pueblo hondamente religioso y profundamente mariano, que supo hacer una ciudad soberbia para los hombres y conservarse "pueblo” para las humildades de Dios.»

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La l e c t u r a del p r e g ó n de la s fie s ta s, solem ne pórtico del feste­ jo popular y b e­ lla retórica para anu ncia r la ale­ gría de un p u e ­ b lo q u e r in d e así cálido h o m e ­ naje a la Se ñ o ­ ra de la M e rce d .



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Fiesta de color y de form as, gran espectáculo para n iñ o s y p a ra grandes. T r a d i ­ ción y leyenda de ^ estos giga n ton es, ^ con su grotesca corte de enanos y cab ezud os, que congregarán a la m u l t i t u d .

LA ALEGRIA C O N V E R T ID A EN FIESTA ► La sardana, co­ m o c e r e m o n ia ineludible, p r e ­ t e x t o p a r a la c o m p e t ic ió n , la a g ilid a d y la gracia. A q uí, la alegría está co n ­ tenida y expresa­ da con sobria ele­ gancia, heredada por generaciones.



El juego, el re­ galo y la sorpre­ sa andan juntos e n esta b r o m a an tig u a de la p i­ ñata, a la que se ^ prestan v o lu n ta - ™ ñ á m e nte los ra­ paces de todo el m undo. T a m b ién — ¡ c ó m o no !— los de Barcelona.

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Mediterráneo ama las fiestas. Y Barcelona, mediterránea por sus cuatro costados, no constituye ciertamente una excepción a la regla. Fiestas solemnes unas, populares las otras, siempre bulle en alguno de los rincones del perí­ metro de la ciudad el eco de una fiesta. Y la dedicada a la Virgen de la Merced—que por algo, tratándose de la Patrona de la ciudad, ha conse­ guido el rango de fiesta mayor de Barcelona— alcanza una fosforescencia y un atractivo espe­ ciales. ¿Fiesta de gran tradición? Digamos, en honor a la verdad, que, históricamente, es más bien una celebración modesta. Fué en 1892 cuando por vez primera el Ayuntamiento barcelonés decidió pa­ trocinarla, y si descartamos las 20.000 banderitas que adornaron los árboles de la _Rambla, poco más sabemos en concreto de lo ocurrido en aque­ llas fechas. En cambio, diez años más tarde, la fiesta mayor de la ciudad revistió un esplendor inusitado, y el programa resultó tan atractivo que 150.000 forasteros se dieron cita en la Ciu­ dad Condal, si no mienten las crónicas. Muchísimas calles de la ciudad lucieron ilumi­ naciones extraordinarias. Celebráronse toda clase de concursos deportivos y culturales, siendo los de orfeones y el de gigantes y enanos de todas las poblaciones de Cataluña los que despertaron mayores admiraciones. No faltaron las inaugura­ ciones de exposiciones de arte diversas—la de arte antiguo revistió una importancia excepcio­ nal—, y también tuvo lugar la inauguración del Museo Provincial. Otro número destacado de los festejos fué la organización de una aparatosa ca­ balgata artístico-industrial, con más de 50 ca­ rrozas, que, vistosísima, recorrió las calles barce­ lonesas entre la admiración general. Es a partir de este año, 1902, y con muy sensi-

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El paso in u sita d o de los g iga n te s, con su so rp re n ­ dente m ajestad, con la grotesca desproporción de su estatura, reúne en la plaza de C a ta lu ñ a la re­ gocijada cu riosid ad de las gentes. El interior de la basílica de la M e rc e d m uestra todo el esplendor del oficio solem ne con que se rinde culto y d e ­ voción a la Patrona de la laboriosa ciudad catalana.

bles intermitencias, cuando la Patrona barcelonesa ha podido contar regularmente con la celebración en la última decena de septiembre de un denso programa de festejos, en el que saben conjugarse, con innegable instinto, lo solemne y lo popular, lo que les otorga un cariz inconfundible y que responde con exactitud a la manera de ser de nuestro pueblo. *

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Ha sido en los últimos años cuando las fiestas de la Merced han recobrado el rango y esplen­ dor que merecen. La corporación municipal, en lucha—todo hay que decirlo—contra los elemen­ tos, está dispuesta a mantener el esplendor y pres­ tigio de unas celebraciones que, si no muy pro­ fundas, sí tienen poderosas y auténticas raíces en el sentir de los barceloneses. Porque la Merced parece tener un enemigo tradicional : la meteoro­ logía. Concretamente, la lluvia. La segunda quin­ cena de septiembre es, desde siempre, la de tiem­ po más inseguro del año en la Ciudad Condal. Desde 1892 hasta la fecha, el elemento líquido nunca faltó a la cita, y con su presencia deslu­ ció, o entorpeció cuando menos, la celebración de muchos de los actos al aire libre, que son pre­ cisamente los que tienen una vibración y un sa­ bor más populares. Es una batalla anual, en la que la habilidad y un punto—¿por qué no de­ cirlo—de tozudez de los barceloneses salen final­ mente victoriosos, considerando las cosas desde un punto de vista global, si bien han debido batirse en retirada en algunas de las escaramuzas. Pero el esplendor de las fiestas, su creciente dimensión, superan ampliamente ese contratiempo, diríase que inesquivable. Año tras año, el pro­ grama ha ido ampliándose y adquiriendo una importancia evidente, con la incorporación de ce­ lebraciones de tipo internacional, sin olvidar ja­ más las populares y folklóricas, que están en la misma esencia de las fiestas. Y hoy ya puede hablarse, con justicia, de una auténtica fiesta mayor de la ciudad.

P or SEBASTIAN GASCH

Barcelona de los años veinte y trein­ ta, la Barcelona de entre ambas gue­ rras, no cesaba de asombrarse. Podíase decir a la sazón que el mar y Barce­ lona eran los dos espectáculos que se renovaban con mayor frecuencia. Nun­ ca una ola es igual a la precedente, y en las calles de Barcelona, abundantes en mujeres adorables, millonarias en personajes curiosos, en escenas pinto­ rescas, la mirada no cesaba de admi­ rarse.

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Esa diversidad de cada minuto, sin embargo, esa facultad calidoscópica de los más modestos rincones de plazas y calles, ese perfume de aventura que se cernía sobre las Ramblas y sus andurriales, ese renuevo perpetuo de Barcelona, en donde bastaba pasearse para colmar una existencia entera, y ese tem­ peramento de fénix de una ciudad industrial que cada noche desaparecía, muerta de fatiga, en el silencio y en la sombra, y que todas las maña­ nas surgía de su sueño joven, palpitante, im­ prevista; todo eso, la actividad frenética de una ciudad entregada intensamente al trabajo, no era más que pequeñez y bagatela al lado de la mu­ tación insigne que Barcelona sufría por las no­ ches. Barcelona, de golpe y porrazo, se metamorfoseaba. Como la planta sale de la tierra, y al igual que el agua mana de los manantiales, sa­ lían de sus escondrijos los seres de la noche, los seres que moraban en la noche, los seres mar­ cados por la noche. Por eso se movían en un universo equidistante del ensueño y de la reali­ dad. Por eso eran poetas. Poetas del claro de luna. Una especie de fantasmas destinados a con­ mover una realidad construida por la imaginación. La Barcelona nocturna era famosa en el mundo entero. Hizo correr por todas partes ríos de tinta y motivó el gasto de toneladas de papel. Princi­ palmente, en Francia, entre los literatos ávidos de emociones fuertes y de pintoresquismo ilumina­ do con anilinas. Paul Morand es uno de los escritores france­ ses que ha dicho más tonterías sobre Barcelona. El capítulo titulado «La nuit catalane», de su li­ bro Ouvert la nuit, está impregnado de prejui­ cios y de fantasía delirante. Francis Careo, en cambio, fué uno de los que dijeron cosas más exactas. Los dos capítulos de Printemps d’Es­ pagne dedicados a nuestra ciudad eran una des­ cripción variada y animada, pletórica de vida y animación y, sobre todo, muy objetiva. No se apartaba casi nunca de la realidad. Morand no «vió» a Barcelona. Careo fué el que mejor la vió. Pierre Mac Orlan fué el que más habló de la Ciudad Condal. Detalle curioso : el leit motiv de todos sus textos sobre Barcelona es la calle del Cid, no así, estrictamente, como figuraba en el rótulo del siniestro callejón, sino con la añadidura de «Campeador». La «rue du Cid Campeador», auténtica obsesión, aparece en todos sus textos barceloneses, en sus libros Rues secrètes. Filles d’amour et ports d'Europe, La tra­ dition de minuit, La Bandera... Tendría necesidad de mayor espacio para ocuparme de La petite Infante de Castille, de Henri de Montherland, cuya acción se desarrolla en Barcelona y que da principio del siguiente modo : «Barcelona es una ciudad de 600.000 habitantes, y sólo cuenta con un urinario público...» En breve: Joseph Kessel decía que conocía muy mal Barcelona : los cafés-

Las primeras novedades, las últimas audacias de París y de Londres, repercutían seguidamente en Barcelona. Fernando Bayés hizo el milagro de convertir Barcelona en uno de los grandes centros del music-hall europeo. Bayés pudo ir del Alcá­ zar Español al Edén Concert, y del Edén Con­ cert al Principal Palace, porque tenía un afán extraordinario de superación; porque, espoleado por lo que veía constantemente en el extranjero, ardía en deseos de «hacer cosas», y porque era un hombre audaz para jugárselo todo en una atracción en la que tuviera fe. Así nos asombra­ ba un día con el Alcázar, con Turcy o con Dania, y otro día nos traía la rubia Parlsys en el Edén. Estaba orientado. Quienes tengan edad y memoria para recordar­ los, no habrán olvidado seguramente—no pueden olvidarlos—el buen gusto, la fantasía, la riqueza, la modernidad y el ritmo de las revistas presen­ tadas por Bayés, ni la superior calidad de sus temporadas de music-hall. Todas las vedettes in­ ternacionales desfilaron por el Principal Palace de Bayés. Vino Ivonne George (cantaba Mon homme). Vinieron Rosen, el hombre de los trein­ ta chalecos y de la picazón permanente en las piernas; el contorsionista Chester Kingston, los saltadores ingleses Boganny, el virtuoso de la ocarina Treki. Vino Mayol, con su tupé loco, su fantasía marsellesa y la portentosa elocuencia de sus manos. Vino la Mistinguette, y vino Che­ valier. Era la época en que su nombre ya em­ pezaba a figurar con recia tipografía en los car­ teles de París. Era la época del chaqué marrón, el pantalón a cuadros y el sombrero de copa. Era aquél un Chevalier de treinta y un años, del­ gado y afinado por las noches de Montmartre. Se prensentó en Barcelona dentro del marco esplen­ doroso de «Oh la revue!» También existía a la sazón el teatro Eldorado. Era un local muy acogedor, muy familiar, con una clientela distinguida, situado en el corazón —en lo que era el corazón—de Barcelona : la plaza de Cataluña. En el teatro Eldorado aplau­ dimos a Isaura y a Raquel Meller, a Spaventa y a Nita-Jo... Y hubo anteriormente el Salón Doré y la Sala Imperio, la inolvidable Sala Im­ perio de Tórtola Valencia y de las hermanas Gómez...

los grandes espectáculos de sus países respectivos. justamente, por y para ellos, los locales noctur­ nos mudan de fisonomía todos los veranos. Aso­ man a sus pistas y escenarios los mil y un rostros del folklore español, su riqueza fabulosa en cuan­ to a baile y canto de nuestras regiones. Y buena prueba de la aceptación y aplauso que tiene entre ellos esa opulencia folklórica es la larga teoría de autocares que, en las noches estivales barcelo­ nesas, se estacionan enfrente de los establecimien­ tos que les ofrecen las manifestaciones vibrantes de nuestro acervo popular.

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U n ventilado puesto para descansar y leer en la noche estival: «La nuit catalane», de Paul M oran d.

conciertos y el Barrio Chino. Nada más. Eso, sólo eso, le define a él y a sus colegas. Para mu­ chos escritores franceses, en efecto, Barcelona era el distrito V, y para Mac Orlan, la calle del Cid.

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Y prosigue la evocación. Aplicada ahora a los espectáculos nocturnos. Allá por los años vein­ titantos, Barcelona era la puerta del extranjero. «El M o lin o » , en pleno Paralelo, es testigo y so­ breviviente de una época pasada, tan literaria...

Pero ya no quedan palmeras en la plaza de Cataluña, ni atracciones internacionales en el vie­ jo tablado del Eldorado. Con todo, aunque la nos­ talgia, la famosa nostalgia, venga efectuando una larga y sutil «preparación psicológica» en los es­ píritus desde hace largo tiempo y esté haciendo grandes estragos en todo ciudadano lo bastante añejo para recordar y comparar tiempos con tiem­ pos, no hay motivo para ella en lo que respecta a las noches barcelonesas. En este sentido, en efecto, Barcelona ha reco­ brado su rango de gran ciudad. Vuelve a ser la puerta del extranjero. Las primeras novedades, las últimas audacias de París y de Londres, vuelven a repercutir seguidamente en nuestra ciudad. Verdad es que ya no existen en Barcelona el Principal Palace, el teatro Eldorado u otros lo­ cales especializados en la presentación de gran­ des atracciones. No es menos cierto, sin embargo, que unos establecimientos de índole distinta, pero de orientación similar, se han encargado de sus­ tituirlos. Se llamaban otrora dancings. Se llaman ahora salas de fiestas. Y las salas de fiestas han suplantado al dancing. O sea, que ahora el baile ha cedido el paso a las atracciones. Las damas que fueron jóvenes en 1925 se acuer­ dan muy bien de que en aquel entonces se con­ vulsionaban al compás descoyuntado del charlestón hasta el amanecer. Ahora, cuando van a las salas de fiestas, acompañadas de sus esposos, es para aplaudir a la Patachou o a Line Renaud, y durante los intervalos se contentan con ejecutar dos o tres pasitos de baile en la pista. Y sus hijos, los domingos por la tarde, van allí para embelesarse con Gilbert Bécaud o Aznavour. Sí, en efecto, Barcelona, las noches de Barcelo­ na, por lo que hace a las grandes atracciones, han recobrado su rango de gran ciudad. No cabe, por tanto, evocar con nostalgia y los ojos en blanco los «felices veintes» ni afirmar que «cualquier tiempo pasado fué mejor». ¿Será ello debido a la condición eminentemente turística que ha llegado a tener Barcelona? Sea de ello lo que quiera, lo cierto es que esa industria con la cual apenas se contaba—el turismo—constituye ahora una verda­ dera fuente de riqueza, y lo cierto es también que ha quedado de modo fehaciente demostra­ do que los turistas se encuentran en_ Barcelona como en su propia casa y que no añoran aquí

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adecuada. inimitables.

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Ese folklore nocturno, principalmente el anda­ luz, se tiñe con colores mucho más sórdidos en la zona portuaria. « Avez-vous vu dans Barcelo­ ne... ? », preguntaba el poeta; «avez-vous vu dans Barcelone—une andalouse au sein bruni ? », pre­ guntaba Alfred de Musset. Fué en la Barcelona de 1930, en la Barcelona de la Exposición Internacio­ nal, donde esos versos adquirieron mayor espesor de verosimilitud. Sobre todo y ante todo en el distrito V, el injustamente difamado Barrio Chi­ no. En el distrito V había más cuadros flamencos que en el barrio del Perchel, en el de Triana o en cualquier otro rincón gitano de los tristes pue­ blos del Sur. Los frecuentaban ex mineros de La Unión, murcianos, cartageneros, marinos de Huel­ va y pescadores de Sanlúcar, que a la sazón tra­ bajaban en las «collas» del puerto descargando «pacas» de algodón. Estos establecimientos, desde fuera, eran un tanto tenebrosos. Se despachaban en ellos unos chatos de quince céntimos, y en alguna pared, sobre las grandes cubas, se asomaba la trágica cabeza disecada de un toro cualquiera muerto alevosamente en la Monumental. Estos hombres y estos locales crearon la solera flamenca de Barcelona. La afición a los cuadros flamencos se extendió de tal manera, que todos los bares conscientes de su misión pedagógica lo tenían. De una tabernucha del «barrio chino», la «Taurina», enclavada en la nauseabunda calle del Cid—la calle del Cid de Mac Orlan—, salió Car­ men Amaya. Era una chavalilla que apenas le­ vantaba un metro del suelo. Llamábanla la «Ca­ pitana». Su padre, el «Chino», tocaba la guitarra mientras la gitanilla bailaba como los propios án­ geles. Y ahora, ¿qué? El tan injustamente difamado Barrio Chino ha dejado de existir, y sus restos, en avanzado estado de descomposición, han cru­ zado las ramblas y se han trasladado a la zona portuaria, a la calle de Escudillers y sus aledaños. Los pocos «colmaos» flamencos que allí vegetan son tascas tristes para uso exclusivo de turistas y con todo el aspecto de españolada de caja de pasas. Lo que no impide que, por las noches, la calle de Escudillers y sus aledaños posean una vitalidad desbordante y sean uno de los lugares más ardien­ tes y bulliciosos de Barcelona. Por las noches hierven de gente. Mujercillas y marineros venidos de lejanos climas, los noctámbulos empedernidos, invaden aquellas callejas, que evocan de modo irresistible los acres aromas de los puertos, hasta que, extenuados, todos esos seres de la noche se tumban en las sillas de las Ramblas, que, de ma­ drugada, cobran una animación portentosa. La misma animación nocturna que reina en el Paralelo a la salida de los teatros, en cuyas facha­ das estallan en letras de fuego los nombres de las «vedettes» revisteriles. Que reina asimismo, to­ dos los veranos, en las fiestas callejeras, desde Gracia, febricitante barriada, hasta la Barceloneta, el simpático y populoso barrio marinero, en donde los pescadores llevan remangadas las man­ gan de la camisa y tatuados en el antebrazo corazones azules, signos y áncoras. Hombres y mujeres sencillos atestan las calles en esas madrugadas de fiesta mayor suburbana. El hormiguero de público anda, indiferente y ver­ benero, entre la melopea de las luces de las ba­ rracas, los tiovivos y el salón de tiro al blanco. Los altavoces, amplificados a todo volumen, han venido ahora a suplir los organillos, las cajas de música y la gran trompa encarnada del gramófo­ no de la churrería. Todavía, empero, a la puerta de una barraca, un hombretón vocea; —¡La cabeza parlante! ¡Pasen, señores, pasen!

S E B A S T I A N GAS CI I FOTOS: POSTIUS

«Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única.» (D on Quijote , 2.a parte, capítulo LXXII.)

BARCELONA DESDE ARRIBA La catedral, rodeada amorosamente por el casco antiguo, es anclada vigía permanente de la ciu­ dad, centro, en el corazón del arte y del espíritu, de la historia de una ciudad que supo ganarse el puesto capital en el concierto de la civilización del mundo medieval, con el reconocimiento y la admiración de las más preclaras intelectualidades del globo. Pero con el ímpetu y la juventud de quien sabe unir, fundidos como en un único crisol, los caracteres diversos e indelebles de siglos remotos y modernos, del espíritu y el modo de vivir de hoy con el de ayer y con el de siempre.

Barcelona tiene, desde el mar, un rostro nuevo que mostrar al viajero. Es quizá así, con su amplia frente de piedra, la cambiante y pertinaz cara vuelta, desde siempre y para siempre, al Medite­ rráneo. Y, no obstante, el panorama de la ciudad guarda siempre un aspecto inédito, como guarda siempre, en sus bulliciosas y recoletas calles, entre la vivaz y activa gente de este, más que fértil, fecundo valle, una nueva maravilla que descubrir. «Barcino», fundada por Amílcar Barca, está siendo inventada de nuevo cada día por sus ciudadanos y por sus visitantes. Su extensa área urbana es el laberinto y la teoría perfecta para todos los caminos. Su actividad trasciende a todo el conti­ nente, como fuente, destino y módulo del trabajo ordenado, limpio augurio de las mejores empresas.

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ALGUNAS CIFRAS SOBRE BARCELONA constituye la provincia más poblada de España; sus habitantes alcanzaron, el 31 de diciembre del año últim o, la c if r a de 2.648.405. La m i­ tad de esta población—más exactamente, el 47 por 100—se encuadra dentro de la masa económicamente activa de la nación. Los barceloneses «económicamente activos» son, pues, 1.244.758. Casi la mitad de esta po­ blación se dedica a la industria, que ocupa a 635.617 personas. En el sector industrial, la provincia de Barcelona sobresale por su producción tex­ til, que da empleo a 201.247 personas, dis­ tribuidas en 2.277 fábricas, desde el peque­ ño taller familiar hasta la gran factoría, encontrándose en funcionamiento un total de 86.332 telares. El valor total de la pro­ ducción textil, en la provincia de Barcelo­ arcelona

B

na, alcanzó, en el año 1956, las siguientes cifras : Sector algodón : 14.000 millones de pe­ setas. Sector lana: 10.000 millones de pesetas. Sector seda y fibras celulósicas : 5.400 mi­ llones de pesetas. La industria de transformados metálicos tiene también mucha importancia en Cata­ luña, y concretamente en Barcelona, donde ocupa a 156.328 obreros fijos. El valor de la producción de esta rama industrial al­ canzó, también en el año 1956, a 11.000 millones de pesetas. La actividad industrial de Barcelona no se para aquí, manifestán­ dose en toda la gama productiva. Y así nos encontramos con una poderosa industria químico-farmacéutica, que emplea a 35.000 obreros, y con 600 fábricas de curtidos. La población agrícola es de 98.867 per­

sonas, que cultivan el 25 por 100 del terri­ torio total de la provincia, con una produc­ ción de 572.000 quintales métricos de trigo y 218.000 de cebada. La producción de vino llega a 1.759.000 hectolitros. En el año 1956 estuvieron abiertas en Barcelona 295 librerías, que vendieron, en­ tre otros, los libros producidos por las 259 editoriales barcelonesas. El puerto de la ciudad de Barcelona cuen­ ta con siete kilómetros de líneas de atraque, sobre los nueve existentes, pues los dos restantes están ocupados por diversas ins­ talaciones, factorías, pesca, deportes. De estos siete kilómetros de muelle útil, el 60 por 100 se encuentra equipado con buenas grúas, cuya altura oscila entre los 18 y 30 metros. La intensidad de trabajo exige que alguna de estas grúas funció- _ . . ne unas cuatro mil horas al año. /V\.

RETORNO DE EUGENIO D'ORS Por Jaime Ferrán N una lección inolvidable, editada por el Colegio Mayor Antonio de Nebrija, Eugenio d’Ors definía la parusia, esa forma intermedia entre la presencia y la ausencia, por la que la presencia del ausente es mucho más que el puro recuerdo. Eugenio d’Ors no es simplemente un recuerdo en la cultura española. Su retorno tiene signo parúsico. No podía ser de otro modo, tratándose de quien hizo profesión permanente de fe en la amistad y el diálogo. Y el diálogo y la amistad, cuando, emprendidos con rectitud y limpieza, pueden—y deben—ir más allá de la frontera angosta que señala la muerte. Pero esto no sería suficiente para explicarnos el retorno de Eugenio d’Ors si no le agregásemos su clara vocación magis­ tral, cuya necesidad se nos ha hecho más patente que nunca desde hace cinco años. Un maestro auténtico es seguramente el máximo don que la cultura puede ofrecer a quienes quieran servirla. El nos enseña con paciencia a desbrozar el camino y a marchar pos­ teriormente por él. El nos instruye más tarde en el valor de la constancia, cuando la acompaña la verdad. El nos deja el gesto cuando ya no es necesaria la palabra. Pocos maestros ha tenido la juventud española. Ninguno que haya sabido permanecer tan firmemente a su lado, contra viento y marea, contra borrasca y avatar, como lo hizo Euge­ nio d’Ors. En su Barcelona natal se forjó para siempre el temple de D’Ors. París le dió más tarde su conciencia europea. Madrid le devolvió a nuestros grandes problemas nacionales. Hispano­ américa le ungió con el último fervor hispánico. Y siempre ciudadano de la cultura, vivió, por encima de fronteras y de mezquindades, ajeno a cuanto hubieran querido oponerle la envidia y la pasión, dictándonos, incluso con su silencio, algu­ na de sus mejores lecciones. Hoy la cultura nos lo devuelve en repetida ocasión: cuando comprobamos, por ejemplo, la inmejorable trayectoria de nues­ tra pintura contemporánea, que, como maestro de críticos, supo dirigir y encauzar; cuando advertimos, en ciertas zonas de nuestra vida intelectual, la continuación de una tradición de inteligencia, de la que él supo darles conciencia; cuando asistimos gozosos a los últimos testimonios en pro de la uni­ dad de Europa, de la que él nos predicara la pasión, la milicia y el triunfo en los días lejanos de 1914; cuando recorremos las Bibliotecas Populares, que en tantos pueblos de Cataluña mantienen erguida una bandera de cultura que él generosa­ mente les entregó; cuando sentimos entre nosotros la saluda­ ble influencia que algunas de sus más caras constantes han venido ejerciendo. Retorna Eugenio d’Ors en nuestras sesiones universitarias, en el Seminario que lleva su nombre unido al de la Ciencia de la Cultura, en la Universidad de Madrid. Retorna en las sesiones de la Academia del Faro de San Cristóbal, en Bar­ celona. Retorna en nuestros periódicos, en nuestras revistas universitarias, en nuestros centros de reunión... Hace ahora cinco años, con gesto acostumbrado, sin nada que turbase su innata elegancia, se despedía de nosotros en Cataluña, adonde había vuelto para morir. Y al ver la fidelidad con que D’Ors, tocado por el ala de la enfermedad y .próximo a la muerte, había regresado a Cataluña, comprendíamos de una vez para siempre que la patria no es simplemente el lugar en el que hemos nacido, sino aquel que escogemos para morir. Descanse en paz Eugenio d’Ors entre los altos cipreses del cementerio de Villafranca, que él exaltó. Repose tranquilo, él, que amó tanto la lucha, mientras su espíritu, en permanente retorno, sigue batallando por nosotros.

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o sé si ustedes saben qué es el Ensanche barcelonés: esa exten­ sa cuadrícula de manzanas en que se organizó la ciudad cuando salió de las murallas. El Ensanche ha sido muy criticado por su rigurosa geome­ tría; pero justo es reconocer que, en nuestros días, se le tiene más respeto porque ha demostrado su utilidad para facilitar la circulación. Algunos espacios

N

verdes, es cierto, darían al Ensanche mayor amenidad, lo harían más agra­ dable. De todos modos, los barceloneses hemos aprendido a distinguir el distinto carácter de estas calles—la veloz y fría calle de Balmes; la calle de Aribau, de tan viva palpitación popular ; la Rambla de Cataluña, de aire burgués—, que es­ tán presididas, sin discusión alguna, por el paseo de Gracia.

El paseo de Gracia, con sus 42 metros de anchura, fué al principio una espec­ tacular avenida en medio de los cam­ pos. Estaba poblado por casi dos mil ár­ boles—pinos, álamos, moreras, sauces, encinas—y dividido en cinco calles, cuyo destino era el inverso al actual, pues la vía central era feudo de los paseantes. El paseo, que nacía al pie de las mura­ llas y llegaba a la villa de Gracia, tuvo

inmediatamente un éxito enorme. Una Guía de 1847 advertía que «es frecuen­ tado por muchos enfermos y filósofos», y el lugar fué elegido también por los aficionados a los ejercicios hípicos. Lue­ go, cuando los jardines fueron sustitui­ dos progresivamente por edificios, el paseo cambió de carácter y pasó a ser centro de diversión, con sus ocho tea­ tros y locales de baile y espectáculos: el Tívoli, La Ninfa, Campos Elíseos, et­ cétera. Con los nuevos tiempos la evo­ lución se completó. Prácticamente, los teatros se cerraron y empezaron a abrir­ se los bancos. Pese a los despropósitos que el paseo ha tenido que aguantar en nuestros días, sigue siendo una calle extremadamente señorial. Testimonios ajenos aseguran que es una de las calles modernas más señoriales de Europa. Yo, que no me tengo por fanático, estoy dispuesto a co­ rroborarlo, si el señorío es producto de una tradicional y mantenida discreción, de un estar al día sin entregarse a la moda; el paseo de Gracia manda en la ciudad sin levantar la voz, la representa sin pedantería, sin tópicos ni monumentalismos. El paseo de Gracia—cuyo de­ licado color verde-gris, sin que nos demos cuenta, nos serena y tonifica a todos— nos centra realmente en la ciudad. Esta función del paseo de Gracia, tan valiosa, tan civilizada, ha estado siem­ pre en peligro por la inconsciencia ge­ neral. Barcelona, como muchas grandes ciudades, tiende a destruirse a sí misma, constantemente, implacablemente. Se ha construido en las afueras sin suficiente audacia y se ha reformado en el centro con excesiva desfachatez. Ha llegado la hora de reconocer que no tenemos de­ recho a' sacrificar el paseo de Gracia a intereses particulares ni a modas colec­ tivas. Con edificios de la misma altura y unidad de estilo, el paseo sería una sensacional avenida parisiense. Con su caótica composición — que no excluye una unidad de espíritu— es una entraña­ ble calle barcelonesa. Nos gusta como está. Y lo que no puede admitirse es la mutilación (una tienda más lujosa que sensible destrozó una fachada única en la esquina del Consejo de Ciento) ni el cáncer arquitectónico (ese edificio de excesivo número de pisos junto a la Dia­ g o n a l quebrantando violentamente la proporción anchura-altura del paseo). Los barceloneses hemos de tener ener­ gía para modernizar lo corregible, sere­ nidad para respetar lo consolidado y, so­ bre todo, juicio para distinguir una cosa de otra. Mucho hay que corregir en la ciudad y mucho que respetar. Lo que debe evitarse, me parece, es la manía

de la uniformidad. Una ciudad es un producto formado muy lentamente, que presenta, cuando tiene calidad, una serie infinita de matices. Y al hombre que no sabe apreciar los matices porque sólo le maravilla el alarde le llamamos paleto. El paseo de Gracia es, precisamente, uno de los matices más perfectos de Barce­ lona, una calle que, tal como está hoy, puede presentarse en cualquier parte del mundo como un símbolo vivo de la me­ jor época de la ciudad. Yo creo que estamos a tiempo de to­ mar conciencia de esta realidad y co­ laborar en la salvación del paseo de Gra­ cia. El paseo de Gracia ha tenido la suerte—exactamente, la suerte— de per­ der en la lucha con la Diagonal, su her­ mana pequeña, que es más desenfadada, más internacionalizada. Después de la guerra la Diagonal ha conquistado la «masa distinguida» y se ha convertido en escenario ideal para la aristocracia del dinero, la aristocracia del esnobismo

Vista aérea del arranque del paseo de Gracia, de 42

metros de altura, en

la plaza

de Cataluña.

y la aristocracia de la juventud. Se ha adornado con palmeras para parecerse a Río de Janeiro, a lo que hoy se lleva en el mundo. El paseo de Gracia, en cam­ bio, ha quedado liberado de la dictadu­ ra de la moda. El paseo de Gracia ha pasado a ser un clásico. Como ocurre con esos libros que ya no es necesario leer, quizá no sea necesario ir a pasear por el paseo de Gracia. Pero aquella clase de libros y esta clase de calles tie­ nen tanta vida propia, tanto carácter, son algo tan decisivo para n o s o t r o s —aunque no los leamos ni las pasee­ mos— , que una página rota o una fa­ chada desvirtuada han de dolemos co­ mo una herida incurable.

