0017 1949 08 Mundo Hispanico Acd

  • Uploaded by: ÓscarClaveríaIbáñez
  • 0
  • 0
  • November 2021
  • PDF
Download

This article was submit by member and they agreed that they have the permission to submit it. If you own the copyright of this article and want to remove it from our site, please report to us by using this DMCA form. Report DMCA


Overview

Download & View 0017 1949 08 Mundo Hispanico Acd as PDF for free.

More details

  • Words: 81,157
  • Pages: 51
  • Size: 54MB
MEXICO BUENOS A I R E S MADRID

De la p o rta d a d e M VN D O HIS­ PA N IC O c o rre sp o n d ien te a este núm ero se han tira d o lám inas que nuestra A d m in istra c ió n enviará gratuitam en te a los firm antes de las 500 prim eras suscripciones que se reciban. Los actuales suscriptores po d rán recib ir asimismo, lib re d e gastos, d icha lám ina siem pre que nos expresen sus deseos en tal sentido.

u n tì&qabo q/uu¿ U aq/ixideaeAÁn 4aaA pGM&nieA GAnicj&k &n cucdq/uieh iucjoA doi m unda PRECIOS DE SUSCRIPCION POR UN AÑO:

A R G E N T IN A . B O L I V I A ....... B R A S I L .......... C H I L E ........... C O L O M B IA .. C O S T A R IC A

30 300 120 240

12

PESO S B O L IV IA N O S C R U C E IR O S PESO S »

39 C O LO N ES

C U B A ............. E C U A D O R .... EL S A L V A D O R E S P A Ñ A ......... F I L I P I N A S ....... GUATEM ALA.

6 90 15 114 18 6

PESO S SU CRES CO LO NES PESETAS PESO S Q U ETZALES

H O N D U R A S.. M E X I C O ....... N IC A R A G U A P A N A M A .... P A R A G U A Y .. P E R U .............

12 42 30 6 24 39

L E M P IR A S PESO S CORDOBAS BALBO AS G U A R A N IE S SO LES

ADMINISTRACION: ALCALA GALIANO, 4 - MADRID - (ESP AÑA) APARTADO DE CORREOS 245-TELEFONO 230526

P O R T U G A L ............................ P U E R T O R I C O ........................ R E P U B L IC A D O M I N I C A N A . . U R U G U A Y .............................. U . S. A ................................... V E N E Z U E L A ...........................

144 E SC U DO S 6 DOLARES

6

»

12 P E S O S 6 DOLARES 21 B O L IV A R E S

EL ULTIMO "MANOLETE” Por

JULI O

L entrar en el estudio del pintor Daniel Vázquez-Díaz, la alta y escueta figura del diestro cordobés Manuel Rodríguez ’’Ma­ nolete” se nos viene encima como desprendiéndose del lienzo en que está pintada. Rafael García Serrano ha escrito en un emocio­ nante reportaje, que saludamos sugestionados: ’’Buenas tardes, Mano­ lo” Y así debió ser. El tremendo realismo del retrato no está sólo en el exacto parecido físico y en la absoluta fidelidad a gestos y ademanes peculiares del diestro, sino en que de ellos trasciende íntegro el último capítulo de su vida, cerrado trágicamente en Linares en la madrugada del 29 de agosto del año 1947Ya no era ’’Manolete” cuando murió. Junco demasiado alto para estar erguido, no pudo resistir el embate de un huracán de pasiones desatadas. Habíase doblado el tallo un año atrás y la altiva cerviz se humillaba muchas veces hasta las mismas puntas de sus zapatillas en dolorosa claudicación. Un gesto amargo, casi tétrico, señoreaba en el rostro marfileño, afilado, en el que antes sólo resplandecía una sonrisa infantil suavemente melancólica. El cálido mechón gris de su cabello habíase convertido en sombría ceniza cargada de lúgubres profecías. Sólo en los ruedos, aunque por pura inercia, conservó hasta el fin el "Manolete” con su madre. aplomo juncal de su figura, el continente estoico, la señorial prestan­ cia y la verdad de su arte. ’’Manolete” era ya, al morir, un ’’Manolete” atormentado y resig­ nado con su trágico destino. La anécdota, cargada de vilezas, andará un día en romances callejeros, cuando sus propios protagonistas la cuenten al filo de su vejez o de su muerte, como un desahogo de conciencia en tardío e ineficaz arrepentimiento. Se sabrá entonces cómo ’’Manolete” hizo sus últimas posturas en el trágico juego de la vida y la muerte; cómo su pobre cuerpo debilitado y vacilante se erguía con firmeza sobre las cálidas arenas de los ruedos. Se sabrá el poderío de una voluntad que sólo se conservó intacta para lidiar y vencer a la muerte ante masas violentas e indomables, a las que tácitamente también quería vencer. Era más dura esta lucha, más complicado el juego; pero ’’Manolete” ganaba al fin. Ganaba por la fuerza irrebatible de su tremenda apuesta, cada vez mayor, ya que su fortuna, incrementada de día en día, se la jugaba entera con la vida. Pero el hombre, no el torero, salía aniquilado. Era frecuente que sus íntimos es­ cucharan sus lamentaciones tras cada corrida: ’’¡Esto es terrible; me exigen más de lo que humanamente puedo hacer!...” Exclamación de hombre digno que, triunfador, pese a todo, se declaraba vencido. Parecía que en la corrida inmediata se produciría la derrota; pero el genio se imponía una vez más. De lo profundo de sus entrañas surgía aquella norma que un día nos expuso con impresionante y maravillosa senci­ llez: ’’Aunque no hubiera un solo espectador en la plaza, torearía igual”; y el éxito volvía a llegar inexorable­ mente uncido a su singular manera de hacer. Creaba por el placer de crear; jugaba con la muerte por ven­ cerla, y apenas se daba cuenta que mientras parejamente aumentaban su fama y su fortuna, parejamente también se fraguaban su desventura y su muerte. ¡Su gloria, al fin! Tres actuaciones de ’’Manolete” fueron como lúgubres presagios de su destino: el 26 de junio en Segovia, el 16 de julio en Madrid y un mes después en San Sebastián. En la primera, una crítica ferozmente adversa, injusta y cruel, le negó la sal y el agua. Ni la dificultad del ganado, ni la furia desen­ El pintor Daniel Vázquez Díaz autor del retrato de" Manolete” que se reproduce cadenada.de los elementos de la Naturale­ en la portada de este número. za—lluvia, viento huracanado, relámpagos y truenos—en el preciso instante de su pri­ mera faena, fueron suficientes motivos para suavizar las plumas que en tiempos más pro­ picios cantaron sus hazañas, quizá con ex­ ceso. La verdad es que ’’Manolete” se iba y corría prisa de preparar el camino y tender la alfombra al primer advenedizo afortunado. En la segunda y en la tercera corridas fué el público su enemigo, fueron los públicos de Madrid y San Sebastián, duros, hostiles y resentidos, envidiosos de su fama y más que de su fama de sus millones, tan multiplica­ dos en la fantasía de las gentes como amar­ gados para quien los ganó en riesgo perma­ nente de su vida. En Madrid le costó una cor­ nada, una más, ”la del año, la de cada año”, dijo él mismo con amarga naturalidad, con­ vencido de que derramar su sangre era un tributo obligado a su afición y a su arte úni­ cos en holocausto de la brava fiesta. En San Sebastián, con gesto vencido, desgreñado, sudoroso y desmayado, exclamó ante el mi­ crófono que retransmitía la corrida: ’’¡Qué ganas tengo que llegue octubre!” En el conocimiento de estas tres fechas anduvo Vázquez-Díaz en busca del ’’Mano­ lete” que ha pintado tan magistralmente. ¡Y bien que lo halló! En el lienzo está fijado con todo el peso abrumador de su grandeza y el trágico presentimiento de su cruento final. Está fijado el ’’Manolete” que ya no era el ’’Manolete” de sus años ascensionales, el de la sonrisa infantil, suavemente melancólica.., Está fijado el héroe.

A

ADQUIERA

USTED

FUERTES

TODOS

L O S ME S E S

ESTA

REVISTA

ARGENTINA

M. Quero y Simón. Oro, 2.455. BUENOS AIRES. BRASIL

Livraria Luso-Espanhola e Brasileira. Avenida 13 de Maio, 23. Sala 404. Edificio Darke. RIO DE JANEIRO. Braulio Sánchez Sáez. Rúa 7 de Abril, 34, 2.° Caixa Postal, 9.057. SAO PAULO. COLOMBIA

Librería Nacional, Ltda. Calle 20 de Julio. Apartado 701. BA­ RRANQUILLA. COSTA

RICA

Librería López. Avenida Central. SAN JOSE DE COSTA RICA. CUBA

Oscar A. Madiedo. Agencia de Publicaciones. Presidente Zayas, 407. LA HABANA. CHILE

Edmundo Pizarro. Huérfanos, 1 .372. SANTIAGO. ECUADOR

Agencia de Publicaciones "Selecciones”. Plaza del Teatro. QUITO. Agencia de Publicaciones "Selecciones”. Nueve de Octubre, 703. GUAYAQUIL. EL SALVADOR

Emilio Simán. Librería Hispanoamericana. Calle Poniente, 2. SAN SALVADOR. EE. UU. DE NORTEAMERICA

Empresa Spanish Books Inc. 116 East 19th. Street. NEW YORK. 3 N. Y. Hispano American Booksellers, 827. West Sixth Street. LOS ANGELES (California). GUATEMALA

Librería Internacional Ortodoxa. 7.a Avenida Sur, núm. D. GUATEMALA.

12.

HONDURAS

Agustín Tijerino Rojas. Agencia Selecta. Apartado 44. TEGU­ CIGALPA, 0. C. MEJICO

Agustín Puértolas, Editorial "Tilma”. Donato Guerra, 1 .40o. MEXICO, D. F. NICARAGUA

Francisco Berberena. 3.a Avenida S. E., 202. MANAGUA. PANAMA

José Menéndez. Agencia Internacional de Publicaciones. PANAMA. PARAGUAY

Carlos Henning. Librería Universal. Catorce de Mayo, 209. ASUN­ CION. PERU

Ediciones Iberoamericanas. Apartado 2. 139. LIMA. PORTUGAL

Agencia Internacional de Livraria y Publicâçoes. Rua San Nico­ lau, 119 . LISBOA. Antonio Sáez Omeñaca. Rua Cándido de Figueiredo, 47 r/c. E. LISBOA. PUERTO

RICO

Librería La Milagrosa. San Sebastián, 103. SAN JUAN. REPUBLICA

DOMINICANA

Librería Duarte. Arzobispo Merino, esquina a Arzobispo Nouel. CIUDAD TRUJILLO. URUGUAY

Río Plata, Ltda. Avenida 18 de Julio, 1 . 333. MONTEVIDEO. VENEZUELA

José Agero. Edificio Ambos Mundos. Oficina 412. CARACAS.

3

UN IDEAL OLVIDADO P o r

A D O L F O

D E

H O S T O S

A C E alrededor de ochenta años que un hum a­ nista español, nacido en Puerto Rico, E u ge­ nio María de H ostos, propuso, en esta ciudad de M adrid, la federación de España y de los E stados independientes de Am érica de origen es­ pañol. P or adelantarse a su tiem po, el pensam iento de H ostos se perdió en el vacío. No era el m om ento para la visión serena, m ucho menos para concertar enten­ didos entre parientes recién conciliados. Las rever­ beraciones de la sacudida revolucionaria m antenían aún encendidas las pasiones violentas. Pueblos en form ación iban pasando, en desigual progreso, de la anarquía a una noción vacilan te de los derechos civi­ les y de las altas conveniencias de la vid a organizada. E n m ala hora se perdió en el clamoreo pasional, que es el politiqueo a la am ericana, la voz del pensa­ dor portorriqueño. E lla expresaba tan genuino amor a E spaña y a la Am érica española, que m al po­ día un tan elevado sentim iento inspirar torpes pen­ sam ientos. Todo noble ideal refleja un perfecto acuerdo entre el corazón y el cerebro. Los pueblos hispánicos seguían respondiendo al tenue im pulso gregario que alentaba en ellos la consaguinidad con estériles lirismos. ’’ ¡Madre coloniza­ dora!” , suspiraban los de allá. ’’ ¡Recordad la epopeya cristianizadora!” , insinuaban los de acá. Suspiros, insinuaciones: meras variantes de una indefinida aspiración

H

*

*

*

Transcurrido más de un siglo después de la separa­ ción de las colonias de A m érica, bien podemos pre­ guntarnos si la disgregación de la fam ilia española ha dado los frutos que la lógica hubiera podido es­ perar de la federación. ¿Qué se hubiera logrado con ésta? Adiviném oslo: una ciudadanía com ún para to ­ dos sus componentes; es decir, puertas abiertas a la in iciativa individual de los españoles de ambos Mun­ dos en la obra del engrandecim iento de la raza; es­ tru ctu rar una economía federal, o lo que tan to vale, sujetar a ciertas normas económicas cada uno de los com ponentes, con miras al interés y la prosperidad de la com unidad de naciones: la unidad del pensa­ m iento hispánico a través de legislación oportuna en m ateria ed u cativa, cultural y religiosa. Como un ejército bien organizado, las legiones españolas esta­ rían en aptitu d de ocupar sus puestos en las trinche­ ras de la civilización— en esta hora crucial de la H u ­ m anidad— frente a las otras grandes fam ilias étnicas que se disputan el derecho a la felicidad. *

*

Un momento de la recepción en los jardines de La_Granja.

*

¿Tiene aún actualidad aquella proposición del hu­ m anista antillano? N adie negará que el ideal liberal v a triunfando en el mundo. N adie negará que su triunfo significa una más estrecha unión de los hombres. E l actual pro­ greso científico es otro potente factor asociador. La ciencia ha convertido en vecinos a los pueblos de la tierra. N uevas energías que acaban de ponerse al ser­ vicio del hombre nos acercarán aún más. L a extrem a facilidad para efectuar los contactos humanos nos lleva hacia la com unidad de intereses de todo género. A pesar de nosotros mismos, m archam os hacia la confraternidad. Será por grupos raciales primero. A h í está nuestra oportunidad. Y a existe, por razón de la susodicha consanguini­ dad en primer grado, la com unidad de intereses in te­ lectuales, psicológicos y espirituales en los miembros de nuestra fam ilia hispánica. ¿No sería la federación el m edio político de m antenerlos en el fecundo con­ tacto que les perm itiría realizar su evidente destino colectivo? ¿Hemos de perm itir, cruzados de brazos, que se esterilicen en el presente estado de dispersión nues­ tros ferm entos m orales, siendo, como son éstos, sus­ ceptibles de convertirse en las fuerzas constru cti­ vas por excelencia de nuestra civilización hispánica?

4

Recepción en La Granja, ofrecida por S. E. el Jefe del Estado español en honor del Gobierno y Cuerpo diplomático.—El Generalísimo Franco con la señora de Martín Artajo, seguidos de doña Carmen Polo de Franco, con el señor ministro de Asuntos Exteriores.

Recepción en la Embajada de España, en Rio de Janeiro.

LOS E S P A Ñ O LE S I FESTEJARO N I EN TODO EL MUNDO ! LA FIESTA DEL I

preguntas

18 DE J U L I O S

Si sabe usted contestar correctamente a 16 de estas preguntas, es usted casi un especialista en temas hispanoamericanos. Si sólo con­ testa bien a 10, está en magníficas condiciones para completar con provecho sus conocimientos de estas materias. Y si contesta a menos de 5..., entonces, amigo, la verdad es que no debe usted presumir, por ahora al menos, de que sabe mucho de estas cosas.

¿S a b e u s t e d e n q u é b e n e f i c i ó E sta d o s U n i d o s e l t r a t a d o P a u n c e f o t e d e 1901?

¿Recuerda am ericano

¡¡¡I

= -

§ ¡g

=

más

u s t e d qué país h is p a n o ­ TIENE EN SU BANDERA DOS FRANJAS BLANCAS FORMANDO UNA CRUZ?

LOS ESPAÑOLES LLAMABAN ,’’TIERRA DEL B i r u ” A LA QUE SE EXTENDÍA AL SUR d e P a n a m á . ¿S a b e u s t e d e n q u é n o m b r e ha VENIDO A CONVERTIRSE AQUÉL?

J uan Manuel Gálvez? ¿ R e c u e r d a usted e n q u é f e c h a se CELEBRA EN MÉXICO LA FESTIVIDAD DE N u e s t r a Se ñ o r a d e G u a d a l u p e ? ¿ P u e d e usted d e c ir cuál es c i p a l INDUSTRIA ARGENTINA?

T RA T A ?

4

¿C ómo s e ll am a E cuador?

la

moneda

los

H ay-

¿S a b e u s t e d d u r a n t e c u á n t o t i e :.:po f u é P r e s i d e n t e d e H o n d u r a s Ca r ía s A n d in o , antecesor d e l actual P r e s id e n t e

O dontólogo de p r o f e s ió n , don F e ­ l i p e M olas L ó p e z pa só d e M i n i s t r o d e E d u c a c ió n a P r e s i d e n t e d e l G o b i e r n o DE s u p a ís r e c i e n t e m e n t e . ¿D e q u é p a ís s e

Otro momento de la recepción ofrecida por S. E. el Jefe del Estado español en los jardines de La Granja (Segovia).

a

la

pr in ­

¿S a b e u s t e d d e c i r n o s la n a c i o n a l i ­ d a d d e ” E l Se m a n a r i o ” , r e v i s t a d e ­ d i c a d a A LA CULTURA Y A LAS RELACIONES CEN

n a c io n a l

de

TROAMERICANAS? ¿D ónde B o l i v ia

nace o en

e l r ío Perú?

A mazonas,

en

¿S a b e u s t e d cómo s e l l a m a b a e l AVIÓN EN QUE G a LLARZA Y LÓRIGA REALIZARON EL VUELO MADRID-MANILA EN 1926?

Ca l l e M o r a n d é , n ú m . 80, e s la d i r e c _____ CIÓN DE LA RESIDENCIA PRESIDENCIAL EN LA CAPITAL DE UNA NACIÓN SUDAMERICANA. ¿C u á l ?

_

_

¿ E n QU É P A ÍS H ISPA N O A M E R IC A N O P IE N S A U S T E D AL OÍR HAB LAR D E LOS ’’J Í B A R O S ” ?

¿CÓMO SE LLAMABA EL PRIMER EUROPEO QUE LLEGÓ AL URUGUAY?

¿D e s d e c u á n d o s e ll am a o f i c i a l m e n t e a s í la R e p ú b l i c a d e E l S a l v a d o r ?

R ic a r d o N ú ñ e z P o r t u o n d o , E d u a r d o C h i b á s y J u a n M a r i n e l l o f u e r o n los

E n la p l a z a d e la Ca n d e l a r i a d e UNA CAPITAL DE HISPANOAMÉRICA SE HALLA LA IGLESIA CATEDRAL DEL MISMO NOM­ BRE. ¿C u á l es la c i u d a d ?

CAN DID A TOS D E R R O T A D O S E N LAS ÚLTIMAS E L E C ­ CIONES P R E S I D E N C I A L E S D E UN PAÍS H I S P A N O ­ AM ERICA N O . ¿C u á l ?

¿S 9_____

abe usted P ortugal

• Y

en su

qué

fecha

Í O I I ¿ E N QUÉ AÑO SE CREÓ EN LA U n IVERSI! ¿ J L | d a d Ce n t r a l d e M a d r i d la Cá t e d r a ’’R a m ir o d e M a e z t u ” p a r a i n v e s t i g a d o r e s

celebra

F ie st a N acion al?

H IS P A N O A M E R IC A N O S ?



~*y ñ \

1 o l y

es una ant ig u a cróc o n t i e n e las l e y e n d a s m í ­

ti cas Y HEROICAS DE LOS QUICHÉS. ¿A QUÉ PAÍS REFERIRÁ USTED ESTE DATO?

¿R ecuerda usted el nombre d el p r i­ mero Y ÚNICO EMBAJADOR QUE EL B r a s i l h a t e n i d o e n la U n i ó n S o v i é t i c a ?

ñ o ] ¿Q u é p a í s t i e n e e n t r e s u s da nza s TÍPICAS LA LLAMADA ” E l ZOPILOTE” , EN QUE LOS DANZANTES VISTEN COMO PÁJAROS?

nica

que

9^61 61

• v n o v u v o i\ [ - Ç Z — 'v a v r e a x v n o •z z — ' ' I Z — 's v o v a v o ‘ 02 •a x N a A a x ix s N O Q a v N o io v j q v a a a n v s y a a N o i o v a v a o a a a o a ‘ n * 8 I a a o a a a a a a a a j a a s a Q ' — ‘ 0 0111 o x a a a g a a s o i a N i n o s ' — ' „ i a z v o a q , , ' ¿ I — ' v o i g v x s o g b q -9 1— 'o a N O N a a a s a N O io v a v x s N i s a a o A v r e s v a n o o ‘ v A a a sN O O N a a N a v o a a N O i o v a v x a a d v g ' g f — - a a a w a i o i a a a z i 1 3 ' H — ‘ s o n v a O N in f) ' ¡ 3 — ‘ O D iN y a o o a a x N i o v n v o N a u m a x sN O O a a o x a r a o a v ‘ v jm vn vj a a o k x s i a a a o s V N a a d a v a i a o x a v v o ia g c H v a x a o jq v o i q 3 - o v a N v a g a a x M a iv r g a a o i u v j ç -a s 1 3 ‘ I I — y x o o o g ‘ o í — ' o á v m a a g j 1 3 -g— - s v a a v o o s 01113 o a N a i a x ' v a o g ‘ 8— 's j a o s a a z v j q N v a f "¿ — ' a a m g ‘ 9— " v i A i a o g n o o a a a g a a a v a a x N o a a v a N a ax N a re - v s io a a a o a v a x i s ‘v o v o ix ix N 3 -5— ' a s a o s 0 3 y • p w y p v a J p p j V I — 'A v a o v u v g — - o a a g 'z— ' v n v o i n i w o q v o n a n a a g v j Z,

as

81

aa

„i Infanta D.» Cristina de Borbón, asistió en Rio de Janeiro a la reaDare Paaa p?r *a Embajada española con ocasión del 18 de Julio. En la foto p ece en dicho acto—con el Embajador de España Conde de Casa Rojas.

E l ’’P o p o l V u h ”

L a diosa in d ia d e l agua, S ìa , t ie n e UNA ESTATUA EN UNA DE LAS AVENIDAS D E UNA CAPITAL SUDAMERICANA. ¿CuÁL?

-g

oova aa

'¿ —

•[

o V ü_, o -ti 1 I ü o a CJ

0 7

O

5

P R IM E R CONCURSO DE R EP O R T A JES DE "MVNDO HISPANICO'

MVNDO HISPANICO L A R E V IS T A M E X IC O —

DE

V E IN T IT R E S

B U E N O S A IR E S — M A D R ID

CONSEJO P R E S ID E N T E :

P A IS E S PR O PA G A N D A

EDITORIAL

A L F R E D O

S A N C H E Z

B E L L A

V O C A L E S : ANGEL A N T O N IO LAGO CARBALLO - PEDRO LAIN E N T R A L G O ERNESTO LA OR D EN M IR AC LE M A N U E L J IM E N E Z Q U IL E Z - M A R Q U E S DE L AS M A R I S M A S DEL

G U A D A L Q U I V I R LUIS M A R t l N E Z DE M AR IAN O RODRIGUEZ DE R I V A S

D I R E C T O R :

M A N U E L

R E D A C T O R - J E F E :

J I M E N E Z

M A N U E L

AÑO

FEDUCHI

-

Q U I L E Z

S U A R E Z - C A S O

II

-

N .° 17

AGOSTO, 1949

a

La p o rta d a de este núm ero reproduce el re tra to del torero ” M anolete” , p in ­ tado por V ázquez D íaz. E n este mes de agosto se cum plen dos años de la m u erte del gran torero cordobés.

S U M A R I O

EL U LT IM O "M A N O L E T E ", p o r J u lio F u e rte s ............................................................................. P óg. 3 U N ID E A L _ O L V ID A D O , p o r A d o lfo d e H o s c o s .......................................................................... » 4 LOS ESPAÑOLES FESTEJARON EN T O D O EL M U N D O LA FIESTA DEL 18 DE JU ­ LIO. In fo rm a c ió n g r á f ic a ................................................................................................................ * 5 C O N JE TU R A S SOBRE LA P R O X IM A GUERRA, p o r B. H. L id d e ll H a r t............................ » 7 N O R TE A M E R IC A V IS T A DESDE E U R O P A ........................................................................................ » 10 PLAZAS E S P A Ñ O LA S , p o r E n riq u e A z c o a g a .................................................... A B D U LLA H DE J O R D A N IA , GUERRERO Y POETA, p o r Justo P e ral d e A c o s ta -----» 16 V O L A N D O SOBRE EL C A R IB E .............................................................................................................. » '8 M IS IS IP I, p o r J o a q u ín M o n ta n e r......................................................................................................... > 19 AFR IC A VERSUS H IS P A N O A M E R IC A , p o r J u a n A n to n io L la n o H u l d o b r o .................... » 20 REFRANERO M E T E O R O LO G IC O DEL V E R A N O .......................................................................... » 22 BAN DER AS A M IG A S ................................................................................................................................. » 23 U N A ETERNA IL U S IO N : E LD O R A D O , p o r S. M .......................................................................... » 24 DE LA PRIMERA S A LID A DE " M A N O L E T E ", p o r A n to n io B e lló n ....................................... » 26 " C A M A R A " EN LA V ID A DE "M A N O L E T E ", p o r José Luis d e C ó r d o b a ...................... » 28 LA REAL O R D EN DE ISABEL LA C A T O L IC A ................................................................................. » 30 LA BELLA E ASO , POR O TRO N O M BR E S A N S E B ASTIAN , p o r A n to n io O la s c o a g a . . » 32 DEL PIR IN E O A S H A N G H A I, PELOTA V A S C A , p o r A lb e r to C la v e ría ............................... > 36 EL G R A N A M O R DE C O Y O T E -IG U A N A , p o r A rm a n d o C h á v e z C a m o c h o ................... » 39 ¡Q U E P R E G U N T A I, b re v e a n t o lo g ía d e l h u m o r d e San M a r t í n ....................................... » 42 LA V ID A EN U N A C ARTUJA, p o r E ste b a n F e rn á n d e z . . . ¿ .................................................. » 43 EL LA B O R A T O R IO DE LA L E N G U A C A S TE LLA N A : 4 2 SEÑORES G O B IE R N A N EL ID IO M A Q U E H A B LA N 150 M IL L O N E S ................................................................................... » 46 Y A N Q U IS EN EL V E R A N O E SPAÑ O L ............................................................................................ » 49 C O P A C A B A N A , p o r R enato d e M e n d o ç a ...................................................................................... » 50 C A L L A N D O H A C IA LA N IE V E , p o r Luis R o s a le s ...................................................................... » 52 5 .2 5 5 M ILLO N ES PARA LOS FF. CC. DE E S P A Ñ A , p o r Jesús d e la F u e n te ........... » 53 ESTOS LIBROS H E M O S L E ID O ............................................................................................................. » 55 ...Y LO DEM AS ES L IT E R A T U R A ...........................................................................•_........................ » 56 LA OB R A S IN D IC A L DEL H O G A R M U LTIPLIC A LOS H O G AR ES ESPAÑOLES, p o r To m á s B o r r á s ...................................................................................................................................... » 57 C o la b o ra c io n e s g rá fic o s d e M ü lle r, S a n to s Y u b e ro , C a m p ú a , K in d e l, P a la c io s , M a n ip e l, L a ra , M o n te s , A . d e S o rd a y C o n tre ra s , d e M a d r id ; M a rio B u c o b ic h , d e N u e v a Y o rk , y Sascha H a rn is c h , d e Río d e J a n e iro . C o la b o r a c ió n a rtís tic a d e V á z q u e z D ía z , L o re n z o G o ñ i, " L u is " y D a n ie l d e l S o la r.

DIRECCION, MADRID

-

REDACCION

Y

ADMINISTRACION:

A L C A L A G A L I A N O , 4 - T ELEFO N O 2 3 - 0 5 - 2 6 - A P A R T A D O 2 4 5 D IR E C C IO N T E LEG R AFIC A: M V N I S C O

EMPRESA EDICIONES

" M V N D O

EDICIONES

IBEROAMERICANAS

EDITORA:

HISPANICO"

EMPRESA

- ALCALA

G A L IA N O ,

4 - MADRID

DISTRIBUIDORA: ( E. I. S. A . ) - P I Z A R R O ,

18 - M A D R I D

P r o h ib id a la re p ro d u c c ió n d e te x to s e ilu s tra c io n e s s ie m p re q u e no se s e ñ a le q u e p ro c e ­ d e n d e M V N D O H IS P A N IC O .

A rgentina .............................. Bo livia.................................. B o liv ia n o s Brasil..................................... . C ru c e iro s C hile...................................... Colom bia............................. Costa Rica.......................... Cu ba....................................... El Ecuador........................... El Salvador......................... Esp añ a................................. EE. UU. de Norteamérica. . . . D ó la re s Filip in as........................* . . .

P R E C

1o s

2,50 25,00 10,00 20,00 1,00 3,25 0,50 7,50 1,25 12,00 0,50 1,50

0,50 G u atem ala................. ........ Q uetzales 1,00 H onduras.................... 3,50 M éxico........................ 2,50 N ica ra g u a .................. 0,50 P anam á........................ 2,00 P arag u ay.................... Perú............................... 3,25 12,00 Portugal..................... . 0,50 Puerto Rico................. 0,50 R. Dom inicana.......... 1,00 U ruguay..................... V en ezu ela................... 1,75 Demás p aíses, sobre pesetas 12,00

T IP O G R A F IA Y E N C U A D E R N A C IO N , B L A S S , S . A . (M A D R ID ) • HUECOGRABADO, H IJ O S D E H E R A C L IO F O U R N IE R , S . L . (V IT O R IA ) • O F F S E T , IN D U S T R IA G R A F IC A V A L V E R D E , S . A . (SA N S E B A S T IA N ) • F O T O G R A B A D O , L A N G E Y F U G U E T .

6

Aquel corresponsal de un pe­ riódico norteamericano llegó a Madrid dispuesto a enterarse bien por sí mismo de las cosas de Es­ paña: ¡fueran cuales fueren las di­ ficultades que se le opusiesen en su labor investigadora! Desde que bajó delautobús que le trajo hasta el centro de Madrid desde el aeródromo, el hombre fué de sor­ presa en sorpresa, como ’’bien” informado representante de la ’’bien” infor­ mada prensa de su país. AI llegar la noche, decidido a todo, renunció a cenar en el hotel y se marchó, solo, a los barrios bajos. Entró en una taber­ na donde anunciaban comidas, pidió el menú y pudo ver ante si a los pocos instantes una mesa opíparamente servida. El hombre no pudo contenerse, y exigió la presencia del dueño del esta­ blecimiento. Y ante la estupefacción del tabernero, se lo llevó a un rincón, y le dijo con muchísimas precauciones: —Escúchenle, señor. Yo soy norteamericano, y no tiene por qué disi­ mular conmigo. ¡Las tabernas aquí forman parte de la propaganda del Gobierno! ¡No me diga que noi

NERVIOS El cantante negro Paul Robeson, personaje muy bien visto al lado allá del "telón de acero”, regresó a Estados Unidos después de un viaje de exaltación fraternal intemacionalista por los países de la Europa Oriental. Resumiendo sus impresiones, Robeson dijo a los periodis­ tas neoyorquinos que acudieron a fotografiarle y pedirle , opiniones: "Siento el más profundo desprecio por la Prensa democrá­ tica, y verdaderamente tengo que contenerme para no rom­ perles a ustedes sus cámaras en las cabezas.” D E SCO N FIA N ZA En una tertulia de gen­ te de cine se hablaba de las cualidades morales fe­ meninas. En general, se estaba de acuerdo en que las morenas son mucho más formales que las rubias, y las rubias, aunque acaso más divertidas, bastante menos de fiar. — Lo terrible de las rubias no es sólo eso— sentenció el galán Antonio Casal— , sino que, además de no ser de fiar, casi nunca son rubias. O P O R T U N ID A D »13La fiebre por las novelas ’’radiales” va contagiando a los radio­ yentes españoles, entre las clases populares. Aunque todavía no con tal apasionamiento como en algunos países hispanoamerica­ nos, aquí ya la gente sigue con emoción las peripecias de los perso­ najes a través de los episodios diariamente largados a las ondas. Comentando esto, se quejaba una señora de que, habiendo ido de visita a casa de una amiga suya, hubo de estar callada du­ rante media hora para que se pudiese escuchar por la radio el ca­ pítulo del novelón de turno. Bastante molesta, la visitante acortó después la entrevista, y se marchó. Pero todavía, en la despedida, le aconsejó la dueña de la casa: —Mujer, a ver si otro día viene usted durante la hora sinfónica. Porque euLonccs sí, como es música todo, podremos hablar a gusto.

DESCUBRIMIENTO El señor Dewey, por dos veces candidato republica­ no a la presidencia de Nor­ teamérica, ha declarado, demostrando sabiduría: ’’Moscü ha ganado más en los últimos años de paz que cualquier otra nación ganó jamás con guerras.” Está bien, sí, señor. Sólo que quizá habría estado mejor haberlo descubierto mucho antes, ¿no? D ISFR A C E S E l a ñ o p a sa d o , p a r a la s f ie sta s de S an F e rm ín en P a m p lo n a , u n o s e s tu d ia n te s ingleses v in iero n por p rim e ra vez a E sp a ñ a . Y com o es in ev itab le p a ra lodo fo ra ste ro en los ’’sa n fe rm in e s” , se c o m p ra ro n su p añ u elo r o jo , y h a s ta u n p a n ta ló n blan co p a ra im ita r a la m u ­ c h a c h a d a p am p ló n ica y com o re c u e rd o p in to resco . E ste añ o a lg u n o de aquellos tu ris ta s volvió a E s p a ñ a , p ero esta vez llegó po r el S u r, d esplazándose desde G ib ra lta r h a s ta M álaga e n u n dom ingo de c o rrid a de to ro s... Im a g ín e se la so rp re sa de los m alag u eñ o s al v e r a aqu ello s in g le ­ ses in co n fu n d ib les vistiendo p a n ta ló n blan co y p a ñ u e lo r o jo , q u e , p o r lo v isto , c re ía n e r a el t r a je n ac io n a l p a r a a s is tir a la s c o rrid a s.