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LAS FLORES ARTIFICIALES COMO ADORNO DEL VESTIDO FEMENINO Y DECORACION EN EL HOGAR OS tiempos evolucionan y cambian los gustos. En la moderna decora­ ción de tiendas y escaparates, así como en el hogar y para el tocado y realce del vestido femenino, tienen una primor­ dial preferencia las flores, arbustos y plan­ tas exóticas artificiales, confeccionadas a base de plástico y diversas clases de teji­ dos, debido a su excelente presentación, extraorinaria belleza y notable parecido con las naturales, y por las ventajas de todo orden que, en relación con éstas, ofre­ cen en cuanto a su cuidado y mayor dura­ ción. De ellas se ha dicho, con merecida justicia, que son tan bellas que parecen naturales. Una de las casas de más prestigio dedi­ cadas a la fabricación de flores y frutas, en diversos materiales y estilos,, en la re-

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gión catalana, es la de HIJOS DE P. CO­ RRONS, establecida en Barcelona, ave­ nida de José Antonio, 536, que desde 1918, fecha de su fundación, contribuye con no­ table éxito a realzar la decoración del ho­ gar y la elegancia femenina con sus mag­ níficas creaciones, constantemente renova­ das, entre las que destacan los tocados para comunión y novia, las flores para sombreros y vestidos, los arbustos, plan­ tas exóticas y flores para la decoración del hogar y escaparates, las frutas artificiales al tacto, pensamientos, coronas y las flo­ res y plantas en materia plástica, resisten­ tes a la intemperie. Esta importante firma, con objeto de lograr precios más bajos, realiza el proceso de fabricación, en su mayor parte, por el procedimiento mecánico, utilizando la la­

bor del artesano solamente cuando se pre­ cisa dar al trabajo un toque de mayor naturalidad en relación con el modelo de­ seado. De la perfección de sus artículos y la gran aceptación de los mismos en los mercados nacionales y extranjeros son buena muestra las exportaciones que cons­ tantemente efectúa a todos los países y la fuerte demanda que desde todos los pun­ tos de nuestra patria ha de atender. No menos significativo es el Gran Premio, con Medalla de Oro, que obtuvieron en la Ex­ posición Internacional de Barcelona, ce­ lebrada en el año 1929, y los elogios de toda clase que han merecido a los visitan­ tes de las ferias y exposiciones nacionales y extranjeras a que con frecuencia acuden. J. A.

Cabeza de la hija de A n to n in o Pío.

Un rincón del M u s e o R om ano de Barcelona.

una antigua leyenda, con resonancias en textos de Papiniano, que en cierta cantera maravillosa vuelve a crecer toda piedra que se le arranca. Por las señas, esta cantera puede iden­ tificarse con la montaña de Montjuich, a las puertas de Barcelona, de la cual ha ido saliendo, a lo largo de dos mil años, la ciudad entera, sin que dé grandes muestras de cansancio. La Barcelona actual le ha sacado parecido a la montaña vecina. Todos los años, ante el asombro de los visitantes y aun de los nativos, <••>' la ciudad va mostrando nuevos monumentos antiguos que estuvieron ocul­ tos en la entraña de la ciudad, y parece que van naciendo más, a medida Que aumentan los alumbramientos. , Me refiero a los incesantes hallazgos de restos romanos que se efec­ túan en los sectores antiguos de la ciudad desde treinta años a esta Parte con ritmo que parece acelerarse. No se trata de piezas de vitrina

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para orgullo de museos, sino de verdaderos monumentos arquitectónicos que la misma ciudad, en su crecimiento, había ido escondiendo al mismo tiempo que los protegía. Empezóse por la plaza del Rey, que nos reveló la existencia subte­ rránea de una calle de la ciudad romana entre la muralla, del siglo iii, y una línea de casas, una de las cuales contenía el frigidarium, de unas termas. Y como Barcelona es ciudad ejemplar, pronto la imitaron otras ciudades vecinas: mientras, por un lado, Barcelona descubría también sus auténticos baños romanos, San Baudilio hacía otro tanto por el lado opuesto. Mientras tanto, en Barcelona se producían nuevos descubrimientos en la plaza de Ramón Berenguer, por haber quedado al descubierto un espectacular sector de la muralla romana, gracias al derribo de unas cuantas casas particulares que se habían adherido. Una discreta restau-



B A R C E LO N A R O M A N A

ración valoró el conjunto, al mismo tiempo que los jardineros urbanistas le creaban una peana viviente. El filón estaba, pues, descubierto. No hacía falta sino ir desenterran do monumentos para que se reprodujera el prodigio de la cantera legendaria. Efectivamente, desde entonces, los años barceloneses se han po­ dido contar por las nuevas afloraciones romanas, con riesgo de desvirtuar el slogan de «barrio gótico», que ha dado extraordinario prestigio tu­ rístico a los alrededores de la catedral, donde se producen los descubri­ mientos romanos. Los aledaños del foro, del siglo u, puestos al descubierto con nume­ rosos pedestales de estatuas, ricos en epigrafía, abrieron una nueva eta­ pa de hallazgos trascendentales. Siguió la localización de una basílica paleocristiana, con restos decorativos de época visigótica. Continuó la liberación de una torre angular de la vieja muralla, cuyos cimientos ► mostraron la sistemática utilización de elementos arquitectónicos proce­ dentes de construcciones anteriores. Vino poco después la aparición, en plena Vía Layetana, de-los pavimentos de mosaico de una villa incen­ diada en el siglo iii, encima de cuyas ruinas se habían construido se­ pulcros cristianas humildes, a excepción de uno, ya del siglo v, que apareció con su cubierta de mosaico policromo, con temas de ascendencia africana. Sumemos a todo esto el hecho de que varios edificios particulares de las calles del Coll y de Avinyó y de la plaza de Arrieros revelaron la existencia de torres y lienzos de muralla, que pudieron ser restaurados con auténtica satisfacción de propietarios y usuarios, los cuales mues­ tran ahora su parte de muralla con noble orgullo ciudadano y con espí­ ritu de emulación. Vino poco después una verdadera sorpresa arqueológica, algo total­ mente insospechado, de cuya existencia nadie tenía idea ni los viejos cronistas habían dicho una sola palabra. Ello sucedió además fuera de los límites del barrio gótico, en los solares que ahora forman la fla­ mante plaza de la Villa de Madrid. Apareció primero un sepulcro romano del tipo de cupa, frecuente en Barcelona, con la singularidad de ser el primero que podíamos contemplar in situ, completamente entero. A este primer sepulcro siguieron otros, abundando los del mismo tipo, has­ ta que quedó al descubierto un buen trecho de camino con restos de sucesivas reparaciones en la calzada, bordeado de sepulcros, cuyas ins­ cripciones daban el nombre y la condición social de muchos ciudadanos barceloneses de los primeros siglos de nuestra era. La urbanización de la plaza permite que queden a la vista, a cielo abierto, los monu­ mentos sepulcrales, rodeados de laureles, mirtos y otras plantas, tal como debieron estar en sus tiempos y tal como exigen también las mo­ dernas ideas urbanísticas. Aún no estaban terminados los trabajos de esta curiosa y única necrópolis cuando el derribo de un grupo de casas sin interés de la plaza Nueva nos deparaba el más espectacular de los descubrimientos. No era ningún secreto la existencia, al respaldo de estas construcciones, de otro importante sector de la muralla con sus correspondientes torres. La verdadera sorpresa vino por dos caminos distintos : el primero fué la rapidez de los derribos y la aparición súbita de la construcción romana, que dió al lugar un aspecto totalmente distinto, y que constituyó la fachada más monumental y más propia del barrio primitivo de la ciu­ dad, centrado por la catedral. Otro motivo de sorpresa fué la identifica­ ción de un arco del acueducto que traía a la ciudad el agua captada en los vecinos montes de Collerola, al cual alude una inscripción que nos da el nombre de Lucio Minicio Natal, que lo hizo edificar al mismo tiem­ po que unas termas. El éxito obtenido en tantas empresas avivó el afán de iniciar otras nuevas, coronadas desde sus principios por hallazgos de importancia ex­ traordinaria. Se trataba de reconocer el contorno de la muralla romana del lado de la calle Tapinería, a fin de completar la restauración del ámbito del antiguo palacio real mayor. Realizados algunos sondeos en el macizo de los cimientos, pudo apreciarse la abundancia de elementos empleados y la necesidad de extraerlos. La mayor parte eran zócalos, capiteles, fustas de columnas y relieves con cabezas de la gorgona, todos de procedencia sepulcral, como lo eran, al parecer, dos estatuas bastante toscas y otras piezas indeterminadas. En el mismo relleno de la muralla apareció una estatuita decapita­ da de Diana y, poco después, dos bustos imperiales de extraordinaria belleza, que han constituido el golpe apoteósico de los trabajos para la recuperación de la ciudad romana de Barcelona. La cabeza de Antonino Pío es una de las mejores de entre las muchas que se conocen de este emperador. El escultor supo darle una expresión noble, de profunda vida interior, que el numeroso público que acudió a contemplar el hallazgo, durante los días que estuvo expuesto, supo apreciar y ponderar con entusiasmo. El descubrimiento de esos mármoles imperiales (la cabeza de Faustina la Joven es también de alta calidad) obliga a mejorar el concepto que se tenía de la Barcino romana, eclipsado por el prestigio de su ve­ cina Tarraco. La colonia Favencia Julia Augusta Barcino tuvo, por lo menos durante el siglo I I , un auge considerable, demostrado por la exis­ tencia de un foro, cuyas estatuas presidía el monumento ecuestre de Caraealla; por el templo de Augusto, al cual recientemente se le ha po­ dido añadir una más de sus grandes columnas; por sus termas y su bello mosaico de las carreras del circo, y ahora por las nuevas aporta­ ciones del macizo de las murallas. Todos estos trabajos han sido sufragados totalmente por la Corpo­ ración municipal, y han estado dirigidos por especialistas, en calidad de delegados municipales, al lado de arquitectos y urbanistas, también municipales. Los resultados de tantos desvelos y de tan importantes dispendios pueden resumirse en tres ventajas evidentes. En primer lugar, el mejor conocimiento de la historia primitiva de la ciudad, con la clara distinción entre los monumentos anteriores a la destrucción ocurrida a finales del siglo i i i y la ciudad romana posterior, protegida por sus murallas. En segudo lugar, el sistema de dejar los hallazgos in situ y de fácil y agradable visita. Por último, el privilegio de haber podido convertir la mayor parte de los descubrimiento en otras tantas mejoras urbanas, y de modo que la arqueología ha facilitado al urbanismo los elementos espectaculares de sus más originales realizaciones.

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BARCELONA FESTA FIESTA

año nace alumbrado por las luces comerciales. El gratuito espectáculo de los escaparates

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atrae mirones a millares. La víspera de la Epifanía, los Ma­ gos hacen su entrada por entre una muchedumbre infantil y burbujean­ te, apiñada en la calle de Pelayo, ca­ mino real del comercio popular y estruendoso. Otra cabalgata muy d is tin ta as­ ciende días después la cuesta de ene­ ro. Por las castizas Rondas desfilan los «Tres Tombs». Los últimos y fa­ chendosos cocheros, con sombrero de

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San C ristób al, Patron de los a utom ovilistas, se v e ­ nera en una centenaria capilla de la calle de R e gom ir, donde acud en los veh ícu lo s a recibir la oportuna bendición.— A b a jo : un aspecto de la típica plaza de San Jaim e el día de la M e rce d .

copa y clavel en el ojal, hacen caracolear sus monturas. Los roscones de San Antonio enlazan con los de San Pablo. Luego las fiestas se acibaran con los ritos de la Iglesia. La Candelaria pespunta de lucecitas las naves de la catedral, y por las enlosadas pendien­ tes del Barrio Gótico perdura el recuerdo del mar­ tirio de Santa Eulalia, que fué un día Patrona de la ciudad, y que ahora es festejada en el Arrabal con sardanas y juegos infantiles al pie del obe­ lisco del Padró. Bajo la ceniza del miércoles se­ pulta su paganismo el Carnaval. Todavía chicos y chicas entierran la sardina en los Tres Pinos de Montjuich, cantando desvergonzados responsos a Momo y jugando a la gallina ciega. Y marzo se presenta a la jineta. San Medín, desde su ermita, al otro lado del Tibidabo, llama a los romeros de Gracia, que, por la noche, pre­ cedidos de cornetas militares, descienden a caballo para apedrear con caramelos a las muchachas. San José es en Barcelona la gran fiesta familiar, flotando sobre monumentales fuentes de «crema» (natillas). El sol, del color de la «crema», luce triunfalmente, y el invierno está ya fuera de combate. Febus se multiplica en los innumerables soles pendientes de los palmones y las palmas vendidos en la feria de la rambla de Cataluña. La cadena de los días santos, Jueves, Viernes y Sábado, huele a tomillo y lleva rítmica música de mazos y carracas. Son la fiesta mayor de los ba­ rrios levíticos que rodean la plaza de San Jaime, llenos de iglesias antiguas y de capillas monjiles. Con la Pascua de Resurrección estalla la prima­ vera. Las Caramellas llenan la noche de cantos, de estandartes y de barretinas. Cada bar se trans­ forma en una sala de conciertos. El Paralelo es un ascua de pasión por el teatro. Hasta que abril sustituye la alpargata por la caballeresca espuela de San Jorge, que irrumpe coronado de rosas. El palacio de la Diputación Provincial y la calle del Obispo son una vía florida y fragante. La Invención de la Cruz es una solemnidad para iniciados. A prima hora de la mañana, desde la cima del campanario de la catedral se bendice el término. Y luego mayo, ya definitivamente ga­ nado por el esplendor de la Naturaleza, desborda en la calle del Hospital en ocasión de la feria de plantas medicinales, amparada por San Poncio. Mes de los payeses, que por San Isidro Labra­ dor, tras celebrar su oficio en la iglesia grádense de los Josepets, bailan en plena plaza, renovando un rito de los días en que los arados surcaban los campos de Gracia y San Gervasio. Y dentro de la racha bucólica de mayo procede incluir la Pascua de Pentecostés, jornada de jiras y comilo­ nas en el campo, sufragadas con el producto de las Caramellas de la otra Pascua. Por Corpus, las muchachas estrenan sus vestidos veraniegos. La retama dora los alrededores de la catedral. En la fuente del claustro, la multitud se aglomera para ver «l’ou com baila» (el huevo dan­ zarín), mientras en la calle se escucha el estri­ dente sonido del caramillo acompañando a los gigantones. El Corpus es otra de las máximas jor­ nadas barcelonesas, con su procesión eucarística, de aparato medieval. La canícula se apodera ya de la ciudad febril. En la falda de Montjuich se descorre el fabuloso telón de la Feria de Muestras, ajetreo mercantil y «kermesse» popular. Y los pitidos de las sirenas publicitarias se confunden con los estallidos piro­ técnicos de las verbenas de San Juan y de San Pedro. Por San Cristóbal, los automóviles acuden a ser bendecidos a la tortuosa calle del Regomir. La ciu­ dad vive en mangas de camisa. Ha empezado el éxodo a las playas. Y cuando el verano alcanza la cúspide de la Asunción, Barcelona pierde la chaveta en el torbellino de las Fiestas Mayores. Gracia, adalid del tipismo, celebra su fiesta gi­ gantesca. Ingenuos decoradores y activas comisio-

D e izq u ierd a a derecha y de arriba abajo: En la R am bla de C ataluñ a, pocos días antes de N a vid a d , se instala la feria de aves, rem iniscencia de lo que fueron en Barcelona las fam osas y concurridas fe­ rias de Santo Tom ás.— « L 'o u com baila», una de las m ás curiosas tradiciones barcelonesas, que por C o rp u s C h risti llena de bullicio los clau stros de la catedral-basílica.— Por la A su n c ió n , la ex villa de G racia, baluarte del tipism o, celebra su fiesta m ayor enga la na nd o su s calles. En las plazas de la ciudad popular, las ho gue ras de San Juan arden com o sím b olos de la brillante noche verbenera.

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La feria de rosas en el patio de la D ip u ta c ió n Provincial, don de se rinde culto a San Jorge. Los cocheros fachen dosos celebran la cabalgata de los « T re s T om b s» .

nes callejeras transforman las rúas en versiones populares de las Mil y una noches. Las orquestas atruenan el espacio. Y en las plazas, los «envelats» (entoldados) pretenden mantener el empaque y el ceremonial de los bailes ochocentistas. Mientras, en la plaza Nueva, San Roque convoca en su capillita a los antiguos vecinos de un barrio derruido. Y el cinturón de Barcelona—Sans, la artesana; Las Corts, deportiva y fabril; Barceloneta, la marinera... es sacudido por las respectivas Fiestas Mayores. Ferias ambulantes, tiovivos y co­ lumpios constituyen el más vibrante fleco subur­ bial. Hasta venir la ciudad madre, la capital, a reasumir todas las fiestas en los holgorios de la solemnidad de su Patrona, la Virgen de la Merced, entronizada en un templo neoclásico, al cual dan guardia de honor las jarcias de los veleros y las palmas del paseo de Colón.

La Merced suena la retreta. Terminó la licencia del verano. La ciudad se puebla de nuevo. En los labios despintados de las colegialas hay conversa­ ciones de color menta, como dijo un poeta. Oc­ tubre es nada festero. Mes de la penitencia civil, a cuyo final pensamos en los muertos. Los crisan­ temos, melancólicos soles otoñales, festonean la Rambla. Estamos en Todos los Santos. En las es­ quinas brindan las castañeras sus asados frutos, que, alternados con los «panellets», forman la minuta de la castañada. Al día siguiente, los ce­ menterios son invadidos por las multitudes. Y así sigue el noviembre, donde en la calle no sucede hada. Hay que aguardar a que el Frimario venga a decorar de invierno los escaparates. Entonces, sincronizando el diciembre, vive Bar­ celona otra gran temporada costumbrista. Con la Purísima asoman los puestos de figurillas para

belenes y se escuchan los primeros villancicos. La alegría de las modistillas se moviliza por Santa Lucía, la virgen hospedada en un ángulo de la catedral. Y precedida por la añeja feria de Santo Tomás, cuyo postrer vestigio son los pavos de la rambla de Cataluña, se presenta, majestuosa, Navidad, con sus misas del gallo, con sus mercados pantagruéli­ cos y con el imponente festín del día 25. Y el fulgor de Navidad, por el ya desvaído puente de los Santos Inocentes, dura hasta la víspera de San Silvestre, para disolverse del todo en la Nochevieja, cada vez más inverecunda y extranjerizada. La lividez de la turbia madrugada nos advierte que estamos en Año Nuevo y que el ciclo vuelve a empezar...

Fotos:” POSTIUS Y SAENZ GUERRERO

arcelona

Se .iliernbre, 195

POSMES DE BAELONA postales en colores son siemp&suIta cada vez más romano y cada vez una tentación irresistible para Menos gótico. Entre el cementerio romaviajero. Y M undo H ispánico se compj) y el barrio gótico se insertan, en el ce en ofrecer ahora unas cuantas de lempo, el magnífico románico de Santa desgraciadamente abrumado por nueva visita a Barcelona. No, no se busque entre ellas las qXja elefantiásica construcción bancaria, reproducen el monumento a Colón, |1 las murallas de las Atarazanas, con su Ramblas, la plaza de Cataluña, el past tre del xiv, también de reciente libede Gracia o la Sagrada Familia, poag ,ción del olvido y la desidia, mos por temas barceloneses típicos. 1 Y mientras el puerto se remoza y se colección breve que aquí ofrecemos i ice más ostensiblemente deportivo, y la de una Barcelona muy actual, que i plaza de España mantiene intacto el desde el siglo m hasta casi el xxi. Mu estigio de la Exposición de 1929., y es actual, sí, la del siglo m, porque es itrada a lo que hoy es la Feria, en cuyo tumbas romanas halladas en el cent mtro luce la fuente mágica de Buhigas, de la novísima plaza de la Villa de M güimos más arriba, camino de Pedraldrid, inaugurada en las anteriores fiel adonde ya el siglo xxi .barcelonés ha de la Merced, constituyen uno de li iesto su avanzada con el airoso íunciodescubrimientos más recientes de la rii dismo de la nueva Facultad de Derearqueología de Barcelona. Tumbas aiBio, con la que en el último curso ha riores al prestigioso barrio gótico—«dBjmenzado la vida universitaria en aquecubrimiento» de hace treinta años-ios hermosos e ilustres parajes altos de que, según adelantan las excavacionep Ciudad Condal. as

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_____ P L A Z A DE E S P A Ñ A .— Desde las alturas del Palacio N acional de M ontjuich, Barcelona sigue ofreciendo ei espectacular aspecto que la m agnificó desde 1929 con la inolvidable y feliz Exposición Internacional. F A C U L T A D DE D ER EC H O .— En menos de un año fu é levantada en Pedralbes la nueva Facultad de Derecho, inaugurada en el ourso último, y que acaba de obtener el Premio de Arquitectura del año, instituido por el Fom ento de las A rtes Decorativas. A u to re s de este edificio, que marca la pauta de la Barcelona del futuro, son los señores López Iñigo, Giráldez Dávilae y Subías Fagés. Una perspectiva. D E SD E EL PU ER T O .— V ista marinera de Barcelona, con las em barcaciones deportivas ancladas en primer término, en el centro m ism o del puerto, donde se ha instalado la novísim a sede dei Real Club M arítim o.

P L A Z A DE L A V I L L A DE M A D R ID . — El cem enterio romano, del siglo II I, 'hallado al construirse esta plaza en el casco a n tig u o de la ciudad, donde se alzaba hasta ei año 1936 el convento de Santa Teresa. P L A Z A DE R A M O N B ER EN G U ER .— De Berenguer el Grande (1 0 9 6 -1 1 3 1 ), el q ue reconquistó la imperial Tarragona a la morisma. Sobre la m uralla romana se apoyó el trente fortificado, el Palacio Real M a yo r de A ragón , el palacio de los condes de Barcelona, que hoy ofrece uno de ios más sugestivos panoramas. S A N T A A N A . — Parroquia m ayor de Barcelona. C onstrucción del X|l, para sede eclesiástica de ia Orden del Santo Sepulcro en la Ciudad Condal. En ella reunió las Cortes el rey Fernando ei Católico en 1493. M U R A L L A S DE A T A R A Z A N A S . — En el com ienzo del frívolo Paralelo, este lienzo de la muralla, con su torreón del siglo X IV , nos recuerda que durante quince siglos Barcelona fue una fortaleza militar.

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ms SEULES SISSAZANSS I! El MUSES MARITIMO Por JOSE MARIA MARTINEZ-HIDALGO (Director del Museo Marítimo)

ha sido calificada, muy justamente, como una ciudad de museos. Por su nú­ mero, variedad y contenido merece, desde luego, tan hon­ roso título, expresión de una inquietud cultural permanen­ te y de una sensibilidad ar­ tística ya tradicional. Y entre todos ellos, el Mu­ seo Marítimo, perteneciente a la excelentísima Diputación l, goza de noble singularidad garse en un recinto tan ade____ _ ^„e no se comprendería otro des­ tino, las Reales Atarazanas, el más anarcelona

tiguo arsenal de España, fundado nada menos que por Jaime I de Aragón, se­ guramente al planear sus empresas ma­ rítimas, o sea, al correr de los años si­ guientes al primer cuarto del siglo XIII. Ampliada luego por Pedro IV el Cere­ monioso, esta maravillosa pieza de ga­ llardas arquerías y almenadas torres, llega casi intacta hasta nuestros días en sus elementos esenciales, tras servir du­ rante muchos años de cuartel y Maes­ tranza de Artillería. Y por ello es un deber rendir público testimonio de ad­ miración y agradecimiento a este ilus­ trado y glorioso Cuerpo, orgullo de las armas españolas.

El Museo Marítimo ocupa buena parte del recinto de las Atarazanas, y existe el proyecto de que lo abarque todo. En­ tonces, al transponer el portal dovelado de acceso, à través de una majestuosa galería de Almirantes, se ofrecerá al vi­ sitante la soberbia perspectiva del con­ junto, con cerca de doscientas columnas unidas por los impresionantes arcos de las gradas, a lo largo de las cuales se deslizaron aquellas bravas galeras que desde las escalas de Levante a las co­ lumnas de Hércules, en cientos de vic­ toriosas acciones, hasta culminar en Le­ pante, afirmaron el poderío de España y la hicieron señorear en las aguas del viejo mar de la civilización, mientras en el Atlántico y en el Pacífico serían los galeones las naves de nuestra expansión y dominio oceánico. Entre la galería de Almirantes y la grada central estará representada la marina antigua. En esta grada se alza­ rá una suntuosa y emotiva reconstitu­ ción de la «Real», galera capitana de Don Juan de Austria en Lepanto, cons­ truida precisamente en las Reales Ata­ razanas, y a cuyo ornato Barcelona pue­ de contribuir con muchas y valiosísimas reliquias lepantinas traídas por don Luis de Requeséns. ¡Qué gran jornada inau­ gural al llevar procesionalmente a la ga­ lera el venerado Cristo de Lepanto, ex­ puesto a la ininterrumpida adoración de los fieles en la catedral barcelonesa! Desde la grada mayor, ambientada en su original destino de astillero, a los límites de la muralla del Paralelo, será el espacio destinado a la marina moder­ na, a todo cuanto tiene hoy interés di­ dáctico y al cabo de los años lo tendrá

A rriba: A sp e cto parcial de la sala C apm any. Abajo: La reconstruida carabela «Santa M a ría » , am arra­ da de popa en el m uelle de la Puerta de la Paz.

histórico. Los propósitos son de crear en esta sección un verdadero Museo N a­ cional de la Marina Mercante, muy en consonancia con el carácter marítimo y comercial de Barcelona, y a su vez pue­ de ser una exposición permanente del progreso y realizaciones españolas en orden a la construcción naval y a las in­ dustrias auxiliares de la misma. Tales proyectos, en fase muy avanza­ da, han merecido no sólo la aprobación, sino el más cálido estím ulo y apoyo del marqués de Castellflorite, presidente de la Diputación, quien para dar mayor vi­ talidad al Museo acaba de crear un Pa­ tronato con representaciones de los or­ ganism os oficiales y entidades particu­ lares relacionados con la vida m aríti­ ma, así como otras personalidades des­ tacadas por sus conocim ientos y amor a la marina. Aunque a la realización del ambicio­ so plan apuntado el Museo Marítimo se colocará a la cabeza de las institucio­ nes sim ilares que existen en el mundo, sin embargo sus secciones actuales tie­ nen ya gran valía y hay expuestas en ellas piezas realm ente únicas. En la galería de Jaime I se ofrecen m agníficos ejem plares de anclas y án­ foras romanas, halladas en su mayoría en recientes exploraciones con escafan­ dra autónoma. Las tumbas, originales y reproducidas de grandes capitanes y al­ m irantes, como Cruilles, Pinós, Boera, Vilamarí y Cardona, y una estatua de Roger de Lauria, son el recuerdo de aquella formidable m a r in a catalanoaragonesa que, entroncada con la de Castilla y la de Cantabria, sería la glo­ riosa solera de la marina nacional. Pa­ ralelamente a esta galería, en las salas de Vieta y Monjo, retratos, planos, he­ rram ientas de carpinteros de ribera y modelos dan idea del auge y la calidad de la construcción naval ochocentista en el litoral. Una sala de maniobra, conti­ gua, tiene un gran cabrestante como motivo central, y en torno a él, m oto­ nería, cabullería y pertrechos. En el vestíbulo de San Cristóbal, que debe su nombre a la imagen del portal, reproducido de la iglesia de Fremiá de Mar, están varadas en plácido esta tis­ mo diversas embarcaciones de pesca de tipos en trance de desaparecer. El men­ tado portal introduce a la Sala Capma­ ny, denominada así en honor del gran historiador de la antigua marina y co­ mercio de Barcelona y de las Reales A ta­ razanas; su dilatado espacio está dedi­ cado a la navegación m ercante a vela, con modelos e instrum ental de las E s­ cuelas de N áutica de Barcelona, Masnóu, Vilasar, Mataró y A renys de Mar, y re­ tratos de armadores y cuadros de sus buques, diarios de navegación, patentes de sanidad, conocim ientos de embarque y pólizas de seguros. Completan la sala un gran cuadro del puerto de Barcelona a fines del siglo pasado, obra m aestra del escenógrafo Francisco Soler Rovirosa, y una espléndida colección de apun­ tes marineros de Francisco Roig Soler

Arriba: M u ra lla gótica sur de las Reales A ta ra z a ­ o s , vista desde el este. A bajo: Este es el aspecto actual de la grada m ayor de las Reales A tarazanas.