SOMBRILLAS Las autoridades municipales de Madrid han introducido una in­ novación: los guardias de la circu­ lación disponen ahora de grandes qu tasóles, listados de rojo y blan­ co. El sol aprieta en verano, y era lógico hacer esto que es común en muchas ciudades americanas. La lógica de los niños, sin embargo, va aún más allá. Y hace unos dias oíamos a un pequeñín preguntarle a su madre, al pasar junio al monumento a Cristóbal Colón, en el paseo de la Castellana. —¿Quién es aquel señor que está allá arriba, mamá? —Es Colón, hijo, el descubridor de América. —¿Y por qué no le ponen una sombrilla como a los guardias? ¡Con sol dándole todo el dia al pobre 1

Mvndo Hispánico, a fin de esti ! mular la colaboración de escritores y periodistas de los países hispanoamericanos, organiza, de acuerdo con las bases que se detallan, un

CONCURSO CONJUNTO DE RE PORTAJES LITERARIOS Y Fn' TOGRAFICOS

1 . ° Los reportajes, fundamen talmente periodísticos, habrán de referirse a temas del tiempo de hoy o bien describir aspectos, costimi, bres o paisajes de la vida en los paí­ ses hispanoamericanos: hombres comarcas o ciudades; industrias’ comercio, agricultura, etc. 2. ° Cada reportaje habrá de te uer una extensión que oscile entre cuatro y diez folios (de ocho a veinte cuartillas) mecanografiados a doble espado por una sola cara. 3. ° Los reportajes literarios qu se remitan a este concurso han de venir ineludiblemente acompaña­ dos del correspondiente reportaje fotográfico, constituido por ocho o más fotografías que recojan, de modo brillante y expresivo, los as­ pectos más importantes que se des­ criban en el reportaje literario. 4. ° Las fotografías no podrán tener una medida inferior a 9 por 12 centímetros. (En el caso de que estas fotografías fuesen tomadas en alguno de los sistemas de color —anscocolor, kodachrome, agfacolor, etc.—, habrán de remitirse las placas o clisés originales, con medi­ da de 4 por 6 centímetros, o mayor.) 5. ° No es necesario que los tra bajos fotográficos hayan sido rea­ lizados por el autor del reportaje literario, o viceversa. Por el contra­ rio, se admiten a concurso todos los conjuntos de reportaje literario y re­ portaje fotográfico realizados en co­ laboración por dos o más personas. 6. ° Tanto los reportajes litera rios como las fotografías habrán de ser inéditos, y si el envío al con­ curso lo realizara el autor del texto, deberá incluir la oportuna acepta­ ción de estas bases por parte del fotógrafo o fotógrafos. 7. ° Se concederá un primer pre mio de 6.000 pesetas—o su equiva­ lencia en el país respectivo, al cam­ bio oficial español—al mejor tra­ bajo que acuda al concurso, y un segundo premio de 4.000 pesetas al que le siga en mérito. Para con­ ceder este premio, el Jurado tendrá en cuenta tanto el valor literario del texto como la calidad artística y expresiva de las fotografías. 8. ° Los trabajos que acudan este concurso han de estar firma­ dos por sus autores—con indica­ ción de su dirección postal—y de­ berán remitirse a la Redacción de Mvndo Hispánico, en Madrid, calle de Alcalá Galiano, núm. 4. El envío ha de hacerse por correo aéreo. El plazo de admisión finali­ zará el día 31 de diciembre de 1949Pasado este plazo, sólo se admiti­ rán aquellos trabajos que hayan sido depositados en Correos—para el envío aéreo—antes de la citada fecha, detalle que se comprobara por el matasello. 9. ° El reportaje premiado pa sará a propiedad de Mvndo His­ pánico, para su reproducción en la fecha que considere oportuna. Asimismo Mvndo Hispánico se reserva el derecho de reproducir, entre los reportajes literario-graficos que acudan al concurso, aque­ llos que considere merecedores de publicación. En estos casos, abo­ nará a sus autores una cantidad que oscilará de 500 a 1.000 pesetas, según el valor periodístico y foto­ gráfico del reportaje. 10. El fallo del Jurado, que sera inapelable, se publicará en la re­ vista Mvndo Hispánico, en el nu­ mero correspondiente al mes de febrero-marzo de 1950.

CONJETURAS S

O

B

R

E

L A

PROXIMA GUERRA B.

e x c l u s iv o

H

L I D D E L L

p a r a

«

m u n d o

H ART

h i s p á n i c o

)

El progreso de la aviación, las bombas volantes y la bomba atómica harán de la próxima guerra una gue­ rra total. Una guerra que no afectará tan sólo a los ejércitos beligerantes, sino que alcanzará también, directamente, a la población civil. El prestigioso crí­ tico m ilitar inglés Lidell Hart, mundialmente cono­ cido, trata en este trabajo, entre otras cosas, de la necesidad de llegar a un acuerdo sobre la limitación de la guerra: limitación del empleo de las nuevas y mortíferas armas, para dejarlo estrictamente redu­ cido a los frentes de batalla y, en la retaguardia, a los objetivos militares. os escritos de Clausewitz estaban llenos de pensamientos profundos

I lo eran demasiado para casi

más cortantes que aparecían en la superficie, __ _______ ^ _ más abstrusamente exponía y sin adentrarse lo suficiente para abarcar la verdadera tendencia de su pensamiento (que a menudo se movía en sentido contrario al de la corriente de superficie). Este giro contrario puede hallarse cimentando la idea que tuvo los más fatales efectos : la de la guerra «absoluta». En subsiguientes generaciones, soldados y estadistas han seguido ciegamente el principio ilimitado sugerido en su sorprendente premisa : «Introducir en la filosofía de la guerra una máxima de moderación sería absurdo. La guerra es un acto de violencia proseguido hasta el extremo.» Interpretando mal este rumbo metafisico de argumenta­ ción, pasaron por alto su explicación de que, «razonando en abstracto, la mente no puede detenerse cerca de un extremo», y no pararon mientes en su advertencia de que «todo toma diferente forma cuando pasamos de lo abstracto a la realidad». Y , lo que es peor todavía, no hicieron caso de su deducción de que si la guerra se prosiguiese hasta el extremo lógico, «los medios perderían toda relación con el fin, y en la mayoría de los casos este objetivo de extremo esfuerzo quedaría maltrecho por el peso contrario de fuerzas dentro del mismo». Los esfuerzos ilimitados llevan a naciones vic­ toriosas al estado de autoagotamiento y autofrustración. Porque tan desme­ dido gasto de recursos materiales y de energía moral está muy expuesto a ocasionar la bancarrota de la política y la pérdida de toda buena perspec­ tiva basada en la paz. Llevan a las guerras los impulsos primitivos de una plebe enardecida, apartando brutalmente a un lado las calidades de estadista. La idea del esfuerzo ilimitado se unió a la de propósito ilimitado, de victoria absoluta. También aquí, los discípulos de Clausewitz se extraviaron con su argumento de que «en teoría, el completo desarme o vencimiento del adversario ha de ser siempre la finalidad de la guerra». Afectados por esta sencillez lógica, convirtieron un punto teórico en dogma. No supieron aten­ der a su modificativo comentario de que tal victoria absoluta «se logra rara vez en la práctica y no es condición necesaria para la paz». Mediante ciega creencia en ese dogma y uso implacable de todos los recursos posibles, se ha logrado desde entonces en la práctica más frecuentemente..., pero con completa desconsideración por las consecuencias, sobre todo el des-

‘X ■'

POR (

tructor efecto1 sobre e l su bsigu iente estado de paz. La d ifu sión de la fama de C lausew itz debió m ucho al hecho de que—y esto fu é fatal para la H um anidad— uno de sus d iscíp u lso, M oltk e, se convirtió en e l director de las triunfantes cam pa­ ñas prusianas de 1866 y 1870; ocasiones en que la victoria se obtuvo rápidam ente y la paz no se hizo muy d ifícil. Esa doctrina, aceptada sin com ­ prenderla, in flu yó m ucho en los orígenes y la ín d o le de la prim era Guerra M undial. D e ésta con d u jo, muy lógicam en te, a la segunda, que—a h o ­ ra pu ed e verse—fué la natural secuela de las con d icion es económ icas y p sicológicas producidas p or e l prim er con flicto. Otro factor fatal, estrecham ente unido a los tra­ bajos de C lausew itz, fué la perpetuación d el r e ­ clutam iento ob ligatorio. La ley d el ejército pru­ sian o, adoptada poco después de la caída de N a ­ p o leó n , se basaba en la norm a de reclutam iento de todos los hom bres de d iecisiete a cincuenta años. A u nque e l sistem a no tuvo plena ap lica­ ción en la práctica, quedó para lo sucesivo e s­ tablecido com o p rincip io. El crecim iento d e l sistem a se alim entó con las exp erien cias de la guerra c iv il norteam ericana, don d e am bos bandos recurrieron al alistam iento forzoso. L uego, en 1870, vino la victoria de las tropas prusianas, de corto servicio, sobre las tro­ pas francesas, de largo servicio, donde e l reclu ­ tam iento forzoso no se había introducido sino m uy recien tem en te, y eso en forma parcial, com o m e ­ dida com plem entaria. Ese obvio contraste echó m ás peso en la d ecisión del m undo que todos lo s dem ás factores que inclinab an la balanza co n ­ tra Francia. La transición se realizó parte en e l transcur­ so y parte com o consecuencia de la siguiente Gran G uerra, la de 1914-1918. A q u í, la m aqu in a­ ria de m ovilización de las masas de reclutas d e ­ m ostró ser un factor fatal en apresurar e l c o n ­ flic to , ya que e l dramático llam am iento de los hom bres de las diversas n acion es, arrancándoles de sus trabajos c iv iles, produjo un estado de e x ­ citación y perturbación que perjudicó lo s esfu er­ zos dip lom áticos para evitar la contien da. Com o re­ calcaba e l C anciller alem án— con m ayor y más profunda verdad de lo que é l m ism o creía— , «la m oviliza ció n significa inevitab lem ente la guerra». G na vez que estalló e l con flicto, fué m ostrando las características anunciadas por e l rum bo de ideas del siglo anterior, y poodujo en las norm as de la conducta civilizada una degeneración que en m uchos aspectos fu é peor que la marcada por las guerras revolucionario-n apoleón icas. U n im portante m ojón de esta «gran degenera­ ció n » surgía cincuenta años antes de 1914, en la guerra c iv il am ericana. Este con flicto fu é , en m u ­ ch os aspectos, el prototipo de la m oderna «gue­ rra total». La devastación de G eorgia por Sher­ man y del v alle de Shenandoah por Sheridan se encam in aban a m inar la resisten cia de Los ejér­ citos confederados m ediante la destrucción de sus hogares, así com o de sus fuentes de sum inistro. Estas operaciones «anticiviles» resultaron ser más eficaces que la devastación que M arlborough pro­ dujo en B aviera, pues fueron d ecisivas en pro­ ducir e l colapso la C onfederación. La guerra francoalem ana de 1870-1871 se ca­ racterizó por varios bom bardeos terrestres de c iu ­ dad es, no m eram ente de los fuertes que las d e ­ fen d ían . Otro escalón hacia la inh um anidad fu é e l r e ­ presentado por la guerra sudafricana. E n aqu e­ lla ocasión , la captura de las capitales de las dos rep úldicas boers no consiguió pon er fin a la guerra, com o se esperaba, a causa princip alm ente\ de la p etició n británica de que tendrían que rendir su in d ep en d en cia. T al dem anda se desvia­ ba de lo h ab itu al en con flictos entre nacion es ■de origen europeo, y su totalidad de ob jetivo p u e­ de considerarse com o la inauguración de la «gue­ rra total». Los boers recurrieron entonces a la -guerra de guerrillas. D esp ués de intentar en vano durante varios m eses sentarles la m ano por los p roced im ien tos hab itu ales, K itchener adoptó e l plan de asolar e l país, quem ando las granjas de los boers y lleván d ose a sus m ujeres e hijos a cam pos de concentración, donde, según cálcu los, perecieron 25.000. Esto dejó una herencia de am arguras que e l posterior trato generoso que se d ió a lo s v en cid os no consiguió borrar d el todo. E l d eclive de la conducta civilizada se hizo más marcado durante el conflicto m un dial de 1914-18. H ubo un atroz aum ento dé brutalidad para con herid os y p rision eros; cuentos muy exa­ gerados de «salvajadas» produjeron, a su vez, una tendencia a no dar cuartel ; lo s saqueos se h i­ cieron rab iosos; ed ificios h istóricos y otros te ­ soros de la civ ilización quedaban expuestos a la destru cción , a la más ligera dem anda de n ece­ sidad m ilita r; y las norm as de guerra ideadas para proteger a la pob lación c iv il fueron tosca­ m ente violad as en m uchos sentidos. La propa­ ganda «de odio» m u ltip licó lo d o s esos m ales. En e l d ecen io anterior a la guerra, la Prensa popular había desarrollado creciente tendencia a satisfacer e l apetito d el pú blico por lo sen sacio­ nal, y ahora, en época de guerra, se aplicaba esa técnica para azuzar las pasion es. E l proceso llegó a lo s lím ites del absurdo cuando e l «pa-

_8______________________________________

triotism o» im puso e l 'destierro de la literatura y la m úsica de países «enem igos». Nada ilustra m ás claram ente la degeneración de la c iv iliz a ­ ción que comparar estas m odernas perversiones con la actitud que prevalecía in clu sive en las guerras nap oleón icas ; por ejem p lo, las cortesías que se cam biaban entre lo s ejércitos, la m edida de libertad y sim patía otorgadas a lo s p risio n e­ ros y e l m odo en que arles y ciencias eran c o n ­ sideradas com o «por encim a tie las batallas». En lo m ás enconado de aquella encarnizada lucha se p erm itió a hom bres de ciencia in g leses viajar lib rem en te por e l con tin en te, siendo h osp itala­ riam ente recib id os por sus colegas franceses. Más in flu en cias a favor d e l m al se originaron con la aparición de nuevas armas que no enca­ jaban en e l antiguo código guerrero y tendían así a producir en éste nuevas grietas. E jem plos : e l subm arino y lo s gases asfixiantes. P ero m ás daños a la civilización y a las p ers­ pectivas futuras produjeron los adversarios de A le ­ m ania con su m odo de entender y practicar con m enor com prensión todavía que ese país— la te o ­ ría de guerra ilim itada que a ella extravió. Esto quedó patente, sobre tod o, al dar a la práctica d e l bloq ueo una exten sión sin lím ites y al pro­ clam ar com o objetivo de guerra la absoluta d e s­ trucción del poderío alem án. El ilim itad o «bloq ueo de inan ición » resultó fac­ tor decisivo en e l colapso de A lem ania y A u s­ tria. P ero fué esencialm en te un m étodo in h u m a­ no de guerra, ya que a qu ien es hacía e l m áxim o daño era a los no com batien tes, especialm en te a lo s d é b iles y ancianos, y trabajaba por m inar la resistencia de lo s ejércitos adversarios in flig ie n ­ do la m iseria a sus fam ilias. D e este m od o, se reprodujeron en mayor escala los m étod os de Sherm an y Sheridan en la guerra c iv il norteam eri­ cana y de K itchener en la guerra boer. «Los m e ­ d ios estaban justificados por e l fin », en el in m ed ia­ to sentido práctico de lograr e l ob jetivo b é lic o , pero no en el más grande sentido d el objetivo de paz. N o sólo quedó em p ob recid o, sino en v e n e ­ nado e l suelo en e l que bahía de replantarse la paz.

ÿÿÿ El crecim iento de la guerra aérea ba sido te ­ rrorífico, lo m ism o que la brutal desconsid era­ ción por todo factor hum ano' en lo s bom bardeos desde el aire. Esto ba producido un área de d e ­ vastaciones—y en ciertas partes, una degradación de las con d icion es de vida— que no se conocían desde e l final de la Guerra de los Treinta A ñ os. R efirién d on os a las operaciones aéreas alem a­ nas durante las prim eras fases de la guerra, cuan­ do lo s germ anos gozaban de gran superioridad de fuerza de bom bardeo, bay que reconocer que se atuvieron estrictam ente a las con d icion es de su teoría y de su propuesta de anteguerra. El b om ­ bardeo de Varsòvia y R otterdam horrorizó al m un­ do (que m ás tarde había de habituarse a tales m atanzas aéreas) ; pero esa acción no se efectuó hasta que las tropas germanas se abrían paso, lu ­ chando, al interior de estas ciu dad es, lo cual co n ­ cordaba con las antiguas norm as de bom bardeo de plaza sitiada, así com o con la d e fin ició n de 1935-36. La desviación alem ana de este código d ifíc il­ m ente podría fecharse antes de septiem bre de 1940, cuando se desencadenó e l bom bardeo nocturno de L ondres, a continuación de seis su cesivos ataques contra B erlín durante lo s quince días anteriores. A sí, pu es, lo s alem anes estaban estrictam ente ju s­ tificados al describir su bom bardeo com o repre­ salia, sobre todo ten ien d o en cuenta que e llo s ha­ bían anunciado (antes de nuestro sexto ataque a B erlín) que em prenderían tal acción si nosotros no interrum píam os nuestros bom bardeos noctur­ nos de la capital germ ana. A dem ás, hay que co n ­ fesar tam bién q u e, pese a su abrumadora su p e­ rioridad de bom barderos, fueron e llo s qu ien es to ­ maron la iniciativa pocas sem anas después para proponer un acuerdo m utuo que pusiera lím ites a tales bom bardeos urbanos. Y , adem ás, en varias ocasiones interrum pieron sus ataques en cuanto o b ­ servaban una pausa en las incursiones inglesas (m ucho m enos dañinas), dem ostrando así su d e ­ seo de una tregua en aqu ella com p etición de b om ­ bardeos. Estas tendencias hacen resaltar, no el «hum anitarism o» alem án, sino su realism o a largo plazo. Esto está de acuerdo con lo que la H isto ­ ria nos enseña de que una potencia agresiva cal­ culadora suele m edir más las consecuencias de no hacer caso de restricciones que las naciones que han de afrontar la agresión . Esa tendencia calcu­ ladora está de acuerdo con e l proverbio que reza : «Un ladrón no asesina si no se ve acorralado.» Saquen provecho de esta enseñanza lo s serenos adversarios de la agresión. En la últim a guerra, por contraste, se desarro­ lló en Gran Bretaña enorm e presión de la opin ión técnica y pública favorable a prescindir de las tácitas restricciones de bom bardeo que se obser­ varon por am bos bandos b eligerantes durante los prim eros m eses. E xistía un ávido deseo de hallar una disculp a, o in clu sive de provocar una ocasión, para poner a prueba la teoría aérea inglesa de destruir las fuentes de producción b élica d el ad ­ versario. E l esfuerzo se in ició casi inm ediatam en-

te después que la ofensiva d el ejército alem án en e l O este com enzara en m ayo de 1940, y fu é co n ­ tinuado y am pliado tras e l colapso de Francia. E l m odo com o se d escrib ió— «plan maestro» («m aster plan»)— expresaba lo s cálcu los absurda­ m ente optim istas de qu ien es lo con cib ieron . V is­ ta la pequeña escala de las fuerzas bom barderas británicas, era, en verdad, algo así com o tirar guijarros para provocar al enem igo a replicar con peñascos. Su princip al resultado fué apresurar el «blitz» sobre las propias ciudades in glesas, con daños desproporcionadam ente m ayores en su pro­ ducción b élica. Dadas las circunstancias d el m o­ m ento, no podía representar cosa m ejor que una forma de su icid io len to , d el que tuvo la fortuna de salvarse gracias a la d ecisión de H itler de in ­ vadir R u sia, en vez de concentrar los recursos de A lem ania para crear una fuerza bom bardera su ­ ficien te para liq uidar a Gran Bretaña. A q u el cam ­ bio de dirección d el esfuerzo germ ano proporcio­ nó a Gran Bretaña e l respiro que necesitaba para am pliar su propia fuerza de bom barderos de d i­ m ensiones superiores. A sí y tod o, las sucesivas prevision es de su decisivo efecto en quebrantar la producción bélica alem ana fueron otras tantas veces desm entidas por los hechos, aunque e l to­ nelaje de bom bas se m ultiplicaba año tras año y aunque los bom bardeos de precisión se abando­ naron a favor del aplastam iento al por mayor de ciudades, m ediante altos exp losivos y cuerpos in ­ cendiarios. Si bien esa estrategia de devastación desde el aire quedaba dentro de las directrices naturales derivadas de la estrategia tradicional británica, acarreó un peligro m ucho mayor a la civilización por cuya defensa luchaba. La estrategia de tipo naval que Inglaterra había practicado durante los con flictos arm ados de los siglos XVI, xvn y xvm era inh erentem ente más «bárbara» que la estrate-, già de tipo m ilitar habitual en Clausewitz y en > el con tin en te, porque buscaba subyugar la vo- • Imitad de la nación opon en te in fligien d o daños a sus m edios de vida, m ás bien que venciend o a sus ejércitos. A sí, en cierto sentido, apuntuha más directam ente contra la com unidad civ il. A l m is­ m o tiem p o, su efecto se m odificaba de dos m ane­ ras im portantes : la prim era la constituían las naturales lim itacion es de la presión naval, com ­ parada con e l om ním odo alcance de la potencia destructiva de la aviación ; la segunda era la pru dencia de lo s fin es b élico s de Gran B retaña, EK&.. « • -.,.v¡5»y solía prestarse gustosam ente a aceptar una base ■ó' .' de paz negociada cuando el enem igo se había ean-vrf sado de la guerra. Excepto en el con flicto coíjtrá ' N ap oleón , Inglaterra no prosiguió la lucha hasta e l fin , fin que tiene m uchas probabilidades de representar no solam ente e l agotam iento de las fuerzas opon en tes, sino e l m utuo agotam iento de la facultad de reconstruir la paz. Inclusive ; e n la guerra contra N ap oleón , lo s estadistas brit'á-. n icos cuidaron de asegurar que lo s térm inos u è;, paz con el pueblo francés fuesen lo bastante m oderados para prom eter una paz duradera. : A Es la com binación de un ob jetivo ilim itado <1<mj) ;. ■;, un m é to d o ilim itado (la adopción de petición dé'jrrendirse incon d icion alm en te, junto con una ostra- . tegia de bloqueo total y devastaciones por bom bar­ deo), lo que en esta guerra últim a ha producido inevitab lem ente un hondo peligro para lo s rimien,;..^*: -;y tos relativam ente su perficiales de la vida civiliza. da. Sus amargos frutos ya están cosechándose en: lo s países que han sufrido este proceso de lib eira L „ ción por la devastación. Todavía están por Ver)*,' ‘ ) :. 1 os resultados que para Europa tendrá e l redil- 1 cir a A lem ania tan terrible estado, comparabléW^je in clu sive al que se produjo con la Guerra de lojá?' v Treinta A ños. En las circunstancias de esta pasada guerra era d ifícil evitar e l llevar esos m edios hasta; extrem o, si considerábam os com o nuestro pro sito la rendición in con d icion al de las potencia: adversarias. Pero eso no altera e l hecho de qítL^-a; esta política im p licó el paradójico rum bo de b u s iîë* car la conservación de la civilización europc: m ediante la práctica de lo s m ás in civilizad os m é dios de hacer la guerra que el m undo haya co’ n ocido desde las devastaciones m ogolas.

EI futuro será m odelado por el pasado. La m e: jor prom esa para el futuro estriba en el entéB», dim iento y en la aplicación de las leccion es’ d è i pasado. P or tal razón, al tratar de lo s proble­ mas creados por la últim a guerra, se obtendrá m ayor claridad exam inando en conjunto la e v o lu ­ ción de la revolución bélica que fijándose sola m ente en las apariencias d el m om en to. Si llega^ m os a com prender cóm o se forjaron las condici n es de esta guerra, se tendrán m ayores posibi lid ad es de evitar otra aún m ás m ortífera. ' E l problem a, com o una m oneda, tien e do dos : la «cara» es la evitación de la guerra ;í «cruz» es la lim itación de la m ism a. Si la ex p erim cia nos ha enseñado algo, d ebem os com prender ahora lo s peligros de concentrar nuestros esfuer­ zos ún icam ente en una política perfeccionista de evitar la guerra, m ientras se descuida la n eéçsi’ dad práctica, si tal política fracasa, de lim itar lá; guerra, de forma que no se destruyan la:

-Y-'

fc ' y

peclivas de la paz su b sigu ien te. P orque ninguna nación va a la guerra, ofensiva o defen siva, sin e l convencim ien to de q u e, a su térm ino, se o b ­ tendrán m ejores condicion es de paz. Q ue estas esperanzas raram ente se cum plan es debid o a la ignorancia y a las pasion es desatadas, y estas con d icion es fatales se darán m ás acentuadas en aquella parte que fuese obligada a ir a una gue­ rra de autod efensa. Son las n aciones pacíficas, por encim a de tod o, las que necesitan aprender que la m oderación en la guerra es la m ejor garan­ tía para la paz posteriorA u nq úe la violen cia estim ula la v iolen cia, p u e­ de actuar tam bién com o antídoto de aq u élla. La experien cia lo ha dem ostrado así. H oy, e l hecho de que e l m undo baya sufrido gravem ente por la plaga de la guerra dos v eces en una m ism a gen eración , pu ed e aum entar lo s efectos contraactivos (?). A dem ás de la aversión a la guerra, hay otros factores p sicológicos im portantes que pu ed en contribuir a crear con d icion es favora­ bles para un renovado período de lim ita ció n . La m u ltip licación de las m áquinas ha acabado con e l rom anticism o de la guerra al dism in uir e l va­ lor de las cualid ades hum anas. El valor y la h a ­ bilidad son ya quizá de poca im portancia frente a la superioridad del m aterial. El avión de bom ­ bardeo h a 1am pliado e l efecto deshum anizador de la artillería; la bom ba volante y la de p rop u l­ sión lo han hecho aún m ás. Estas armas autom á­ ticas pu ed en acabar con la idea de que la v icto ­ ria én la guerra prueba la virilid ad y la virtud de un p u eb lo. H an reducido a los hom bres a ■pòco, m enos que a conejos de Indias en un la b o ­ ratorio de exp erim en tación ... E l desarrollo de las bom bas volantes y de prop u lsió n pueden tener a este respecto m ás efeclo que todos lo s argum entos para la lib ertad . En el futuro, la calidad de lo s hom bres de c ie n ­ cia p u ed e d ecid ir m ás que cualquier m asa de infantería, red uciend o hasta lo absurdo e l valor cuantitativo d el núm ero hum ano. T al revolu ción en los m étod os de guerra hace su lim ita ció n más .Urgente, a la vez que m ás práctica.

:'::j¡rfada podría reforzar m ejor los anteriores ar­ gum entos que la aparición en la guerra de la bom ba atóm ica en agosto de 1945 . El uso de la bom ba atóm ica fu é seguido de un tan rápido hu nd im iento de la resistencia d e l Japón, que su efecto d ecisivo a duras penas pu ed e ser discutid o. Es de adm itir que puede encontrarse un an tí­ doto para la bom ba atóm ica, m ediante una n u e ­ va aplicación defensiva d el radar; pero es d ifí­ c il in tu ir cóm o ese antídoto podría em plearse antes de que com enzasen las h ostilid ad es. El p ri­ m er ataque con bom bas atóm icas podría r ea li­ zarse con aviones com erciales o con proyectiles de p rop u lsión , antes de hacerse la declaración de guerra. D eb e recordarse que al Port Arthur de 1904 sigu ió el P earl H arbour de 1941, y no d ebem os desestim ar la p osib ilid ad de que haya un tercer caso en esta serie. T enien do en cuenta estas p osib ilid ad es, pare­ cería que las vidas de todos lo s p u eb los habrían de desarrollarse bajo e l tem or perm anente a ser «atóm izadós» sin previo aviso. U na atenuación d e l peligro podría asegurarse m ediante un acuerdo intern acional para aplicar e l princip io d e l desarm e cualitativo y organizan­ do e l necesario sistem a de su pervisión m un dial en este cam po. La guerra, tal com o la hem os conocid o en lo s últim os treinta años, no es com patible con la edad atóm ica. Si una de las partes posee la bom ba atóm ica y la otra n o, es absurda la resisten cia. En este raso, parece que la guerra tendería a desaparecer. La resisten cia se transform aría entonces en algo in ­ v isib le o pasivo, o más bien en guerra de guerri­ llas. Incluso en la era de la guerra m ecanizada, la resisten cia en cam po abierto no ha servido m ás que com o gesto heroico de los pequ eñ os ¡s que no poseían potencia m ecanizada. Todgs lo s sacrificios de tiem po y dinero para sosr a sus fuerzas armadas y e l sistem a de re­ am iento forzoso fueron cosa perdida. Su ú n i­ ca)'’resistencia eficien te em pezó cuando sus ejér¡s Cito s fueron derrotados. P ero si am bos b eligerantes p oseyesen la bom ba atóm ica, la «guerra total» será igu alm en te un absurdd. La guerra total sign ifica que e l fin , e l e s­ fuerzo y e l grado de vio len cia son ilim itad os. La V ictoria se busca sin pensar en las co n se­ c u en cia s. En lo s caóticos tiem p os que han se g u i­ do .a la segunda guerra m u n d ial, em pezam os a com prender que la falta de prudentes lim itaciod e s.jh a m alogrado nuestros propósitos. El e s ­ fuerzo no sólo n os ha dejado em p ob recid os, sino entados con problem as aún m ás graves que h s. ¡Una guerra»ilim itada, realizada con en er­ va atóm ica, sería algo peor que una tontería : seiá^ u n su icid io m utuo. a conclu sión no quiere decir necesariam en­ te que la guerra desaparecerá totalm en te. P ero, a m enos que lo s je fe s b eligerantes estuviesen lo co s, es probable que cualqu ier guerra futura sea m en os despiadada y esté m ás ajustada a reglas m utuam ente convenidas.

9

Continuam os el trab ajo iniciado en otro número de M V N D O HISPA ­ N IC O sobre el sugestivo tem a «N orteam érica, vista desde Europa», con opiniones de escritores europeos sobre N orteam érica, su circuns­ tan cia y su peripecia. Estas opiniones las extraemos— como enton­ ces— del libro «Europa y sus fan tasm as», de Jo ao Á m e al, a quien corresponde, como se verá, p arte del texto, y se ilustran con mag­ níficas «fotos» del álbum de M ario Bucovich titu lado «Manhattan M a g ic », que nos ofrece alucinan tes visiones de ese N ueva York, del que dijo Pau l Morand que «es un Occidente excesivo».

ESPIRIT U S SIN B R U JU LA .— ¿Cuál es la vida mental y moral del nor­ teamericano? Todos saben lo que es la sociedad en Norteamérica: una feria plutocrática. Y la fam ilia: una serie de matrimonios he­ chos y deshechos en un relámpago; tiranía excesiva, y a veces hi­ pócrita, de la mujer, que, según Paul Morand, «aún no dejó de ser niña ni renunció a ser hombre...» Durtain escribe por su parte: «El mismo ciudadano que en los conflictos de negocios lucha con in­ dependencia, con facilidad, no está satisfecho fuera de su ofici­ na más que cuando ha obedecido de forma pasiva a las dos po­ tencias de Norteamérica: el «policeman» y la mujer...» A esa mujer aniñada se dirigen ciertos anuncios, como los cita­ dos por André Maurois: Streanline your underwear (use ropa ae­ rodinámica) o A perfect complexion shall be your self-starter (el color perfecto de su piel garantizará un éxito). El escritor fran­ cés concluye, entre irónico y divertido: «Es una verdadera téc­ nica del encanto que se enseña a las jóvenes norteamericanas...» La vida es a un tiempo puritana y comercial («pueblo de la Biblia y del cheque», leyenda sobria de Farnoux-Reynaud), pro­ fundo amoralismo y envuelta en todas las ululantes disonan­ cias del «jazz»... Son memorables los enérgicos apostrofes con que Jorge Du­ hamel, en «Scènes de la vie future», condena la demoníaca sonoridad de Norteamérica: «El «jazz-band», esa baraúnda atascada, sofocada, qué, desde hace tantos años ya, tropieza en los mismos contratiempos: que cecea, que lloriquea, que chirría y pía sobre toda la faz de la tierra. Triunfo de la tontería bárbara, con aprobación, explicacio­ nes y comentarios técnicos de músicos instruidos, que te­ men, por encima de todo, no estar al día, contrariar a su clientela, y que se sacrifican al «jazz» como los pinto­ res de 1910 se sacrificaban al cubismo...» En una carta muy interesante a Dulieu, en 1860, le re­ sumía Proudhon las paradojas y las deficiencias; es una página que tiene más de ochenta años y no envejece: «Es claro que el trabajador debe tener su glorificación. ¿Qué hago yo hace veinte años sino incitar a la multi­ tud, en el seno de la cual nací, a actuar como un conjunto de hombres libres, imitando a Norteamérica? Mas debemos confesar que la creación de la riqueza es solamente el fundamento del edificio social; que las naciones no viven de eso; que encima de la e¿fera de lo útil; viven otras más gloriosas: Filosofía, Ciencia, Arte, Derecho y Moral. La dignidad humana puede, en rigor, tolerar las riquezas, según demos­ tró la escuela de Pitágoras. Mas ¿qué es un pue­ blo sin Filosofía, sin Arte, sin nociones de Derecho y de Moral? Es lo que parecen olvidar los norte­ americanos; lo que, a pesar de sus dólares y de su orgullo, los rebaja a la última fila de las na­ ciones civilizadas...» En el mismo sentido se ma­ nifiesta el ensayista católico Valery-Dadot al comparar a América con un mostrador, afir­ mando que «un mostrador no puede sustituir a un altar». En el campo de la inteligencia encontramos en los norteamericanos vulgares una simplicidad inverosímil. Cierta revista de Nueva York pu­ blicó los resultados de una encuesta en que se preguntaba a los lectores quiénes eran sus tres autores franceses preferidos. Ob­ tuvieron la votación más numerosa Ponson du Terrail, Dumas (padre) y Bergson. (¿A qué propósito apareció Bergson en tan imprevista compañía? Tal vez por ser uno de los maestros más citados por William James, o por haber dado en Norteamérica bellas y sugestivas confe­ rencias.) ¿Y el escandaloso enmascara­ miento de las mejores obras de los clásicos conforme al gusto de un pu­ blico de boxeadores y mecanógrafas? Ejemplos: «Hamlet» fué representa­ do en San Francisco con el título de «El príncipe loco o los espectros de Elseneur», y añadía un cuadro en que Ofelia era raptada del con­ vento en una noche de tempes­ tad, y Hamlet no tenía otro re­ medio que hacer cabriolas y sal­ tos mortales, como Douglas Fair­ banks. «Fedra», la tragedia de Racine, sufrió el siguiente bau­ tismo:. «Entre el padre y el hijo, o los amores sangrientos», título perfectamente adecuado a una cinta cinematográfica de la Poramount. Mas lo cierto es due los boxeadores y las mecanógrofas se divirtieron. En « Babbit» hay una escena mag­

! ir

nífica. Un grupo de personas amigas, después de haber comido, resuelve hacer una sesión de espiritismo, y alguien sugiere que se evoque a Dante. Seguidamente comienzan las preguntas in­ discretas: ¿Quién era Dante? ¿Se c o n o c e a Dante? Jorge Babbitt, hombre instruido, arriesga esta ocurrencia: «¡Claro que le conozco! Es aquel sujeto que sirve de guía a los turistas Cook en el Infierno...» Otro de los presentes, Virgilio Gunch, in­ sinúa que Dante hizo algo, pero no fué capaz de llegar a las cumbres de la literatura p ráctica, ni de redactar rápidamente párrafos de reclamo para los periódicos. Una jovencita, Eddie Swanson, añade que si ella dispusiera del tiempo necesario, tam­ bién sería capaz de escribir un poema... Evocan entonces al es­ píritu del gran florentino. Y luego Virgilio Gunch sugiere que se pregunte a Dante çómo están Shakespeare y Virgilio, y si quieren los tres actuar en el cinematógrafo... Eddie Swanson, para no quedarse atrás, preguntó si el autor de la «Divina Co­ media» se halla constipado, a consecuencia de ir cubierto so­ lamente con una corona de laurel... Existe un contraste demasiado fuerte «entre los progresos ma­ teriales de los norteamericanos y su simplicidad intelectual. V i­ ven con comodidad, tienen iniciativa y audacia, pero carecen de cultura y equilibrio interior. Mientras nosotros, pertenecien­ tes a comunidades seculares, estamos, ya hace mucho, en la fase crítica, los norteamericanos vivieron hasta ahora en la fase del instinto espontáneo y ahora comienzan a observarse a sí mismos. Uno de los raros críticos de Norteamérica, Mencken— autor de «Defence of Women» y director de «American Mercury»— , al responder a Catalogne, trazó un panorama severo, pero pintoresco, de la vida artística y literaria en los Estados Unidos. Me parece útil reproducirlo: «En Norteamérica, el gusto musical se manifiesta exclusiva­ mente por la aceptación del «jazz» obsceno; no vale la pena de citar algunos entusiasmos infantiles por ciertos cantores de ópera. En cuanto a la Pintura, ningún artista es oficialmente reconocido, y si el Presidente convidase a un pintor de talento para ¡r a la Casa Blanca, cometería una falta de etiqueta tan grave como si convidase a un ateo. El teatro, suplantado por el cinematógrafo, ya sólo existe en Nueva York. La litera­ tura se ve maltratada constantemente por los partidarios de la cultura puritana, y cada manifestación de auténtico valor es atacada con violencia. Los críticos oficiales fueron todos adver­ sarios de Edgard Poe en su tiempo; después, de Whitman, e intentaron rebajar a Mark Twain al nivel de un simple payaso. En la actualidad, atacaron con saña a Sinclair Lewis y a Dreiser. Cuando se concedió a Lewis el premio Nòbel, se sintieron pro­ fundamente disgustados...»