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y de su hijo, Emerenciano Roig Raven­ tós, éste también historiador fecundo. _ Junto a una torre almenada del si­ glo X I I I y por un portal de grandes do­ velas se entra en el recinto de Pedro IV , en cuyo zaguán hay erigida una estatua a Galcerán Marquet, bizarro almirante de aquel monarca, rodeado de diversas piezas de artillería de avancarga y bolaños de hierro y piedra. Bajo la esca­ linata, varias piraguas de tipo primitivo muestran la construcción monoxila y de tablas en Filipinas y la costa occidental africana. Por este zaguán se pasa a la Sala Sáñez Reguart, en memoria del au1 tor del célebre «Diccionario de Pesca» (siglo x v i i i ) ; grandes fotografías y pla­ nos ilustran acerca de los poblados ma­ rítimos del litoral, y un gracioso diora­ ma del fondo del mar, debido al escenó­ grafo José Mestres Cabanes, preside el conjunto de embarcaciones pesqueras y la rotonda, dedicada a deportes náuticos. La marina de propulsión mecánica está reunida en otra sala de grandes dimensiones, denominada del Marqués de Comillas, primero de este título y fundador de la Compañía Trasatlántica Española, tan ligada al desenvolvimien­ to de nuestra marina mercante. Los mo­ delos de sus buques, retratos y recuer­ dos de sus sucesores y capitanes ilus­ tran no sólo de la actividad comercial de la empresa, sino de los grandes ser­ vicios prestados a la patria por ella y por quienes, como el c a p it á n Deschamps, conmovieron con sus hazañas el alma popular. Dos grandes dioramas de los puertos de Cádiz y costa de Carta­ gena simbolizan la marina mercante y de guerra; modelos, pinturas y graba­ dos, entre aparatos e instrumentos de navegación, señalan la actividad pasada y presente de armadores y empresas tan conocidas como Vidal Sala, Jover y Se­ rra, Isleña Marítima, Folsh, Casaseca, Ramos, Pinillos, Campsa, Ibarra y Tras­ mediterránea, laudables protectores, que con sus donativos harán ampliar en breve esta sala, donde también figuran otros modelos de compañías extranje­ ras y una sección a gran escala del di­ que flotante y deponente del puerto de Barcelona. Del ya citado recinto de Pedro IV arranca una señorial escalinata que con­ duce a la planta superior, donde, en un vestíbulo de mascarones de proa, se pue­ de admirar el famoso de la «Blanca Aurora», de romántica historia, repre­ sentativo de una doncella de Lloret de Mar, hija del capitán y armador; otro es el «Ninot», que dió nombre a todo un barrio de la ciudad, cuando servía de re­ clamo a una taberna, y no menos famoso es el «Negro de la Riba», que estuvo en la Barceloneta, cerca de la desaparecida fuente de Neptuno, y que en el enton­ ces era algo así como el «coco» de los niños barceloneses. Por este vestíbulo se pasa a la sala de Pedro IV, dedicada a la evolución del buque a través de los tiempos, donde, no obstante, se acumulan elementos ajenos a su destino inicial en espera de instalaciones especiales. Presidida por la estatua del monarca que tanto impul­ so diera a las Reales Atarazanas, obra del escultor Enrique Monjo, hay en ella modelos de embarcaciones egipcias y ro­ manas, una réplica estupenda de la coca de Mataró, cuyo original, quizá lo me­ jor del mundo, salió incomprensible-

FOTOGRAFIAS:

PUBLIFOTO y J. FRANCIS ESTO R C H

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mente de España y hoy es el orgullo del Museo Marítimo de Rotterdam; como primerísimas piezas, que ocuparían sin duda un puesto de honor en cualquier museo de aquí y de fuera de aquí, cabe citar el jabeque de Santa Cristina (si­ glo X V I I I ) ; la galera lepantina, perte­ neciente al género de embarcaciones vo­ tivas (siglo X V I I ) , y un exvoto ofrecido por unos cautivos libertados por Barce­ ló, en el que aparece el legendario ja ­ beque «San Antonio» del ilustre mari­ no que de simple patrón alcanzó en mé­ ritos a su bravura y pericia marinera la dignidad de teniente general de la Real Armada. El fondo de la sala se destina a la navegación y exploración submarina, con valiosos recuerdos de Narciso Monturiol, el genial inventor de los «Ictíneos», cuyo centenario del pri­ mero acaba de cumplirse, y de quie" guarda celosamente el museo casi toda la documentación ; a su lado, un retrato y diversos recuerdos de Isaac Peral, otro español ilustre en el proceso para llegar a la realidad de esta formidable arma que es el submarino, y ya en la actuali­ dad, destacada, la escafandra autóno­ ma con la que el buceador del «Cris», Esduardo Admetlla, logró la m a rca mundial de inmersión con este género de aparatos al descender a la cota de 100 metros en aguas de Cartagena. De tres salas que abren sus puertas a la de Pedro IV, la de Jaime Ferrer de Blanes contiene raras muestras de car­ tografía náutica debidas a Bartolomé Olives, Juan Oliva y Vicente Prunes: antiguos atlas, derroteros y esferas ce­ lestes ; en la de Arte Popular se exhiben numerosos exvotos procedentes de las ermitas marineras, y en la de «Macips de Robera», la bandera gremial, docu­ mentación y privilegio (1513) de los fa ­ quines de la antigua aduana de Bar­ celona. Además de cuanto en lo posible se muestra en las salas, tiene el Museo, al servicio del investigador y hasta del cu­ rioso, una biblioteca especializada, sec­ ción de cartografía, fichero histórico de buques y armadores, así como otro fo­ tográfico y documental. En el taller de la institución no sola­ mente se reparan los modelos expuestos en las salas, sino que asimismo se cons­ truyen otros que pasan a aumentar los fondos expositivos del Museo. Por gentileza del Ministerio de Mari­ na pertenece hoy al Museo Marítimo, donada a este fin a la Diputación Pro­ vincial, la carabela «Santa María». Des­ de su llegada al muelle de la Puerta de la Paz en 1952, con motivo del Congreso Eucarístico Internacional, la «Santa Ma­ ría» se ha convertido en una estampa típica del puerto de Barcelona y ha sido visitada ya por más de medio millón de personas. Ahora, después de reconstruir una parte del casco y en curso de re­ apare jamiento, se va a instalar un mu­ seo colombino a su bordo, cuya idea es la siguiente: en la cámara del Almiran­ te, los medios náuticos con que España llevó a cabo del descubrimiento del Nuevo Mundo; en la cubierta principal, bajo la tolda, la expansión española por todos los mares y océanos, y en la bo­ dega, convenientemente iluminada, una síntesis del desarrollo de los pueblos de estirpe hispánica. J. M. M.-H.

saluda a los asistentes a la XXVII J e r ia O ficial e Internacional de M uestras de Barcelona y anuncia el próximo estreno en España de sus películas

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50 barcos, 200 aviones y 25.000 hombres: una "fuerza t r a n q u i l i z a d o r a ” con bas e en el M e d i t e r r á n e o hace siete años, la VI Flo­ ta americana es habitual en el puerto y en las calles de Bar­ celona. Primeramente, las visi­ tas eran espaciadas, y los bar­ celoneses sentían gran curiosi­ dad en la visita a los buques de la Armada norteamericana del Mediterráneo. Sobre el consu­ lado general de los E stados Unidos en Barcelona llovían de­ mandas y más demandas de invitacio­ nes para visitar estos barcos. Además, la VI Flota americana, su presencia en ios puertos españoles, y concretamente en el de Barcelona, que es el más visita­ do, supuso tanto como el fin del bloqueo político internacional dictado contra Es­ paña en Postdam. Por tanto, la llegada de los primers barcos de la VI Flota a Barcelona no solam ente ejercían la atracción de un lógico motivo de curio­ sidad, sino que, desde que fondearon ante la estatua de Colón sus primeros barcos y dieron con ello comienzo las mu­ tuas cortesías entre el mando de la flota y las autoridades de la ciudad, el hom­ bre de la calle supo sin necesidad de más que había comenzado la reivindica­ ción de España. A las primeras visitas de la Flota, algo espaciadas, siguieron otras más fre­ cuentes. Los mayores buques, los gran­ des portaaviones de 60.000 toneladas, esd e

empezaron a ser familiares a los barce­ loneses. Y las grandes figuras de la Ma­ rina norteamericana, como el almirante Cassady y otros que luego le sucedieron en el mando de la Flota mediterránea, frecuentaron la Ciudad Condal, y bien a bordo de sus buques insignia o bien en tierra, en el consulado general ame­ ricano, concedieron amables entrevistas de prensa, en las que, incansablemente, y con buen humor, esqui vaban los «torpedos» de las preguntas periodís­ ticas y se las arreglaban con benevo­ lencia e ingenio para ser interesantes, sin ser indiscretos, en sus manifesta­ ciones. Regularmente, hay tres o cuatro gran­ des visitas anuales de la VI Flota a Bar­ celona, en las que fondean en sus aguas hasta catorce o quince buques, con una dotación total de varios miles de hom­ bres. A éstas hay que añadir otras de rutina, de simple escala u otra cualquier incidencia normal, en que atracan en Barcelona, bien unos destructores, bien buques-transportes o buques-tanques u otro cualquiera de los varios tipos de embarcaciones que componen esta Flo­ ta. Así es que, al cabo del año, Barce­ lona es visitada por miles y miles de hombres de la Marina de los Estados Unidos. Y así ya siete años. —Son los mejores propagandistas de España en los Estados Unidos—nos han

dicho en distintas ocasiones los jefes de la Flota. La escala en Barcelona, que a veces pasa de los siete días, cuando lo normal en las visitas de estos buques es una estancia de tres o cuatro días en puerto, es una escala muy apetecida. Y esto no hace falta que lo digan los comandantes de los barcos americanos, pues el conti­ nuo desfile de éstos es de por sí bien elocuente. Sin necesidad de acercarse al puerto, en seguida se sabe que los de la VI Flo­ ta están en Barcelona, pues se dan am­ plios permisos, y tanto en las Ramblas como en los toros y en otros lugares po­ pulares la presencia de los marineros norteamericanos se multiplica. Lo de los toros, la curiosidad que hay por ellos llega al extremo de que, por ejemplo, en los cobertizos de los grandes porta­ aviones se llegan a instalar taquillas para obtener allí mismo las entradas para la plaza. El efecto de un cartel de toros en los mamparos del buque y la cola de cientos y cientos de marineros ante la taquilla improvisada, entre avio­ nes a reacción, cazas y bombarderos, es de un t y p i c a l s p a n i s h — s p a n i s h a n d a m e r i c a n —de lo más sensacional. En fin, la VI Flota contribuye a ani­ mar más las ya muy animadas calles de la Barcelona marinera; se ha incorpo­ rado a los espectáculos taurinos, da con-

i

muy particularmente a la prensa que en ella trabaja, los más poderosos y efi­ cientes barcos de guerra del mundo en­ tero; barcos armados con proyectiles teleguiados. En la invitación para la vi­ sita a uno de estos barcos dotados de la nueva artillería de los cohetes, el co­ mandante les dijo a los periodistas que, menos disparar, estaba dispuesto a que se hicieran en honor de ellos toda clase de demostraciones con los «Regulus», pues se trataba de este tipo de proyectil, que tiene forma de reactor pequeño, y así se hizo. Y últimamente, los grandes portaaviones que fondean ante Barce­ lona compiten en invitar a los periodis­ tas a presenciar maniobras a bordo. Grandes, imponentes maniobras, a mi­ tad de camino, entre Barcelona y Ma­ llorca, en las que los aviones del buque realizan toda suerte de ejercicios, inclui­ do el bastante terrorífico de regresar al aeropuerto flotante en la noche, estando éste completamente apagado. Haciendo operaciones, como en tiempo de guerra, con objeto de mantener firme la paz. Barcelona, en este aspecto, se ha con­ vertido hoy en uno de los observatorios más convincentes de cómo se mantiene la paz mediante una fuerza tranquiliza­ dora. Fué en este mismo Mediterráneo donde, hace dos mil años, se proclamó la divisa de S i v i s p a c e m , p a r a b e l h i m . Barcelona, sí, es testigo de cómo la VI Flota americana cumple este come­ tido con eficiencia. Y con cortesía : «Una fuerza tranquilizadora.» Manuel VIGIL Y VAZQUEZ OFFICIAL PHOTOGRAPH U. S. NAVY

A n te el adusto M o n tju ic h , fondea con gran frecuencia la V I Flota am eri­ cana, cuyos pabellones ondean a la suave brisa barcelonesa. En tierra fir­ me, sus m arineros son aficionados a las fiestas y a los lugares de más acentuado tipism o. Para ellos, A n d a ­ lucía em pieza en Barcelona. Pero, en cambio, la V I Flota constituye para los de tierra un atrayente espectácu­ lo, com o éste que ofrece el im p on en­ te «Forrestal», con sus 6 0 . 0 0 0 to ­ neladas y sus 1 0 0 aviones, que ha visitado varias veces las a guas bar­ celonesas e incluso ha realizado en ellas a lgu na s vistosísim as m aniobras.

ciertos en la plaza de Cataluña, ofrece fiestas a los chicos y hasta apadrina co­ legios; participa en encuentros de b a s e bail e incluso ha ofrecido en ocasiones festivales atléticos, aprovechando la pre­ sencia, en algunos de sus barcos, de cam­ peones olímpicos que realizan en éstos su servicio militar. La VI Flota, «una fuerza tranquili­ zadora», como se la ha definido, con sus 50 barcos, 200 aviones y 25.000 hom­ bres de dotación, navega constantemen­ te por el Mediterráneo en misión de paz y buena voluntad. Su base es el Medi­ terráneo entero. Y todos los países ri­ bereños del M a r e N o s t r u m saben que ella es la más firme garantía contra al­ guien que intentase alterar la tranqui­ lidad «del más bello de todos los ma­ res». A lo largo de estos años, como deci­ mos, son muchos los buques de la VI Flo­ ta que han anclado en Barcelona, y lo ban hecho siempre con el gesto cordial de quien abre las puertas de par en par Para recibir a un amigo en casa. Ello ba permitido conocer a Barcelona, y

A Luí!

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CONFERENCIA CLUB Por

CARLOS

SOLDEVI LA

Condal, esta actividad, que en tantas urbes del mundo alcan­

1 los Juegos Florales fueron establecidos en Barcelo­

0

na por decisión real de Juan I de Aragón y protegi­

zaba una extensión rayana eíi manía y que daba incluso pá­

dos por sus sucesores, justo es reconocer que la res­

bulo a toda una literatura de burlas y cuchufletas, adolecía

tauración de tal institución en 1859, como la de la m ayoría de entidades que a lo largo de los siguientes

en Barcelona de cierta anemia. N i corto ni perezoso, convocó en 1980 a unas cuantas da­

se crearon para fom entar la cultura de la región,

mas y caballeros de la aristocracia y de la intelectualidad, y

fueron fruto de la iniciativa privada. Hay, induda­

les exhortó a crear una sociedad de conferencias como las que

blemente, en la manera de ser de los catalanes una

ya funcionaban en otras ciudades de Europa. Entregó inm e­

ente una cantidad para los primeros gastos, designó m anifiesta inclinación a servir sus propias necesidades mdiatam e­ en principio unos cuantos nombres para que integrasen la diante directivas y esfuerzos marcadamente propios, aunque junta directiva, y pocos años después hubo de adm irarse de sus patrones o modelos provengan de allende los Pirineos o que su impulso creador— en este caso ni m uy sostenido ni

de allende el Ebro, o del otro lado del Mediterráneo. De ahí

El

fam oso

financiero

H einem ann,

después

de

pro nu ncia r

una

conferencia

en

la

asociación

C onferencia

C lu b ,

rodeado

de

varios

m iem bros

de

la

Junta.

que la lista de academias, juntas, asociaciones, institutos, que

muy vigilante— bastase para levantar una entidad que, con

se han creado por un pequeño núcleo autóctono y han cre­

el solo paréntesis de nuestra guerra y años inmediatos, no ha

cido o languidecido por obra de sus paisanos, alcance un nú­

cesado en su m isión de promover conferencias. Entre éstas, las

mero realm ente considerable. Entre ellos justo es m entar el

que, por indicación y con ayuda del fundador, vino a dar el

Conferencia Club. Cuando don Francisco Cambó tuvo la ocu­

conde de K eyserling y la serie que poco m ás tarde desarrolló

rrencia de instituir esta asociación, sin duda se daban cierto

André Maurois, ya en la plenitud de su fam a, constituyeron

número de conferencias en las academias y asociaciones bar­

éxitos m em orables: la consolidación de la empresa. El «sno­

celonesas, pero a juicio del malogrado político, que tan inten­

bismo», que puede— y con razón— suscitar críticas y preven­

samente se preocupó de fom entar la cultura de la Ciudad

ciones, en este caso, como en algunos otros, fué un precioso

conferencia club

EN PRIMERA FILA D E L ARTE

ingrediente. Agréguese que en aquella época traer de Darm­ stadt o de París a un personaje de nota representaba un dis­ pendio francamente módico. La junta directiva de aquella época— de la que sólo quedamos en ejercicio la marquesa de Marianao, la duquesa de Santángelo y quien suscribe estas líneas— pudimos elejir, entre los nombres más ilustres de Euro­ pa, a Jules Romains, Paul Valéry, Renato Ferschi, García Gómez, René Benjamin, Robert Speaight, Julián Marías, Du­ quesa de La Rochefoucauld, doctor Marañón, Paul Poulenc,

A B S T R A C T O

Bernard Gavoty, etc., etc. Los viajes resultaban baratos y los hoteles no sólo no eran caros, sino que consentían con gusto notables rebajas para esta clase de huéspedes. Con nuestros 500 socios dábamos per­ fectamente al abasto, aun imponiéndoles cuotas que no so­ brepasaban las 100 pesetas anuales. Cuando nuestro Club fué resucitado después de la guerra, por empeño de quien es hoy su presidente, el excelentísimo señor don Felipe Bertrán Güell, la cosa resultó bastante más difícil. Pero no nos han faltado colaboraciones y entusiasmos, que han permitido continuar la tarea iniciada, que, por otra parte, la multiplicación de las disertaciones, que se pronuncian todos los días laborables en­ tre siete y nueve, ha tornado menos dispensable. Con sus treinta años de tradición a cuestas y la brillante lista de personajes que han desfilado por su tribuna, nuestro Club— que si de algo puede quejarse es del escaso o, por lo menos, intermitente interés de las juventudes estudiantiles, para las que creó una cuota especial— no pasa curso sin dar una nota de novedad o de alto prestigio. Su elegante y fiel clientela femenina, para la que primordialmente fué creada, le comunica un atractivo que no ha dejado de sorprender a los mismos con­ ferenciantes, habituados a hablar en la titulada Université des Annales parisiense. El sombrero, que tanto ha retrocedido en estos últimos años, tiene en su salón de audiciones uno de sus más notorios baluartes. El mecenazgo, asumido por un potentado, no ha desapare­ cido de nuestras costumbres, si bien al compás de la evolu­ ción general del mundo retrocede a ojos vista. Lo firm e to­ davía es el mecenazgo ejercido por un grupo social numeroso; así, por ejemplo, es de justicia mencionar el grupo teatral formado en el Círculo Artístico de Sant Lluc, que todos los años da unas cuantas representaciones selectas, y además, ya sea en el gran teatro del Liceo, ya en la sala magnífica del teatro Windsor, una representación en que toman parte gran número de aficionados a este viejo arte, y en que echan el resto los decoradores y atrezzistas del propio Círculo. Tam­ bién es preciso mencionar con elogio la generosidad y entu­ siasmo del Patronato Pro Música, que tan importante es­ fuerzo ha aportado recientemente al filarmonismo de Barce­ lona, sin dar señales de miedo ante la perspectiva del déficit. Sin duda, nuestro Conferencia Club no constituye empresa de tantos arrestos, pero es innegable que su continuidad a lo largo de los años ha multiplicado los vínculos internacionales y ha comunicado variación y excitantes a la sed de cultura y a la vida social de Barcelona.

C. S.

Por

CESAREO

RODRIGUEZ-AGUILERA

la gran difusión del arte actual—uno de los signos sociales y culturales más representativos de nuestro tiempo—, Barcelona, como síntesis de una región de acusada perso­ nalidad, ha estado y sigue estando en primera línea. El monumento al Greco en Sit­ ges por los novecentistas capita­ neados por Rusiñol, la obra insó­ lita de Gaudí, la audaz tarea «mo­ dernista» de las Galerías Dalmau, son un exponente entre tantos otros numerosos que se podrían citar. En un catálogo de octubre de 1929, José Dalmau «se complace

E

n

en imitar a la Exposición de Arte Abstracto, compuesta exclusiva­ mente de artistas catalanes, orga­ nizada en honor de los ilustres re­ presentantes de la prensa univer­ sal con ocasión del XVIII Congre­ so Internacional de Prensa. Dicha exposición se realiza con el fin de dar a conocer las más adelantadas manifestaciones de arte que, al ca­ lor de la modernidad, se vienen produciendo en Barcelona simultáneamente a las más avanzadas tendencias europeas». Aunque, a pesar del texto, a la hora de examinar los expositores y enterarnos, por algunos partíci­ pes, de las obras presentadas, se­

l, /

pamos que entre aquéllos figura­ ban Grau Sala, De Sucre, Villá, Miró y Torres García, de los cua­ les ninguno podía, en rigor, ser clasificado como pintor abstracto en el sentido que hoy damos a la expresión. El arte abstracto (el cuadro ob­ jeto plástico sin referencia direc­ ta a ninguna forma real) tal vez sea una de las constantes del arte. En el ciclo de nuestro tiempo—el que comienza con el impresionis­ mo—ha tenido dos momentos de desarrollo. Su primera época (Kandinsky, Mondrian, Malevich...), de 1912 a 1920, y la actual, desde 1945, más o menos.

Abajo: «Lyon 1 Belleville», de Modest Culxart, 1957, 73 X 54 centímetros (co­ lección Emilio Ardittl, Parla).— Derecha: «Hie­ rro», Subirachs, 1958. 190 cm.

S o b re

le

pugna

informalismo,

abstractismola

realidad

de unos nom bres consagrad o s Hay en su origen cierta relación con el dadísmo: concesión al azar o al inconsciente, ausencia de la razón. Pero más bien se ofrece como final, como última simplificación posible de la síntesis plástica (Blanco sobre blanco, de Balevich, en 1914). Había, pues, nacido y muer­ to rápidamente. Pero en la última postguerra (a partir de 1945) el arte abstracto adquiere un desarrollo tan extraordinario que, en número al menos, casi ensombrece el vigoroso y riquísimo arte expresionista de nuestro tiempo. Se dice que la Escuela del Pacífico o de Norteamérica cuenta con tales o cuales jura­ dos o premios; que el arbitrio y la gratuidad facilitan el carácter masivo de los creadores abstractos; que nos encontramos frente a un academicismo abstracto, etc. Pero no hay duda que el hecho social y cultural del arte abs­ tracto está presente como una realidad pode­ rosa. Y más que negar a priori, vale más contemplar y tratar de comprender. Aunque luego la conclusión sea positiva o negativa, esperanzadora o triste. En los primeros años de la última fase del abstractismo, el dogma consistía simplemente en huir de lo real, consciente o inconsciente; en la asepsia pura; en el color por el color; en el puro placer cromático; en la tinta planasin referencias, consideradas como lastre. Fué

la pintura abstracta llamada geométrica y, con exceso, lírica. La conclusión honesta frente a tan elemental espectáculo (aun a riesgo de la ira de los snobs y de los arrivistas) no podía ser más que la denuncia de su futilidad. Así lo hicimos en periódicos y revistas y en nues­ tra Antología española de arte contemporáneo. No se tardó mucho en abandonar el callejón sin salida. En seguida empezó a hablarse—des­ de lo no figurativo—de «otro arte». Michel Tapié denunció la abstracción geométrica como la última expresión del academicismo. El nue­ vo arte no figurativo quería ser—o mejor, se­ guir siendo—expresión representada. Y nace un nuevo término: informalismo. El público, en general, no distingue entre ambas posiciones. El abstractismo geométrico y el informalismo pintan cosas que no pare­ cen sacadas de la realidad exterior. No recuer­ dan nada visto. Por tanto, con lógica simpli­ cidad, se confunden y todo se designa como pintura abstracta. Pero la intención, el propósito perseguido, no sólo es distinto, sino que casi podríamos ca­ lificarlo de opuesto. Para el informalismo se habla de «integrar la realidad en el cuadro por medio de acumulación de materias o de reduc­ ción del hecho pictórico a su sola sustantividad». Se dice que las imágenes informales son «imágenes del alma», o bien «paisajes menta­

les». Y con acierto se le considera como una convergencia entre el surrealismo y la abs­ tracción (la abstracción geométrica, en lo que tiene de no figurativa). Pese a la reciente encuesta de la revista francesa Arts (junio de este año), que tan po­ deroso impacto ha producido en los medios ar­ tísticos barceloneses, en la que se presenta el arte abstracto, en su totalidad, como definiti­ vamente condenado. En la práctica, la cues­ tión seguirá su curso, aunque este curso pro­ bablemente sea la penetración—-o la acepta­ ción—de ciertas formas más concretas y ob­ jetivas. Sin perder—porque tal vez aquí esté lo conquistado—las valiosas calidades de mate­ ria y la magia y el misterio de realidades pro­ fundas. Hace unos días decía Dalí, comentan­ do la encuesta de Arts, que lo abstracto, más que como final, debe verse como principio de etapa. En este sentido bien pudiera ser Tharrats —en la meta, tras un largo y laborioso es­ fuerzo, del dominio total de una técnica, con la herencia, recibida apasionadamente, de los ensayos surrealistas y cargado de una múlti­ ple experiencia humana—el nuevo capitán in­ ternacional del inmediato momento plástico, de igual modo que hoy lo es, sin duda, Tapies, y ayer lo fueron Dalí o Miró. Aunque, desde el punto de vista del arte abstracto catalán, justo será señalar como pre­ cursor a Gaudí, en algunas de sus composicio­ nes plásticas incorporadas, especialmente las del parque Güel. Miró, cuya obra está tan próxima de la abs­ tracción, ha condenado públicamente el arte abstracto, y hace tiempo recomendó a los jó­ venes que se inspirasen en la realidad o en el Museo Romántico. Dalí, cuya pintura es la antítesis de la abs­ tracción, sobre todo la de sus últimos años, habla ahora (tal vez el ambiente americano que respira) de la pintura abstracta con cre­ ciente interés. En nuestra última conversación aseguraba que este verano acabaría una obra abstracta, aunque con características—claro está—dalinianas. El grupo informalista catalán, en sus más sólidos representantes^—-Tapies, Tharrats, Cuixart—, procede y fué, en esencia, el grupo surrealista Dan al Set, nacido en 1948, que nos ha dejado la más original de las revistas poéticas y artísticas de España, amén de un conjunto de obras dignamente enlazadas con el surrealismo europeo de entreguerras. De los tres, Tapies ha sido, hasta hoy, el triunfador internacional, después de fase surealista: simbolista (hasta 1950), social-surrealista (a su regreso de Francia; 1951-1952) y abstracta (a su regreso de los Estados Uni­ dos; 1953). Probablemente es el pintor espa­ ñol que ha conseguido más galardones inter­ nacionales en menos tiempos : en la Bienal His­ panoamericana, en- la de Sao Paulo (1955), en la de Venecia (1958), el Premio Lisone, de Milán (1958), y el de Carnegie, de Pittsburgh (1958). Junto a ellos, en orden a sus principos y a su obra, aunque con las características per­ sonales de cada uno, pueden situarse a Car­ los Planell, Vila-Casas, Alcoy, Hernández-Pijuán, Tábara, Ramón Vallés, Mier, Rodríguez Cruells, Magda Ferrer, Josefina Miró y, últi­ mamente, Curós, quien dé un expresionismo prometedor, aunque vacilante, se nos ha pre­ sentado en la temporada actual como un abso­ luto informalista, consagrado a las calidades de materia de su obra, aunque con deliberada atención al color. La fidelidad al abstractismo geométrico la ha mantenido hasta fecha muy reciente Planasdurá, uno de los primeros y más firmes abstractos catalanes, hoy metido en una per­ sonal experiencia tachista.

FoíO S:

ROBERT

En la pagina de la izquierda: P intura m ural de T h a rra ts ( 3 5 0 m etros cu adra ­ dos) para la iglesia de los H oga res M u n d e t.— A rrib a : « H o m m a g e à Frank Lloyd W r ig h t » , 1 9 5 9 , T h arra ts (colección Z a lste m Z a le ssk y , N e w M ilfo rd , Conn.).— A b ajo : «C om p o sició n », 1 9 5 2 , Planasdurá, 1 6 2 X 1 1 4 (C am ilo Pallas).

Como extranjeros residentes en Barcelona, donde su obra se ha hecho realmente en la manera abstracta que hoy presentan, hay que destacar a Will Faber y Hsiao Chin. De la provincia, Brugalla y Furriol, de Vich, y An­ dreu, Castells, Bermúdez y Borrell, de Saba­ dell. —En pugna con los conceptos de abstractismo e informalismo—aunque sólo hasta cierto pun­ to—, podemos considerar incluidos entre los pintores abstractos catalanes aquellos que, pro­ cedentes de la figuración expresionista, natu­ ralista o fauve, y sin haber perdido cierta in­ tención de referencia a la realidad, han desin­ tegrado y sintetizado de tal modo sus formas, que, prácticamente, el resultado objetivo les sitúa dentro de aquella amplia noción. Tal es el caso de la última obra de Guinovart, de Hurtuna, en cierto modo de José Luis García y decididamente de Rafols Casamada. En escultura, la tierra de Julio González te­ nía que darnos los continuadores de una obra tan singular, y los tiene hoy en Eudaldo Serra y José María Subirachs, a los que, como abs­ tracto, se ha incorporado recientemente Marcel Martí. El somero panorama trazado nos demuestra que el arte abstracto en Cataluña ocupa un destacado lugar, habiéndolo mostrado el III Sa­ lón de Mayo (1959), en el que, en número, quedaban equiparados abstractos y expresio­ nistas; que su calidad es de primer orden, como nos lo dice su reciente consagración in­ ternacional, y que en su desarrollo futuro—que ha de ser progresivo y cambiante y probable­ mente integrador de lo esencial de las distin­ tas experiencias anteriores—puede seguir im­ poniéndose en el mundo, como nos lo anuncian las más recientes realizaciones que conocemos. C. R.-A.

Cam iones “ B A R R E IR O S 1* para todo terren o en la Feria de B arcelona Una de las más acreditadas muestras de la moderna industria española presentada en la Feria de Barcelona es el camión Barreiros «todo terreno», cuya facilidad de maniobra para los más abruptos parajes puede apreciarse en la fotografía, obtenida en el stand de Barreiros Diesel.

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construyó con plenitud de acier­ tos el prestigioso arquitecto muni­ cipal don Ramón Raventós. El pri­ mer acierto, cifra y clave de todos los demás, está en el emplazamiento. No podía elegirse sitio mejor. Ocupa una hon­ donada en el esp acio más bello y suges­ tivo de los jardines de M ontjuich. Allí, la Rosaleda, y la Pérgola, y el parque Laribal, y las frondas románticas de la Font del Gat... La serenidad de la piedra y la magia de un tupido fondo vegetal, cuyos verdes lujuriosos se animan bajo los locos hasta adquirir rutilantes tonalidades, hacen del teatro Griego de Montjuich un impre­ sionante poema de luces y sombras, mien­ tras los amenísimos jardines que lo cir­ cundan ponen en la grandeza del paraje la ^

vimos en el Griego sendos ciclos helénicos, a cargo de una compañía creada bajo el patrocinio del Ayuntamiento y dirigida por la señora Dolly Latz. Fué una idea excelente' del entonces alcalde de Barcelona, don An­ tonio María Simarro, hombre muy versado en humanidades y entusiasta de la tragedia griega, pero el público prestó escaso interés a la iniciativa, en parte porque la sensibi­ lidad del hombre de hoy no es muy apta para la percepción, en masa, de la tragedia griega en sus formas originales, tan cargada de símbolos muertos, y en parte porque la audaz y hermosa aventura cultural corría a cargo de aficionados incapaces de dar alien­ tos nuevos a un mundo desaparecido. De todo aquello recuerdo Electra, de Sófocles; Las troyanas, de Eurípides; Prometeo enca­ denado, de Esquilo; Hipólito coronado y la Antígona, de Sófocles; ésta en versión de Pemán, mientras las otras respondían a tex­ tos sacados de descuidadas ediciones popu­ lares. El mayor éxito, por no decir el único, fué para la joven actriz Dora Santacreu, do­ tada de magníficas facultades dramáticas. En el verano de 1957 no tuvimos repre­ sentaciones en el Griego, lo que creo que

Las representaciones de « L a O restíada» en el escenario de M o n tju ic h lograron la m ás alta expresión trágica y artística, gracias— en parte— al soberbio m arco y las instalaciones del teatro G rie g o barcelonés.

gracia sutil de un madrigal, y así el grito desgarrado do la tragedia griega se quiebra, entre flores, en el donaire de una sonrisa nueva. Al teatro Griego de Montjuich lo tenía­ mos olvidado. Lugar de libre acceso, sólo servía, como postrer ultraje a los dioses caídos, para alguna que otra merendola fa­ miliar y para que la chiquillería brincase, no sin riesgo, por el graderío; al caer las sombras de la noche, soledad, silencio y el aire brujo del mundo natural dormido en su grandeza. El redescubrimiento del teatro Griego de Montjuich se produjo en 1954, cuando lle­ garon a Barcelona, por primera vez, los Festivales de España, del Patronato de Edu­ cación Popular, dependiente del Ministerio de Información y Turismo. Los Festivales se presentaron con una decena de arte dra­ mático, y fué tan grande su éxito, que se puso una obra más de las anunciadas, con lo que la decena constó, con perdonable agravio a las matemáticas, de once obras. Para las representaciones se habían elegido dos lugares de singular belleza : la plaza del Rey y el teatro Griego, pero el primero resultó pequeño e incómodo para la gran masa de espectadores que pretendía asistir a las funciones. En la plaza del Rey sólo se dieron tres sesiones, en las que sepresentaron El villano en su rincón, Fuenteovejuna y Las mocedades del Cid. Las otras obras anunciadas para representarse en di­ cho lugar fueron trasladadas al teatro Grie­ go. Las representaciones en el Griego co­ menzaron la noche del 16 de junio con la tragedia Antígona, en la versión moderna de jean Anouilh, bajo la dirección de Ca­ yetano Lúea de Tena y con Aurora Bau­ tista y Carlos Lemos como primeras figuras del reparto. La misma compañía puso des­ pués El sueño de una noche de verano y El villano en su rincón, y luego siguió el Teatro de Cámara de Barcelona con Fuenteovejuna, Las mocedades del Cid y Medea,

obra esta última en magnífica versión de Juan Germán Schroeder, que valió a su pro­ tagonista, Nuria Espert, un éxito clamoro­ so, que convirtió a la joven actriz—entonces de diecinueve años—como la gran revela­ ción de la temporada. Después compareció una joven formación artística, encabezada por María Jesús Valdés y José María Mompín, que puso La fierecilla domada y Elec­ tro, de Pemán, y cerró el ciclo la compañía de Tamayo con El alcalde de Zalamea, La vida es sueño—que fué un fracaso, todo hay que decirlo; el único que se ha regis­ trado en el Griego—y La cena del rey Bal­ tasar. Me he referido un poco por lo menudo a esa temporada de 1954 porque es la del descubrimiento popular del teatro Griego de Montjuich. El público de Barcelona, que ni se acordaba de que tuviese un teatro al aire libre en Montjuich, acogió los festiva­ les con un interés enorme, demostración pa­ tente de su cultura y su sensibilidad. En­ tonces se produjo lo que después, en otras temporadas, hemos visto repetirse con bas­ tante frecuencia: un público numeroso—a veces más de 2.000 personas—soportando la lluvia para no perderse un espectáculo de arte. La noche aquella en que público y comediantes resistieron impávidos la lluvia durante todo el tercer acto de El alcalde de Zalamea es digna de pasar a la historia. Co­ mo aquella otra en que un aguacero im­ ponente, que llevaba trazas de persistir has­ ta más allá del alba, no pudo disolver una multitud entusiasta y valiente, que así,, gra­ cias a su entereza, unos minutos después presenciaba la fastuosa representación de La cena del rey Baltasar. Casos así los hemos visto todas las temporadas en el Griego y a mí la estampa de un espectador de teatro aguantando la lluvia encogido de hombros o bajo la pobre defensa de un paraguas me conmueve y, como barcelonés, me llena de orgullo. Los dos años siguientes (1955 y 1956) tu­

fué un beneficio, pues dos años en manos inhábiles lo habían hecho perder totalmen­ te en el favor del público. Había que pres­ tigiarlo de nuevo, y esto se logró en la tem­ porada de 1958, que abrió mi hijo Adolfo con Alejando Magno, de Rattigan; Los lo­ cos de Valencia, de Lope de Vega, y Ondi­ na, de Giraudoux. Continuó Tamayo, pri­ mero con un ciclo dramático, con Enri­ que IV y Los seis personajes en busca de autor, de Pirandello, y La Celestina, y lue­ go, en género lírico, con Doña Francisquita, para cerrarse la temporada con el «Ballet» español de Pilar López. Esta temporada de 1958 hizo ya defini­ tivamente popular el teatro Griego, que es­ tuvo muy animado siempre y se llenó por completo todas las noches en que se puso —magníficamente, por cierto— Doña Fran­ cisquita. Ya en el camino del éxito, todo marcha en la actual temporada sobre rie­ les. Hasta ahora han pasado por el teatro Griego en este verano el Teatro de la Zar­ zuela, de Madrid, con Marina, que tuvo por principal intérprete a Alfredo Kraus; Adol­ fo, con César y Cleopatra, de Shaw, en versión, bastante libre, de Torrente Balles­

ter; Tamayo, con La Orestíada, en versión de Pemán y Sánchez-Castañer, y Nuria Espert, con Ana Christie, de O’Neill. Y se anuncia otra vez Tamayo con Doña Fran­ cisquita y Van y toros y «Ballet» de Pilar López. Todo marcha a las mil maravillas, pero lo más importante es que en ese teatro, úni­ co en el mundo, con su grandioso fondo vegetal, su amplio «vestíbulo», de primoro­ sa jardinería; su perfecta acústica, se está realizando una espléndida labor de difusión cultural y de ennoblecimiento del arte escé­ nico. Incluso se dignifica la profesión de comediante, pues este año, gracias al inte­ rés y cuidado que pone el actual Ayunta­ miento en la elevada empresa, todos los de­ partamentos y servicios del teatro Griego de Montjuich han sido mejorados notable­ mente, y los actores disponen de unos ca­ merinos amplios, confortables y elegantes, como no hay otros en España. Todo es bello y noble en ese amenísimo recinto, en el que diría que se gana el dere­ cho a mirar a las estrellas. L. M.