PRAGMATISMO Y DEMOCRACIA.— Todo el panorama de la V'da norteamericana conduce a una filosofía rudimentaria y practica, instrumento de simplificación y facilidad. Filosofía có­ moda, sin grandes sobrecargas metafísicas, hecha a la medida ae la sociedad que pretende orientar. Es el pragmatismo de

William James, «método sencillo para eludir la metafísica», se­ gún indica^ el profesor Baudin. ¿Sólo un método? Sus aspiracio­ nes son más altas: aunque al principio no pase de método, pre­ tende llegar a ser una teoría genética de la verdad. La princi­ pal característica del sistema de James (con la colaboración de Peirce, de Dewey y de Schiller) es la negación de la verdad absoluta, de la realidad objetiva, independiente de las nocio­ nes individuales. Para el creador del pragmatismo, del pluralis­ mo pragm atista, la verdad se confunde con lo útil, con lo ven­ tajoso. Ella nos sirve, en vez de nosotros a ella. Más aún: sólo interesa en la medida en que nos sirva; y en eso consiste toda su razón de ser. «Aquello que más convenga creer será lo que más se parezca a una definición de la verdad.» Equi­ vale a transformar la verdad en mero factor de éxito, en mero auxiliar de la experiencia. La experiencia es lo único que la determina, en ese sistema, llamado, francamente, por su autor empirismo radical.

Keyserling recuerda las bases calvinistas de la filosofía «yan­ kee». Calvino establecía un lazo enteramente falso entre la Gracia y el triunfo sobre la Tierra, «lo que le convierte en ver­ dadero padre espiritual del pragmatismo norteamericano, tan profundamente antiespiritual». Es evidente que, con tal noción de la verdad, los pragmatistas ponen a Dios a la altura del hombre. Se niegan ¡a perfección, la omnisciencia y la autonomía creadora. Mac Taggart, profesor típico, contradecía que Dios fuese perfecto, «porque destruiría así el equilibrio del Universo». Después de negarle la infinidad, le niegan el conocimiento y el poder creador. Lutoslauwski pro­ clamó: «¡Yo no_ puedo hcber sido creado por otro ser!» Enri­ que James enseñaba a su hijo que Dios no se basta a sí mismo, que debe ser un honesto operario y colaborador en la obro común. Fechner creía en nuestra acción sobre Dios. Quiere de­ cir: el Dios de los pragm atistas — como sintetizó M aritain— «es un camarada celeste, un valioso elemento en la serie de los acontecimientos, un auxiliar y hasta un siervo...» Se sabe que Edison designaba siempre a Dios como «el Gran Ingeniero», o sea. un Edison sublimado, idealizado... Refiriéndose a este deli­ rante antropocent rismö, Keyserling escribió al principio de uno de sus libros la siguiente frase, que revela un humorismo cer­ tero. «Es Ja concepción del mundo de la mayoría de nuestros contemporáneos: Dios creó el Universo por medio del m egá­ fo n o ...» Este Dios es un «viejo siervo fiel, que nos ayuda a lle­ var nuestra cruz, en medio dei sudor y la polvareda del trajín cotidiano»— acentuó Bourdeau— . Este Dios— made in U. S. A., complaciente y limitado, bastante grande y poderoso porci merecer que se le adore y se le pida alguna coso, mas no tan grande y poderoso que los hombres no le ayuden y no le al­ cancen es una especie de ciudadano ejemplar, de supremo americano-tipo, producto de una teodicea donde entran mucho mas las teorías de Monroe que las de Santo Tomás de Aquino. Otro vigoroso pasaje de Bourdeau: «El pragmatismo es una reacción anglosajona contra el ¡ntelectualismo y e! racionalismo del espíritu latino... Para él, el hombre, e! individuo, es lo me­ dida de toda cosa. No puede concebir más que verdades rela­ tivas, es decir, ilusiones. El valor de estas verdades ie es reve-

Rodeado de cemento, en un agujerito de las superestructuras, el escritor— en este caso, Hai

octavlana o su sucedáneo. El vértigo actúa Incluso sobre la bohemia.

la d o , no p o r u n a te o ría g e n e ra i, sino por la p rá c tic a in d iv id u a l... F ilo s o fía que pasa de palabré to d o en gestos y en a cto s, q u e a b a n d o n a lo g e n e ra l p o r lo p a r t ic u la r .. .» r°'

EN FUGA A N T E LOS ESPECTROS.— En el c a m p o in te le c tu a l, N o rte a m é ric a tie n e numerosos e x tra o rd in a rio s va lo re s que sirve n de a te n u a n te s a sus a te n ta d o s en el ca m po de la M o ra l, de ln •P o lític a y de ‘la E conom ía c o n tra la p rim a c ía de la In te lig e n c ia . ’ Q La m a y o r a te n u a c ió n reside en este hecho, que es ju s to p o n e r de re lie v e : la Norteam érica de h o y e stá c o m p u e s ta , en p rim e r lu g a r, p o r u n a g ra n m a y o ría de europeos e m ig ra do s, cu y a adao ta c ió n a la n u e v a p a tr ia no es a ú n p e rfe c ta , a p esa r de lo q u e d e c ía T e odoro R oosevelt. El ele­ m e n to e x tra e u ro p e o — e lu c id a Ford M a d d o x Ford— no lle g a a c o n s titu ir u n a d é c im a o a rte de la po~ b la c ió n de los Estados U nidos, y su in flu e n c ia en el d e s e n v o lv im ie n to m a te ria l y m e n ta l de |0é n o rte a m e ric a n o s es, en resum en, in s ig n ific a n te . Por eso no v a c ila en a s eg u ra r m ás adelante« N o rte a m é ric a es u n a cre a ció n del ce re b ro europeo.» P o d ría p re g u n ta rs e : s i.h a y ta l p ro p o rc ió n de europeos en N o rte a m é ric a , ¿por qué e stá ta n atro, sada en re la c ió n a Europa? H ace t r e in ta años, G a b rie l T a rd e d e c ía que E uropa p o d ía contem­ p la r en los Estados U nidos la p re fig u ra c ió n d e su p ro p io d e s tin o . ¿Y qué son las «Scènes de la vié fu tu re » , de D u h a m e l, sino u n a u tiliz a c ió n de la p ro fe c ía de Tarde? En ese caso, in sisto en que no se co m p re n d e que , en ve z de re p ro d u c ir y a m p lia r n u e s tra c iv iliz a c ió n , N o rte a m é ric a m arque, en el c a m p o d e los v a lo re s e senciales, u n a te n d e n c ia re g re s iv a ... La e x p lic a c ió n de e sta a p a re n te p a ra d o ja es fá c il de e n c o n tra r. El e s c rito r ru m a n o Conrado B e rco vici nos d ió u n a d e scrip ció n in te re s a n tís im a de los b a rrio s e x tra n je ro s de N u e v a Y o rk , en |q fo rm id a b le co lm e n a de M a n h a tta n , ese M a n h a tta n q u e Ju an dos Passos d escribe com o fondo de su g ra n n o v e la « M a n h a tta n T ra n s fe r» . Uno de los espectros que B e rcovici hace re s a lta r es |q te n d e n c ia de los e m ig ra n te s de las v a ria s n a c io n a lid a d e s a re a g ru p a rs e co m o en el m a pa europeoJos p ortu g u e s e s , ju n to a los espa ñ o le s; los a lem anes, ju n to a los a u s tría c o s ... Esto, que ,no parece te n e r im p o rta n c ia , nos d a p e rfe c ta m e n te la s ín te s is de las re la cio n es e n tre N o rte a m é ric a y Europa E uropa e s tá o rie n ta d a , in s ta la d a , c o n s o lid a d a . N o rte a m é ric a es u n a E uropa d e s o rie n ta d a , inestable sin c o n s o lid a c ió n . U no de los q u e m e jo r su pie ron a c e n tu a rlo fu é R e n a to G u illo u in , en «Esquisses lit­ té ra ire s e t m o rale s». Nos p re s e n ta los Estados U nidos com o fo rm a d o s p o r peq u e ña s ra m as de tron­ cos europeos que in te n ta n re c o m e n z a r u n a n u e v a v id a . R eco m e n zar, nótese b ie n — esto es, volver a trá s , de la m a d u re z a la ju v e n tu d y a u n a la in fa n c ia — . P riva d o s del c o n tra p e s o y de la solidez p u ja n te de la fro n d a tr a d ic io n a l, que las raíces p ro fu n d a s u nen a la in tim id a d del suelo, los nu­ m erosos a rb u s to s crecen en lib e rta d , b a jo u n c lim a d ife re n te , y , p o r lo ta n to , d ifie r e n del árbol d e q u e proceden. N o p o r eso es m enos re a l la filia c ió n . Y será la m a y o r a te n u a n te de las lo cu ra s y excentri­ c id a d es de la N o rte a m é ric a m o d e rn a . ¿Con q ué dere ch o los censuram os nosotros, europeos, sus cre ad o re s h is tó ric o s , sus m ode lad o res e s p iritu a le s y m orales? «Los Estados U nidos nos restituyen h o y lo q u e re c ib ie ro n de n o s o tro s ; con la d ife re n c ia de que, d e s c a rg a d a de n ue stros a n tig u o s há­ b ito s , la s im ie n te fr u c tific ó en sus m anos c ie n veces m ás»— -declara le a lm e n te Luis A rtu s — . «Nor­ te a m é ric a ta l v e z fu é m ás lejos de lo que nosotros h u b ié ra m o s q u e rid o . La c a usa de su impulso n o e s tá en e lla to d a v ía , sino en nosotros, q u e p rim e ro lo desencadenam os»— re fu e rz a Sisley Hudd­ le s to n . «Los Estados U nidos no se oponen a E u rop a : m ás b ie n la p ro lo n g a n » — c o n clu ye Renato P la n h o l— . N um erosos te s tim o n io s p o d ría n c ita rs e en e ste s e n tid o . El m ás s in té tic o y a gu d o es el de Ju an R ic a rd o B loch, p a ra q u ie n el n o rte a m e ric a n o es, en ú ltim o a n á lis is , «la c a ric a tu ra exagera­ d a d e l euro p e o» . V u e lv o a in s is tir en la p re g u n ta . ¿Cómo in te r p r e ta r u n a fa ls a civilización, m e dio b á rb a ra , me­ d io p u e ril, q u e d e b ía ser espejo de la n u e s tra y le es ta n c o n tra ria ? ¿Cóm o e x p lic a r aue una pro­ lo n g a c ió n de E uropa se tra n s fo rm e en retroceso? P a ra responder, m e serviré de u n a im a g e n e x a c ta . N o rte a m é ric a es, en re la c ió n a Europa, algo a sí co m o lo q u e e ra p a ra el d o c to r J e k y ll, en la cé le b re n o v e la de S etevenson: espejo de sus de­ fe c to s ín tim o s , fo rm a c o rp ó re a de sus c u lp a s m isteriosa s, m á x im a p e n ite n c ia de sus errores. «Cari­ c a tu r a e x a g e ra d a » — d ic e B loch— . Sí: c a ric a tu r a e x a g e ra d a , que re p ite , a g ra v a y d e fo rm a los rasgos o rig in a le s ... H ace c u a tro siglos q u e E uropa se d esvió del c a m in o le q ítim o de su c iv iliz a c ió n , a go tó tas fu e n te s v ita le s y e n tró g ra d u a lm e n te en u n a d escom posición m e tó d ic a . Se p e rd ió la u nid ad filo­ s ó fic a e in te le c tu a l p o r la d e se stim a ció n o p o r el o lv id o de las a lta s d ire ccio n es a ris to té lic o to m is ta s ; que b ró se la u n id a d re lig io s a p o r la R e fo rm a , y , p o r ú ltim o , la u n id a d p o lític a y s o c ia l, p o r los de­ lirio s re v o lu c io n a rio s . N o rte a m é ric a , sin re s po n sa bilid a d es en ese p asa d o la m e n ta b le , a d o p tó com o le fu e ro n ofreci­ d a s las d ire c c io n e s de c o n fu s ió n y d e c a d e n c ia . A s í, e n c o n tra m o s en su in fo rm e tu m u lto los reflejos d e to d o s n ue stros desvíos y to d a s n u e s tra s q u im e ra s . L u c ia n o F a m o u x R eyn a u d, c r ític o de los m ás lúcid o s, d e n u n c ió la in flu e n c ia en los Estados U nidos de los tre s e s p íritu s «que rigen el m u n d o m o d e rn o : L u te ro , D escartes y Rousseau». A ro n y D a n d ie u d e fin ie ro n p in to re s c a m e n te la p ro y e c c ió n del ra c io n a lis m o a b s tra c to en el m ito a m e ric a n o de la so b re p ro d u c c ió n , al s in te tiz a r1: «Ford es s o la m e n te u n D escartes q ue se pasea p o r la calle.» De R eyn o ld se m o s tró de a c u e rd o c u a n d o e s c rib ió : «Las ¡deas que son la base de este sistema, los n o rte a m e ric a n o s las h a n re c ib id o de E u rop a ; las h a n re c ib id o de F ra n c ia y de In g la te rra a fin del s ig lo X V I I I , p re c is a m e n te a la h o ra de la e m a n c ip a c ió n .» En c u a n to a las c o stu m b re s n o rte a m e ric a n a s , ¿no son las a n g lo s a jo n a s e x a g e ra d a s y s im p lifica ­ d as h a s ta la m ás a b s u rd a d e fo rm a c ió n ? Según E m ilio B a u m a n n , p o r h a b e r a b a n d o n a d o Europa su a n tig u o o rd e n , N o rte a m é ric a se c o n v irtió en u n a e x tra ñ a y m o n s tru o s a B a b ilo n ia . H a s ta en un d e ta lle de v a lo r s im b ó lic o — ex libris del americanismo — , en el colosal rascacielo, se descubre la p a te rn id a d d e Europa. V e á m o s lo : fu é necesario, in ic ia lm e n te , el e m ple o del c e m e n to de P o rtla n d , im p o rta d g la te r r a ; después, el del a cero Bessemer, p ro c e d im ie n to a le m á n ; en fin , el g e n io a gu d o de un a r q u ite c to fra n c é s , Le D uc, q u e fu é el p rim e ro que p ro y e c tó u n e d ific io con a rm a d u ra de hierro y con u n a e n v o ltu ra de p ie d ra , que sólo s e rv iría p a ra c e rra rlo y p re s e rv a rlo . Y los principales •a rq u ite c to s n o rte a m e ric a n o s a p re n d e rá n en la Escuela de Bellas A rte s de P a rís; p o r e je m p lo , Jenney, a m e dia do s del s ig lo X IX . La h is to ria del rascacielo, in v e s tig a d a por W . C. S ta rre t, y así re­ s u m id a en pocas líne a s, re v e la b ie n su o rig e n , ín te g ra m e n te europeo. « C a ric a tu ra e x a g e ra d a ...» T ien e to d a la ra z ó n J u a n R ica rdo B loch. M ás a ú n : ¡e x p ia c ió n gi­ g a n te s c a de los pecados que vie n e n d e le jo s !...