oído decir con bastante frecuen­ cia—y a guisa de reproche—que Barcelona se interesa muy poco por su cine. Tal vez sea cierto. Dentro de la multiforme actividad industrial y artística de la capital de Cataluña, sólo muy de tarde en tarde la producción cinemato­ gráfica autóctona pasa a primer plano de actualidad. Y es que hace tiempo que Barcelona ha dejado de ser una ciudad cinematográfica. Quizá su mayor vibración en este sentido date de los primeros tiempos del sonoro, cuando se ha­ blaba de transformar la montaña de Montjuich—después de la sensacional Exposición Internacional de 1929—en una modernísima ciudadela fílmica, capaz de competir con las mejores del extranjero. Sin embargo, el ambicioso proyecto no llegó a convertirse en realidad. Inexplicablemente, nuestros hombres de cine desperdiciaron las extra­ ordinarias posibilidades de este lugar privi­ legiado, sin que—digámoslo ya en honor a la verdad—los barceloneses le concediéramos demasiada importancia a la cosa. Así, uno tras otro, han ido desapareciendo la mayor parte de los estudios de rodaje—I.epanto, Kinefón, Diagonal y Trilla—, hasta quedar reducidos en la actualidad a los bien equi­ pados establecimientos Orphea Film de Montjuich, que con los dos platos de Iquino, cons­ tituyen los dos únicos testimonios de la producción cinematográfica en nuestra re­ gión. Ahora bien, esta reconocida indiferencia de Barcelona hacia su cine, ¿no será, a fin de cuentas, una lógica consecuencia de la escasa atención que nuestra cinematografía E

le han concedido a la Ciudad Condal?... Seamos justos. Desde que el cine español existe—y Eduardo Jimeno filmó en Zaragoza la pri­ mera película nacional en 1896, seguido de Fructuoso Gelabert, quien produjo el pri­ mer film de argumento en Barcelona al año siguiente—, en muy raras ocasiones nues­ tra auténtica realidad ha sido reflejada en el celuloide. Con mucha frecuencia los operadores han instalado sus cámaras en plazas y calles, ante monumentos y paisajes catalanes de todos conocidos; pero esta simple localiza­ ción material nunca ha tenido la menor trascendencia, porque a productores y guio­ nistas ño les ha interesado profundizar pa­ ralelamente en nuestra psicología o en nues­ tra problemática. Así está aún por realizar la gran película de Barcelona—y conste que otro tanto podríamos decir de Madrid, pese a los incontables sainetes baratos que han utilizado su maravillosa escenografía urba­ na—, una película inteligente que, sin nece­ sidad de recurrir a manidos cuplés o a ro­ sadas calcomanías históricas, componga un bello cuadro en el que resplandezcan las virtudes y las cualidades de este pueblo su­ frido y ejemplar y al propio tiempo apasio­ nadamente vinculado a su tierra. Por paradoja, los dos únicos intentos dig­ nos de mención en este sentido—Mariona Rebull y El señor Esteve, películas basadas en las obras de Ignacio Agustí y Santiago Rusiñol, respectivamente—salieron de las manos de dos realizadores no catalanes, José Luis Sáenz de Heredia y Edgard Neville. Y, en cambio, en la ya extensa fil­ mografia de los más caracterizados elemen-

Una foto histórica. Julio Salvador dirigiendo a la entonces debutante y hoy consagrada Sarita M ontiel.

tos del cine barcelonés, junto a docenas de cintas impregnadas de ese falso andalucis­ mo para la exportación, o calcadas en los modelos de acción e intriga del cine yanqui, pueden contarse con los dedos de una mano las producciones en que—con más o me­ nos fortuna—se intentó plasmar algo au­ ténticamente nuestro. Véanse sino las incontables películas de Ignacio F. Iquino—un director que habría podido hacer mucho por la causa del cine de no haber enfocado siempre sus empresas hacia lo descaradamente populachero, que no resulta tan comercial como muchos se imaginan—o las curiosas «paellas cinemato­ gráficas» del simpático hostelero Antonio Bofarull (al estilo de Kubala o Escuela de Pe­ riodismo), con la única excepción de Hay un camino a la derecha, dirigida para él por el inteligente Rovira Beleta; o los films de Miguel Iglesias, de Fogués, de Fortuny, de Gascón, de Xiol, de Salvador y de tantos otros como han ocupado con frecuencia los platós barceloneses. Tal vez ahora Julio Coll—en cuyas películas Distrito quinto y Un vaso de whisky había bastantes cosas dignas de atención— pueda hacer mucho por reparar estos erro­ res de nuestro cine. Y lo mismo digo de José Antonio de la Loma, José María Forn, Pérez-Dolz y del ya mencionado Rovira Be­ leta. El cine barcelonés espera mucho de ellos, y los nombres de estos cineístas sue­ nan con harta frecuencia en el transcurso de coloquios y cinefórum. Porque ya es hora de decir que en Bar­ celona—como contrapeso de esa indiferen­ cia hacia la producción comercial—existe un importante movimiento de atención hacia el cine como fenómeno intelectual. Yo mismo he dado esta última temporada en Cataluña más de ochenta conferencias so­ bre temas cinematográficos; y asimismo el

,

notable equipo de críticos integrado por Jaime Picas, José Palau, Luis G. de Blain y Jorge Torras, entre otros, ha mantenido constantemente izada la bandera del buen cine en las numerosas instituciones cultu­ rales de nuestra región. A esto debe aña­ dirse algo más referente al cine «amateur», esencialmente nuestro, y cuya sede nacional radica en el local del Centro Excursionista de Cataluña, representante en España de la Unión Internacional del Cine Amateur. De él han salido las grandes figuras de la prime­ ra época del cine no profesional, tales como Delmiro de Caralt—realizador de Mermórtigo y Montserrat y creador de esta Biblioteca del Cinema de Barcelona, que cuenta ya con cuatro mil ejemplares de libros cinema­ tográficos y con un archivo de más de trein­ ta mil fotografías—, Domingo Giménez, En­ rique Fité, y posteriormente, Pedro Font—el más galardonado entre todos los cineístas no profesionales—, Francisco Font, Juan Pruna, Felipe Sagués, José Mestres, Jesús An­ gulo, Juan Olivé y Emilia Martínez de Oli­ vé, Juan Torrens, Quirico Parés, Salvador Baldé y tantos otros, sin olvidar el grupo de la «Gente Joven», integrado por los in­ quietos Jorge Felíu, Pedro Balañá, Jorge Juyol y Sergio Shaaff... Gracias al esfuerzo de todos ellos, España ha alcanzado un verdadero prestigio en el ámbito del cine de paso estrecho, que, no obstante, es ancho de horizontes y de in­ quietudes, entre otras cosas, porque es libre como un pájaro, porque es noble y desinte­ resado, porque ni es negocio ni lo será nun­ ca... Y aunque muchos se rían de él y de mis palabras, es posible que éste sea el úni­ co cine barcelonés del momento presente... j U A N fotografías:

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GRAN ESTADIO G R A N C I U D A D DEPORTI VA GRAN EQUIPO Por

M IG UEL

ha fantaseado mucho sobre el Barcelona en los ú ltim o s tiem p o s. «El Barcelona tendrá un fa­ buloso campo de fútbol. El Barcelona será e ste año de 1959 campeón de la Liga española. El Bar­ celona será, a continua­ ción, campeón de la Co­ pa del Generalísimo. El Barcelona construirá una gran Ciudad D ep o rti­ va...» ¡Oh, se ha fantaseado mu­ cho! Se ha fantaseado cuando las cosas estaban por conseguir. ¡Oh, no se ha fantaseado nada! Porque todas las cosas, difíciles por empinadas, por superiores y primeras, se han conseguido. Sin dejar ninguna olvidada. He aquí la lección total del viejo Club azulgrana. Lección envolven­ te rotunda, que justifica cualquier ditirambo. Porque el ditirambo se ha reducido y apretado a términos E

G ARC ÍA

BARÓ

de p o sib ilid a d , de viabilidad. Y aquí está todo. Hecho. Sencilla­ mente. «Eso pretendo, eso busco, eso pongo, eso trabajo.» ¡Yhecho! Conocemos pocas soluciones tan afortunadas como remate de la te­ nacidad, de la insistencia, del en­ tusiasmo. Si el Barcelona consi­ guió todo fué... porque no olvidó nada. ¡Qué lecció n para quien quiera escuchar y entender! UN VERTICE MUNDIAL Y termina la temporada 1958-59 con el Barcelona colocado «en ór­ bita», tras su fenomenal impul­ sión, en el ápice del fútbol espa­ ñol: lo que significa en un vértice mundial. Porque el fútbol español, no se olvide, es ese mismo que en este cuarto año de la Copa de Euro^ pa consigue, a través del Real Ma­ drid, que el trofeo, desde que se inventó, siga perteneciendo a este

A rrib a : Equipo a zu lgra n a com pleto. D e izquierd a a derecha, se gu n d o térm ino: R a ­ ma llets, O livella, Rodri, Evaristo, B ru gu é , H ele nio Herrera (preparador), Segarra, Gracia, Rifé, Estrem s, V e rg é s, G ensana y Larraz. Prim er térm ino: Flotats, H erm es G o n zále z, Tejada, Eulogio M a rt ín e z , Suárez, Ribelles, V illaverd e, K o csis, K ub ala y C zib o r.— A la izquierda: En e l encu en tro que cerró el torneo, luce la Copa el capitán, Segarra. La e n tregó el presidente de la Federación Española, Lafuente C h a o s (izq uie rda ). J u n to a Segarra (derecha), el presidente a zu lgra n a, M ir ó -S a n s.

Doble campeón nacional, el equipo azulgrana paricipará por vez primera en la Copa de Europa Club. Un fútbol, en fin, que en la propia Copa de Europa ha pre­ sentado la eliminatoria más em­ peñada a cargo de dos de sus equipos : el Madrid y el Atlético madrileño, los que demostraron incontestablemente en las semi­ finales ser los mejores. Por tan­ to, teóricamente, del continente. Y en este cuadro futbolístico de pura eclosión, de un «máxi­ mo» internacional, aparece en el fin de la temporada la estre­ lla del Barcelona, cuyo camino estaba, anunciado por el propio Club a golpes de éxitos, en pura seg u rid a d y r e p etició n de triunfos. Equipo cumbre del fútbol es­ pañol actual : nada menos que eso es el Barcelona. Cosecha los dos títulos máximos : el de Li­ ga y el de Copa del Generalísi­ mo ; prosigue de manera des­ bordante aspirando a la Copa de Ciudades en Ferias, cuya an­ terior ed ición ya conquistó; obtiene de sus juveniles el má­ ximo galardón nacional y colo­ ca a sus «amateurs» muy cerca también de alcanzarlo. ALGUNOS DATOS Es ilustrativo sobrem anera venir al dato, a la materialidad, que explica los problemas ven­ cidos a cada momento. El Bar­ celona, nacido en 1899, tiene en la actualidad 55.700 asociados; son muchos; pero, por otra parte, no pueden ser más; no cabe inscribirlos por hoy, a fin de que queden salvadas las dis­

ponibilidades de b ille ta je de venta pública en los partidos, según está ordenado. Téngase en cuenta que el monumental estadio, concebido con la ampli­ tud que manda una preocupa­ ción de hermosura, admite en la actualidad 90.000 espectadores. Una prevista ampliación para no lejano plazo marca una ca­ pacidad de 125.000. Es decir, que lo gigantino está rimado con lo confortable para que no haya empequeñecimientos en el detalle—en el acomodo de los espectadores—y más se razone el colosalismo. Terreno grande para el gran juego: dimensiones máximas reglamentarias : 110 por 75 me­ tros. Y márgenes y anchuras para perspectivas siempre favo­ rables. Otros datos: a p a rca ­ mientos en terrenos contiguos, propiedad del Club, perfecta­ mente organizados, para 1.500 vehículos. El voladizo de la gran tribu­ na, obra maestra en su género, mide 38 metros. Veinticinco ki­ lómetros de tubo de hierro se emplearon en b aran d illas de contención del público, de dis­ tribución y en las puertas de acceso. Vestuarios modelo los del estadio; han sido equipados con aparatos médicos de recu­ peración y modernas instalacio­ nes de piscinas y baños indivi­ duales. Hay quirófano para ope­ raciones de urgencia, con aca­ badas instalaciones radiográfi­ cas; dispensarios para atención de espectadores accidentados... En plazo breve dispondrá de

una iluminación eléctrica mag­ nífica; va a instalarse un ser­ vicio de restaurante para 1.500 personas, un cin em a tó g ra fo , una gran piscina. Recordemos las diez cabinas aisladas para televisión y emi­ soras de radio; la tribuna es­ pecial para la prensa, capaz pa­ ra 400 periodistas; la amplia red telefónica, con numerosas cabinas al servicio de los infor­ madores. Y el remanso espiritual de la capilla de la Virgen de Montse­ rrat, instalada en los sótanos de la tribuna. La imagen de la Patrona de Cataluña fué ben­ decida en solemne peregrinación de los socios barcelonistas al santuario de Montserrat ; de Monistrol se trajo la roca en que ha quedado posada la Virgen. NA ES SOLO FUTBOL Y no limita al fútbol exclu­ sivamente sus actividades el C. de F. Barcelona. Atletismo, rugby, baloncesto, balonmano, beisbol, hockey en campo y so­ bre p a tin e s y gimnasia son otras tantas secciones deporti­ vas que han deparado al Club, a lo largo de su historia, con­ tinuados éxitos y la totalidad de títulos regionales y naciona­ les en diversas épocas. Un local propio para los p r a c tic a n te s «amateurs» sirve también como sede social, con una sala de fies­ tas en su interior, pista de pa­ tines y un gimnasio, a cuyo

frente estuvo el malogrado Joa­ quín Blume, campeón de Euro­ pa, máxima figura del deporte español. SUPERIORES MERITOS Hay, con todo, que volver al fútbol en este rápido bosquejo para reseñar los fastos sobre­ salientes de la entidad, a lo lar­ go de su historia. Catorce cam­ peonatos de España ha conse­ guido desde que, en 1910, obtu­ viera el primero y siete de la primera división de Liga. Y en punto a trofeos internaciona­ les, prácticamente innum era­ bles, deberán destacarse las Co­ pas de oro argentina, Teresa Herrera, Latina, la Pequeña Co­ pa del Mundo, de Caracas; la del Torneo Internacional Ciu­ dades en Ferias... La aportación del Barcelona a la selección nacional ha sido espléndida. Sesenta nombres de este equipo pasaron a aquélla. Nombremos, sencillamente, co­ mo más representativos, a Al­ cántara, Arocha, Basora, César, Goiburu, Gonzalvo III, Guzmán, Hilario, Kubala, Piera, Ramallets, Samitier, Segarra, Suárez, Zabala, Zabalo... El propósito informativo que nos ha traído hasta aquí, ce­ diendo a la estadística, al ras­ tro histórico y a las monumen­ tales creaciones materiales, no debe pararse, en postura de ar­ chivo, de pase de hoja, sino abrirse de nuevo ante perspec­ tivas multiplicadas. Porque en

la esencia de toda postura de­ portiva está la superación, aun­ que se parta de lo álgido, de lo brillante y logrado. Siem pre más. Y bien. Siempre más. Ahora, en lo material, otros grandes pasos que abren superiores pers­ pectivas a los practicantes del deporte. Esa potencia total, de­ portiva y realizadora, que dispu­ tan encarnizadamente en el me­ dio deportivo español Clubs que se sienten tan hermanados co­ mo el Real Madrid y el Barce­ lona, conoce caminos idealmen­ te paralelos. CIUDAD DEPORTIVA El Barcelona, sin detenerse siquiera a tomar un mínimo descanso que juzgaríamos me­ recido, emprende la materiali­ dad de otras obras gigantescas, de las que llamaríamos «hori­ zontales». El Real Madrid ini­ ció el nuevo capítulo de traba­ jos para la Ciudad Deportiva. Y el Barcelona también los ha acometido con análogo prurito expansivo y generoso. Se trata de dotar de instalaciones al ma­ yor número de practicantes, de deportistas activos, de aprendi­ ces; de fortificar una juventud; de contagiar a las nuevas pro­ mociones; de que so haga de­ porte en toda la extensión y en toda la intimidad y realidad de la palabra. La Ciudad Deportiva del Bar­ celona está en marcha. A finales del pasado junio fueron bende­ cidas e inauguradas las insta­ laciones, con asistencia del de­ legado nacional de Educación Física y Deportes, don José An­ tonio Elola-Olaso. Varios cam­ pos de juego de dimensiones re­ glamentarias están prestos a recoger—puesto que se van a «cultivar»—gran ad as cosechas de futbolistas. En realidad, to­ das las manifestaciones depor­ tivas tendrán acomodo en esos terrenos. Ahora ya, junto a los de fútbol, son una realidad las pistas para baloncesto, balon­ mano y patinaje y las instala­ ciones para atletismo en pistas de ceniza, cuyo interior admite las modalidades del rugby, beis­ bol y otros deportes. Y no olvi­ demos el proyecto de construir una piscina gigantesca, de las medidas máximas en España. ETAPA TRASCENDENTAL Por lo que hace al equipo pri­ mero de fútbol, el que preside las gestas del Club, su planti­ lla, sumamente escogida, y de la mano del consumado técnico Helenio Herrera, se dispone, con la temporada que comenza­ rá en este 13 de septiembre, a emprender una etapa trascen­ dental. Ella e sta r á señalada, sin duda, por los esperados éxi­ tos en la Copa de Europa, a la que el Barcelona concurrirá por primera vez, en mérito de sus mismos probados méritos del curso español recién con­ cluido. Una temporada difícil. Difí­ cil por el propósito indicado de superación, partiendo del alto sitial de hoy. Para ello, para esa Copa de Europa, para la de Fe­ rias, también continental; para

los demás torneos internaciona­ les y, sencillamente, para los dos grandes campeonatos esp a ñ o ­ les: de Liga y de Copa del Ge­ neralísimo, el Barcelona necesi­ ta el conjunto de brillante nó­ mina que ha reunido y que per­ fecciona y aun aumenta. Su po­ tencia, ciertamente, y dentro de las normas que rigen el deporte español por lo que a admisión de extranjeros se trata, ha exi­ gido la incorporación de consu­ mados valores internacionales. Evaristo, Kocsis, Czibor, Semi­ nario, Loayza nutren hoy sus filas. Pero establecer que sólo por ahí, por el capítulo de «im­ portaciones», llega al cuadro azulgrana la vitalidad y fortale­ za que le caracterizan sería tan injusto como equivocado. La be­ neficiosa escuela de estos valo­ res «venidos» se ha dejado no­ tar no ya en esta etapa, sino en las anteriores. Pero, insisti­ mos, con la normalidad y con­ creta consecuencia que los vivos ejemplos prestan, que no reside en ello el todo ni la mayor parte del éxito. Los «ejemplos» que el mismo Barcelona da han pa­ sado a la selección de España con timbres de eficacia y bri­ llantez inmejorables. En el Bar­ celona se ha exaltado un valor futbolístico tan nítidamente es­ pañol como el del joven gallego Luis Suárez, cuya calidad resis­ te y gana en el contraste con las figuras cumbres de otros países, y, sobre todo, en el Bar­ celona han alcanzado la cima de la internacionalidad para Es­ paña muchachos salidos de la región catalana misma, en vir­ tud de una lucida política de­ portiva de observación y cuida­ do de los valores propios, de «la cantera». Hombres y nombres como los de Ramallets, Segarra, Gensana, Olivella, Gracia o Rodri vienen a ser productos barcelonistas típicos, creados, por así decir, en Clubs propios o próximos, en equipos regiona­ les; en ellos se ha conducido, mirado y elevado al máximo a muchachos prometedores. Los hay incluso salidos de grupos juveniles o de aficionados, y so­ bre esos jóvenes se ha ejercido la razonable atención que les ha hecho merecedores de la inter­ nacionalidad española. Y esto no ha de olvidarse, sino tenerse bien presente a la hora en la que pudiera alguien creer que lo culminante de un resultado deportivo se ha obte­ nido por simples, rápidas y cos­ tosas capturas de otros cerca­ dos. No. También se ha exalta­ do el valor regional, dentro de una escuela de fútbol propia, la escuela catalana, y se ha ofre­ cido en el tiempo una conexión ideal, con una tradición encar­ nada en Samitier, Alcántara, Gonzalvo III, Piera o Zabala. Puede, con todo, afirmarse que la historia sigue. Y que este Barcelona ram p ante de 1959 continúa una trayectoria mag­ nífica, sin deponer una ejecuto­ ria propia, porque sig u e nu­ triendo su ser; continúa infor­ mando su sustancia eso tan ge­ nuino que da la región y que sabe e x a lta r para que luzca briosamente. Aun en las épocas en que la incorporación de maes­ tros foráneos ha estado permi­ tida. M. G. B.

já» W J / ■' ir

Presidencia de los oficios religiosos inaugurale s del estadio: 2 4 septiem bre 1 9 5 7 .

A c to de colocación de la prim era piedra en los terrenos del nuevo estadio Gam per.

M ile s

de socios

presenciaron

la sim bólica

colocación

de

la

prim era

piedra.

La totalidad de los g ru p o s de da nza s regionales se adhirieron a la inauguración,

Vista aérea del nuevo estadio del C lub de F útbol Barcelona

I N G A R | S - AP L A Z A

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em presa constructora

M E D I N A C E L I ,

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3. °



B A R C E L O N A

del g ra d e río p rin c ip a l, c o n stru id a en h ie rro , v u e la 40,40 m e tro s, c o n sid erán d o se como u n a de las m e jo re s del m undo. E s ta m a rq u e s in a va a n c la d a a p ila re s de h o rm ig ó n a rm a d o a u n a a l t u r a de 31 m e tro s. L a visib ilid ad en el cam po es u n ifo rm e desde c u a lq u ie r p u n to , sin que e sta p u e d a s e r d ificu lta d a p o r p ila re s , zonas m u e rta s , etc ., etc. L as m edidas del te r r e n o de ju e g o son de 110 X 75 m e tro s, y tie n e u n a capacidad to ta l, en la a c tu a lid a d , p a r a 90.000 e sp e c ta d o re s, de ellos 42.000 se n ta d o s, e sta n d o p re v is ta u n a seg u n d a fa s e de a m p lia c ió n h a s ta los 125.000. E n e sta s e g u n d a fase se c o n s tr u irá , en la p a r te in fe rio r, p is c in a , cine, g im n a sio , r e s ta u r a n te , y en t e r r e ­ nos c o lin d a n te s, d iv e rsas in sta la c io n e s d e p o rtiv a s. L a su p erfic ie de a p a rc a m ie n to p a r a coches, p ro p ie d a d del C lub, tie n e capacidad p a r a 1.500, y p a r a d e s a lo ja r la to ta lid a d del cam po sólo son n ecesario s s ie te m in u to s. Y é s ta es, a g ra n d e s ra sg o s, la o b ra re a liz a d a p o r I n g a r , S. A ., que, sin duda a lg u n a , se puede c o n ta r e n tre la s m e jo re s de su clase y de la que e sta e m p re sa puede s e n tirs e le g ítim a m e n te o rg u llo sa .

S T E es el n u evo y f la m a n te e sta d io del C lub de F ú tb o l B arce lo n a , re a liz a d o p o r la E m p re sa C o n s tru c to ra Ingarr, S. A ., con d o m icilio en la p la z a d e Me­ d in a c eli, 5, 3.°, B arce lo n a . . E s de d e s ta c a r la m a g n ífic a la b o r d e s a rro lla d a p o r e s ta p re s tig io s a fir m a en la c o n stru cc ió n del n u ev o e sta d io , de a cu e rd o con el p ro y e c to del m ism o, del que son su s a u to re s los a rq u ite c to s don F ra n c is c o M itja n s , don J o sé S o te ra s M au ri y don L o ren z o G a rc ía B arb ó n . Se in ic ia ro n la s o b ra s el d ía 22 de ju n io de 1955 y se te rm in a ro n el 25 de se p tie m b re de 1957. H u b o q u e re m o v e r la c a n tid a d de 1.500.000 m e tro s cúbicos de tie r r a s , y tr a b a ja r o n en la c o n stru cc ió n del m ism o u n p ro m ed io d ia rio de 40 té c n i­ cos y 1.500 o b rero s. Se c o n su m iero n 24.000 to n e la d a s de cem ento, 6.000 de h ie rro y 126.000 de á rid o s. E n t r e las d iv e rsas d ificu ltad es que p re s e n ta b a e s ta g ra n d io s a o b ra m erece d e s ta c a r e sp e c ia lm en te la del voladizo q u e c o n to rn e a todo el cam po, c a rg a d o de e sp ectad o res y con u n s a lie n te de 14 m e tro s , todo él de h o rm ig ó n . L a m a rq u e sin a

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BARCELONA

¿Primera plaza de toros de España? Por

NESTOR

LUJAN

Fotografías: T. A. F. y E U R O P A - P R E S S

os son actualmente las plazas de toros barcelonesas, puesto que la vieja plaza de la Barceloneta. tra­ dicional y destartalada, desapare­ ció después de nuestra guerra, lle­ vándose con sus viejas piedras el recuerdo de toda una historia tau­ rina barcelonesa, que iba desde las algaradas decimonónicas, los gran­ des toreros legendarios, hasta la aparición de Joselito con Limeño en 1912. Esta plaza de la Barceloneta, inau­ gurada el 26 de julio de 1834, acabó su historia con una novillada gris el 23 de septiembre de 1923. A pesar de que después de nuestra guerra se intentó en alguna oca­ sión restaurarla, el urbanismo, de una ma­ nera ineluctable, la ha hecho desaparecer. Nuestra ciudad tiene, por tanto, dos pla­ zas de toros solamente. Ambas están en los dos extremos de la avenida de José Antonio y ambas se ven regidas por don Pedro Balañá Espinos, con lo cual no hay posibilidad alguna de establecer competencia entre los dos cosos. La plaza de las Arenas, situada en la plaza de España, fué inaugurada el 29 de junio de 1900, y su coste total ascendió, en aque­ lla época, a 1.600.000 pesetas. El diámetro de su redondel es de 52 metros, y su capa­ cidad teórica, de algo más de 15.000 perso­ nas. Su inauguración, el día de San Pedro de 1900, corrió a cargo de una fiesta de toros en la cual fueron lidiadas ocho reses del duque de Veragua, siendo rejoneadas las dos primeras por Mariano Ledesma e Isidro Mané, y los seis restantes, en lidia ordinaria, por Luis Mazzantini, «Conejito» y Antonio Montes. Años más tarde, el 27 de febrero de 1916, se inauguró la plaza Monumental con una corrida de toros de Benjumea, que fueron estoqueados por Joselito, el «Gallo», Fran­ cisco Posada y Saleri II. Su capacidad pri­ mera fué de unos 20.000 espectadores; pero hoy, con las sucesivas reformas, se calcula que caben en ella más de 25.000. La plaza de las Arenas es de estilo árabe —es decir, de convencional estilo árabe de los arquitectos de plazas de toros— ; la Mo­ numental es una mezcla de estilo bizantino y mudéjar singularmente antiestético. Con todo, la plaza Monumental es considerada,

Desde el avión la p laza de toros ofrece ese aspecto de pequeño redondel, donde se citan la em oción y el arte. D esde la calle, la plaza presenta, com o antesala, la hora de la taquilla. El buen aficionado tiene desde siem pre su s preferencias por una localidad, y se asegura en ella sacando a nu alm ente un abono.

por su mayor amplitud y capacidad, la au­ téntica plaza barcelonesa. Y ello mucho más si se tiene en cuenta que, perteneciendo ambas plazas al mismo empresario, es ésta la predilecta para dar los festejos importantes. Las dos plazas barcelonesas dieron el año pasado cuarenta y una corridas de toros y veinticuatro novilladas con caballos. En 1957 habían dado treinta y tres corridas de toros y treinta y cinco novilladas. Para ofrecer un ejemplo de la diferencia que re­ presenta la plaza Monumental con la plaza de las Arenas, diremos que en 1958, de las cuarenta y una corridas, treinta y seis lo fueron en la Monumental y sólo cinco en las Arenas, y de las veinticuatro novilladas, diecinueve fueron en la Monumental y cinco también en las Arenas. En este mismo año 1958 torearon estos festejos veintinueve ma­ tadores de toros y treinta y seis novilleros, de los cuales tres se doctoraron en Barcelona. Estos datos eran necesarios para dar cuen­ ta del desarrollo de una temporada normal en nuestra ciudad. Por el número de feste­ jos que en ella se celebran, por el volumen

del negocio y por la cantidad de público, en más de una ocasión Barcelona ha reivin­ dicado, a través de sus periodistas taurinos y de su afición, el título de la primera plaza del mundo. Este título, para el cual tiene los mere­ cimientos anteriormente señalados, es, desde luego, muy discutible. Barcelona tiene la cantidad y el fértil ingenio de su empresario para la combinación de carteles y la inven­ ción de toreros. Don Pedro Balañá, como aficionado a los toros, posee defectos ex­ traordinarios, pero también tiene sus virtu­ des, y su gestión de más de treinta años ha marcado con la impronta su personalidad a las plazas barcelonesas. Por la razón de que su empresario es más hombre de nego­ cios que aficionado a los toros, más pinto­ resco que sólido en cuanto a sus gustos y campañas, más astuto y lleno de mañas que abnegado, ha conocido que en la misma can­ tidad de festejos puede hallarse, en algunas ocasiones, la calidad. Y cuando ha hallado la calidad, ha sabido explotarla y exprimirla hasta la saciedad de su público. Por esta

razón la plaza barcelonesa ha recogido toda clase de toreros y a las más carnavalescas divisas. Por esta misma razón, entre la mul­ titud de toreros que desde hace treinta años llenan nuestros carteles, han surgido muy a menudo los excelentes toreros que el em­ presario ha sabido explotar y el público entender. Han salido también los toreros de puro bluff, que han sido asimismo debida­ mente manipulados. Todo ello va para el buen aficionado en detrimento de una plaza. Si a ello se añade que esta característica cuantitativa de la plaza barcelonesa, en los últimos diez años, se ha visto asistida de la influencia turística, de tal modo, que a veces las novilladas están solamente planteadas ante la llegada de un barco, nos daremos cuenta que Barcelona es el negocio taurino más grande en cuanto a concentración de toreros y de público. En este momento no olvidamos que en Madrid y México tienen dos plazas en funciona­ miento habitulamente. Pero, aunque no dis­ ponemos de estadísticas a mano, estamos seguros que Barcelona supera, en cuanto a corridas de toros, a Madrid y a la capital mexicana. Sin embargo, para ser la primera plaza del mundo, Barcelona no dispone de una afi­ ción suficiente y de una solidez de juicios autoritaria y sólida. Gran parte del público barcelonés está compuesto por forasteros, ya sean nacionales o extranjeros. Salvo conta­ das excepciones de toreros bien conocidos, y en circunstancias excepcionales, sería muy difícil que, sin el turismo, apareciera el car­ tel de «No hay billetes» en las taquillas de las plazas. Barcelona carece de una afición tradicional lo suficientemente numerosa como para dar una continuidad a sus opi­ niones y una cantidad de público suficiente a los graderíos. El público autóctono barce­ lonés se divide en tres sectores : uno, bas­ tante reducido, que lo forma el aficionado catalán, que es, por lo general, hombre de prudente juicio, aunque de seguro entusias­ mo; otro sector compuesto por una masa de aficionados que podríamos llamar flotan­ te y que corresponde a la gran cantidad de población no catalana y que reside en Bar­ celona, y un tercer sector compuesto por gentes vagamente aficionadas que asisten a los grandes acontecimientos solamente. En una corrida normal de un cartel regular, este público representa algo más de la mi­ tad del aforo de una plaza. En una solemni­ dad, el tercer sector de público barcelonés puede llegar a lleriar la plaza. Como podrá observarse con los compo­ nentes del público barcelonés, esta afición dista mucho de ser sólida y determinada. Sin embargo, el extraordinario atractivo que los toros representan para el turismo y ser Barcelona la capital de la turística Costa Brava y de la costa del sur de la ciudad, hace que la fiesta de los toros esté, en lo que a cantidad se refiere, más brillante que nunca. Faltan, por cierto, las grandes divisas de toros, los infalibles criterios del público, la seriedad austera de la empresa; pero Barce­ lona descubrió a Domingo Ortega, a Mano­ lete, a Carlos Arruza y a tantos otros tore­ ros, que un público impresionable y com­ plejo supo aplaudir. Y no es raro que, ante esto, ante la cantidad y ante estos éxitos de sagacidad, crea el aficionado barcelonés que Barcelona es la capital taurina del mundo o, por lo menos, de España, olvidando muy a menudo la gran plaza de Madrid, la se­ veridad de la plaza bilbaína y la gracia dorada de la Maestranza. ^

U N A

INSTITUCION DE AHORROS CATALANA E ha hablado m ucho de la labo rio sid ad de los catalanes, tanto, que ello ha a d q u irid o casi los caracteres de u n tópico dado p o r archisabido y, p o r tanto, aceptado por todos. E xam inando las causas de este este am or al trabajo, creem os en co n trar u n a de las fu ndam entales, más que en el afán de acum ular riqueza, en el tem or que siente el catalán de encontrarse en la indigencia y verse precisado, p ara aten d er a sus necesidades, re c u rrir a la beneficencia pública o p riv ad a. Los n atu rales de esta región consideran, en general, como u n estigm a, el encontrarse faltos de recursos, no ya para aten d er a sus necesidades co rrientes, sino p ara c u b rir las ex trao rd in arias que p u e ­ dan su rg ir a causa de enferm edades, desgracias u otros acontecim ientos im ­ previstos. Este afán de bastarse a sí m ism o hace del catalán u n ser prev iso r, p reo cu ­ pado p o r el día de m añana. Ello explica, e n tre otras razones, el e x trao rd in a­ rio nivel alcanzado po r el aho rro v o lu n tario , que se canaliza a través de las Cajas de A horros. Los fondos depositados en estas in stituciones en la región rep resen tan , aproxim adam ente, el 40 p o r 100 del ah o rro nacional, referid o , natu ralm en te, a los depósitos en Cajas de A horros. E n tre estas entidades destaca, por su im p o rtan cia, la Caja de A horros P ro ­ vincial de la D iputación de B arcelona. F u n d ad a el 26 de octubre de 1926 por acuerdo de la C orporación P ro v in cial, in ició sus actividades con u n a ap o r­ tación in ic ia l de 50.000 pesetas, instalándose en u n m odesto local de la calle del O bispo, en el corazón del b a rrio gótico de la C iudad C ondal. A los pocos años, en 1933, el favor y la confianza que in sp iró su actuación obliga­ ron al traslado de su sede cen tral a la calle de F ontanella, a d q u irien d o la p ro p ied ad de un m agnífico edificio, situado ya en el cen tro de la ciu d ad . El aum ento considerable, tan to del núm ero de operaciones como de los depó­ sitos de ahorro, obligó a u n nuevo traslado de sus oficinas centrales, situadas actualm ente en Vía L ayetana, 35, y plaza de A n tonio M aura, 6. E s uno de los m ejores edificios de B arcelona, co n stru id o sólidam ente con m ateriales de calidad, que ha p erm itid o in stalar todos los servicios con la h o lg u ra suficiente, que perm ite la m ayor eficacia de los mismos. La in au g u ració n de este tuvo lugar el 17 de octubre de 1957. A quella m odesta Caja de A horros de la calle d el Obispo que in ició su actuación con la tam bién m odestísim a ap o rtació n de 50.000 pesetas, gracias a una honesta adm inistración y a la confianza in sp irad a en la reg ió n , se ha convertido en una de las p rim eras Cajas de A horros españolas, con unos d ep ó ­ sitos que se acercan a los 2.000 m illones de pesetas. C uenta con una extensa red de sucursales y agencias, re p a rtid a s en tre las pro v in cias de B arcelona, L érida y T arragona, en núm ero de 50, de las cuales co rresp o n d en 18 a la ciudad de B arcelona. Ha sido d u ra n te los últim os diez años, y siendo p resid en te del Consejo de A dm inistración e l consejero d el R eino excelentísim o señor m arqués de CastellF lo rite, el p eríodo de m áxim o crecim iento y expansión d e la Caja. Está regida p o r u n Consejo de A d m in istració n de gestión g ratu ita, com pues­ to de nueve m iem bros, los cuales eligen de e n tre ellos al p resid en te. Unos consejeros son representantes de la D ip u tació n P ro v in c ia l y los restantes de los im ponentes. Hasta hace unos años eran m ayoría los rep resen tan tes de la C orporación P rovincial. A ctualm ente, son en n ú m ero de cinco los vocales im ­ ponentes y de cuatro p o r la D iputación. Ello ha sido como u n reconocim iento de la m ayoría de edad alcanzada po r la C aja, sin p erd er p o r ello el patro n ato de la D iputación, que, gracias a su feliz in iciativ a del año 1926, dió n aci­ m iento a aquélla. Sus operaciones fundam entales son las del ah o rro de p rim e r grado en sus tres m o d alid ad es: ah o rro a la vista, a plazo y cuentas de ah o rro , cuyos fondos hace fru ctificar in v irtién d o lo s e n valores de solida garan tía, p rin cip alm en te fondos públicos, y m ediante la concesión de créditos hipotecarios y personales a plazos largo y m edio, co ntribuyen d o con ello al fom ento de la econom ía de la región y llenando al m ism o tiem po u n vacio que la falta de instituciones especializadas p ara la concesión de créditos de aquellas características a em­ presarios y p articu lares de m ediana o m odesta capacidad económ ica hace sen­ tir. Adem ás de estos servicios, que denom inaríam os fundam entales, se e n ­ carga tam bién de la custodia de valores, ad m in istració n de fincas, cajas de a lq u iler y del pago con cargo en cuenta de los servicios públicos y toda clase de contribuciones e im puestos. Gozando esta Caja de A horros de la consideración de in stitu ció n benéfica, con ausencia de toda p articipación de tip o cap italista en su gestión, el accion ariad o a q uien rev ierten gran p arte de los beneficios (50 p o r 100) es la O bra Benéfico-Social. La Caja sostiene como obra p ro p ia el H ogar de Ma­ trim onios A ncianos. Es u n m agnífico ed ificio, constru id o en u n te rre n o de 18.452 m etros cuadrados, de los cuales están edificados 3.843. C uenta con 75 dorm itorios, con instalación sanitaria in d iv id u al, calefacción, terraza, etc., d o n ­ de están perfectam ente atendidos los acogidos. Es u n a obra altam ente sim pá­ tica, que constituye una profesión de fe en la fam ilia sobre el m andato divino Q uod D eus c o n ju n g it, homo non separetf p erm itien d o a quienes han vivido unidos en m atrim onio y circunstancias adversas los obligan a acogerse a la beneficencia, que p u ed an te rm in a r sus días sin separarse. R esum iendo las actividades de la Caja de A h o rro s P ro v in cial de la D ip u ­ tación de Barcelona, direm os que, como establecim iento de créd ito , recoge los ahorros de la zona en que opera, p erm itien d o , m ediante la concentración de todos ellos, hacerlos fru ctificar en beneficio de la econom ía nacional m ediante la com pra de fondos públicos, de la econom ía regional con la concesión de créditos, y casi diríam os que, p u rifican d o el d in ero , destina los beneficios ob­ tenidos a hacer el b ien sosteniendo una obra ta n cristian a y hum ana al mismo tiem po como el H ogar de M atrim onios A ncianos, ap arte de num erosas a p o rta ­ ciones para bibliotecas y ayudas a centros benéficos, religiosos y cultu rales.

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Fachada

de

las oficin as

centrales.

H o ga r de M a trim o n io s A n cia n o s. U n aspecto del edificio.

V ista aérea del H o g a r de M a trim o n io s A n cia n o s. O tro aspecto del H ogar.

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más atrevida realización de van­ guardia, en materia de arquitec­ tura religiosa, puede ser una es­ tridencia dispersadora o un feliz hallazgo de formas que permitan albergar la noble función a que se destinan. En el caso del tem­ plo de los Hogares Mundet, la estructura física del edificio vie­ ne a ser una perfecta conjugación de ele­ mentos materiales y tradición artística. Las cualidades que primero se destacan son la pureza de líneas, la claridad, el limpio orden de los espacios creados y limitados por los muros. El conjunto es tan armónico como pueden serlo las diversas partes que lo in­ tegran consideradas independientemente. Es decir, aquí todo está subordinado a un orden superior, sacrificado y fecundi­ zado en virtud de una función más alta o, si se quiere, de tres funciones superio­ res : el lugar en que se levanta la mate­ rialidad de su fábrica y las formas cir­ cundantes, la necesidad de cerrar y abrir unos espacios habitables y la noble inten­ ción de inventar una forma, un todo, que dé expresión al templo realizado. Y eso, aun cuando la naturaleza de habitabilidad de estos espacios esté supeditada a otras exigencias. Se trata de arquitectura reli­ giosa, y, por tanto, cuenta menos el mó­ dulo humano para la medida y el desarro­ llo de los ritmos arquitectónicos que la dimensión sobrenatural del hombre, que es a la que hay que atender y dar cabida en la resolución de los problemas que en­ trañe la concepción y la construcción del templo.

en un templo moderno

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Una obra ultramoderna

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Las tres funciones, o mejor, los tres ór­ denes en que se desarrolla la arquitectu­ ra, han sido medidos y cubiertos con toda exactitud y armonía. Esta es la excepcional virtud del templo. La originalidad y jerarquización orgánica con que se ha planteado y estructurado la obra. La iglesia de los Hogares «Ana Girone­ lla de Mundet», levantada con la suficiente holgura y libertad de espacio, está com-

prendida entre el llamado pabellón de Le­ vante, el pabellón sanitario y el que co­ rresponde a la residencia de niñas. La planta está en línea de la más pura tradidición; es de cruz latina. Exteriormente es de líneas aplomadas y perpendiculares, concebida en planos sobriamente quebra­ dos; el punto de partida—al parecer, los signos más habituales y representativos en esta clase de arquitectura—ha sido lleva­ do, a través de una transformación y de­ puración del estilo, hasta la sencilla con­ secuencia de una obra ultramoderna, con­ figurada austeramente dentro de la tradi­ ción más pura.

la imagen de la Virgen de Rebull tras el altar, a una regular altura sobre él, adosada al muro absidial. Esto continuaba el ritmo de verticalidad, pero exigía una ade­ cuación del fondo del muro. La austeridad de color del templo ofrecía la posibilidad de resolver con color este problema. Así, J. J. Tharrats pintó un fondo tachiste de matizadas gradaciones cerúleas y verdes, sutilmente acompasadas con las formas rectangulares de los muros, rodeando sin estridencia la imagen rectora y producien­ do un extraordinario efecto de vibración reposada. El altar mayor está presidido por un torturado crucifijo de Subirachs, quien ha realizado también la losa frontal de gres en bajorrelieve, con un gran amor a la calidad de la materia, decorando diversos elementos con signos primitivos y estili­ zados.

El laconismo de la fa c h a d a

La nave, de 20 metros de luz, constituye una estructura monolítica trabada por un cierto número de arcos diafragma de hor­ migón armado. Las jambas de estos ar­ cos alternan con vacíos verticales centrados por paramentos de ladrillería. Contrastan estas superficies, rítmicamente, con los huecos mentados que rasgan la pared de techo a suelo, acusando así el efecto de lírica verticalidad. La luz entra por las fugadas aberturas longitudinales, en las que se montarán vidrieras. El ábside, se-, midecagonal y culminado en concha pira­ midal, es, en oposición a la nave, totalmen­ te ciego, lo cual ha permitido centrar en el presbiterio un superior clima de elocuen­ cia mística y que constituía uno de los

más importantes problemas, por la par­ ticular organización del templo y porque entrañaba, indudablemente, la cuestión de ocupar el centro de la motivación y de la atención.

La fachada principal es una superficie uniforme de ladrillos, sin aberturas, ex­ ceptuando la puerta de acceso, apaisada. Terminada, en su parte superior, por el ángulo abierto que forman las dos vertien­ tes de la cubierta, tiene la fachada, en el lugar que antiguamente ocupaban los rose­ tones, un grupo escultórico en relieve de­ bido a Eudaldo Serra y que representa al Salvador como amparo de la humanidad doliente, de factura elemental y expresiva. Este laconismo plano de la fachada per­ mite, en la parte interior, la fácil dispo­ sición en grave horizontalidad de una ga­ lería coro, estribada en las nervaduras la­ terales y en la que figura el órgano. * *

Un orden seren o y rectilíneo Siguiendo fielmente los imperativos de un orden sereno y rectilíneo que se había impreso ya al conjunto, se decidió colocar

*

El pórtico de la iglesia, formado por una losa continua de hormigón sobre pun­ tales cilindricos pintados de negro, sobre­ pasa la amplitud de la fachada principal, proyectándose en ángulo recto a lo largo de un costado del edificio, y por el otro lado yendo a morir en el basamento de la torre campanario, la cual está separada, al modo italiano, del cuerpo del edificio religioso; tiene 45 metros de altura.

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carreteras

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ESCUDER

estos momentos, mientras se fragua en los centros dictadores de la moda lo que hemos de llevar durante la temporada pró­ xima y se delibera en el más absoluto misterio la bomba ató­ mica de cintura para acá, cintura para allá, España no pierde comba. En la Feria Internacional de Artesanado de Munich, una casa espa­ ñola se trae a nuestra patria una medalla de oro, en competencia reñida con otros ocho países : Alemania, Francia, Grecia, Inglaterra, India, Italia, Japón y Suiza. Un vestido de noche de raso blanco, bordado en oro y piedras, de Vargas Ochagavía, ha resultado el triunfador. Siempre que España lleva sus modelos más allá de sus fronten

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MARBEL

PEDRO RO D RIG U EZ

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ras, puede dar por descontado que le espera el éxito más rotundo. En casa ya estamos acostumbrados a ver que las cosas están muy bien y no nos produce extrañeza ; fuera, como nuestra propaganda no es tan sonora y constante como la que otros países emplean para tener alerta el interés del público por sus creaciones, nuestras huestes hacen estragos a su paso. Un ejército vencedor de organzas, tules y rasos. Un grupito de niñas en los puros huesos, sin fuerzas para apagar un candil, nos trae, cada vez que sale, bonitos triunfos internacionales en el difícil campo de la moda. Esperamos, pues, que la nueva moda nos dé pretexto el año que viene para continuar el camino ascendente de la costura española.

VARGAS OCHAGAVIA

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V ista de la m oderna factoría de Rápida, S. A ., en Barcelona.

j n a de las más antiguas casas de Europa dedicadas a la fabri-

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cación de máquinas de coser se halla en Barcelona. Se trata de la firma RAPIDA, S. A., que desde hace casi un siglo viene ofre­ ciendo a sus numerosos clientes la máquina WERTHEIM, conocida popularmente como la «reina de las máquinas de coser». Esta definición es motivada por la distinción con que la reina de España Doña María Cristina honró en el año 1886 a dicha firma, nom­ brándola proveedora de la real casa; siendo así que la máquina que fué de la reina de España se ha convertido en reina de las máquinas españolas. Hemos tenido el gusto de efectuar una visita a sus directivos, los cuales amablemente nos invitan a ver la fábrica. Recorremos durante más de tres horas la inmensa factoría, en la que nos llaman la atención las modernísimas secciones de control, donde se garantiza la perfección y absoluta regularidad de las máquinas. Cada detalle de la máquina ha sido cuidadosamente estudiado, y aun el más insignificante ha sido objeto de laborioso estudio. Así, la forma, diseñada por uno de los más ilustres dibujantes de renombre mundial; el suave color gris, especialmente estudiado para evitar reflejos que

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dañen a la vista. Hay muchísimos detalles que no citamos por no in­ miscuirnos en tecnicismo, pero que explican por qué las máquinas funcionan con tanta suavidad, el que las puntadas resulten exacta­ mente iguales, que puedan surgir como por arte de magia los suntuo­ sos y fantásticos dibujos en colores, los zigzags, en sus múltiples va­ riedades. Gran cantidad de máquinas embaladas esperan los camiones para ir unas a las agencias, otras al muelle, donde las aguardan vapores de nombres sonoros—«Marco Polo», «Iskende», «Samsum», «Pollux», «Excambion», «Americo Vespucio»—, que nos hablan de lejanos puertos y p aíses —Tailandia, Port Elizabeth, Dakar, Luanda, Tamatave, Talcahuano, Izmir, Colombo—y otros mucho más conocidos—Liverpool, Hamburgo, Valparaíso, Marsella, Londres, Argel...—, destinos estos que hemos podido leer en las direcciones de los envíos observados hoy, cual un repaso por una geografía gigantesca y fabulosa, que cose con un producto perfecto de nuestra España. Y terminamos nuestra visita despidiéndonos de nuestros amables anfitriones, para quienes van nuestra felicitación y el estímulo para que prosigan tan patriótica labor.

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LA GRAN PROMOCION ALGODONERA DE BARCELONA i

XJANDO podía parecer, ante la invención de fibras sintéticas, que el algodón perdería valor como fib ra textil, ya se sabe lo ocurrido : que el mismo progreso químico ha perm itido tales m ejoras en el acabado de los tejidos de algodón, que el algodón es hoy más que nunca, o como nunca lo ha sido, una fibra de moda. U na fibra con la que se dicta la moda. El algodón está hoy en la prim era línea de la elegancia fem enina. Y es precisam ente B arcelona, a la qi\e este núm ero de MUNDO H ISPA NICO festeja, una de las ciudades que más está contribuyendo al renovado y esplendente prestigio del algodón El que otras in d ustrias—m ultitud de ellas—hayan venido en los últim os decenios a establecerse en la Ciudad Condal y hayan alcanzado muchas una g ran expansión, no quita p a ra que industrias de m ayor abolengo en la capital catalan a hayan logrado tam bién un despliegue que m arav illa ría a sus fundadores, ni quita p a ra que siga siendo la ind u stria tex til, y enp a rticu lar la algodonera, la m ás característica de Barcelona. Los bisnietos de los fundadores de la industria textil, la llam ada «cuarta genera­ ción» de Barcelona, se han visto an te responsabilidades im pensadas aun por la misma generación que los precede. Y han hecho— están haciendo—fren te a las m ism as con el vigor y la im aginación de los tiem pos fundacionales. E stán «recreando» la industria en todos los órdenes. Y uno de ellos es precisam ente ese prom over que la moda se vista de algodón. Que la alta costura sea en algodón. De esto, la prueba m ás palpable la tenemos en las ya fam osas «Sem anas del algodón», m ediante las que, adaptando un a iniciativa de los algodoneros norteam erica­ nos, se ha movido a que las firm as de los grandes modistos de M adrid y Barcelona se hayan interesado en los nuevos tejidos de algodón y lancen creaciones realizadas a base de los mismos, que com piten en grandes desfiles internacionales, organizados por la misma- industria tex til barcelonesa a través de su servicio comercial. Se vió ya MUNDO HISPA N IC O lo reflejó en su mom ento—como el acento espa­

He aquí dos sencillos y elegantes vestidos presentados por las gentiles y graciosas modelos que desfilaron en Barcelona y M adrid d u ran te la Sem ana del Algodón, realizados totalm ente con este noble tejido, orgullo de la industria textil algodonera barcelonesa. Merece destacarse el hecho de que el algodón sea una de las fib ras que en cierta form a dictan la moda y el m ás im portante aún de que se encuentre en la van­ guardia de la elegancia fem enina, con e l beneplácito casi ab­ soluto de las m ujeres de todos los países. En E spaña, concre­ tam ente en la región catalan a, la industria algodonera tiene un g ran prestigio, que los bisnietos de los fundadores de esta ram a textil vienen conservando y aum entando con g ran acierto.

ñol de la moda realizada en algodón obtenía los m ás vigorosos ecos en aquella «Prim a Mondiale di Cotone», celebrada hace dos años en el Lido veneciano. Después, en otros escenarios internacionales, la moda española ha ido igualm ente obteniendo el m áxim o suceso. Y recientem ente, en los últim os desfiles, los desfiles de este año, prim ero en Barcelona y luego en M adrid, los tejidos de algodón de Barcelona confeccionados por los grandes modistos de am bas capitales se han impuesto. No sólo desde la p asa­ rela- por donde desfilan las gentiles modelos, sino que triu n fa b a n ya en las mism as espectadoras, pues a estas fiestas—la barcelonesa es n o ctu rn a—las señoras asisten ves­ tidas con creaciones realizadas exclusivam ente en algodón. En ese algodón tejido y acabado en B arcelona, que es hoy u n a de las telas de m ás vestir que pueda haber. La coordinación entre la industria tex til barcelonesa y los creadores de la moda es, pues, una de las m ás notables realizaciones de la « cu arta generación», pues no es sólo con estos desfiles, sino con iniciativas constantes que se refleja-n en servicios inform ativos gráficos y docum entales, que la p ren sa recibe con regularidad, como la promoción algodonera de la moda se m antiene a vivo ritm o. Pero si el algodón barcelonés, m erced a los nuevos a-cabados, se ha introducido en las m ás encopetadas fiestas de noche, no ha dejado ni m ucho menos sus sólidas po­ siciones de tejido p a ra la vida cotidiana. Y así, desde las populares «quincenas blan ­ cas» hasta la cam paña actual, graciosam ente titu lad a «el algodón va al colegio», la industria, a través de su servicio com ercial, proporciona de continuo nuevas ideas y alicientes, tan to p a ra los com pradores de tejidos como p ara los com erciantes que los venden. L a promoción algodonera de B arcelona resu lta ser adem ás uno de los estim ulantes de la vida económica del país, pues sus procedim ientos, sus iniciativas y realizaciones, de un felicísim o sentido estético m oderno, revierten en sus beneficios incluso en sectores ajenos a la industria tex til algodonera propiam ente dicha. Y son adem ás un ejemplo de eficacia y estilo p ara otras em presas. La ind u stria tex til algodonera de Barcelona rinde, pues, un auténtico servicio nacional.— M. V.

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MADRID A n tra cita , 10 al 16

BARCELONA Esplugas del Llobregat

Y SUS IGLESIAS VISIGOTICAS

V ir g e n gótica, tallada en m adera, que se conserva en la iglesia de Santa M a ría .

pasaron los tiempos, de los que, como testigo fiel de la grandeza de entonces, quedan estas iglesias, cuyas piedras—algunas de ellas más de dos veces milenarias—señalan el sucederse de civilizaciones y el pasar de pueblos final­ mente amalgamados para gloria del Creador. Porque ellas son recuerdo de aquella basíli­ ca que fué, durante más de doscientos cin­ cuenta años, sede de la diócesis de Egara. Todavía pueden aquellas piedras hablarnos de concilios a los que cobijaron—como el del año 614—, en que las voces de numerosos prela­ dos se reflejaban en ellas, presididas por la del arzobispo de Tarragona; pueden mostrar­ nos cariátides ahumadas en las solemnes funciones que presidieron los obispos Ireneo, Nebridio, Tauros, Sofronio, Ilergio, Eugenio, Vicente y Juan; pueden decirnos de gozos y alegrías cuando Numdiario, obis­ po de Barcelona, creó, en el año 450, a expensas de su diócesis, la sede de Egara, que se extendía, como mínimo, por la totalidad de la comarca vallesana; podrían hablarnos de invasiones sarracenas, que aca­ baron con el obispado, y explicarnos cómo ha prevalecido, como la Ver­ dad de Cristo, a través de los tiempos. También podrían decirnos de civilización ibérica, de civilización románica y de civilización visigótica: tres evoluciones, tres cambios, mientras ellas, como el alma humana, no hallaban la paz hasta encontrar al verdadero Dios. Así se juntaron, para formar el único monumento de Cataluña visigótica de este pe­ ríodo, en que tan poco se construyó; de este espacio de tiempo com­ prendido entre las culturas romana y románica, con influencias, como ellas nos muestran, de Bizancio, pues Egara estaba bajo el dominio de Belisario. He aquí el monumento formado por las tres iglesias de Santa María, San Pedro y San Miguel, de Tarrasa. Los sillares de sus naves y sus ábsides proceden de la ciudad romana, en cuyos cimientos se emplazó la basílica. Pero tampoco los romanos los tallaron; algunos de ellos formaban el primitivo poblado ibérico que allí se emplazaba. De las tres iglesias, la de Santa María es propiamente la hija de la antigua balísica: los cimientos y mcsaicos descubiertos nos muestran las vastas dimensiones del área primitiva de la catedral de Egara. Nótase en ella asaz influencia lombarda, de bóveda apuntada y planta de cruz latina. El ábside es del siglo VI, en arco de herradura por dentro y cuadrado por fuera. La nave central data del siglo XII. El cimborrio

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se levanta sobre las bóvedas semicirculares del crucero, y es cuadrado en su base y ochavado en lo restante. La bóveda del ábside está decorada con una pintura mural de as­ pecto gótico primitivo, en el que se destaca Jesucristo coronando a la Virgen María. Debajo de esta pintura hay otra más antigua, de tendencia bizantina, según se aprecia en algunos trozos visibles. La pintura mural más interesante de estas iglesias se conserva en la absidiola cegada del crucero. Es del siglo XII, y representa el mar­ tirio de Santo Tomás de Cantorbery. En la parte superior, el Pantocrator, sentado con majestad en el típico almohadón oriental, ex­ tiende los brazos y pone las manos sobre las cabezas del arzobispo Tomás y de su diácono Eduardo. En la parte inferior se desarrollan tres escenas del martirio y muerte del santo. En la primera aparece éste, con ornamentos pontificales, entre sus enemigos. En la segunda se ve la cruenta decapitación del santo. En el último compartimiento, dos personajes depositan el cuerpo amortajado del santo en un sun­ tuoso sarcófago, mientras sobre el cadáver queda representada la subida de su alma, conducida por dos ángeles, al paraíso. La mesa del altar de Santa María, con signos e inscripciones an­ tiguos, se cree que es del siglo X. Debajo de ella se guardan sagradas reliquias de los santos Valentín, Severo y Julián, encerradas allí el año 1112, con ocasión de consagrar solemnemente la iglesia el obispo de Barcelona. En diversos lugares de este templo prioral se encuentran lápidas sepulcrales de diferentes épocas. En los ángulos de la izquierda del crucero hay dos notables lápidas de mármol. La primera, del año 139, está dedicada por el municipio de Egara al emperador César Tito Aelio Antonino Pío; la otra, de la misma época, la dedica Grania Anthusa a la memoria de su buen marido Quinto Granio, de la tribu Galeria, primer magistrado de Egara y tribuno militar. Las dos lápidas de la fachada hacen referencia a los óbitos del presbítero Arnaldo de Bernardi (siglo XII) y del militar Pedro de Toudel (siglo XIII). Es muy interesante también el fragmento romano de piedra esculturada, procedente de otras edificaciones, empotrado en una de las jambas del portal. La iglesia de San Pedro, en la actualidad de aspecto románico, de­ bía de ser una de las capillas que, en aquel entonces, se solían cons­ truir alrededor de las basílicas episcopales. Si bien su construcción puede datar del siglo XII, su ábside, triconte, de influencia bizantina, con planta de arco de herradura, es del siglo VI. Resulta curioso el retablo empotrado en el nicho central del ábside. Es un ejemplar único en Cataluña, por su antigüedad, atribuido, así como sus pinturas, al siglo X. Estas últimas representan figuras de evangelistas y el paso del mar Rojo. El mosaico del presbiterio, el más cercano al ábside, es bizantino. La iglesia de San Miguel sirvió de baptisterio de la basílica, y en él, y en ceremonias y festividades señaladas, bautizaban solemnemente los obispos. Se han hallado diversos fragmentos de pavimentos junto al baptisterio. Como edificación visigótica, es rarísima, y en su cons­ trucción se empleó buena cantidad de materiales procedentes de monu­ mentos anteriores. Sin embargo, su valor arqueológico, como tosco re­ flejo de las construcciones da Ravena (Italia), es sobresaliente. De planta cuadrada, su ábside es poligonal en el exterior y de arco de herradura en el interior. Llama la atención el hecho de que las ocho columnas que sostienen la cúpula central, de clara influencia bizan­ tina, son de diferentes diámetros y clase de piedra. Los capiteles son romanos unos, y otros visigóticos derivados del corintio. Durante el siglo XV se enriquecieron estas iglesias con retablos que todavía se conservan, bien que restaurados. El más importante es el de los santos Abdón y Senén, obra del pintor Jaime Huguet, rea­ lizado en 1460. Es una verdadera joya en su género, y de maravillosa perfección y profunda sencillez las caras de las figuras. A los lados del gran recuadro central, en el que aparecen los dos santos mártires, se desarrollan cuatro escenas de su vida y martirio. La parte inferior del retablo la constituyen tres plafones: en el central, los santos mé­ dicos Cosme y Damián, y en los laterales, una escena del martirio de los santos y la representación de un milagro de los mismos. Más antiguo es el retablo de San Miguel. Quizás medio siglo de diferencia. Es de marcada influencia flamenca. En el centro, la figura policromada de San Miguel. A los lados, la rebelión de los ángeles y la entrada de las almas en la gloria. Remata el retablo, en su plafón superior, una representación del juicio final. En la «pradella», y en el centro, puede verse el Descendimiento de la Cruz, con la Flagela­ ción y la Resurrección a los lados. Los documentos hallados últimamente atestiguan que el excelente colorista Luis Borrassà (1399-1424) es el autor de los preciosos frag­ mentos del retablo de San Pedro. En ellos se ven representados di­ versos episodios de la vida del santo apóstol, como el martirio, salva­ ción en el mar, «Quo vadis?», etc. Ha llegado, afortunadamente, hasta nuestros días esta muestra de la cultura visigótica. De muchas más cosas hubieran podido hablarnos los sillares de estas iglesias, pero no son los hechos que han vivido los que nos interesan, sino su firmeza, su arrogancia con tintes de desafío, que ha hecho que vayan mostrando al visitante cómo, después de pertenecer a obras que fueron producto de la mentalidad humana, han encontrado la estabilidad, el equilibrio, la saciedad de sus ansias, al formar un conjunto que sirviese para el servicio del Señor. Esforcémonos, en vez de pegamos a obras humanas que no nos sacian, por no buscar en ellas la gloria de Dios, en asemejarnos, en perseverancia y tenacidad, a las vetustas piedras que forman las igle­ sias de Santa María, San Pedro y San Miguel, de Tarrasa.