EL A L M A S IN CONSUELO IN TE R IO R .— En esto c o nsiste la g ra n tra g e d ia n o rte a m e ric a n a , que ju s tific a la a b s o lu c ió n de m u cha s c u lp a s y s u s c ita u n s e n tim ie n to inm enso de p ie d a d . N orteam érica es la e x p ia c ió n de los pecados de E uropa c o n tra su d e s tin o y c o n tra su c iv iliz a c ió n ; im agen de la d e c a d e n c ia e u ro p e a, en lo fu tu r o , si las fu e rz a s e s p iritu a le s no la s a lv a n ; a n u n c io del mundo s in ie s tro de los Eloi y de los Morloks, de la n o v e la de W e lls «The tim e m a c h in e » . P aisaje desolado y tr is te , d on d e las m á q u in a s m a n d a n y los h om b re s v iv e n sin a le g ría y sin in d e p e n d e n c ia , a mer­ ced d e a u to m a tis m o s im p e rio s o s ... La in m ensa m e la n c o lía a m e ric a n a — que en c ie rto s m o m e n to s lle g a a la desesperación— provie­ ne, sobre to d o , de la f a lt a de u n a * b a s e é tic a y re lig io s a . N o es h u m a n a u n a v id a frenética, v e rtig in o s a , tr e p id a n te , a fa n o s a de lucros, g ira n d o e n tre co nve n cio n e s, a m b ic io n e s y c ifra s , sin u n id e a l m ás a lto , sin la e spe ra n za de ö tro s pla ce res, de o tra s recom pensas, de o tra s v ic to ria s ... N o es h u m a n a u n a v id a s im p le m e n te te rre n a l. El c a s tig o s u rge en la te r r ib le sensación de vacío, d e in u tilid a d , casi d e re m o rd im ie n to , que m a rc a sus a m a rg a s jo rn a d a s . En esa v id a to d o está d e s p ro v is to de s e n tid o , fu e ra de la re a lid a d o c o n tra e lla , p o r carecer d e l p u n to de a p o y o e sen cial. U no de los m ejores o bservadores del m a le s ta r de los a m erica no s llamó a éstos « a lg e b ris ta s se de n ta rio s, suge stio na d o s p o r signos a b s tra c to s » . M u c h o o ro, signo de rique­ z a ; m ucha s leyes, s ig n o de v ir t u d ; m uchos cañones sobre m uchos n avio s, signo de p a z ... Obsesión d e signos en un p a ís de m o ra l s u p e rfic ia l, que , al fin , d e ia o b ra r a c a d a uno co m o q u ie ra , según Luc D u rta in . De a h í el m o do de v iv ir ese p u e b lo in q u ie to y e x h a u s to , su d o lie n te n e rv io s id a d , la fie b re de sus p u e rile s a g ita c io n e s y su a nsie da d p o r to d a s las h ip ó te s is de e u fo ria , de a tu r d im ie n to o de qui­ m e ra , « ¡M u y v a c ía tie n e que s e n tirs e el a lm a n o rte a m e ric a n a p a ra q u e re r, a n te to d o y sea como fu e re , q u e no la d e je n m ira rs e a sí m is m a !» , im a g in a b a S androz, u n curio so perso n a je de D urtain. N o . Y o no creo que esté v a c ía el a lm a n o rte a m e ric a n a . Por el c o n tra rio , e stá a g ita d a y a flig id a , p riv a d a de los g ran d e s consuelos ín tim o s y c o n d e n a d a al d o lo r p e rm a n e n te del re v o lo te o de ave e n ja u la d a . N o puede e s ta r v a c ía el a lm a n o rte a m e ric a n a . N o h a y, c ie rta m e n te , a lm a s vacías. To­ das tie n e n u n a sed p rim o rd ia l, irre s is tib le , que e x ig e el d e s c u b rim ie n to de h o riz o n te s y la certeza d e a lia n z a s tra s c e n d e n ta le s ... H a s ta en el B a b b itt, de Lewis— ín d ic e de la cla se co m e rc ia n te de los Estados U nidos, y c u y a m e dio cre p e rs o n a lid a d n o lle g a a lib ra rs e n u n c a del e n g ra n a je — , hasta en el B a b b itt se e n c u e n tra ese im p u lso h a c ia las a ltu r a s del m is te rio y de lo s o b re n a tu ra l, esa lla m a d a a lo d iv in o , a u n q u e en fo rm a in fa n til y novelesca. M á s que ce n s u ra r y a c usa r a N o rte a m é ric a , te n e m os que la m e n ta r su s itu a c ió n y acusarnos a n osotros m ism os. N osotros le d im o s las bases in ic ia le s de u na filo s o fía m o ra l y social que fue el o rig e n de ese a rd ie n te in fie rn o en que fo rc e je a n m illo n e s de v íc tim a s . En E uropa, las aberra­ cio n e s y a lu c in a c io n e s del in d iv id u a lis m o re lig io s o , p o lític o y a r tís tic o aun lu c h a n h oy con el a n tig u o fo n d o in q u e b ra n ta b le de una tra d ic ió n de u n id a d y a rm o n ía hum a n a s. En N orteam érica n o e x is tía n in g u n a tra d ic ió n . El in d iv id u a lis m o m a te r ia lis ta e n c o n tró el c a m po a b ie rto p a ra la ex­ p a n s ió n de su d esastrosa c u ltu r a . C on stru yó se u n m o n u m e n to colosal y a bsu rd o , com o la to rre de B a b e l, q u e se y e rg u e h a s ta el c ie lo , p ero d e p rim e g los hom bres, e nco rvá n do le s h a c ia tie rra . De tie m p o en tie m p o surgen a la rm a s , p ro te s ta s y q u e ja s. Sin te n e r, p o r lo ta n to , a qué re c u rrir a su p asado, n i conocer un orde n d ife re n te y c o m p le to , co m o el que d is fru ta m o s y a en Occidente, esas a la rm a s , esas p ro te s ta s y esas q u e ja s re s u lta n episó dicas y e s té rile s en a q u e lla v id a mecánica y m o n ó to n a ... Y cu a n d o a lg u n a ve z se in ic ia u n m o v im ie n to de regreso a la v e rd a d in te g ra l, a* c a m in o s a lv a d o r, son m u y pocos los q u e le e n tie n d e n y le sig u e n. La g ra n m a sa c o n tin ú a avan­ z a n d o sin saber h a c ia dónde, en un p a n o ra m a de ch im e n ea s de fá b ric a s y de co rdillera s de rascacielos, co n el a c o m p a ñ a m ie n to rítm ic o y tre p id a n te de las m á q u in a s , en busca de un hom­ b re id e a l, o m n ip o te n te y p ro p ic io , de vigorosos p e n s a m ie n to s , poseedor de riq u e z a s que no pueden c o n ta rs e p o r no poderse ve r y a q u ie n sirve de signo el d o la r ... El h om b re id e a l, el p lu tó c ra ta sin a lm a , ¡e s ta tu a a le g ó ric a del país de la B ib lia y del c h e q u e !... «En N o rte a m é ric a — d e c la ra M o ra n d — tu v e m u cha s veces la im p re s ió n , no de u n a civiliza ción en m a rc h a h a c ia el progreso, sin o de u n a fu g a a n te los espectros.» Es la im p re v is ta tra n s fo r­ m a c ió n de B a b b itt en H a m le t; la a p a ric ió n del d ile m a ser o no ser, com o a bism o inesperado e n tre la b a c a n a l de las luces de B ro a d w a y ...

12

K l O se saben dem asiadas cosas de u n p a ís en ta n to no se e n tie n d e con p le ■ ^ n itu d su señorío, su m is te rio , su a ce n to y su secreto. E xisten m uchos que logran su u nidad, resum idos en una m o n o to n ía c a ra c te rís tic a , p a ra los que no es preciso, por c o n s ig u ie n te , e xcesiva p re p a ra c ió n . Sin e m b a rg o , cu an d o de España se. tr a ta , una de las e qu ivoca cio n e s m ás usuales a la h ora del enfoque es cre erla e n te riz a y de una p ie z a . La «diversidad» española— que es tópico, por e je m p lo , a u n e n tre españoles que p resum en de c o n o c e rla — tiene mucho que ver con la sorpresa, con el m ila g ro , con a lg o m ás que la diversidad. Es m u y d ifíc il e n te n d e r el secreto d e G a lic ia , después de hab e r penetrado el de la A n d a lu c ía b a ja . C ua n d o nos hem os p e rd id o por la p a t é ti­ ca frescura de C a s tilla la N u e va , n ece sita m os u n a p re p a ra c ió n ín tim a de e x ­ cepcional im p o rta n c ia si querem os co m pre n d er la a d u s te z , p o r e je m p lo , de la provincia de Badajoz. A h o ra b ie n ; si h a y a lg u n a base p a ra la o rie n ta c ió n in ­ dispensable, esa base son las p la z a s españolas. Si n a tiv o s y e x tra n je ro s n e ­ cesitan puntos d e p a rtid a p a ra la co m pre n sió n de n u e stra m a ra v illa , n ad a como estos charcos, que tie n e n a lg o de re sum id ora co n cie n cia p a ra s e n tir y e n ­ tender. España hace ló g ico su la b e rin to en rincones y en p la za s. C ua n d o q u ie ­ nes se encu e n tra n en esas p la z a s buscan, en c a d a u n a de ellas, el resum en lírico que las m ism as e stá n c a p a c ita d a s p a ra co nse g u ir.

Il

Ya las p la z a s M a y o re s , o c u p a d a s en re sum ir n u e s tra g ra n d e z a y co m o n u e s tra u n iv e rs a l fis o n o m ía , d ic e n u n a cosa en sus tra jin e s , o tr a en el á p ic e de sus m a ra v illo s o s m e d io d ía s y o tr a m u y d is tin ta c u a n d o re m a n s a n la g ra v e c o n d ic ió n de la noch e . La p la z a M a y o r m a d rile ñ a e n tre a b re su s e creto a la ta r d e ; es c o lm a d a de sol c u a n d o la d e S a la m a n c a c o n q u is ta su e xpre sión m a y o r. En e ste tip o de p la z a s , España d e m u e s tra a las c la ra s su c a p a c id a d señera. En e lla s n ad a a p a re c e ta n v iv o c o m o la c o n d ic ió n h u m a n a e s p a ñ o la , a pesar de la d iv e rs id a d . Im p o rta n c ia , d ig n id a d , g ra n d e z a , son v irtu d e s e v id e n te s en ella s. Se h ace p a te n te en las p la ­ zas M a y o re s n u e s tro n a tu r a l se ño río, p o rq u e g ra n d e z a y n a tu r a lid a d , en e lla s, se d a n c ita sin p o d e rlo re m e ­ d ia r. Sobre to d a s , la p la z a M a y o r de S a la m a n ca — de la que vem os un á n g u lo en la « fo to » su p e rio r— e s tro fa v irtu d e s su pe riore s, d ig n id a d s u fic ie n te , un a p lo m o e spe cial que a los in e x p e rto s p u e d e p a re c e r so b e rb ia . A l d e s c ifra r, con u n a e v id e n c ia , sin d u d a a lg u n a , im p re s io n a n te , lo q u e s i e m p r e nos h a h e c h o posibles, anim osos, la n z a d o s . C om o si en las p la z a s M a y o re s e spa ñ o la s a lc a n z a s e la tie r r a su m a je s tu o s a d im e n s ió n .

A l ser m uy d is tin to el c o n tin e n te , no tie n e n a d a de p a rtic u la r que sea bastante d ife re n te el c o n te n id o que las p la za s nos b rin d a n . In fo rm a rn o s del acento español en las p la za s M a yore s, o d e s c o n fia r de la g ra n d e z a de una tierra grandiosa en rincones y ca lle ja s, no p re s tig ia la p e rsp ica cia en ve rda d . 1 España es v a ria , la va rie d a d de las p la za s españolas es u n a de las p ro ­ piedades nacionales que m ás lo p ro cla m a . C ua n d o u n p aís co m o el n u e s tro se comprende p ro b a b le m e n te mucho,, m e jo r en el recue rd o q u e v iv ié n d o lo Por lo m enudo, es preciso a fin a r. A f a lt a de una te o ría de las p la za s espa ñ o as' que siem pre hemos e chado de m enos, no hace ta n to q u e hem os lo g ra do una apasionada d iv a g a c ió n con d e s tin o a p á g in a s fra te rn a s . En la que h e ­ mos m arcado h a sta sie te a p a rta d o s . Pues p a ra nosotros las p la za s españolas se dividen en p la za s M ayores, p la z a s del sabor y del sile n cio . P lazas com o patio, plazas ja rd ín , p la za s de sopo rtales, p la za s en el o lv id o y p la z a s in s i­ nuadas o rincones de e xcepción. El secreto de lo español h a y que p e rse g u irlo a lo g ra n d e , a lo h on d o y e una m anera re c a ta d a . E nte n de r C a s tilla co m o nos disponem os a c o m ­ prender la «música de cá m a ra » nos lle v a ría a u n a fa ls a co nclu sió n. Sin e m ar9°, el acoso de S e villa debe de p la n te a rs e m orosa, p ro fu n d a m e n te . Y con Un rec° f o in ig u a la b le , el e n te n d im ie n to de s itio s ta n d is tin to s y d is ta n te s como A lb a rra c ín , C á d iz o esa tie r r a q u e al te n e r p o r c a p ita l a San SebasL¡Qn~~*Q ciu d a d que siem pre nos sabe a «m añ a n a te m p ra n o » , com o d ijo ^ m in g w a y — / jn ic ¡a ja p a |e ta de verdes con p le n itu d en el n oroeste español. a pla zu ela que co m pre n d em o s la in tim id a d e spañola no debem os tr a ta r Sol m te l'9 'r e* b u id o secreto. C reer que M a d rid , s e n tid o desde la P u e rta del / es lo m ism o que s e n tid o desde su p la z a M a y o r, in su p e ra b le y lla n a , de una g racia s u fic ie n te , supone c o n fu n d ir lo p a le to y lo s e ñ o ria l... H a s ta la 9racia las tre s m il m a neras d e ser g racio so a q u e lo español dispone— se nos escaPa de las m anos si no vam os a re co g e rla en el ju s to lu g a r donde se resume. Ya que si a a lg o o b lig a España, b u rla b u rla n d o , es a la m ás d ifíc il e in te lig e n te fle x ib ilid a d .

13

En T u ré g a n o , en Segovia, para n0 ¡r de m a sia d o lejos, tenem os un ejemplo señero de la « p la z a de soportales». Se ha h a b la d o m ucho, dem asiado, de esta da. se de p la za s, pero n u n ca se ha dicho que n u e stro país en ellas p e rfila exactam e n te su ca p a cida d n o ve lística , y que la n o vela de España

e ncuentra en |as

p la za s de sopo rta le s su m ás concreta de­ fin ic ió n . El c lim a pro d ig io so de Cervan­ tes se d e s c ifra en ellas. Lo que hay de n o v e lís tic o , de m is te rio p u ro en Zurbarán o en Fray L uis de León, por ejemp ío , lo e n co ntra m o s a q u í. Siendo la peno española, esa pena que para no degene­ ra r en d ra m a sabe c o n ve rtirse en algo garboso y d e licad o , lo q ue nosotros en­ tendem os en ellas a las m il maravillas. Puesto que

lo am eno éspañol se dife­

ren cia co n sid era b lem e n te de las cien va­ ria n te s que la a m e n id a d tie n e. Y quien no e n tie n d e la novela de España en las p la za s

de

so portales

no

sabe,

desde

n u e s tro p u n to de v is ta , a qué atener­ se cuando se repasa desde este ángulo a n u e stro país. Com o es lógico, este tipo de

p la za s

m erecería

p á rra fo

aparte.

Pero subrayem os que en las mismas la novela española cobra su más alto sen­ tid o . A l p ro c la m a r, con la sencillez con que

ellas

lo

d ie n te m e n te

p ro c la m a n , de

n u e stro s

que, indepen­ novelistas, si

España es a lg o , lo es, e n tre tantas co­ sas, p o r su novelesca condición.

Le D iaza de los L ite ra rio s , en S a n tia g o , nos h ace ia c o n fid e n c ia del saber y s ile n c io españoles. No h a y q u e b u sca r en e lla n a d a más q u e el m is te rio , lo q ue Esperta tie n e de d im e n sió n d ra m á tic a , s in ­ tié n d o la c o m o se ntim o s las lá g rim a s y las n ovedades d e l c o ra z ó n . El m e tro a q u í se re du ce c o n s id e ra ­ b le m e n te , h a s ta hacerse m u y p equeño, Sería p u e ril pensar aue de e sta m a n e ra e nte n d e m o s lo español m ás en su salsa, cu a n d o ¡o que co rresp o n de es d o m in a r el secreto e x tra o rd in a rio que ca be en la m ls te rio s id a d de estas p la zu e la s- co nve n cid o s de q u e la riq u e z a ve rd a d e ra de los países se e n c u e n tra p re ­ c is a m e n te en su se creto , q ue in fo rm a m u cho de su v e rd a d . A c e n to , a c e n to sobre to d a s las cosas, es en este cuso la cosecha. Lo m ism o en S a n tia g o q u e en M o re lla , en A v ila que en M e d in a , d is fr u te ­ m os del sabor. P ara e sto no nos v a le lo m ira d a s u fic ie n te , sino la re c o g id a , la re c a ta d a . A q u e lla que tie n e a lg o d e rezo, de c a ric ia , de tie rn a c o m p re n sió n . Este t !po de p la z a s h a y que g o z a rla s en p u n t i­ llas, d isp u estos de u n a m a n e ra d ifíc il, re s ta n d e , a p od e r ser, to d o lo que tie n e n de p eca d o , de esce­ n o g rá fic o s . H a s ta d a r con u n a e se n c.q lid a o m is te rio s a c a u riv a n te . H a s ta e n te n d e r en e lla s el d ra m á tic o m ila g ro — m u y v a rio , no se o lvid e — que cre a su in te n s id a d

En las p la z a s ja rd in , co m o en la p la z a Real de B a rcelo na , n a d a se c o n q u is ta ta n to como esa luZ r e s u lta n te que los cuerpos y las p ro v in c ia s e m ite n c u a n d o se lo g ra n de fo rm a im p o rta n te . SI se 0uiere co no ce r lo re c ó n d ito de la p ro v in c ia de A lic a n te , no sólo h o y q ue b u sca rlo en su c a m p o del¡cadi^irno, sin o en sus p la z a s ja rd ín . A lg o q u e no .vam os en este re p o rta je a d e s ta c a r se ensim ism a en ellas y se a d u e ñ a de nosotros. El a c e n to , el to n o , el g a rb o y la g ra c ia q ue hem os ido d escubriendo en P,a zas a n te rio re s , d e ja paso en to d a s é stas que v e rte b ra n su in tim id a d con ve rdores y fo n ta n a s , para escuchem os la m ás d e lic a d a c a n c ió n . Son d ifíc ile s , p o rq u e no son ta n p u ra s co m o las M ayores o p e rte n e c ie n te s a l segundo a p a rta d o . Son c o m p le ja s , o o rq u e sus c a ra c te rís tic a s u rb a n a s nos hacen ven sar en u n a p o s ib le im p u re z a , con la q u e no debem os de p a c ta r. Esperemos, esperem os confladam en el m e nsa je de e s ta clase de p la z a s , s ig n ific a tiv a s , c a ra c te rís tic a s , a u n q u e no d e m a s ia d o esenciales, q u e España, en sus p la z a s ja r d ín , p o r e je m p lo , p one a disp o sició n de q u ie n q u ie ra e n te n d e rla su ^ tu p id a v e rd a d . R um ores m isterioso s h a b ita n sus cuencas. Y a lg o que no es ni verso n i fo rm a suficie o p rim e n u e s tro c o ra z ó n .