J o s é

C A R B O N E L L

C O S T A

A rrib a : V it rin a con o rna m en tos litúrgicos de estilo fra n ­ cés.— A b ajo : T e jid o italiano florentino de hacia 1 4 0 0 .

EL MUSEO TEXTIL BIOSCA ataluña,

tie rra de secular tra d ic ió n textil, carece a lo largo de toda su historia, desde los tiem pos m edievales de los grem ios hasta los m odernos de la gran in d u stria fabril, de una producción notable de tejid o s a rtís ­ ticos. M ientras la producción de telas de uso co rrien te ha sido casi siem ­ p re, en C ataluña, suficiente p ara n u tr ir una im p o rtan te exportación, los tejidos su n tu ario s han sido buscados afanosam ente en los países e x tra n ­ jeros, ya fueran europeos, ya orientales, por los m ercaderes catalanes, que fácilm ente los v endían, pese a sus precios exorbitantes, en tre las clases

nobles o la b urguesía acom odada. Nos sugiere esta consideración histórica el hecho, im p o rtan te para la c u ltu ra y el a rte, de la existencia en T arrasa, cen tro destacado de la in ­ d u stria tex til, de una institu ció n que, bajo el nom bre de «Musco T extil Biosca», reú n e im p o rtan tes colecciones de lelas antiguas, de gran belleza y valor. Telas que se dan a conocer, en sus rasgos fundam entales, y hasta tanto no se p u b liq u e el catálogo general a través de una publicación que, cum pliendo funciones de in tro ­ ducción o guía del nuevo M useo, se titu la Las colecciones d e l M useo T e x til Biosca. D ignam ente instalado en el edificio del In stitu to In d u stria l, es posible e stu d ia r esa serie de grupos históricos que en la guía alu d id a se van d escrib ien d o , y com prender que este centro m useístico ha de ser de gran u tilid a d p ara los estudiosos del arte, de la h isto ria y de las técnicas textiles, m áxim e por radicar en p len a zona in d u stria l catalana, cerca de B arcelona y ju n to a la Escuela de In g en iero s T exti­ les de T arrasa, único cen tro de España en su género. A las colecciones tex tiles del Museo E piscopal de Vich, a las existentes en B arcelona, particu lares o públicas, y a otras de m enor im portancia, dem ostrativas del in terés constante por estas m uestras del arte y la técnica, se u n en de m anera sobresaliente las m uy com pletas del Museo Biosca, de 1 arrasa. Siguiendo esta guía de sus colecciones, se puede conocer, en breve tiem po y espacio, u n resum en com ­ pleto de cada uno de los países y épocas que alcanzaron fam a especial po r su hegem onía en la producción de telas de lu jo .

La Escuela de Ingenieros

EL M Ü S E O TEXTIL BIOSCA Tejidos coptos, correspondientes a la fabricación de los tejedores del valle del Nilo, de cuyas sepulturas fueron arrancados, y con los que va seña* Jándose la huella e influencia de los sucesivos pueblos dom inadores de aquella crucial zona histórica de la antigüedad : helenísticos, bizantinos, ro ­ manos, persas, árabes... Tejidos españoles de los reinos musulmanes, bellísim as m uestras de un arte que, por cum plir con los preceptos coránicos, prescinde de la deco­ ración con seres vivientes y extrema, para contrarrestar esta deficiencia, la perfección de sus arabescos y dibujos geométricos, hasta llegar a em plear las propias inscripciones como tema decorativo. Telas estas particularm en­ te apreciadas y codiciadas en los reinos cristianos peninsulares, en p a r­ ticular por la corte y la Iglesia, que adornaban sus palacios y templos con estas muestras de una artesanía inim itable. Estas telas hispano-árabes, junto con la numerosa colección copta, com­ pletadas por un n utrido lote de tejidos m arroquíes, constituyen las colec­ ciones más valiosas y selectas del Museo tarrasense. A ellas deben añadirse las telas orientales, tam bién representadas en el Museo. Tejidos bizantinos, correspondientes al país que durante el re i­ nado de Justiniano obtiene el secreto de la seda, codiciada m ateria prim a básica para* las telas suntuarias, hasta entonces monopolio exclusivo de la China im perial. Colecciones de tejidos y alfom bras de T urquía y P è r­ sia, países con prestigio de m agisterio en la historia textil universal. Telas de gran belleza y colorido, de sólidos tintes, en las que privan temas y composiciones de simetrías, consideradas como reglam entarias, y de simbo­ lismo especial, al igual que las de China y otros países del O riente asiá­ tico, en las que animales y plantas tienen su significación religiosa o política. G rupo notable y apasionante el de las telas americanas, precolombinas o virreinales, tam bién representadas en el Museo tarrasense, y que ofrecen al estudioso el interrogante de sus relaciones con otros grupos de países lejanos e ignorados. Y luego la producción textil de los países europeos, a p a rtir del ocaso de la Edad Media, cuando las ciudades italianas y luego los centros tex­ tiles de España, Flandes, el centro de Europa y otras zonas del Viejo M un­ do producen damascos y terciopelos, bordados y tapices, que se hallan abundantem ente representados en el Museo que nos ocupa. Con su decora­ ción majestuosa, sus grandes composiciones y las especiales características de cada escuela de cada ciudad italiana de im portante tradición textil, este momento de la historia del tejido halla su com plemento museístico en una selección de ropas litúrgicas (capas, dalmáticas y casullas) de re­ conocida im portancia. Una nueva etapa en la historia del tejido artístico y un nuevo país viene a su stituir a Italia : la Francia llam ada de los Luises, correspondien­ te principalm ente a los reinados de Luis XIV, Luis XV y Luis XVI. Telas exuberantes en sus temas florales, animada su vegetación por com­ posiciones en las que aparece con frecuencia la figura hum ana, los más raros animales o las más caprichosas construcciones arquitectónicas. Tejidos que corresponden a las exigencias de la corte de Versalles, a las frívolas veleidades de sus caprichos y a las modas más pasajeras o interesadas, cual las chinoiseries, impuestas por la Pom padour. Y, finalm ente, las nuevas m odalidades del tejido artístico, representadas por los estampados decimonónicos, de los que pueden estudiarse notables y muy estimados ejem plares. Momento que introduce ya la artesanía del tejido en los dominios del maqumismo, y con ello consuma la transfor­ mación en piezas de museo de unas telas correspondientes a épocas supe­ radas técnicam ente, pero en las que el trabajo del hombre y la personali­ dad del artista valoraban cada creación. Todo eso contiene en sus diversas colecciones el Museo Textil Biosca. Puede esperarse mucho del porvenir y rendim iento de un organismo que faltaba en el campo de la docencia textil, y que por ello honra a esta rama de la más representativa industria de Cataluña.

Este Museo, que tan rico contenido atesora y que, pese a no contar con más de una docena de años de existencia, es ya conocido en todo el m undo y orgullo de la ciudad de Tarrasa, fué creado por iniciativa del egarense don José Biosca Torres, bajo el patrocinio de la industria textil lanera española, y en la actualidad pertenece al patrim onio de la ciudad. Sus reservas contienen más de cuatro m il piezas, algunas de las cuales han sido presentadas en exposiciones en M adrid, Barcelona y otras ciudades espa­ ñolas, y tam bién en Roma, Santiago de Chile y algunas ciudades fran ­ cesas. Prueba del prestigio con que cuenta esta institución cultural, que puede estim arse como única en su género y especialidad en España, es el hecho de que pertenece sim ultáneam ente a organismos tan conocidos como son el español Consejo S uperior de Investigaciones Científicas y los extranjeros I. C. O. M. (International Council of Muséums), de la U. N. E. S. C. O., y C entre International d ’Etude des Textiles Anciens, de Lyon (Francia), or­ ganismos que, al igual que los museos especializados extranjeros, han des­ plazado expertos para conocer y estudiar las telas que atesora y cuida con el mayor celo el Museo y la ciudad de Tarrasa, centro de prim er orden de la industria textil española.

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E S C U E L A T E C N I C A DE PERITOS INDUSTRIALES las actividades docentes que se dan en la ciudad de Tarrasa, ocupan lugar destacado las de la carrera de perito in d u strial en sus diversas especialidades : p eritaje mecánico, textil, electricista y químico, tanto por el ele­ vado núm ero de alumnos que las cursan como por la rancia solera de la Escuela, hoy denom inada Técnica de P eritos Industriales y antaño vulgarm ente conocida por el nom bre de Escuela Industrial, que vió agrupadas bajo aquel co­ m ún denom inador tanto aquellas especialidades docentes como las enseñanzas superiores de la ingeniería textil, las de m aestría in d u strial y las de artes y oficios, desde su fundación, al iniciarse en el comienzo del siglo—en 1901—, la organización de la enseñanza técnica en España, bajo el m andato m inisterial, en la cartera ala sazón denominada^ de Instrucción Pública y Bellas Artes, del conde de Romanones, y por la tenaz y constante solicitud del prim er conde de Ega­ ra, don Alfonso Sala Argemí, en aquel entonces diputado a Cortes por T arrasa, ambos, por tanto, auténticos artífices de la organización de las enseñanzas técnicas especializadas en nuestra P atria. Bien es cierto que las iniciativas a ello encaminadas, salidas de la ciudad de Tarrasa, hallaron el aval de las cor­ poraciones todas de ella : Ayuntam iento, Cámara de Comercio e Industria, Instituto In d u strial y A condicionam iento Ta­ rrasense ; esto es, se bregó con éxito para que en aquel sentido se legislara el m edio más eficaz para que la industria pudiera hallarse cim entada en un tecnicismo hasta entonces casi desconocido. Diremos tam bién que la labor realizada desde la im plantación de aquellas enseñanzas de los peritajes industriales di­ versos se ha llevado a cabo en franca y constante colaboración con el entonces Patronato local de la Escuela, con su comisario regio y con los claustros de profesores que han venido sucediéndose en el correr de los tiempos, aunándose así los esfuerzos, pensando siem pre en una necesaria continuidad, que ha agrupado en todo momento alrededor de la Escuela Industrial, al m argen de las situaciones políticas, a las corporaciones representativas de la ciu d ad ; labor en vínculo reconocida oficialm ente por el Estado al conceder a Tarrasa la Corbata de Alfonso X el Sabio, que hoy campea en su escudo heráldico. P o r esta estrecha colaboración, traducida en ayuda m oral y aun m aterial a través de sus cincuenta y ocho años de existencia, llegándose en ocasiones varias a donde no llegaba el apoyo presupuestario estatal, pudo dotarse a las ense­ ñanzas técnicas dadas en Tarrasa de m aquinaria para clases prácticas y de m aterial para sus talleres y laboratorios, por la donación hecha por numerosos industriales, que así quisieron dar fehaciente prueba de su amor a ese centro docente. A los dos años de su establecim iento—la Escuela de P eritos es una de las más antiguas de España, pues se in i­ ciaron sus tareas a los pocos meses del decreto fundacional, de 1901—, su labor fué ya^ reconocida oficialm ente al otor­ gársele la facultad—única entre las demás de España—de que los cursos de p eritaje in dustrial textil tuvieran en esta

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está en vías de realización. Con actual Escuela Técnica Su­ la eficaz e importante ayuda del perior de Ingenieros Indus­ Ayuntamiento de Tarrasa, que ha triales, Sección Textil, de Tarrasa, es la única en España donado unos excelentes terrenos, y la de los industriales de la ciu­ donde se cursan las enseñanzas de dad, que aportan una cuantiosa Ingeniería Textil. ayuda económica, el Ministerio de En realidad, estas enseñanzas Educación Nacional va a empren­ tienen ya una antigüedad en nues­ der en el presente año la cons­ tra Patria, puesto que en el año trucción de los edificios que han 1954 se han celebrado sus bodas de ser la sede digna y justa de de oro. una Escuela de la importancia de Efectivamente, en el año 1904, ésta. Sus aulas y laboratorios, sus por real decreto de Alfonso XIII, amplios y bien dotados talleres, y se creaba en la Escuela Superior hasta su edificio dedicado exclu­ de Industrias de Tarrasa, con ca­ sivamente a la investigación tex­ rácter único, una sección de estu­ til, han de ser el marco adecuado dios textiles superiores, que daba para la labor que tienen encomen­ lugar al título de Ingeniero de dada, y que hoy se viene reali­ industrias textiles. Una y otro se zando sin la holgura necesaria. debieron, sin duda de ninguna De la Escuela de Tarrasa han clase, al esfuerzo y a las gestio­ salido unos 750 ingenieros texti­ nes del gran patricio tarraconen­ les, cuya mayoría trabaja con éxi­ se don Alfonso Sala y Argemí, to en España, pero de los que no primer conde de Egara. son pocos los que demuestran en Posteriormente, por decreto de otros países los conocimientos 29 de diciembre de 1948, se esta­ técnicos aquí adquiridos. Tenemos blece un nuevo plan de estudios ingenieros españoles en los países y se crea, con vida propia y ab­ de la América del Sur y en los soluta independencia, la Escuela de la Central, pero los tenemos Especial de Ingenieros de Indus­ también en otros de tanta tradi­ trias Textiles, puesta bajo la tu­ ción textil y pujante industria co­ tela de un Patronato, que presi­ mo Inglaterra, Francia, Alemania de el ministro de Educación Na­ y Japón. cional, y cuya Comisión Perma­ La nueva Ley, de 20 de junio de nente se pone bajo la presidencia 1957, de Reforma de las Enseñan­ de don Antonio Sala Amat, se­ zas Técnicas, consolida la posición gundo conde de Egara y fiel con­ de la Escuela, ya que el espíritu tinuador de la obra de su padre. con que ha sido promulgada es De esta forma quedan las ense­ el mismo que animó a los funda­ ñanzas de ingeniería textil equi­ dores de la ingeniería textil: la paradas a las otras enseñanzas especialización dentro de la ense­ cursadas en escuelas especiales de ñanza técnica hasta el grado que ingenieros, como prueba de la sea necesario, sin perder de vista importancia que el Estado reco­ los estudios fundamentales de la noce a la formación de los que han de dirigir la industria textil na­ ingeniería general. Hay que destacar la labor de cional, una de las primeras da la investigación textil que viene des­ economía española. arrollándose en la Escuela. Al pro­ La ubicación material de la Es­ fesor Blanxart, ya jubilado, le cuela, sin embargo, es lo que aún a

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cupo la gloria de ser el impulsor de esta investigación en España. Pero tras él marcha actualmente otra serie de jóvenes investigado­ res, que laboran para el mejora­ miento de la industria textil pa­ tria. En el seno de la Escuela es­ tán funcionando los Laboratorios de Cooperación Industrial y de In­ vestigación Textil, que, junto con el segundo cometido que encierra su título, prestan gran atención al primero, en el sentido de ayu­ dar a resolver los problemas que se plantean al industrial. La Escuela cuenta con el Cole­ gio Mayor «Alfonso Sala», mag­ nífica residencia para estudiantes, que ya resulta insuficiente. Si bien en su primer año de vida, en el 1904-1905, la Escuela contó con seis alumnos matricu­ lados, durante los tres últimos está teniendo unos 300 en cada uno de ellos. La afluencia princi­ pal la dan, naturalmente, las pro­ vincias catalanas; pero son cada vez más numerosos los alumnos del resto de España, y muy es­ pecialmente los valencianos, vas­ cos, castellanos y andaluces. Sue­ len haber todos los cursos alum­ nos extranjeros, hispanoamerica­ nos en su mayor cuantía, pero también portugueses, franceses, marroquíes y otros. En la Escuela se trata de tener siempre al día sus enseñanzas téc­ nicas, y éstas se complementan, para sus alumnos y posgradua­ dos, con conferencias, que se encargan a personalidades de relie­ ve dentro de su campo profesio­ nal. J osé CEGARRA SANCHEZ (Director de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales, Sección Textil)

U na de las clases prácticas de los alum nos de la Escuela de Peritos Industriales de Tarrasa: la de taller mecánico.

su aplicación para dar paso a la carrera y al títu lo de Ingeniero de industrias textiles, única especialización entre los peritajes industriales que por el momento se reconoció. Es forzoso reconocer, no obstante, que hoy en día, y en m éritos de la Ley de Ordenación de las Enseñanzas Téc­ nicas, recientem ente prom ulgada y ya en vía de desenvolvimiento, aquella meta, aquel ideal del que fué comisario re­ gio de la Escuela, Alfonso Sala, y presidente de su Patronato de Form ación Profesional, de que el Estado español, al igual que en otros países, confiriera, a través de centros adecuados, los títulos de Ingeniero mecánico, quím ico y elec­ tricista, es ya u n hecho. Lo que en escritos y discursos aquel hombre público propugnara, recogiendo así las ansias de las gentes, hoy es ya tangible realidad, como una consecuencia justa que los hombres de gobierno del régim en del 18 de Julio han estimado. Orgullo de la ciudad de Tarrasa es la Escuela Técnica de P eritos Industriales, no sólo por el núm ero de los titu ­ lares que de sus aulas han salido—alrededor de 150 en la últim a promoción, en el conjunto de los peritajes varios que en ella se cursan, con alrededor de 2.000 m atriculados en la diversidad de cursos, amén de 400 aspirantes al ingreso—, sino por el aprecio que dentro de las esferas industriales, tanto nacionales como del extranjero, se tiene a los titulados procedentes de la Escula de Tarrasa, distribuidos por todo el ámbito de España y aun en núm ero im portante en países de Europa y América. Bien puede achacarse tam bién ese prestigio que trasciende de las anteriores cifras a la labor coincidente que profeso­ rado y tarrasenses, de u n modo conjunto, han venido llevando a cabo, con una tenaz continuidad, bajo u n signo que, cuando preside toda labor, es la m ejor garantía de su eficiencia : unidad, y a despecho de avatares políticos y superando discrepancias, lo que significa que Tarrasa, m ediante sus autoridades, corporaciones y entidades, se ha sentido soli­ daria con su Escuela de P eritos Industriales y con el floreciente desenvolvimiento de las enseñanzas técnicas que en ella se cursan.

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El catalán, lengua hispánica Por G U I L L E R M O LURALIDAD COMO RIQUEZA.—No es tarea fácil hacer llegar a las gentes hispanas, soberbiamente unidas por el bloque glorioso monolítico de una lengua com ún, el elemento de riqueza que trae aparejada la diversidad lingüística peninsular. Ha faltado una voluntad informadora y, por tanto, educadora, en este sentido. A los niños españoles —e hispanoamericanos—se los instruye muy superficialmente sobre la existencia viva de unas lenguas ancladas secularmente en la piel de toro de Iberia, y cuya existencia es irrefragable como cualquier otro fenómeno biológico. Cualquier atlas lingüístico señala, en efecto, cuatro ámbitos idiomáticos sobre la superficie peninsular: el castellano, el catalán, el gallego y el vascuence. El otro hecho, también, por existencial, irrefragable, de que la lengua castellana

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constituya el noble vínculo de unión que supone la lengua comúnmente aceptada por todos, no debe quitar realidad al otro hecho, evidente, de unos grupos de españoles que tienen lengua vernácula distinta, en la que se expresan, pura y llanamente, por razón de herencia h istórico-geogr áfica. VALORES DEL BILINGÜISMO.—En el caso concreto de Cataluña—que hoy nos sirve de tema—, digamos en seguida que, exceptuando breves ángulos rurales y apartados, los habitantes de las zonas de su dominio lingüístico son, en realidad, bilingües. Y yo quisiera expresar, aunque sea de paso, hasta qué punto poseer de manera normal más de una lengua es un auténtico enriquecimiento espiritual. Conocer a fondo los recursos idiomáticos de dos instrumentos lingüísticos, incluidos los juegos de palabras y los matices expresivos, produce una especial flexibilidad mental que no dudo en calificar de regalo del cielo. Esta flexibilidad conduce desde el plano mecánico de la facilidad para el aprendizaje de otras lenguas hasta cierta porosidad para entender el relativismo de las expresiones, que constituye una auténtica gimnasia para el ejercicio de la mente. EL PLANO ESTETICO.—Si del plano lingüístico pasamos al estético, la noción de este enriquecimiento es todavía más clara, ya que a las gentes de Cataluña les es dado el goce de dos literaturas, ambas de historia ilustre, con idéntica posibilidad de degustación de valo­ res literarios en otras lenguas distintas. Porque es importante aclarar en seguida el peso cultural de la lengua de Cataluña, siempre ennoblecida por encima del plano meramente coloquial por el uso c o n sta n te del catalán como lengua literaria normal. Un esfuerzo sistemático, iniciado desde la Renaixensa, hace cien años, ha tendido a depurar el idioma y darle la categoría de instrumento expresivo, perfectamente apto para todos los géneros literarios, desde el poema lírico al tratado filo­ sófico, pasando por la novela, el teatro, la crítica o el ensayo. Una de las empresas edito­ riales de Cataluña ha sistematizado, después de la guerra, el panorama literario actual en una colección que está cerca de los trescientos volúmenes. He aquí, pues, un hecho cultural, humano, junto al hecho lingüístico, mero resultado de una realidad biológica a través de mil años de historia. EL AMBITO LINGÜISTICO.—Señalemos ahora brevemente el ámbito lingüístico de la lengua catalana, realidad filológica indiscutible, que ocupa no sólo la geografía estricta del antiguo Principado, sino que se extravasa fuera de sus límites. Al norte, salvando el Pirineo y ocupando todo el Rosellón hasta la localidad de Salses. Hoy produce una emoción autén­ tica atravesar la frontera francesa y seguir, durante kilómetros y kilómetros, oyendo la len­ gua pastosa, enérgica y suave a la vez de las gentes de Cataluña, viva en las ciudades y en el campo. Al oeste, el catalán sobremonta la frontera administrativa e invade levemente algunas zonas de la provincia de Huesca. Al este, el catalán , en sus va ria n tes baleáricas —mallorquín, menorquín e ibicenco—, acusa el rastro reconquistador de los reyes de Cata­ luña y Aragón. Y al sur, sobre la tierra valenciana, alcanza hasta la tierra alicantina. Y toda­ vía—curiosa reminiscencia histórica—un pueblecito de Cerdeña, Alguer, continúa usando un catalán, llegado allí en los navios de la Cataluña medieval. El hecho lingüístico es, pues, importante en su objetiva realidad geográfica y en la expresividad de la cifra estadística, que da un conjunto de más de cinco millones de catalano-hablantes. EL CATALAN, LENGUA LITERARIA.—Pero, como ya hemos indicado, estos valores idiomáticos tendrían un puro valor filológico si no fueran acompañados del noble ejercicio de una literatura. Y es importante aclarar aquí que el recobramiento de la lengua literaria es lo que dió a los catalanes el enriquecimiento espiritual que la ha hecho posible. Traigamos a colación aquí, como testimonio doblemente ilustre por su raigambre montañesa y por su altura intelectual, a Menéndez Pelayo, quien, usando, por cierto, la lengua catalana, pronun­ ciaba ante la reina María Cristina, en ocasión de los Juegos Florales de 1888, estas palabras reveladoras : «En el larguísimo período de más de tres centurias en que los catalanes dejaron de cultivar el idioma patrio..., ni un solo poeta de primer orden, y escasamente de segundo, nació en esta tierra; y por el contrario, tan pronto como renació la lengua rebrotó el senti­ miento poético tal como se pueblan los bosques de pájaros cantores al llegar el hálito de primavera.» Nada, pues, más alejado del mundo de lo dialectal (si hoy llamase alguien «dialecto» al catalán, sería suspendido en el grado elemental del Bachillerato) o del argot que este fenómeno de recobramiento de la lengua catalana como lengua de cultura. LA LITERATURA CATALANA, ORGULLO HISPANICO—Ante esta realidad espiritual, a las gentes hispánicas no les cabe otra actitud que la del orgullo. Orgullo de saber que en la ribera oriental de la Península alientan a la vez dos literaturas hermanas. Y que en el patri­ monio del honor común de las lenguas hispánicas, caben, deben caber, con idéntico honor, los versos de Rubén Darío y de Antonio Machado, junto a los de Joan Maragall o Caries Riba. Si, parodiando a Terencio, podríamos decir que nada de lo que es hispánico puede sernos ajeno, incurriríamos en delito de automutilación al no entender estos altos y vivos valores de la literatura catalana como un patrimonio más de la ancha Hispanidad.

El Premio El Instituto de B O S C A N Estudios Hispánicos de Barcelona A »!!

constituirse en Barcelona el Instituto de E studios H is­ pánicos, se pensó que una de sus principáles tareas había de ser cultivar las letras españolas e hispano­ americanas. E ste organism o, en realidad, se creaba para es­ l Instituto de Estudios Hispánicos de Barcelona surgió hace trechar nuestras relaciones con los pueblos del N uevo Conti­ doce años como instrumento al servicio de la Hispanidad. nente de habla e s p a ñ o la . Y era lógico y n a t u r a l que la El Instituto de Estudios Hispánicos encauzó, desde su crea­ literatura ocupase un lugar destacado. A sí lo entendió el en­ ción, la latente y eficaz vocación catalana por las cosas de tonces presidente, don Juan Carandell, y el Instituto quedó América. abierto a los jóvenes. En su línea de actividades, el Instituto dedica preferente aten­ Entre los propulsores de este m ovim iento vino el poeta ción al estudio de los problemas que afectan a la comunidad hispá­ Francisco Galí. Por iniciativa suya nació el Sem inario Juan Boscán, encauzador de las tareas literarias. Desde el primer nica, y a este efecto 'patrocina y dota económicamente a los equipos momento, esta Sección del Instituto tuvo una gran actividad. de trabajo especializados. Quiero recordar aquí los nombres de Carmen Sender, José Objeto de especial atención para el Instituto de Estudios His­ María Rodríguez Méndez, Julio Garcés, A lfonso Pintó, Enrique pánicos es la asistencia a los estudiantes hispanoamericanos que Badora, María Teresa Pérez Gardeta, A ngel Antón, Jorge Gaestudian en Barcelona, cuyo número ha alcanzado la cifra de 837 bernet y Francisco González Ledesm a, que en el acto celebrado en el curso 1958-1959. Un Colegio Mayor y una Residencia Hispa­ en la Biblioteca Central establecieron bases y directrices del noamericana acogen continuamente a los estudiosos de los países trabajo a realizar. Desde entonces una tarea cotidiana de in­ iberoamericanos que vienen a Barcelona. Por otra parte, el Insti­ formación bibliográfica, de intercam bio de las revistas del Ins­ tuto promueve empresas tendientes a incrementar la cooperación y tituto con otras españolas y extranjeras, así como el estableci­ colaboración entre los países hispánicos. En primer lugar de estas miento y organización de ciclos de lecciones y conferencias, actividades está el Pabellón del Mundo Iberoamericano de la Feria a cargo de las m ás destacadas figuras de la cultura, no ha de Muestras de Barcelona, que cada año se celebra, durante los cesado, pudiendo afirm arse que es uno de los exponentes de la vida de este organism o. A partir del 23 de febrero de 1948, a propuesta de don Francisco Galí, se estableció el Prem io de Poesía Juan Boscán. Era ofrecer ocasión para el reconocim iento de la poesía joven. El Jurado, presidido desde entonces por quien firma estas líneas, juzgaría las m ejores poesías de las m ás variadas escue­ las y tendencias. E ste criterio amplio y al m ism o tiem po con­ ciliador pudo m antenerse gracias a la participación de exce­ lentes críticos de literatura que en los diversos años fueron participando en esta labor. Los nombres de M artín de Riquer, Antonio Vilanova, N éstor Luján, José María Castellet, A lfonso Costafreda, Lorenzo Gomis, Jaim e Delgado, José María ValIS33Ë! verde, Fernando Gutiérrez, A gu stín del Saz, R afael Santos Torroella, Carlos Barrai, Alberto Oliart, Julio Garcés, Fran­ cisco Casam ajó y Francisco Galí, como secretario, son la m ejor garantía de la concesión del Prem io Boscán. A la Junta Rec­ tora del Instituto de Estudios H ispánicos, encargada de la designación del Jurado, corresponde el gran acierto de soli­ citar en cada convocatoria la colaboración de estos prestigiosos hombres de letras. El esfuerzo se ha visto coronado por el éxito. El Boscán es uno de los m ás antiguos y acreditados prem ios literarios. Y desde el primer m omento los m ejores poetas españoles e hispanoam ericanos se lo han disputado y han considerado como uno de los m ás valiosos honores el poseerlo. Me es m uy grato recordar aquí, a lo largo de los once años de su existencia, los nom bres y las obras que obtuvieron el Premio : Año 1949, A lfonso Costafreda: «N uestra elegía». Año 1950, Blas de Otero: «Redoble de conciencia». Año 1951, Victoriano Crémer: «N uevos cantos de vida y esperanza». veinte primeros días del mes de junio, en el recinto que se extiende Año 1952, José Ramón Medina: «Texto sobre el tiem po». en la falda de la noble montaña de Montjuich, y en el que se presenta Año 1953, Eugenio de N ora: «España, pasión de vida». el balance anual de un mundo en pleno desarrollo económico y Año 1954, Pío Gómez N isa: «Elegía por uno». Año 1955, Concha Zardoya: «Debajo de la luz». social, poniendo de relieve las grandes realizaciones materiales, la Año 1956, José A gustín Goytisolo : «Salmos al viento». industrialización progresiva, la expansión agrícola y minera, la Año 1957, Jesús Lizano: «Jardín Botánico». extensión de los transportes y las grandes conquistas alcanzadas Año 1958, José Manuel C a b a lle r o B o n a ld : «Las horas por Iberoamérica en el aspecto social y humano, así como en sus muertas». manifestaciones artísticas y culturales. Año 1959, R afael Santos Torroella: «Noche cerrada». Barcelona, encrucijada de tres mundos, con su puerto abierto a El Instituto, ya en el m andato de su segundo presidente, las brisas del Mediterráneo y sus enlaces por tierra y aire con todas señor Sedó Perís-M encheta, tomó el acuerdo de publicar, en la capitales europeas, es para el viajero que llega de América puerta ediciones esm eradas, los libros premiados. de entrada a la vieja Europa, y por esto el Instituto de Estudios Y, por últim o, el actual presidente, excelentísim o señor don Hispánicos tiene establecido un servicio de Organización de Viajes, Felipe Beltrán y Güell, acogió con tanto interés el Premio mediante el cual prepara los desplazamientos y recorridos por Es­ Boscán, que es una de las m ás destacadas m anifestaciones de su m ecenazgo. paña y Europa de los miles de personas que, en grupos o indivi­ Tal es, en sín tesis, la historia del Prem io Boscán. dualmente, llegan cada año al puerto de Barcelona. J osé M.» CASTRO CALVO Ramón MULLERAS l

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En la muerte de Caries Riba CARLES RIBA, POETA CATALAN os polos precisos podríamos avizorar en la poesía ca­ talana contemporánea. Uno que recogiera y tamizara el habla popular, que la vivificara sabiamente, que la elevara y la trascendiera. En él, fulgurante, vería­ mos la obra de José Carner. Otro que aplicara a la poesía una norma clásica, un rigor universitario, una mesura humanista. En él brillaría, incomparable, la estrella

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ies Riba. Es una lástima que el vehículo idiomático—ya que Caries Riba escribió toda su obra en catalán—fuese un obstáculo para muchos lectores durante muchos años hasta que apareció la «Obra poética» de Riba, magníficamente traducida por Paulina Crusat, Alfonso Costafreda y Rafael Santos Torroella, en Insula. Es una lástima, porque en Riba teníamos, indudablemente, a uno de nuestros gran­ des poetas contemporáneos. Y su obra exigente y rigurosa era una de las más representativas, entre nosotros, de una «poesía de cul­ tura», una poesía que no se hacía de facilidades, sino de exigencias; que se fiaba más de la inteligencia que de puras intuiciones. Más cerca de Pound o de Rilke—y quizá aún más de Holderlin— que ningún otro poeta español contemporáneo, Riba construyó un edificio poético de fulgor diamantino. En él cupieron algunas de las obras más considerables que nos ha proporcionado últimamente la poesía catalana. Desde los lejanos libros de Estances hasta la últi­

Vil He navegat com Ulisses pel noble mar que separa amb un titanic somris d’obediencia a l’atzur, Tilla de Tultim adéu, on es va inclina’el meu mig[dia i el necessari ponent, dolç d’una gloria sagnant. Sobre la rosa dels astres, set vents, atònits, deixaven que n’exultés un de sol, el decretat del retorn. Si el magnanim heroi dormi dins la popa segura mes profundament que per cap vi ni per mort. és contat com els ulls dels reials mariners ho veie[ren : Tinterior treball, ell va saber-lo amb els deus, pel que jo sé de mi. Oh! com era nua, com era abandonada, la fe que a favor meu va lligar els dos mons, que em volien, de banda i banda de [l’ombra ! No atreta pel fi : ans virginal a un impuls que em travessava d’enllà de la meva innombrable [aventura i de mes propies arrels; com dins el ventre [vivent l’esser que s’hi perfà es tot ell creixença amb les [pures forces originals, i no es seu el desti que Tamara i l’empeny, talment una pluja d’anti[gues aigües, fins que ha nascut i que ha plorat i que [ha vist ; i, és llavors solament que ja li convenen els nostres mots despert i adormit. Entre nosaltres humans, deus! els mots son nomes per a entendre’ns i no [per a entendre’Is ; són el començament, just un senyal del sentit. Semblen precedimos cami del misteri i ens deixen foscos davant d’un brocat, tristos a un eco que [fuig. Cal la secreta clau : un recort que ve de vosaltres. déus! i que no ens ateny fins que ja hem arribat: tal comparança potser, que ens queia de sobte com [una pedra brillant a les mans, dura en sa freda virtut, i que guardavem amb altres banals, dins que som [a la viva sorra a la fi de la mar—repatriats o arribats?

ma y definitiva maravilla del Esbos de tres Oratoris, se alineaban sus tres «suites» : Elegies de Bierville, Del Joc i del Foc y Salvatge Cor. Y al tiempo que el poeta nos legaba su obra cuajada, tenía aún tiempo para ofrecernos sus modélicas versiones de Esquilo y de La Odisea, entre otros trabajos que su afán humanista nos dejó. Todas estas circunstancias hicieron de Caries Riba un maestro indudable de Car­ de las promociones poéticas catalanas de hoy. Y el ma­ gisterio de Riba no se circunscribió al área de la poesía, sino que quiso abarcar un radio de acción mayor, predicando, en tenaz alarde de civismo, una unión más honda entre los poetas todos de España. Desde la convocatoria del I Congreso de Poesía—en Segovia— hasta la celebración del III Congreso— en Santiago de Compostela— , Riba fué un puente de aproximación en muchos problemas que a veces parecían insolubles y que su comprensión y su mesura alla­ naron para todos. Los que tuvimos la suerte de vivir a su lado, en alguna de esas lejanas ocasiones, sabemos bien la importancia que tuvo su palabra y su ademán permanentemente conciliador. Los que tuvieron la suerte de compartir su amistad, de acercarse a su dilecto círculo barcelonés, saben perfectamente que con Caries Riba se ha ido un gran poeta catalán, uno de los más altos, y un hombre que quiso hacer de su vida un continuo acto de servicio a la verdad y a la cultura.

Com ho diria, germans, si no se si parlo amb [vosaltres ? Ni us parlaría tan sols? Sóc en l’espera d’un déu Entre el silenci i el curt sospir d’una onada tran[quil • la —una marcada en el temps, per a mi sol en el [temps anterior a la nit—em sera de cop a la vora, simple i juvenil, coneixedor sense esclat per la ma, coneguda invisible sobre ma espatlla : el meu déu parcial, que m’ha elegit per orgull fins a la injusticia—dic jo. Em donara per als altres Taire d’un mendicant que es pacient als portals. Ell i jo sol sabrem quin tresor desarèm, que jo [duia : no els diamants del crit i de la presa i del foc (negra-escuma, tu el tens); dels meus dies d’erra i [de coneixer un sol día he salvat: el que en salvava; i dins [ell, com les figures per gracia escollides que omplen un somni. el tan divers amor dels qui per mi, al meu pas, pel que em donaven d’ells han esdevingut una mica més el que eren; i tot el que en el freu ha [compres. Oh tresor, tan real que podría comptarlo i triarlo! Mentre, pero no seré rei de ma ultimà pau, me’l guardaran les Nimfes gentils que teixeixen [amb lenta trama de porpra i cristall els pertinaços ordits dels invisibles corrents, dins l’obac obrador sub[terrani on Tabella de l’erm va, esmunyedissa, a fé el rusc. Itaca, regne petit, conec la cova profunda ! Olivereda amunt, fora cami, en el rocall; closa i subtil com l’hora d’un sol pensament per [a entrar-hi calen un front humil sota la llinda i un salt. C arles RIBA {Elegies de Bierville)

V II H e navegado como Ulises p o r el noble m a r que se p a ra — con titá n ic a so n risa de obediencia al azul,—la isla del últim o adiós, donde se inclinó m i m ediodía,—y el nece­ sario poniente, dulce p o r u n a gloria que sa n g ra .— Sobre la rosa de los astro s, siete vientos, atónitos, dejab an —que solo uno exultase, el decretado p a r a el reto rn o .— Si el m agnánim o héroe durm ió en la popa seg u ra—m ás hon­ dam ente que p o r vino o p o r m u erte,—se cu en ta cómo los ojos de los m arin ero s reales lo vieron : —el tra b a jo in te ­ rio r ; él lo supo y los dioses, p o r lo que yo sé de m í.— I Oh. qué desnuda era y cuán abandonada—la fe que a m i fa v o r u nió los dos,— que a u n lado y a o tro de la som bra m e solicitaban !—N o p o r el fin a tra íd a , sino v ir ­ ginal a u n im pulso— que desde m i a v e n tu ra innum erable y desde m is p ro p ias— raíces m e atrav esab a : al igual que dentro— del vivo v ien tre, el se r que allí se fo rm a es todo crecim iento— con las p u ra s fu erzas originales, y no es suyo el destino,— que lo em p ap a y lo em p u ja igual que u n a crecida— de ag u as an tig u as, h a s ta que h a nacido, y llorado, y v is to ;—y solam ente entonces le pertenecen ya n u estras p alab ras— «despierto» y «dorm ido». E n tr e nos­ otros, hum anos,— i dioses 1. las p alab ras son sólo p a ra en ­ tendernos, no p a ra e n te n d e rla s ;— son el principio, apenas u n a señal del sentido.-—P arecen precedernos, cam ino del m isterio, y nos d ejan oscuros— delante de u n brocado, tris te s a u n eco que huye.—N ecesitam os la llave secreta : un recuerdo que viene de vosotros,— | dioses !, y que no nos alcan za h a s ta que hemos llegado ; —quizá ta l com pa­ ración, que nos cafa de súbito como u n a pied ra—brillan te en las m anos, d u ra en su f r í a v irtu d ,—y que g u ard áb a­ mos con o tra s triv iales h a s ta e s ta r en la viva aren a,— al extrem o del m a r ( j. rep atriad o s o llegados?).— ;. Cómo decirlo, herm anos, si ignoro si hablo con vosotros?— ¿ N i ta n siqu iera os h ab la ría ? E stoy en la esp era de u n dios.— E n tre el silencio y el corto su sp iro de u n a onda tra n q u i­ la— (u n a señalada en el tiem po, p a ra m i solo en el tiem ­ p o - a n t e r i o r a la noche) lo te n d ré de p ro n to a mi vera,— sim ple y juvenil, reconocible fácilm ente— p o r la mano, conocida invisible sobre m i espalda : •—-mi dios p arcial, que me ha elegido en su orgullo—h a s ta la in ju sticia, digo yo. Me d a rá p a ra los dem ás—el a ire de u n m endigo paciente en los portales.— E l y yo sólo sabrem os qué tesoro, que yo llevaba, guardarem os : -—no los d iam antes del g rito y de la p resa y del fuego— (tú los posees, n eg ra espum a); de m is días de e r r a r y de conocer—u no solo h e salvado : el que m e salvaba ; y d entro de él,— como las figuras por gracia escogidas que llenan los sueños,— el ta n diverso am or de los que p o r m í, a m i paso,—p o r lo que de ellos me daban, h a n llegado a ser u n poco m ás—lo que eran ; y todo aquello que he com prendido en el estrecho.— ; Oh tesoro, ta n real, que p o d ría co ntarlo y seleccionarlo!— P ero m ien tra s no sea rey de m i ú ltim a paz,—lo g u a rd a ­ rán p a r a m í las n in fa s gentiles, que te je n con lenta tra m a — de p ú rp u ra y cristal las pertin aces u rdim bres de las invisibles corrientes, d entro del som brío taller subte­ rrán eo ,— donde la ab eja del yerm o va, deslizante, a cons­ tr u ir la colmena.— ; Ita c a , reino pequeño, conozco la cue­ va profunda-—O livar a rrib a , fu e ra del cam ino, en la rocalla, cerrad a y su til como la h o ra— de u n solo p en sa­ m iento ; p a r a e n tr a r en ella se precisan u n a fre n te h u ­ milde bajo el d intel y u n salto. Carles RIBA (D e E legías de Bierville) (T raducció» de Alfonso C ostafreda.)

catalana contemporánea ÿ.

JoséM aría López Picó

JOSE MARIA LOPEZ-PICO, POETA BARCELONES X Riba se nos antoja el poeta catalán por antonomasia, nadie podría negarle a López-Picó el título de poeta bar­ celonés por excelencia. Huérfana Barcelona de la voz amante de Guerau de Liost, cuyo ardor trovadoresco agos­ tó la temprana muerte, tuvo siempre la fidelidad—casi conyugal— de la palabra de López-Picó, que en eterno gozo epitalámico la cantara. Y anotemos al paso la significación de que fuese López-Picó quien pasara a ocupar precisamente la vacante de Guerau de Liost en el Institut d’Estudis Cataláns, viniendo así, incluso por una razón de presencia física, a madurar una constante de amor a Barcelona, que Guerau había visto quizá más idealizada al pie de una montaña de amatistas, y que López-Picó cantaría sin desmayo en su vivir cotidiano, en su pulso de ciudad que día a día se ha ido conociendo en sus alegrías y en sus tristezas, en sus ilusiones e inquietudes. López-Picó inquirió con mano precisa el latido más nimio de la ciudad, descubrió la primera sonrisa de la primavera en sus flores y el primer escalofrío del otoño en su suelo. José María López-Picó, en todas sus vertientes de poeta y escri­ tor que canta temas esenciales al hombre cristiano, puso un amor permanente a su ciudad natal—en ella había nacido en octubre de 1886—, que, al pasar de los años, se convirtió en ciudad ele­ gida, esta segunda forma de nacimiento de los hombres, por el que

SETEMBRE Una dolcesa, encara no fatiga, preludia llangors de comiat amb llums, al cel, de sucre-mel i figa i esclats de tardania al teu posat

con plena consciencia se escoge el propio paisaje que nuestro espíritu vivirá para siempre, y que puede ser distinto del paisaje natal. Y no es preciso que repitamos que en López-Picó uno y otro se encontraban confundidos en el perímetro barcelonés, que el poeta cantó repetidamente. Barcelona, que honra a los poetas y que por ellos es honrada, difícilmente podrá olvidar a su cantor, al enamorado de todos los días—que es, a fin de cuentas, quien, al margen de afectos pasajeros, llega a conocer y a querer verdaderamente a la amada—, al hombre que la descubrió continuamente y que continuamente tuvo a gala ir descubriéndola a los demás. Porque en la línea poética de adhesión a Barcelona—una línea en la que podríamos encontrar tantos nombres y que presidiría seguramente el fervor renacentista de Juan Boscán d’Almogáver en su Octava rim a—López Picó es el último eslabón, un eslabón que ya esperaba el próximo y que hizo todo lo posible, en perenne lección de ciudadanía, para que la cadena no se truncara. Ningún título creemos que cuadraría mejor a López-Picó que el de «ciudadano honrado», que Boscán ostentó como timbre nobiliario. Al correr de los siglos, López-Picó lo merece por el fervor constan­ temente profesado a su ciudad, a cuyas plantas dejó una de las obras cuajadas, permanentes, de la hodierna poesía catalana.

i, guardat d’arços, ha de plaure’t més. Puges camins d’ermita, saltes feixes : —Més llum ! Més besos ! — No en tens prou d’un [sol

Absències de vols a les mirades deixen parat als llavis el somrís, com si l’esclat de voluptats passades

SEPTIEMBRE

Nativitat del bes, en tardania, festa major d’haver trobat el bes : El Príncep que te’l dóna, te’l devia

si, a la llum, la tempesta posa reixes i ofega pastorals de flabiol.

endevinés que es toma esfulladfs.

Desistiments, a penes indolència, entelen esperances d’horitzó,

Adéu l’estiu ! Adéu els besos ! Xopa de llum de tardania i pluja, encar, a tots. Ciutat, ens vas passant la copa perquè beguem, ans de llançar-la a mar.

que, sense diafanitat, l’absència és com, dins la calitja, la claror.

I el bes de llum, Ciutat, se t’enfigassa. perdut l’encuny reial de l’imprevist;

Allí mateix on has posat els llavis i els havia posat el Príncep Blau: —Honor a la Mercè dels nostres avis!— Somriu la Verge i diu al brindis : —Plau !

i amb el costum, que te’l prodiga massa, de tan banal i fàcil, s’ha fet trist.

—Més llum ! — demanes ; i el record palpita

...Adéu llum de l’estiu melada en bresca del berenar que s’ha enfilat al cel ! Adéu el rajolí de l’aigua fresca de la font que vigila Sant Miquel!

com si l’enyor redescobrís el niu dels besos reservats a la collita tardoral de les vinyes de l’estiu.

Més llum! Si el Príncep Blau surt de cacera, tu, coratjosa, passes al davant; > al reclam del delit poses bandera
L’aplec de Sant Jeroni de la Murta es fon en el retorn meditatiu. El pas de la tardana és lent; és curta la tarda i ens ha dit adéu l’estiu. J. M. LOPEZ-PICO (Lloa, Zodíac i Triomf, de Barcelona.)

U n a dulzura, no fa tig a aú n ,— preludia languideces de despido—-con luz de higo y alm íb ar en el cielo—y brillos de poniente en tu ta la n te .— Como ausencias de vuelos en los ojos,—detienen en los labios la sonrisa,— como si el estallido de voluptades idas— que se v a m architando ad iv in ara.—D esistim ientos, indolencia ap en as,—enturbian esperanzas de h o riz o n te ;—que, sin te n e r diafanidad, la ausencia—es como en el bochorno la luz clara.—Y el beso de la luz, Ciudad, te hiende,— perdido el cuño real de lo im previsto ; —y con el hábito, que h a rto lo prodiga,—de ta n banal y fácil se hizo tris te .— P id es: «¡M ás lu z!» , y el recuerdo p a lp ita ,— como si la n ostalgia redescubriera el nido—del besar, reservado a la cosecha— tard o ral de las viñas del estío.— j M ás luz ! Si a cazar va el prín cip e azul,—tú le adelantas, anim osa,—y al signo del a fán po­ nes bandera— que te halle, y al h a llarte to rn e santo.— N atividad del beso en el poniente,—fiesta m ayor de hab er hallado el beso.—El p rín cip e lo da, y te lo debía,— celado p o r espinos ; m as h a b rá de g u sta rte .—Subes ru ta s de er­ m ita, sa lta s haces.— « jM ás lu z! iM ás besos!» U no no te b asta—si la to rm e n ta pone en la luz re ja s y ahoga p as­ torales de flau tín .— i Adiós, v e ran o ! i Adiós los besos! Llena—de luz de atard ecer y lluvia aú n ,—vas pasando, Ciudad, la copa a todos— p a ra beber, an tes de echarla al m ar.— E n el sitio preciso donde pusiste el labio—lo h ab ía puesto ya el p rín cip e azul : — «Honor a la Merced de los abuelos.»—R íe la V irgen, y dice al b rin d is : «I P lace!» — ...I Adiós, luz del verano, dulzor— de la m erienda, que al cielo se elevó !— I Adiós el su rtid o r del ag u a fresca—d e la fu e n te que cela San Miguel !—E l aplec ( 1) de San J e ró ­ nim o de la M u rta—se fu n d e en el volver m editabundo.— L entam ente atard ece ; h a sido corta—la tard e, y el ve­ ran o dice adiós.

(1) A plec quiere decir p ro p iam en te reunión, y en este caso, rom ería. Hemos dejado la p alab ra catalan a, que en su d ía usó don M iguel de U n am uno en uno de sus poe­ m a s : «L’aplec de la p ro testa» . ( Loa, Zodiaco y T r iu n f o , de Barcelona.)

m CHAMPAN ESPAÑOL finales del pasado año se dirimió ante el Tribunal Supremo de Gran Bretaña— Oíd Bailey—un pleito relacionado con el A champán español, que tuvo gran resonancia internacional. Hemos creído interesante entrevistarnos con don Andrés Viu Gelada, director de la firma productora del champán Perelada y organizador de las exportaciones que dieron lugar a dicho pleito. El señor Viu, testigo presencial en todas las sesiones de dicho pleito, contestó muy amablemente a nuestras preguntas. — E l pleito, ¿fué una sorpresa para ustedes? —Muy al contrario. Sabíamos que se produciría, y por esta razón, antes de utilizar la denominación «Spanish Champagne», nos asesoramos debidamente y con mucha antelación preparamos todos los detalles de la defensa. ¿Qué se discutía en el ph :to? — Si era posible o no utilizar las palabras «Spanish Champagne» en Gran Bretaña. — ¿Y por qué es posible? —Porque en aquel país no existe compromiso internacional sobre denominaciones de origen, y los vinos se denominan, desde hace muchos años, utilizando la palabra del país donde se produce el vino que se ofrece seguida de la palabra que mejor defina su estilo o características. Así, por ejemplo, existen las denominaciones «Australian Sherry (Jerez Australiano) «South African Sauternes» (Sau­ ternes de Sudáfrica), «Spanish Bourgogne» (Borgoña Español) y otras similares. — E l pleito, ¿tenía un fundamento jurídico o era simplemente una lucha comercial? — Se basó en aspectos jurídicos, pero realmente fué una de­ mostración del temor que produce en Francia el aumento de la pro­ ducción de los vinos espumosos de fermentación natural en España y Alemania principalmente y su aparición en los mercados interna­ cionales. — ¿Qué diferencias o coincidencias existen entre el champán español y el francés? —Realmente, sólo las personas de paladar privilegiado son ca­ paces de distinguir entre un champán francés de calidad y un champán español de calidad. Fíjese bien que en los dos casos hago mención de la palabra «calidad», pues en ambos países, pero muy especialmente en España, se producen vinos espumosos que no me­ recen tal nombre, además de obtenerse una gran cantidad de vinos gasificados. — ¿En qué form a ha contribuido el fallo de los tribunales britá­ nicos a la expansión comercial de su marca? —Extraordinariamente, pues el pleito fué seguido con gran interés no sólo en Gran Bretaña y en Francia, sino en todo el mundo, y el veredicto, favorable a España, fué reproducido y co­ mentado en la prensa, radio y televisión de casi todos los países. Como consecuencia de ello, en todo el mundo se tiene noticia de que España produce vinos espumosos de fermentación natural de gran calidad, cosa que hasta entonces era ignorada por el público. — ¿Cuántos millones calcula que deberían haber gastado para conseguir una propaganda mundial como la que ha producido este pleito gratuitam ente ? —El valor de esta propaganda es incalculable, pues se trata de una publicidad muy efectiva, directa al público e imposible de rea­ lizar en forma organizada. Piense usted que ha ocupado la primera página de muchos periódicos de distribución mundial y que en diversas ocasiones la emisora de la B. B. C. inglesa comentó este asunto en casi todas las lenguas. La televisión le dedicó varios minutos en días sucesivos. Con menor intensidad se ocuparon de ello la prensa y radio de todos los países. — E ste criterio que se aplica al champán, ¿puede seguirse para otras bebidas? —En líneas generales, entiendo que sí, por lo que a la denomi­ nación se refiere; pero debe estudiarse cada caso particular, pues existen en Gran Bretaña algunos acuerdos particulares, como, por ejemplo, el que protege la denominación del vino de Oporto («Port»). — ¿Cómo ha reaccionado el público inglés? —En forma muy favorable, pues si en un principio se inclinó del lado nuestro, por esa reacción, tan humana, de apoyar al que parece más débil, una vez que conoció nuestros argumentos ante el tribunal, consideró formalmente que la razón estaba de nuestra parte. Ello le incitó a degustar el champán Perelada, objeto del pleito, y el producto en sí acabó de convencerle, pues se vió sorpren­ dido por una calidad superior a la que esperaba, con un precio que situaba al alcance de todo el mundo un producto que tradicional­ mente sólo consumían las clases superiores.

— ¿Se han interesado otros países por su champán? —Hemos recibido demandas de todos los continentes. — ¿Existe alguna posibilidad de exportar a Francia? —La contestación es difícil. Si la calidad y el precio hubieran de decidir la cuestión, personalmente creería que sí ; pero el público francés se enorgullece muy justificadamente de todos sus vinos y además protege extraordinariamente todos los productos de su sue­ lo. No obstante, nuestra firma ha recibido una petición de oferta procedente de una firma francesa. — ¿Cómo ha sentado el veredicto a los productores franceses? —La reacción de los productores franceses ha sido exagerada y fuera de lugar. Han presentado la cuestión declarando que se oca­ sionaba un perjuicio incalculable a todas las familias de la región francesa de la Champagne. Este hecho es incierto, pues las propias regulaciones de aquella región no permiten aumentar su producción y la demanda mundial de este producto es muy superior a su capa­ cidad máxima de producción. ¿Qué interés demuestra el mundo hispánico por las bebidas españolas? —El mundo hispánico consume grandes cantidades de vinos y brandies españoles, de producción principalmente de Jerez; pero desconoce que España obtiene excelentes vinos de mesa y espumoso de fermentación natural de calidad. — ¿Cuáles son los elementos esenciales para la elaboración de un buen champán? —Los elementos principales son contar con un vino de primerísima calidad y elaborarlo pensando siempre en que se desea obte­ ner un producto de calidad. — ¿Existen técnicas secretas, o la elaboración depende exclusi­ vamente del gusto, habilidad y elementos con que se cuenta? —Evidentemente, toda técnica tiene sus secretos; pero, conoci­ dos los vinos y las particularidades de sus fermentaciones, no existen secretos importantes. En España podrían ser muchos los que produjeran vinos espumosos de fermentación natural de gran calidad. — ¿Cómo se puede aumentar una producción sin detrimento de la calidad? —Logrando una mayor producción al ritmo que permita el pro­ cedimiento, pero elaborando en todas sus fases de acuerdo con la técnica inicial. — ¿Es posible realizarlo a corto plazo o se necesitan años de reserva? —La improvisación no es posible; siempre es necesario un lar­ go período de tiempo. s — ¿Está previsto un gran desarrollo de su marca, o prefieren lim itar su venta como artículo selecto y de minoría? —La marca Perelada viene concurriendo a los mercados exte­ riores desde hace varios años. Y a medida que ha aumentado sus exportaciones ha ido preparándose para efectuar aumentos suce­ sivos en forma escalonada. Estos aumentos se realizan sacrificando siempre la cantidad en beneficio de la calidad y en forma organi­ zada y progresiva, y esperamos en breve plazo lograr exportaciones de mayor envergadura. — ¿Su mayor satisfacción? —Haber podido lograr para España una victoria internacional que permite a todos los productores de vinos de mesa y espumosos concurrir a los mercados del exterior, logrando un ingreso de divisas con un artículo que tradicionalmente sólo se producía para el mer­ cado interior. — ¿Algunas anécdotas? —Este pleito enfrentó por primera vez a dos de los abogados más famosos de Gran Bretaña, de forma que por ambas partes se utilizaron argumentos muy diversos, que fueron expuestos en forma muy brillante. Por ejemplo, recuerdo que la defensa presentó la cuestión ante el Jurado como una lucha entre David (una marca de champán española solamente) y Goliat (las asociaciones fran­ cesas e inglesas de la Champagne). También recuerdo que, en un momento determinado, la defensa sugirió que el Jurado debía, antes de emitir el veredicto, probar unas botellas de champán Perelada. El juez no lo permitió por entender que el fallo debía hacerse al margen de la opinión personal de los miembros del Jurado sobre la calidad del champán. Unos momentos después se emitió el fallo, y entonces se des­ corcharon, no sólo en Londres, sino en diversas partes del mundo, muchas botellas de champán Perelada.

ANTOLOGIA EN CATALAN Selección

de

ANTONIO

GOMAS

FRECEMOS dos muestras de la actividad poética en tierras catalanas: una antología de poesía en lengua catalana y otra de poesía en lengua castellana O (esta última, integrada por autores nacidos en el Trincipado y radicados en Bar­ celona). Hemos procurado escoger textos de libros aparecidos en los últimos años, y sólo en el caso de los poetas que han tenido o tienen mayor trascenden­ cia histórica o literaria recogemos algunas composiciones antiguas. La poesía en castellano es casi toda ella surgida en la postguerra, y sus autores pertenecen casi todos a la misma generación. Dedicamos estas antologías a la memoria del gran poeta Caries Riba (maestro para unos y otros), de Josep M.a López-Vicó y de Josep Janés, recientemente fallecidos, cuya pérdida ha mutilado vivamente la antología en lengua catalana.

CANÇÓ DE REM I DE VELA

DEIEM: LA NIT!...

T A R D O R La pollancreda es torça a l’hora crua que el vent, ple de venjances, la malmena; i va deixant, en incontable ofrena, un plor d’argent sobre la terra nua. Hores d’amor amb tornassol de pena, totes fugíreu, infidel corrua. Plor transparent de tot el món traspua i encara es fa la posta més serena. Les ertes fulles de brancams i tòries, tot somniant llurs p à l. lides històries, finaran en compàs de melodia. Eleva a seny sonor les malaurances, ut, menys mortal que les esgarrifances, oh pura pietat de poesia! . J osep C arner

TAN CLAR TENIA EL BRAÇ Tan clar tenia el braç quan, riallera, donava el pa, l’aigua o la sal, que hom pensava en la neu de la gelera. Son pas era una dansa natural. Era filla de Grècia per son pare i per sa mare filla de Conflent, i bosc avall li encenien la cara les mil roses del vent. J osep Sebastià Pons

DIUEN: LA MAR ÉS TRISTA Diuen : la mar és trista. Quin trepig fa cada onada, quan s’esberla! I veig una mar trista, però, al mig, tu, com una perla. Diuen : la terra és trista. Quin trepig fa cada fulla! Mig no gosa. I veig la terra trista, però, al mig, tu, com una rosa. M aría M anent

A Carles Riba Deiem: la Nit!, en una nit oberta al rost del Temps, més enllà del morir, quan les negres frescors són un florir d’aigües i veus, i focs, en mar oberta. Per tu i per mi no hi havia, deserta, ni mà ni llar; ni celler sense vi; tots en el Tot, sabíem el camí just i reial de la Contrada Oferta. Junts érem U en la immortal sendera, l’alè indivis, el vent que venta l’era, i un mot, el Mot, era el parlar comú. Serfs de la llum i lliberts per l’espera, forts en el fort i assetjats per Ningú, ens ombrejava una sola bandera. J. V. Foix

Vinyes verdes vora el mar, ara que el vent no remuga, us feu més verdes i encar teniu la fulla poruga, vinyes verdes vora el mar. Vinyes verdes del costes, sou més fines que la userda. Verd vora el blau mariner, vinyes amb la fruita verda, vinyes verdes del coster. , '' *ï!> ■

'

Vinyes verdes, dolç repòs, vora la vela que passa; cap al mar vincleu el cos sense decantar-vos massa, vinyes verdes, dolç repòs. Vinyes verdes, soldeat del verd en l’hora calenta. Raïm i cep retallat damunt la terra lluenta; vinyes verdes, soledat. Vinyes que dieu adéu al llagut i a la gavina, i al fi serrellet de neu que ara neix i que ara fina... Vinyes que dieu adéu! Vinyes verdes del meu cor.... Dins del cep s’adorm la tarda, raïm negre, pàmpol d’or, aigua, penyal i basarda. Vinyes verdes del meu cor... Vinyes verdes vora el mar, verdes a punta de dia, verd suau de cap al tard... Feu-nos sempre companyia, vinyes verdes vora el mar! J osep M.a de Sagarra

-,

VIATGE Les violes d’esborren en el verd de la font i en un cel esvaït es retalla la clina. Dringa la tarda, fulla d’or. Oh, mon amor, la llum de la muntanya ens [crida. La terra, enllà, s’ondula amb tebior de carn i com un pit enyoradís alena. Caminem, i diríem que per sabê’ns el pas el cel acosta al viarany l’orella. Una cabana, flor del cim, sabrem trobar, que els somnis eixopluga. Oh, mon amor, el viatge finí : a la fageda les ombres maduren.

EL POEMA FELIÇ

CEMENTIRI DE SINERA

Deliberadament tanquem la porta; a fora, el sol i el vent, els camps i l’horta; a dins, molt sola i molt endins, la Meravella; ardent, la soledat es lliga amb ella. Per què? A l’ombra del no-re uns mots suscita, i acuden com ocells tots a la cita els mots. Alegres o capcots — oh, quina tria ! La prova cal del foc i l’agonia. Després es tanca al seu recés, misteriosa, i neix — quin temps més llarg ! — comp d’una fosa d’encís, el poema feliç. «Mare que bleixa, Meravella, direm : vida mateixa ets tu»; però no ho sap ningú. Deliberadament tanquem la porta; a fora, el sol i el vent, els camps i l’horta.