Nunca direm os que lo c o n o cid o , lo t í I pico, aquello que c o n s titu y e n u e s tro m a r ­ chamo en el m undo, nos d e sa gra d a . La Giralda es la G ira ld a , el A c u e d u c to se goviano es el A c u e d u c to , y este rin có n del Cristo de los Dolores en C ó rdo b a t ie ¡ ne su a q u e l... El « a q ue l» esp a ño l, n u e s-

I

tro complicado á n g el, no es n a d a r e tó r i­ co según tantos creen, n i m u ch o m e -

i

nos escenográfico. Y

I

con la que tiene que lu c h a r el n a tiv o y e| turista cuando

de

u na de las cosas

España

se

tr a ta

k es con su escenografía n a tu ra l. C uenca se miente en una e sce n o g ra fía p ro d ig io ­ sa. Lo m ejor de G a lic ia se s u icid a m u ­ chas veces en espectáculos y cre p ú s c u ­ los, contra los que hay q ue p re ve n irse , como es honesto y de ra z ó n . C ó rdo b a , por ejemplo, una de las ciu d a d e s m ás esenciales de España, com o le o c u rre a Granada, no sabe m ostrársenos sino es «con su po q uito » de te a tro . Es un h e ­ cho que el C risto de los D olores, en las noches frescas y a zu le s de la C ó rdo b a magnífica, im presiona. Pero es un h e ch o también que lo im p re s io n a n fe de Espa­ ña es asimismo lo q ue en las p la za s es­ pañolas nos sobrecoge, com o el m is te rio , como la a le g ría y com o el ca n d or.

P ara las p la z a s co m o p a tio nos v a le el e je m p lo de la d e D oñ a E lv ira , en S e v illa . N o es ú n ic a . Des­ p re c ia la im p o rta n c ia . A p e n a s si d im e n s io n a u n lu g a r q u e es ense n a da de a lg u n a s c a lle ja s ; p ero nos h a b la con in tim id a d . La c o n fe s ió n de las p la z a s M a y o re s , q u e en las del s a bo r y del s ile n c io se h a c ía c o n fid e n c ia , se c o n v ie rte en e s ta ocasió n en s u surro , a lg o a sí co m o en s u spiro . España en las p la z a s co m o p a tio re m an sa lo d o m é s tic o , lo re g io n a l, lo p u ra m e n te c a ra c te rís tic o , c o n v irtie n d o este tip o de p la z a s en a lg o fr a te r n o de la c a n c ió n p o p u la r. En la de D oña E lv ira esta m o s, sin q u e re r, d e n tro de lo fa m ilia r y de lo d o m é s tic o . En la P u e rta del Sol m a d rile ñ a — s o b e rb ia p o r su c a p ita lid a d , p ero p e rte n e ­ c ie n te a este g ru p o — , España se co m p re n d e u n p oco en z a p a tilla s y , desde lu e g o , en to d o su sabor re g io n a l. N o nos v a le la p a la b ra « s itio » , q u e hem os de p osp o n er p o r la p a la b ra « lu g a r» . D e n tro de estos lu g a re s de ta n p oca c a b id a e s tá re fu g ia d o , co m o en las co pla s y en lo s 'r e fr a n e s , lo d ia rio , la c o ­ tid ia n a a le g ría , el s e n tir d e lo e s pa ñ o l. Nos v a le n s o la m e n te p a ra d escansar d e n u e s tra c a m in a ta , es­ p u m a r ío que en ella s se nos b rin d a , sin d a r a la cosa d e m a s ia d a im p o rta n c ia . Pero s e ría desconocer a España no re pa sa rla s. C om o re s u lta d esconocer c u a lq u ie r cosa el hech o de no e n te n d e rla en su e n ­ s im ism ad o a b a n d o n o e sen cial.

No^ nos d isg u sta com o « p la za del o lvid o » este rin c ó n g a d ita n o . C ad iz, u n a de las c iu d a d e s espa ñ o as_ mas r 'ca en p la za s, p ue d e va le rn o s, en su le ve d ad -m ila g ro s a , com o a p a rte de c o n s id e ra c ió n . EsPana, en estos lugares, d e lira . España, en rin co n es sin n o m b re o poco co nocidos, se d a c u e n ta de lo Que hizo, de lo que supuso, de lo que supone, y sueña d e lira n te m e n te , lo c a m e n te , e s p a ñ o la m e n te , como es su deber. Las h a y g rave s en Lugo, m a d u ra s en C uenca, lim p ia s y co m o e te rn a m e n te a d o le s ­ centes en A n d a lu c ía . Estas p la z a s del o lv id o , rica s com o to d a s las ru in a s c a rg a d a s de s e n tid o , nos e n 9an una versión p a rtic u la rís im a de lo espa ñ o l. Estam os, in d is c u tib le m e n te , a n te las p la z a s m ás lí r i­ cas. Su esencia, su c o n te n id o , d e s p a rra m a d o y poco e v id e n te , h a y que b u sca rlo con d e le c ta c ió n . España en el olvid o , en el seno d ive rso de estas p la z a s p ro d ig io sa s, cu a n d o no pue d e soñar, d e lira Fresca N o rte y c a lc in a d a en el Sur. Se d iría q u e lo típ ic o , lo c a ra c te rís tic o , se h a e v a p o ra d o . Y que de an 0 A p u ra rs e , es d ifíc ilm e n te sensible la e se n cia lid a d . E xiste un e norm e m a te ria l español d is trib u id o Por estas pla za s. A ta l e x tre m o que q u ie n las co nsid ere sa brá d e m a s ia d o de España, sin p o d e rlo re­ m e d ia r...

15

JUSTO PERAL D E ACOSTA

E! Rey Ábdolloh, outer de un erudito trotado sobre el cobollo árabe, discute sobre la materia con el comandante de su Legión Arabe, el general Glubb Pacho.

su ro m á n tic a y vistosa « P a tru lla del D e sie rto » , una p o lic ía de la que p o d ría n tomar EIS colinas, siete valles, cursos de a gua serpenteando e n tre lecciones de e fic a c ia las de m uchos países occidentales. O tra cam paña de la Legión le lechos de g u ija rro s , casas agrupadas en las fa ld as de los m on ­ s irvió a A b d a lla h para saldar c u a lq u ie r deuda de g ra titu d que p u d ie ra te n er con In­ tícu lo s, ruinas que se re m o n ta n a la época de los griegos, los g la te rra : fu é la o b te n id a en 1941 al sofocar la re v u e lta g e rm a n ò fila p rom ovida en el nabateos y los rom anos, los vestigios de la a n tig u a F ila d e lfia Ira k por Rachid A li al K a ila n i. coronando una de las colinas, un pequeño p a la cio m oderno sobre o tra y, en las a fu era s, las tiendas oscuras de los ca m p a ­ m entos beduinos. Esto es A m m a n , la c a p ita l del reino de J o r­ * * * d a n ia , cuyo Soberano, A b d a lla h I, estará v is ita n d o España cuando ustedes lean estas líneas. Una c a p ita l pequeña y un país pequeño, porque to d a J o r­ A u n q u e los años le hayan hecho p e rder a lg o de su v ita lid a d , A b d a lla h sigue haciendo d a nia apenas m ide 1 0 0 .0 0 0 k iló m e tro s cuadrados de te rrito rio , hoy honor a su re p u ta ció n de hom bre d o ta d o de e n ca nto personal, s im p a tía y un ex­ de los que el 80 por 1 0 0 'son desiertos, h a b ita d o s sólo por trib u s de beduinos, nóm adas, tra o rd in a rio se n tido de la h o s p ita lid a d . Su e s p íritu g u e rre ro no ha decaído en nada, y en que van de pozo en pozo a la busca de unas hojas de h ie rb a paca sus cabras y sus ca ­ la lu ch a c o n tra los ju d íos el año pasado d irig ió perso n a lm e n te la c o n q uista de la ciudad m ellos. E x tra ñ a m e n te , a este país pequeño y desde su pequeña c a p ita l lo go b iern a un v ie ja de Jerusalén, en la que e n tró con sus trop a s cu ando to d a v ía h um eaban las ruinas g ra n Rey: A b d a lla h ibn Hussein al H a ch e m i, vá sta go de una ilu s tre fa m ilia , para la de los bom bardeos y en m edio de un v io le n to d u e lo de a rtille ría . que la m ayo r p a rte de los ú ltim o s cin cu e n ta años h an sido de adversidad y cuya estre lla Com o g o b e rn a n te , A b d a lla h es conservador hasta un p u n to que en Europa se con­ ha com enzado de nuevo a rem ontarse gra cia s a los esfuerzos del Soberano de Jord a n ia . sid e ra ría rea ccio n a rio , y no le im p o rta d e c la ra rlo . Considera las refo rm a s económicas Su M a je s ta d A b d a lla h de Jo rd a n ia n ació hace se te n ta años; su padre era el Rey com o un a n a te m a y cu a lq u ie r nuevo im pu e sto fis c a l com o el p rim e r paso en la pen­ Hussein del H iy a z , S h e riff de la M eca y C u sto d io de los Santos Lugares m usulm anes; su vida parece a rra n ca d a a un c a p ítu lo de «Las m il y una noches». O fic ia l del E jé rcito d ie n te del m arxism o. P ro fu n d a m e n te religioso, su vid a p riv a d a es un e je m p lo p a ra los creyentes: sus co­ del S u ltá n m ie n tra s su padre estuvo en buenas relaciones con la Sublim e P uerta, A b d a ­ m idas están in va ria b le m e n te a m enizadas por la le c tu ra de versículos del C orán; recita lla h , que, con su herm ano Faisal, ca p ita n e ó la re v u e lta árabe que in d ependizó a su re lig io sa m e n te sus cinco oraciones d ia ria s y lleva siem pre una b rú ju la en el bolsillo pue blo del im p e rio oto m a n o , ha pasado g ra n p a rte de su vid a p a tru lla n d o el desie rto a p a ra estar seguro de que lo hace en la d ire cció n de la Santa K aaba. T ie n e sólo tres de lomos de cam ello y luchando, al fre n te de un p u ñ ad o de beduinos, co n tra el poderoso la cu o ta m usu lm a n a de c u a tro esposas y c u a tro h ijo s, dos de ellos varones, los príncipes e jé rc ito tu rc o . De a q u ella época, en la que tu v o a su ca rg o la cu sto dia de la ciu d a d santa T a la l y N a if, sobre los que ejerce una in fle x ib le a u to rid a d p a te rn a l, que no excluye, en de M e d in a , d a ta n algunos de sus m ejores recuerdos, com o el del día en que c a p tu ró ocasiones, el em pleo de los castigos corporales. a un grueso pachá tu rc o que se enca m in a b a al Y em en con una caravana cargada de Sus relaciones con sus súbditos están im pregnadas de esa m a ra villo sa mezcla de ricos regalos, im p o rta n te s docum entos y 2 0 .0 0 0 lib ra s en oro. De aqu ella época d a ta te o cra cia y p a te rn a lis m o c a ra c te rís tic a de los M on a rca s árabes. A u n q u e es in fle x ib le en ta m b ié n el d u ro e n tre n a m ie n to m ilita r que le v a lió el sobrenom bre de «Espada del los castigos, sus súbditos están seguros de e n c o n tra r su clem encia y su ayuda cuando D esierto». la m erecen y saben que las p u e rta s de su p a la c io están a b ie rta s hasta para el último Una de los colaboradores de A b d a lla h d u ra n te la re v u e lta árabe fu é el le g endario p a sto r de cam ellos de su reino. Lo que más le m olesta son las in fra ccio n e s de la regla coronel Lawrence de A ra b ia . «La vid a reserva, sin duda, grandes cosas a este ¡oven P rín cip e » , escribió Lawrence a ra íz de su p rim e ra e n tre v is ta , a la que A b d a lla h a cu d ió coránica, y m o n ta d o en una m u la blanca rica m e n te e n jaezada y rodeado de un b rilla n te sé q u ito de d u r a n t e sus via je s no es esclavos y guerreros. Pero cuando los árabes se hu b iero n lib ra d o del yu g o o to m a n o , In ­ g la te rra se lib ró de c u m p lir las prom esas que hab ía hecho al a n cia no Hussein. En lu g a r infrecuente de p e rm itir la fo rm a c ió n de un solo reino árabe in d e pe n d ie n te b a jo la fa m ilia h a ch e m ita , que se apee la G ran B re ta ña se reservó el m a n d a to sobre P alestina, p e rm itió que los franceses o c u ­ d e su m a g ­ p a ra n S iria y el L íb a no y vió im pasible cóm o un oscuro g u e rre ro de los desiertos de n ífic o D a im ­ A ra b ia expulsaba de su rein o al Rey Hussein, ú ltim o C a lifa de los C reyentes, descen­ ler p a ra re ­ p re n d e r seve­ d ie n te en lín e a re cta del P ro fe ta, a través de tre in ta y ocho generaciones de la más ra m e n te a a l­ p u ra sangre árabe. A tr e in ta años de d is ta n c ia de a q u ella época, A b d a lla h puede va n a glo ria rse de haber g u n a de sus sú b d ita s cuyo hecho un buen tra b a jo en su pequeño país. Su pue blo es hoy el más p a c ífic o y d iscip lin a d o del m un d o á ra b e ; su pequeño e jé rc ito , el más e fic ie n te del O rie n te M ed io . Esto ha ve lo no es lo p e rm itid o que, sin ta n ta s in ú tile s estrid e n cia s com o han d e rro ch a do los d irig e n te s de suficienteo tro s países árabes, A b d a lla h haya sido el ve rdadero cam peón de la causa árabe en m e n te tu p id o . P a lestina y el ú n ico que pueda va n a glo ria rse de haber d e rro ta d o a los ju d íos. Como Quizá el consecuencia de la g u e rra con Israel, su corona com prende hoy 1 0 .0 0 0 k iló m e tro s de rasgo más ca ­ te rrito rio al Oeste del J o rd á n , in clu yen d o la ciu d a d vie ja de Jerusalén, sa n tu a rio c ris ­ ra c te rís tic o de tia n o y m u su lm á n , en cuya m e z q u ita de O rnar descansan las cenizas de su padre Hussein. Este ha sido el te rce r tr iu n fo de su Legión A ra b e , un Dos de los palacios reales: a la izquierda, el de tr iu n fo al que q u iz á sólo haya superado en d ific u lta d invierno, en Shune; a la derecha, el de verano, el p rim e ro , o b te n id o sobre las belicosas trib u s de beduinos sobre una colina de Amman. Abdallah posee otro de su país. De aquellos tie m p o s la Legión conserva to d a vía todavía en Irbid. 16

La b a n d e ra de J o r d a n ia es e x h ib id o c o n o r g u llo p o r e s to s do s s o ld a d o s d e la L e g ió n A ra b e . La L e g ió n e s tá c o n s id e ra d a c o m o e l m e jo r e jé r c it o d e l O r ie n te M e d io .