( Fragment )

C lementina A rderiu

T omás Garcés

A R N A

TESTAMENT Quan l’hora del repòs hagi vingut per mi vull tan sols el mantell d’un tros de cel marí; vull el silenci dolç del vol de la gavina dibuixant el contorn d’una cala ben fina L’olivera d’argent, un xiprer més ardit i la rosa florint al bell punt de la nit. La bandera d’oblit d’una vela ben blanca fent més neta i ardent la blancor de la tanca. I saber-me que sóc en el redós suau un bri d’herba només de la divina pau. R osa Laveroni

ELS CAVALLS Els cavalls cada dia van més escassos. Estés a terra, quin ocell més estrany aquesta sabata pintada! El rellotge comença a tocar. Al fons hi ha una finestra oberta. La meva paga és ben curta. Coratge, coratge! Passa algú, i diu : «Una casa amb ales» ; però aquesta és una altra història. No en teniu idea, del que arribo a suar! Joan Brossa

L’arna que sempre visqué a l’armari del poeta que amb els jurats no tingué mai una mistat estreta, s’ha mort d’un tip de jaqué. J oan O liver

Pels portals de Sinera passo captant engrunes de vells records. Ressona al carrer en silenci el feble prec inútil. Cap caritat no em llesca el pa que jo menjava, el temps perdut. M’esperen tan sols, per fer-me almoina, fidels xiprers verdíssims. Salvador Espriu

L ’ ÚNIC A milers dormen, en innombrables ciutats. Però n’hi ha un, un només, ric de memòria en la seva despulla, tot ell sol de país treballat on canten rossinyols i les flor riuen. Allà sojornarem. Tot és tardor, però l’or del passat ens enriqueix. On comença i on acaba la vida, no ho sabria mai dir. Així com el riu travessa les fronteres nosaltres anem més enllà de la mort. Joan T eixidor

TERRA NATAL Arrelar, com un arbre, dins la terra : no ser núvol que emmena un poc de vent. Sobre els camps coneguts de cada dia, veure un cel favorable i diferent. Mirar com cau, quotidià, el crepuscle, renovant cada jorn mon sentiment. Damunt la terra nostra i estimada, del cor neixen el pi, l’aire i l’ocell. De ma infantesa el blanc record hi sura, 1 ha de fer bo aquest sol als ossos vells. Vull escoltar-hi aquest parlar que arriba de molt antic als llavis de la gent. El meu amor, la usada companyia, vull somniar-hi, entre la mar i el vent. María Villagómez

NIT DE V ANGEL He lluitat amb un àngel d’inusitat ardor, oh gran, oh fort ! —- jo temerari — , vingut al temps a que participés d’aflò més alt que salva. Tens com la nit, amb meravella i espant, entre les seves mans debatent-se, quin misteri naixia en mi, que m’igualava com a la nit, sobrepassant-me? Quasi vençut, ell em cedia part del seu foc, jo veia l’escala de la llum, per on els cants davallen al solitari corJoan Vinyoli

COMIAT Ja no sé escriure, ja no sé escriure més. La tinta m’empastifa els dits, Tes venes... —He deixat al paper tota la sang. On podré dir, on podré deixar dit, on podré [inscriure la polpa del fruit d’or sinó en el fruit, la tempesta en la sang sinó en la sang, l’arbre i el vent sinó en el vent d’un arbre? On podré dir la mort sinó en la meva mort, morint-me? La resta són paraules... Res no sabré ja escriure de millor. Massa a prop de la vida visc. Els mots se’m moren a dins i jo visc en les coses. Josep Palau Fabre

És lluny l’últim batec de la bandera. Finalment, als seus peus reposen ja sobre la terra calma. Al seu entorn l’espectacle segueix: la natura reposa en la llum, en el contorn dels dies, en l’oblit de les nits, i les ciutats s’encenen i s’apaguen. De vegades, des del fosc recambró, flotant en el repòs nocturn, escolta el diàleg del temps en el rosee dels cores, el rítmic respirar del rellotge, en una tos que esclata al celobert 0 en la remor d’un cotxe en la plaça veïna. S’afigura en un temps anterior: abans de les presons, del sí, del no, dels interrogatoris, del fracàs 1 de l’absurda contaminació de la pobresa. 1 del fons més eixut de soledat, la seva, la dels amics caiguts, la de la terra tota, enyora el batre foll i fulgurant de la bandera. Joan Barat

És quan estic amb tu que jo arracono somnis : països visitats solament pel misteri d’una llum sense tacte, que el record sempre ignora. És quan estic amb tu que torno a aquelles coses que tenen nom i callen : com els carrers que menen a cases amb un número i una mà que ens espera. És quan estic amb tu que el temps és més que música : una cançó que deixa empremtes en les hores. I és que el perfum no fóra si no existís la rosa., Això només em passa, només, si estic amb tu. Francesc G alí

PRATS EN LA PRIMAVERA Les herbes, les herbes que vénen de nou ! Sorpresa dels ulls, les herbes tan tendres !

B A N D E R A Et cerco en flames lliures, desarrelades veus, que en la fosca dels carrers fan secreta la remor dels vençuts. Però et sento, cansada de retenir en la meva sang soledat de paisatges, com en dies de pluja acaricies ramats, a les valls, i et travesses de rius.

J oan Vergés

UN FILS ENS HA ESTAT DONAT Eres tan sols un poblet llunyà, i m’acompanyaves. Jo t’esperava, am l’aire, i avui ja em parles venint amb tanta resurrecció ! 1 Ell et posarà el Vent a les llavors de la veu, i serem germans. Què puc deixar-te? El color i els rius de les meves paraules. I trobaràs els camins que m’esquinçaven els arbres. Però amb tu seré sempre en els començaments, que així m’expliques. J ordi Cots

(Salvador Espriu.) Una oració podria dir-se per a trobar en lanit l’últim segur secret; el del plor de la pluja, el meu pare ja mort, a les meves mans, mans dels amics i de noies fugitives, mans sota la meva mà, la meva mare i la germana. Demanaria el que veig : Joan que puja per les branques d’un arbre! la volta ombrosa de les fulles de pau, l’em[para. J oan A rgenté

EL RETRAT Un marcit estupor abandona el somriure de la cara, tiba els llavis boirosos, derrota la segura noblesa vers les ciutats, als temps alegres on dolçament l’amor espera els crims inabastables, no comesos.

Els prats, d’una calma poruba i suau, s’estenen al sol i el cel els empara. Humida, la terra dels cims i les valls és càlida i dolça, que infanta les herbes. Són fredes les aigües encara de neu, i l’aire és cristall més pur que les aigües.

Lentament una rosa al cor declina. Digué coses boniques una tarda sentint la primavera i la sang a la gorja; cendrejaren després les esperances i la vida es féu dura, més difícil.

Contemplo la fuga dels núvols lleugers i sento com creixen les herbes més tendres.

Ara respira sobre el mur, insomne. La mort omplí de terra aquella boca.

Josep R omeu

En va retornes i em demanes un cant, el meu cor ja té una ombra, i les paraules es despullen de mi per inútils ferides.

...arbre de Déu en la nit.

J oan Perucho

HOME AMB BLUES ( Fragment)

LES TEULADES Les teulades amigues, en l’amiga ciutat... Les teulades, la pluja, la veu grisa embalbada del fum. La veu cendrosa de la ciutat d’hivern, cercant el cor suau d’aquesta nit que centre...

El blues és un prec que canten els negres i uns blancs per a demanar [que no sigui tan negre la nit. El blues és un prec que canten els negres i uns blancs per a demanar. El blues és un prec que canten els homes. El blues és un prec. El blues és. EL BLUES.

Les teulades properes a l’amor sota el vent, estenent-se en silenci per aqueix cementiri de testes ben quietes, envoltades de mort, parèntesis de trànsit, illes vives del somni...

J oaquim H orta

Les teulades amigues, tenen ales de lloca per a incubar molt càlids els records i els oblits. Llur vegetal tendríssim — rovell i floridura — , és una esforç molt tímid de florir-nos la son.

NIT DE NADAL

Bellíssim jardí verge .la teulada, cent voltes més formós que un parterre quallat de lliris blancs, amb aqueixa humil flora de la molsa petita, i el seu florir de liquen, infant de la grogor ! Amb la fauna de feres petitones de nit, despertes a l’uníson d’aqueix record tan agre que es remou en nosaltres amb un pòsit de boscs, amb un crit que se torna sols cançó bressolada.

Revé l’esperit llangorós i és pur i rebel a la fosca, talment un diamant nascut d’entranya obs[cura, un arbre amb saba dolça i en esclat 0 un ocell enyorívol. 1 la nit ■ — oh aromada envaïdora — duu neu al cim i abrigall a l’endins. Ara i llavors Crist fa senzill el pa, feble la vida i la mort avinent com una amiga. A lbert M anent

Les teulades, la pluja, i aqueixos fums raquítics tan meus, tan jo mateixa, entre l’arbre i el cel, amb voluntat de ràfec, jo tan càlida i viva, jo tan pobra i humana en l’altura, guaitant...

INFANT QUE JO VAIG ESSER

M aría Beneyto

P R E G U E M

Aquell món sobre el somni, amb jardins i sanefes, i un ocell invitat, i paraules de vidre, aquell país real on no entrà la memòria, és només la memòria? Què resta ja de mi, l’infant que va habitar-lo?

Tenim el cor profundament cavat en ombres i la vostra veu, Senyor, és groga com els blats. Creixem, però, verticalment, allunyant-nois dels camins tan inútils. La nostra carn és flonja com la fruita podrida i el nostre pas insegur com el d’un infant. I és que difícilment caminarem amb els ulls girats enlaire. On és, Senyor, la vostra mà?, on el lligam intens de la vostra mirada? Car és llarga la ruta i plena de paranys i les pedres ens nafren els peus i a les mans hi tenim grapats d’espines. Som com animalons desficiosos tothora acorralats pels caçadors. No pas amb veu tranquil. la clamem, sinó amb un crit rogallós, perquè us temem, Senyor, i alhora tenim una íntima, una vital necessitat de Vós.

Dins d’aquest cos que porta el meu nom de dolor com un senyal inútil, què resta ja de mi, de l’infant que vaig ésser? Sí, només la memòria. Sí, només la pau grisa, l’eix dur de la nostàlgia de cara a Déu que crema. Només això : la crosta d’una vena exorable, l’ombra després del grill, la via destrenada. Mireu-me tots : jo era un infant de silenci!

M iquel M artí Pol

Escoltava les tardes trair-se en llurs banderes, m’incorporava al risc de les espigues santes, queia sobre els papers que descriuen la joia, portava a les genives un desig de meduses i de roques fonent-se, i agraïa que obrissin les nits llurs campanades a fi de variar de perfil o de nombre. Res no servo de tanta terrible saviesa.

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D’amor i de manera, de coses obtingudes amb llunyania amarga, se m’han desavesat les mirades concretes. Visc mudament, subjecte a una ala subterrània 0 a un incert cauteri, 1 arriben els diumenges i són com una roba abandonada enmig d’un camp de calç i pressa, i m’arriba un paisatge i es despaga en oir-se, i el lacre es descompon, i els cauts retrats m’ofeguen. Mireu-me bé : jo era goludament jo era, segurament jo era. Sóc només la memòria. Joan Fuster

CÀNTIC

BEUEN VERMUT Ni sé on sóc. Quan es fa fosc passejo sol per la ciutat. Estic citat amb qualsevol, amb mi mateix, amb no ningú arreu arreu.

Amb poca llum beuen vermut anònim a un pas de la vorera i parlen de futbol. Més tard, sobre el taulell, ompliran quinieles a caprici, o després d’haver llegit amb cura el que porta el diari. Potser guanyarà el Barça a brams des del cor verd de l’embut de ciment on el tabac fumeja. I tot ja no és tan trist ni es pensa tant en justícies i enveges. Amb poca llum beuen vermut anònim i amb llum lletosa, a les sis del matí, un gotet de barreja que deixondeix les dents. S’alcen el coll que l’hora és fresca i passen els tramvies, més menuts per les places desertes. Al Born ja estan venent, i comencen les fàbriques a bategar de nou. J ordi Sarsanedas

Si en Vós és flamarada preciosa ja tot el món encès de rica gràcia, la meva humanitat, no és vostre rostre ardentment aturat en la meva aigua? D’aigua distinta i animal m’abeuren, però la font és sempre una i clara. La humanitat, Senyor, no és altra cosa que fer en la mort com un ca en el viatge. I per això nosaltres no vivim, només duram. No allò que vida dura, sinó el temps que en besar-nos la mort tarda. Entre la buida nau i terra freda sóc l’home del tristíssim equipatge; un fill del mar que va a l’altra ribera en barca fonda i musical, deuamarada, i aquesta sorda claredat és tanta que en negre mar tota la nau és clara. Els pins de vora mar tenen el verd més clar que les sibines, perquè Vós ho voleu. I a voluntat vostra als pins de mar i en l’amarga sibina, a més del seu color. Per això sou, Senyor, tan nostre i tan humà, i aquest món és tan clar perquè essent etern Vós, habitau en el temps. En mi, Pare sonor, Tu vas i véns. Amat, torna a muntanya el meu fondai i el meu sentit és preciós i bru. Mentre te cerc vaig tan segur a Tu, que si et trob o no et trob ja m’és igual. Blai Bonet

ANTOLOGIA EN CASTELLANO Selección por FRANCESC GALI

CANCION DE LA TORTUGA

EN EL BANCO DE UN PARQUE...

Medusa de piedra: la tortuga. Despacito, Dios la ayuda. (El lagarto corre, verde...) La tortuga no se mueve. Los caracoles se besan en su mundo de saliva. Se asoman a las ventanas —barcas sin velas ni quilla—. No se mueve la tortuga. ¡Ha venido de tan lejos la tortuga! Despacito, despacito, Dios la ayuda.

En el banco de un parque, en el respaldo que cobija penumbras y caricias, hallé tu nombre escrito. Pero ¿hay alguien que comparta contigo el mismo nombre, esta palabra íntima, secreta, que poseía yo tan solamente y a la cual tú tan sólo respondías? ¡No puede ser! Tu nombre permanece escrito en el dolor y en las ausencias. No hay cuchillo que pueda proclamarlo sobre maderas viejas. Para decir tu nombre no hay palabras más que las que yo tengo y nunca digo porque pasó el amor y su merecimiento. Pasó el amor y todo lo que pasa. Tengo miedo de días transcurridos, y el tiempo está perdido para siempre. Viene el frío a mis manos y a mi casa, donde sólo tu nombre instauraría la tibieza del pan recién cortado y la luz para ver lo que sucede. Quien con cuchillo exacto y amoroso acuñaba tu nombre, escribió mi silencio. E nrique B adosa

J osé Cruset

OH MUCHACHA, TU, LA MAS BLANCA... i Oh muchacha, tú, la más blanca, la que tenías trenzados los trigos del cabello, y verdes los ojos, que, como pájaros, hacia el deseo parecían escapar.

EL PALACIO DE PLATA ( Fragmentos )

ME LLOVERAN i Me lloverán los años por la cara por ver llover las lluvias de este mayo, tras el vidrio incoloro que separa mi silencio, los árboles y el rayo. Me lloverá me lloverá de verdad, me llorará

la silla que me ampara, en las manos este ensayo y mañana, si llegara, la lluvia de soslayo.

En vano dan sus mieles mis abejas, en vano doy consejos a los pinos y aprisiono mañanas en mis cejas. Me llevarán en brazos campesinos, me traerán en sus picos las cornejas, no olvidarán aldeas y caminos. M iguel Lladó

Y la dorada rueda de las rosas levanta su cabeza de aire blanco. El árbol infinito de la sangre atraviesa la roca transparente. La noche abre sus ojos de fulgor, sus letras de cristales, que respiran. El palacio de plata resplandece en medio de las aguas del abismo y las coronas arden de dulzura. De la calma del centro nacen llamas.

II En medio de las aguas del abismo el árbol infinito de la sangre atraviesa la roca transparente y la dorada rueda de las rosas.

P O E M A Así que solamente cuando el trigo germina, entonces sí, la noche es alta y honda como un dios de soledad. Te poseo y me vences en la estrecha fragancia. Entonces sí. Tu cuerpo huele a páginas de libro virgen. Respiras con ternura, cuidando los detalles. Un olvido se abate, total y transparente. D elfín E scoda

La noche abre sus ojos de fulgor, sus letras de cristales, que respiran. El palacio de plata resplandece; levanta su cabeza de aire blanco. De la calma del centro nacen llamas y las coronas arden con dulzura. J uan E duardo Cirlot

Oh tú, la más pequeña, la que yo siempre quise, escúchame, hazme paso: ¿cómo te llamas? ; mi poema se adentra hacia el sur de tu nom­ bre, hacia los madrigales de sus letras, gastadas en la pasión del continuo desposorio. Oh muchacha, mujer, cuerpo de mujer, escribo para ti, hacia ti refiero mi canto. ¡Cuántas veces soñé para tenerte! Todos alguna vez te deseamos, y a ninguno quisiste ser infiel. Ahora, en esta noche, lejos de la ciudad, de las [ calles, que tu paso o la lluvia acarician, oigo la multitud hacia tu cuerpo, y me duele en la carne cada espiga que en[tregas. A lfonso Costafreda

MARINERA Cogí una lancha velera y me fui a pescar tu nombre vestida de marinera... Con escamitas de plata, vestido estaba tu nombre sobre la mar sonrosada... La rosa de 'viento, loca, por la ruta de tu nombre se me llevaba la boca, y la luna iba delante, cabalgando por las olas, disfrazada de almirante... Envío: ¡Ay del mar, del mar, del mar! Cansadita vengo, amante, de tanto piratear... M arcela S ánchez Coquillat

FE

L A

Tú me das soledad, tú me conmueves; la nueva compañía en que me encuentro cuando busco tu nombre y te presiento rodeada del aíre en que te mueves. Rodeada del aire en que te mueves, sangre apagada que encendida siento, apurando confuso el sentimiento de perderme contigo si te atreves.

A L T O S

M E T A

He cambiado todas mis rosas por un lugar cerca del fuego. Por el sosiego de mi alma la negra seda de mi pelo. He vendido mis esperanzas por un puñado de recuerdos.

Y así la soledad que me acompaña, tu propia soledad, ya compañía, tórnase fiera que en la fiera entraña,

Mi corazón, por un reloj que sólo cuenta el tiempo muerto.

al romper de tu ausencia con la mía, me vuelca el corazón y me desmaya y en ausencia te busca y te porfía.

Mi última moneda de oro se la di de limosna al viento.

J ulio M anegat

ARTE POETICA A Vicente Aleixandre.

Ahora ya no me queda nada. Desnuda estoy como el desierto.

Mansamente llover sobre las piedras, otoño delicado mansamente. El corazón, la hoja, sin corriente; sin esperanza, el cielo donde medras. Ha de crecer el mar sobre las hiedras y ha de cerrar los ojos el poniente. Para morir me llamas, silbo ausente; para olvidar los pájaros me arredras. Si en soledad tranquilo me supones y en soledad, amargo, me abandonas, qué soledad me dejas y me pones. Si de cipreses altos me coronas, otoño delicado, ¿qué ilusiones puedo abrigar, si me desilusionas? J esús L izano

Un oasis de mansedumbre está brotándome en el pecho. S usana March

SORIA

La nostalgia del sol en los terrados, en el muro color paloma de cemento —sin embargo, tan vivido—, y el frío repentino que casi sobrecoge; la dulzura, el calor de los labios a solas, en medio de la calle familiar, igual que un gran salón donde acudieran multitudes lejanas como seres queridos,

Salta el agua del caño de la fuente con un rumor de luz. Y a su conjuro te vas abriendo, Soria, al aire puro como una rosa nueva, de repente. Miro por entre el barandal del puente surgir tu soledad, que allá en lo oscuro del tiempo se remonta. Y es maduro fruto de siglos el azul ferviente

y sobre todo, la eternidad del tiempo, el gran boquete abriéndose hacia dentro del [alma, mientras arriba sobrenadan promesas que desmayan, lo mismo que si espumas...

que sobre tu desnuda piedra clama. De una ventana abierta en una torre serenamente el alma se derrama

Es, sin duda, el momento de pensar que el hecho de estar vivo exige algo; acaso heroicidades, ¿o basta simplemente alguna humilde cosa común cuya corteza de materia terrestre tratar entre los dedos con un poco de fe? Palabras, por ejemplo. Palabras de familia gastadas tibiamente.

de tu silencio. En tanto el Duero corre con mansedumbre de animal que llama algo que está temiendo que se borre. J aime F errán

J aime Gil de B iedma

SENCILLAMENTE A DIOS BAÑO DE DOMESTICA Entonces arrojaba piedrecillas al agua jabonosa; veía disolverse la violada rúbrica de espuma, bogar las islas y juntarse, envueltas en un olor cordial o como un tibio recuerdo de su risa. ¿Cuántas veces pudo ocurrir lo que parece ahora tan extraño? Debió de ser en tardes señaladas, a la hora del sol, cuando sestea la disciplina. En seguida volvía crujiendo en su uniforme almidonado y miraba muy seria al habitante que aún le sonreía del otro lado de la tela metálica. Vaciaba el barreño sobre la grava del jardín. Burbujas en la velluda piel de los geranios Su cuerpo desnudo, al que las ramas rendían homenaje, admitiré que sea nada más que un recuerdo esteticista. Pero me gustaría ser más joven Para poder imaginar (pensando en la inminencia de otra cosa) que era el vigor del pueblo soberano. Carlos B arral

LA TARDE SE ME HIZO NOCHE Los trigos fueron por junio y mi soledad dorada. Y las playas por agosto, mi soledad junto al agua. Septiembre me trajo el viento, soledad acompañada. Y octubre, este cobre viejo, más sola que nunca el alma. Los árboles se desprenden de sus últimas palabras...

Un día vendrá Dios conmigo a casa. Le enseñaré este mundo tan pequeño, en el que hay amargura y donde hay sueño, y el sueño y la amargura se nos pasa. Mucho es el sueño, y la amargura, escasa; mas ya El verá, como si fuera el dueño, que si adelanta el alma en el ensueño, el corazón en la amargura atrasa. Le diré: «Mira, Dios: mi casa es esto: mi mujer, mis tres hijas, mis amigos. Tengo la casa dulcemente llena. Siéntate un rato y, si es que estás dispuesto, ahora que estamos solos, sin testigos, te explicaré por qué la vida es buena.» F ernando Gutiérrez

Los pájaros, casi piedra, casi temblor las estatuas. Color de minas los montes, brillo de acero en las charcas. Los niños encienden velas por temor a los fantasmas. Agrupadas las estrellas, desavenidas las ranas. La tarde se me hizo noche, mi soledad asombrada. J uan Germán S chroder

CANDOROSA Agitaré una rama de mimosa sobre tu cabecita fresca y viva y besaré tu frente despejada con sus mágicas flores amarillas. Enlazaré mi mano con la tuya, y por la senda del jardín tranquila, acariciados por un sol naranja, me contarás la historia de tu vida. F rancisco Salvà Miquel

NOSTALGIA DE REGAZO Platéame la barca bien ceñida — sombras de luz y cuerdas de cubierta venan mi faz—. ¡Oh madre!, canta muerta la canción de la vida: vivir. Era en el valle verde; mente de sol, de cuatro cúpulas badajo. Me dice su pesar; ¡qué transparente el recuerdo que ordena mi trabajo el canto de los chopos! Dulce y mía tierra en silencio esquinada, prueba de borde al mar tu blasfemar, sombría a la agridulce ensoñación del canto, ahogándose, tan lejos, mar adentro; ahogándome, tan cerca, inesperadamente, mar afuera. (Mi madre, el pobre encuentro ignorando, dormía su cosecha de formas mías. Luego, luego en sombras arrebujaba la mirada estrecha, entre egoísmos, mi canción, deshecha en estrías, robaba.) Si me nombras al caer de la tarde, has de acordarte de los rebaños que del monte bajen fingiendo plenitud, cuando trabajan la silueta del monte; has de mirarte en el riachuelo llano, y mi nombre verás, tan derribado de su altura, que cada flauta tendrá un pedazo de mi mano.

EL R E T O R N O ( Fragmento ) Yo recuerdo tus ojos cuando decías: «Aire», porque el cielo venteaba en tus pupilas. Yo recuerdo tus manos—«hace frío»— arropándome el lecho, como trozos de hielo enamorado. La luz era contigo más clara; la alegría, en tu boca, era tu boca, y el jardín era sombra, porque cuando decías: «Jugad en el jardín», nos cubrías de un tenue perfume de enramada. J osé A gustín Goytisolo

F élix Ros

L A

S E L V A i

Vives junto a los hombres encubierto. El silencio, tu cómplice, te ampara. Nadie te reconoce en el pecado, aquel crimen oculto y sigiloso ■en que creces impune día a día. A veces ni reparas. Participas a diario en la conjura, martilleas sobre la misma piedra, el mismo cráneo, esa larga paciencia que es tu prójimo, dentro de la cual alientas sin saberlo. Contra ti, tu egoísmo satisfecho; contra ti, tu lujuria disfrazada; conta ti, tu razón para la hartura; tú que pasas sin ver la selva hambrienta, selva tú mismo, horror bien educado. F rancisco Sit já P ríncipe

CANCIONCILLA DE NADA Con un ligero cuchillo. Así: con un ligero cuchillo. Hay un cuchillo en la mente, pero nunca en las manos. (Darle cuchillo a las manos alguna vez. Y para siempre.) Un cuchillo, de pronto, puede saberlo todo. Un súbito cuchillo, como arcángel de Dios. Un cuchillo en la mente y no en las manos. (Igual que una frontera de la sangre.) Con un ligero cuchillo. Así: con un ligero cuchillo. M iguel de la V illa

PERPIGNAN Cristo de los catalanes

FIESTA INFANTIL Sonríen los farolillos con dientes japoneses, afilados. Venid aquí a jugar, venid bajo las luces a jugar, con los trenes que cruzan el jardín —escuchad sus silbidos en la noche— ; venid; bajo las luces os esperan las trenzas de las niñas — ¿quién si no?—, de caramelo tímido, para jugar. Sonríen los farolillos, sus cuchillos sonríen; venid a jugar con las niñas de pelo casi blanco, como el sol; ¿recordáis?, de los cuentos de nieve; venid a jugar con las niñas y los trenes eléctricos. Nosotros, niños, vamos mirando —la fiesta es la serpiente— esas luces que laten en la niebla, esas luces que lucen como hules iluminados, azules, en el agua —todos tenemos frío—; y rueda tan despacio, tan callada, la rueda; rueda tan callada la rueda de la fiesta —la fiesta es la serpiente—, y nosotros miramos tan callados, nosotros, niños, pajaritos gordos, la rueda de la fiesta, y tenemos un frío tan azul y lejano, que poco a poco vamos, pajaritos pequeños, poniendo nuestro pico, poco a poco, en la miga tan blanda de la fiesta.

A José Luis Aranguren. ¿De quién, si no, trágico Cristo que agoniza siempre, indefensa verdad en carne herida, oscura tierra lacerada en vano, carne de tierra que muriendo vive? Del mismo leño es el dolor, la furia del holocausto consentido: ese cáliz amargo hasta las heces, esa hermosura de roble mutilado, prisionero en la tierra y de la tierra, gemido que hacia dentro no termina. ¿Quién diría que no pidió esa mano la sangre taladrada, el martillado hueco del dolor y la pena irrestañables? ¿Quién diría que pueda, traspasado, tanto fulgor exánime seguir, tanta noche cerrada dentro del pecho inerme y luminoso caer y cobijarse y detenerse?

L orenzo Gomis

CIUDAD Este hombre que se desploma sobre el asfalto, entre el vértigo de la ciudad, es un hermano mío, al que no conoceré nunca; los neumáticos pisan su sangre derramada ante la estúpida mirada de los rascacielos. El, acaso, soñaba tiernos verdes en lomas on[duladas, dulzura de cielos estrellados al otro lado de las [farolas, calmas aterciopeladas más allá de los teléfoel paladeo de un rumor de río [nos, que ignorase el clamor de las bocinas, la soledad en que nos encontramos a nosotros, fugitivos de la muchedumbre.

Como este Cristo aquí, oh tierra, por el azul glorioso prolongada del aire leve y el mar interminables. Oh patria, sin embargo, verdecida; montes, ríos, recónditas aldeas, manos a la medida de las cosas, continuada sazón del prado y de la espiga: como este cuerpo y su hermosura, como esta sombra a tanta luz hurtada, tuyos son el llanto y la sonrisa, tuyo, a pesar de todo, el viento sin olvido.

número en su existencia racionalizada y exac[ta; número en el depósito del hospital inhóspito, soñando una vida en la que nos reconoceremos sólo por el latido del corazón. Soñando un mundo lleno de ángeles y sonrisas, en que valga la pena de ser hombre.

R afael S antos T orroella

Guillermo D íaz P laja

Pero ahí estaba:

■F-»

DE NOVEDADES AÑO CRISTIANO. En cuatro volúmenes. El más completo trabajo de biografías, semblanzas y leyendas piadosas. Esta obra ha sido redactada bajo la dirección de los catedráticos de la Universidad de Salamanca L amberto de E cheverría, B ernardino L lorca, S. L, L uis S ala B alust y C asimiro S ánchez A liseda, con la colaboración de casi trescientos autores católicos, lo que le presta singulares alicientes de novedad, calidad y amenidad. Publicados los tomos: I- Enero Marzo, 80 + 733 páginas, letra clara de mayor tamaño que el usual en la BAC (BAC 182). II: Abril-Junio, VIII + 782 páginas (BAC 184). III: Julio-Septiembre, VIII + 830 páginas (BAC 185). Dentro de breves días aparecerá el IV y último volumen.

ALGUN AS OBRAS DEL C A T A L O G O LA PALABRA DE CRISTO. Repertorio orgánico de textos para el estudio de las homilías dominicales y festivas, elaborado por una comisión de autores, bajo la dirección de M ons . A ngel H errera O ria, O bispo de M álaga. Recomendada por el Consejo Episcopal Latinoamericano «como manual el más moderno y completo de predicación», contiene en cada homilía, además del texto evangélico, las textos bíblicos congruentes, citas escogidas de los Santos Padres, teólogos y escritores varios; tex­ tos pontificios de máxima actualidad; una sección de miscelánea his­ tórica y una serie realmente magistral de guiones de ideas, a fin de que todo predicador o estudioso pueda elaborar por si mismo, en pocas horas de trabajo, lo que le costaría semanas y aún meses de in­ vestigación erudita. La obra completa consta de los siguientes volúmenes: Tomo

I:

Tomo

II:

Tomo

III:

Tomo

IV:

Tomo

V:

Tomo VI: Tomo Vil: Tomo VIII: Tomo Tomo

IX: Xy

Adviento y Navidad (2.a edición). XXIV -j- 948 páginas. (BAC 97). Eptfanía a Cuaresma (2.a edición). XXXII + 1.330 pági­ nas (BAC 119). Cuaresma y. tiempo de Pasión (2.a edición). XXVIII + 1.208 páginas (BAC 123). Ciclo pascual (2.a edición). XX + 1.284 páginas (BAC 129). Pentecostés (l.°, 2.a edición). XXIV + 1.100 páginas (BAC 133). Pentecostés (2.°). XXIV + 1.301 paginas (BAC 138). Pentecostés (3.°). XXIV + 1.244 paginas (BAC 140). Pentecostés (4.°, reimp.). XXXI I + 1.368 páginas (BAC 107). Fiestas (l.°). XX + 1.024 páginas (BAC 16r). último: Fiestas (2.°). Fiestas de la Virgen. Fiestas de los Santos. Indice general de guiones. Indice general de materias. XXIV + 1.188 páginas. (BAC 183).

SERIE

GENERAL

DOCTRINA

PONTIFICIA

DOCUMENTOS SOCIALES, por F ederico rodríguez, pro­ fesor de la Universidad de Madrid y del Instituto Social León XIII. Constituye la obra más completa aparecida hasta ahora en España. Se toma como punto de partida a Benedito XIV (1740-1758). ledos los principales documentos van en texto bilingüe, con traducciones espe­ cialmente realizadas para esta edición, precedidos de una concisa ex­ posición histórica y de un sumario doctrinal. Unos copiosos índices de destinatarios y materias, permiten su fácil consulta doctrinal a todos los estudiosos. XVI + 1.235 páginas (BAC 178).

DOCUMENTOS POLITICOS. Edición preparada por J osé L uis G utiérrez G arcía, profesor del Instituto Social León XlII. Estudio introductorio y sumario 'de tesis por Alberto Martín Artajo. Un código sistemático del pensamiento político de los Papas. Reúne los documentos desde Pío X (1846-1878), El texto de cada documento va precedido de una introducción doctrinal e histórica, un sumario de las ideas y una nota bibliográfica. Completa esta excelente edición de los textos una sustanciosa «Exposición sistemática de la doctrina pon­ tificia acerca de la constitución cristiana de la sociedad y del Estado», ordenada temáticamente por Alberto Martín Artajo. 178 + 1.073 páginas (BAC 174).

DOCUMENTOS BIBLICOS, por S alvador M uñoz I glesias. Prólogo del Dr. Eijo Garay, Patriarca de las Indias Occi­ dentales y Obispo de Madrid-Alcalá. Es un instrumento de trabajo Utilísimo para escritutisfas y teólogos y una fuente de información sin igual para todo sacerdote y católico culto. Una breve reseña sobre su origen, autoridad, contenido, etc , pre­ cede a los documentos que van en texto bilingüe. XXXII -i- 705 páginas (BAC 136).

DOCUMENTOS MARIANOS, por elP. H ilario M arín, S .J. Este volumen contiene una riquísima aplicación de las Sagradas Es­ crituras y de los principios teológicos en orden a la Santísima Virgen. XXXII + 892 páginas (BAC 128).

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