Abdallah sea un In fa lib le se n tid o del h u m o r, v e rd a d e ra m e n te n o ta b le nara su edad. Una de las h a b ita cio n e s más Im p o rta n te s de su p a la cio es la « g alería de los espejos», fo rm a d a p o r va rio s espejos que d e fo r­ man grotescam ente la fig u ra . La a d q u irió de una caseta de fe ria de Londres, y hace pasar por ella a todos los «shelkhs» beduinos que van a visitarle. Una vez un v is ita n te que le s u rg irió que h a b ía pocos m é ­ dicos en el país re c ib ió la sig u ie n te respuesta: «La educación m édica no les va bien a m is beduinos. Y a se c o rta n b a sta n te los unos a los otros ta l y como están las cosas.» Su s im p a tía es a b ru m a d o ra . T ie n e la ra ra v ir tu d de conservarse siempre en su puesto sin respetar dem asiado los pro to co lo s, y una p e r­ sona recibida en a u d ie n cia puede, com o le o c u rrió al que escribe estas líneas, encontrarse in e sp era d a m e n te in v ita d a a a lm o rz a r en p a la cio y charlando a m is ta m e n te con el Rey sobre las travesuras de su v ie ja gata blanca y tu e rta , « K u tn a » , por la que A b d a lla h sie n te un ca riñ o especial. Sus ocios los dedica a la lite ra tu ra y está considerado e n tre los e n ­ tendidos como una fig u ra n o ta b le en la poesía árabe a c tu a l. N i siq u iera cuando luchaba c o n tra las tu rco s fa lta ro n n u n ca en sus ca m p a m e n to s del desierto uno o dos c a n ta n te s v re cita d o re s de versos. Su obra m aestra versa sobre la cosa más p ró x im a a l co ra zó n de un buen á ra b e : los caballos. O tro de sus p a satiem pos fa v o rito s es el a je d re z , del que es el ú n ico reform ador conocido en los m iles de años que tie n e de e xiste ncia . La reforma fu é in tro d u c id a por A b d a lla h y su entonces p rim e r m in is tro Samir Pachá R ifa i, en el año 1 9 4 5 ; consiste en la in tro d u c c ió n de tres nuevas piezas: el ta n q u e , el «caza» y la bom ba a tó m ic a . Una de las últim as p a rtid a s del Rey tu v o lu g a r por corre sp o n de n cia ; su c o n trin ­ cante, uno de los pocos que le han d e rro ta d o , fu é un s h e riff de un pueblecito del Estado de W à s h in g to n , en N o rte a m é ric a , y la p a rtid a no se in te rru m p ió n i un solo m om e n to , a pesar de que c o in c id ió con la guerra c o n tra los judíos. Como buen á ra b e , A b d a lla h es un a m a n te de los placeres de la mesa; d is fru ta de un a p e tito n o ta b le para su edad, y una com ida en su palacio no tie n e menos de ocho p la to s, el ú ltim o de los cuales suele ser un pollo asado, que sólo se sirve al Rey. Sus sú b d ito s, que conocen esta deb ilid a d del M o n a rc a , le a p odan c a riñ o sa m e n te « A b ri T a b ic h » , es decir, «Padre de la Buena C o m ida » . *

*

*

El país de A b d a lla h es p o b re ; la inm ensa m a yo ría de su exte nsió n está fo rm a d a por desiertos, que ni siq u ie ra g o za n de la presencia de ese don de A lla h que es el p e tró le o . La po b re za de J o rd a n ia es ta n grande, que los europeos que vive n en el país le lla m a n «la tie rra de «nayid m a fi» , es d e cir, «la tie rra de la a b u n d a n cia de na d a» . Las ú n i­ cas riquezas n a tu ra le s son unos ya cim ie n to s de fo sfa to s e x tra o rd in a ­ riam ente ricos, pero d e fic ie n te m e n te e xp lo ta d o s, y unas pesquerías en el G olfo de A k a b a , en el M a r Rojo, a las que la fa lta de un buen puerto y de m edios de c o m u n ica ció n im p id e re n d ir lo que debieran. O tro de los pocos ingresos del país son los derechos de paso de un o le o ­ ducto que lleva a H a ifa (P a le stin a ) el p e tró le o del Ira k . *

*

*

Desde un p u n to de vista económ ico, la a n e xión de la zona árabe de Palestina apenas si c o n s titu y e una m ejo ra p a ra el rein o de A b d a lla h , ya que aunque hay en ella tie rra s c u ltiv a b le s , Jo rd a n ia ha v is to a u ­ m entado en casi m edio m illó n el n ú m e ro de sus h a b ita n te s (lo que re ­ presenta casi el 125 por 100 de su p o b la ció n o rig in a l), com o conse­ cuencia del éxodo en masa de los árabes expulsados de Israel. La m ejo r esperanza de desa rro llo económ ico del pa ís reside en la re a liz a c ió n de un proyecto de irrig a c ió n del va lle del Jo rd á n que e x ig iría la inversión de muchos m illo n e s de dólares. Pero si eco n óm ica m e n te la a n e xión de esta p a rte de P a lestina no ha sig n ifica d o m ucho, sí tie n e un g ra n s ig n ific a d o p o lític o y, sobre todo, sentim ental. A l c o n q u is ta rla p rim e ro p o r la fu e rz a de las arm as y anexionarla después a su re in o , A b d a lla h ha salvado una g ra n p a rte de los derechos árabes sobre P ale stin a . A lg u n o s creen que esta zona debería c o n s titu ir un Estado árabe in d e p e n d ie n te ; pero con to d a p ro ­ babilidad este Estado sería in ca p az de s u b sistir p o r sí m ism o y aca b aría por caer, p o lític a y e co n óm ica m e n te , en la ó rb ita de Israel, a lgo especialm ente peligroso, dada la te n d e n cia de m uchos p o lític o s is ra e li­ tas a e xtender las fro n te ra s de su Estado a la to ta lid a d de P alestina. A lgunos e x tre m is ta s de T el A v iv ni siq u iera se d e tien e n a h í y p re ­ tenden la re sta u ra ció n de Israel en sus lím ite s h istó rico s, es d e cir, in ­ cluyendo a Jo rd a n ia . Pero el c o m p o rta m ie n to de la Legión A ra b e del Rey A b d a lla h d u ra n te la re cie n te g u e rra debe haberles convencido de

que esto no será una empresa fá cil.* En la a c tu a lid a d , el p u n to de fic c ió n más a ce n tu a d o e n tre J o rd a n ia e Israel es la ciu d a d de Jerusaién, cuya p a rte vie ja o cupan las trop a s jord a n a s, se­ paradas sólo p o r pocos m etros de los soldados ju d ío s que g u a r­ necen la ciu d a d nueva. Israel q u ie re hacer de ésta su c a p ita l y p re te n d e que los p royectos de in te rn a c io n a liz a c ió n sólo d e ­ ben e xtenderse a la ciu d a d v ie ja donde se e n cu e n tra n la m avor p a rte de los Lugares Sagrados cristia n o s, m usulm anes y judíos. La tesis de A b d a lla h , que c o in ­ cid e con la de las naciones cris­ tia n a s , es que p a ra ser e fic a z , la in te rn a c io n a liz a c ió n deberá e x­ tenderse ta m b ié n a la nueva Je rusaién, que rodea casi por co m p le to a la c iu d a d vie ja . M ie n tra s ta n to , la p rin c ip a l p re o cu p a ció n del Rey de J o r­ d a n ia sigue siendo el buscar a yu d a económ ica p a ra su p e ­ q u eño país y el im p e d ir las a c ti­ vidades en él de ios a g itad o re s co m u n ista s: «Sólo el general F ranco y yo com prendem os re a l­ m e n te el p e lig ro co m u n is ta » , ha d ich o re cie n te m e n te .

Arriba: Estas columnas romanas son un resto de la pasada grandeza de Amman, la antigua Filadelfia. Aba­ jo: Una caravana de camellos no es un espectáculo infrecuente en las calles de la capital de Jordania.

17

A rriba: Visla aérea d e W illem stad, c a p ita l de la isla d e C u raçao ,—A bajo: a la izquierda, un b ello asp ecto de la misma ciu d ad isleñ a , y, a la d e re c h a , v ista p a rc ia l d e La H ab an a , co n el C ap ito lio en p rim er término.

M ed iterrá n e o c a lie n te de C e n tro a m é rica , EL rMic iaar suC a ribd eelg, a ese d a , q u e b ra d iza , cin tu ra g e o ló g ica — su ta lle

qu e a c a ­ d e a v is ­ p a — y e n v u e lv e ta m b ié n en sus olas co n espu m a de co co b la n co y ritm os d e lán g u id a h a b a n e ra y d a n zó n se n tim e n ta l, las d u lces y bellas islas a n ti­ lla n a s, es un m ar d e p o é tic a s le y e n d a s in d íg e n a s y reales y ve rd a d e ro s p elig ro s en su n a v e g a ció n . P o r el C a rib e , qu e en to n ces no se lla m a b a así, en tra ro n un d ía en A m é r ic a los co lo n iz a d o re s, en tró la c iv iliz a c ió n — en eso ta m b ién M e d ite ­ r r á n e o — y d esd e a llí, d esd e las A n tilla s , se in ició el a v a n c e b a c ia las tierras firm es y vírgen es d e l C o n tin e n te . Pero d esd e siem p re h a b ía sido el C a rib e m ar de p elig ro s rea les o im a­ g in a rio s. M ar d e tib u ro n es siem p re b o q u ia b ie rto s y de tifo n es q u e tie n e n su g u a rid a m e te o ro ló g ic a en los senos d e l g o lfo de M éjico . M ar de b e lle za s u p e rficia l y tu rb ia s fa ta lid a d e s in te rn a s. M ar de lu z u n ic a , de brisas p u ­ ras, p ein a d a s por las palm eras reales de g rá c il ta lle , que se asom an a sus o rilla s en las costas de C u b a , de C u r a c a o , d e P u erto P rín c ip e , de B arran 1R

q u illa , o d e las m ás a m p lia s tierra s d e la costa v e n e z o la n a . A h o ra pasó el p e lig ro y q u ed a la b e lle z a . L as rutas aéreas su rca n en todas d ire c c io n e s este h erm oso y ya nada p e lig ro so m ar. S o b re sus aguas ca lie n te s v a zu les, co n esp u m a de coco b la n c o , y sus o rilla s de su a ve a ren a , con esb elta s p alm eras m u latas, que no d an paz a sus v e rd es y n atu rales a b a n ico s de « p a y-p a y» , p asan raudos los a v io n es q u e h a cen ca d a d ía las rutas d e l C a rib e . Q u e sa lta n de isla en isla y de las islas al C o n tin e n te . Q u e sa lta n co n go zo d e «Cam aguey a S an tiago» y de La H ab a n a a C u ra ç a o , C a ra ca s y P u erto Príncipe. S a lta n sobre estas tie rra s fera ces so b re b la n d o s h o rizo n te s d e canas de a zú ca r, so b re estos n o m bres de ciu d a d es qu e e v o ca n b la n d a s ham acas, co torras p a rla n c h ín a s , m u la tas d e buen v e r y a n ch o s so m b rero s de paja de P an am á. H o y los viajero s d e l C a rib e ya no tem en sus p eligro s y p u e d e n disfrutar de todas sus b e lle za s in co m p a ra b le s d esd e las v e n ta n illa s d el m odernísim o «holandés» v o la n te d e la R ea l C o m p a ñ ía H o la n d esa d e a v ia c ió n .

Claro y sencillo en la remota cui brote de luz del milenario pecho, brezó tus sueños la constante luna,

consignos de preñadas tenipestade! que abrirían las bocas de sus griega para parir regiones y ciudades,«^

y el sol quemólas randas de tu lecho. Creciste fuerte, indómito, seguro. Cuando España te vió, ya estabas hecho:

Y al proclamar las cajas y-'iwojípetas que Francia por su Rey te poseía,, ¿gj y ensalzaron tu nombre sus pe£tö||P

y rompiendo la espalda de tu muro sonabas con violas y metales el alegro mayor de tu futuro.

tu honor, hecho torrentes de apremia, negó a las lises las sobejbi^rs'olasy ^ porque en la esencia de m í er vi^Sa^*

Verdes óboes de cañaverales; compases de remansos entre los pinos; arpas en los alivios musicales

la fe de dos mil vidas españolas, y aun lucía en tus noches consti el halo de sus limpias a u réo lai

de los inmensos lagos cristalinos; Vaorquesta plena en saltos y quebradas K n ti^ j^ U H a & d e los remolinos,

sobre la antigua cruz de sus espadas. Y el parto llegó al fin: se obró el pojá Por manos de Occidente levantara#*

enredadas ss^-»-"traaÍMa nada de la mar, en donde -* — "se pierden al morir todas las nadas,

>

SÄ*-

de Europa el corazón y el sentimiej surgieron factorías industriales, * y pueblos y comarcas ciento a ciei

Pero la encina que en su nudo esconde la sangre del heroico navegante que desde sus raíces te responde,

Ojos criollos, brazos tropicale: labraron la abundancia eugg| y acrecieron cosechas a rau|

cambió la plenitud de tu semblante .y-enriqueció tus linfas generosas Jjearôndolas al orto de levante.

suyo el trabajo, nuestrqjfiMI Otras pasiones, otro nomPbiffi otra razón de ilustres maravi

^ Ya tuvieron tus aguas rumorosas espíritu, y honor, y eternidades; ya latían las tierras angustiosas .

otro calor humano, y otro frío. » y otra fiebre de lucha y de riqu$S¡ han hecho al fin de ti, sagrado ré la blanca vía que en el ciefiPciHpuya y parte en dos cuarenta y ocho Estados que le dan su grandeza a tu grandeza! Desde mis viejos lares olvidados oigo el estruendo gris de los motori chasquidos de tirantes engrasados,g gemidos de mecánicos doloresf88*^? de ruedas, y de cabrias, y bobinas^, y sirenas de mágicos vapores, J y dínamos, cadenas y turbinas. Un mundo de locura, un mundo nue™ que ahuyenta a mis humildes golondr Esto has venido a ser; mas yo te lié tan dentro de mi historia en lo que que quisiera olvidarte y no me atre porque aturden voces extranjeras en tus márgenes vivas, me parece que en mi lengua has de haflar hast Si no, será mejor que lloiï^rrece. “ Pero me llega en clamoroso andante, donde el épico orgullo se cmlgraveegjj tu misteriosa voz alucinante que llevó a nuestros hombres de la mano de Dios, hacia ai y entiendo que ese bárbaro con que tu grito en mi ert| me va diciendo: ¡Soto!, ¡S contesto: ¡España!, ¡E¡

H

ACE unos cuantos años, el título que encabeza estas líneas no hubiera pa­ sado de ser más que una alegre utopía. Africa era considerada como un continente misterioso, fuente inagotable para los autores de novelas de aventuras y más tarde para los productores cinematográficos. Sus inmen­ sos paisajes, prácticamente impenetrables, quedaron relegados en la his­ toria de la humanidad. Pero hoy, los medios de todas clases puestos por la ciencia al servicio del hombre han roto la niebla, se la ha ido conociendo y la realidad va desplazando rápidamente de su suelo, a la imaginación. Sin embargo, alcanzar esta realidad no ha sido tarea fácil. La penetrabilidad de la costa, muy deficiente, dificultaba los desembarcos; las condiciones del terreno y climatológicas, en el interior, desafiaron constantemente el avance de los colo­ nos, sin poder apenas apoyarse en los pueblos indígenas, cuyo grado de civilización era en su mayor parte rudimentario. Por esto sólo, la costa alcanzó un desigual grado de prosperidad. Pese a ello, el trabajo y la técnica, aunados, lograron grandes éxitos, y vastas extensiones de territorio, en ese perímetro costero, quedaron incorporadas al mundo moderno. No obstante, ante todos los programas de reali­ zaciones, se oponía una circunstancia considerada como invencible y por lo cual se clasificó el Africa como un continente peligroso: las dos terceras partes de su extensión constituían un efectivo imperio de la muerte. La "enfermedad del sueño" detuvo la marcha hacia el interior. Y las posibilidades africanas quedaron así in­ tactas muchos años, celosamente guardadas por la mosca "tse-tse” . Ahora un grupo de químicos europeos de la Imperial Chemical Industries anun­ cia el descubrimiento de una droga, la "antracida” , que inmuniza al hombre y al ganado contra tal enfermedad. Muy poca gente ha visto la trascendencia que tiene este invento para la futura estructuración de los mercados mundiales, prin­ cipalmente para los hispanoamericanos, ante los que se alza, en un plazo máximo de cincuenta años, el peligro de una gigantesca competencia. Interesan más otras noticias concernientes a las cosechas de este año o a la recuperación industrial de los distintos países. No hay duda que son factores que encierran una importancia considerable. Ahora bien; la "antracida”—nueva versión de la fórmula D. D. T.— , inyectada en Africa, está llamada a repercutir en el mundo como lo hicieron en su día otras revoluciones técnicas más espectaculares. No exageramos nada. Durante el presente año, dos millones de cabezas de ganado, en el Sudán y Uganda, serán inmunizadas. Siguiendo a este ritmo, pronto podrá habilitarse una extensión de terreno cuatro veces mayor que la del actual territorio de la República Argentina para la explotación de la ganadería. ¿Qué consecuencias traerá esto para América en relación con los mercados europeos?... Y hay más. En Tangañica se están sembrando ya, una vez desaparecido el peligro de la "enfermedad del sueño", más de un millón de hectáreas de plantas oleaginosas. Un vasto plan agropecuario, que se va desarrollando gradualmente, constituirá la base de una exportación en gran escala, con detrimento indudable de la de Hispanoamérica. Asimismo se prepara el montaje de un sistema alimen­ ticio que permita el mantenimiento de núcleos de población, con los que se podrá llevar adelante no sólo el expuesto desarrollo del campo, sino también la explota­ ción de los inmensos recursos mineros que muy probablemente existen en la zona que va siendo abierta al hombre. Europa, que atraviesa una crisis alimenticia permanente, y que, por otra parte, tiende a incrementar cada vez más su proceso de industrialización, si tropezase con dificultades de aprovisionamiento—originadas por los motivos que fuesen—en el espacio geográfico para ella lejano de Sudamérica, no hay duda que fijará sus esperanzas en la experiencia africana. Verá en este continente, en un plazo relati­ vamente breve, una gran fuente de recursos, próxima y adecuadamente desarro­ llada, que colmará sus necesidades. Y esto deben sentirlo también las naciones hispánicas del otro lado del Atlántico. Existe un problema que es común a los dos continentes: la falta de brazos. Hoy, el emigrante, puesto a escoger, irá a la América del Sur. Es un viaje que han realizado ya muchas generaciones y la atracción es grande. El mismo misterio sobre el continente negro, creado por la literatura de tantos años, el creer que el trabajo en Africa habrá de desarrollarse en mayores condiciones de dureza y la falta de antecedentes victoriosos de tipo económico, proporcionada por otros emigran­ tes, retrasarán la atracción africana. Ahora bien; una propaganda técnicamente realizada por las naciones interesadas, poniendo de relieve, por ejemplo, la rela­ tiva proximidad de Europa, unida a una constante captación del elemento indí­ gena, cubriéndole sus pequeñas necesidades para proporcionarle un nivel de vida más fácil y fomentando al mismo tiempo el acrecentamiento de su población, es indudable que dará al espacio africano una mano de obra que le es imprescindi­ ble sin excesivos gastos, capaz de crear, por tanto, una eficaz competencia al co­ mercio de los pueblos hispánicos de América. Se ve facilitado este programa por encontrarse la mayor parte del territorio de Africa prácticamente sometida a muy pocas influencias, y esas pocas influencias, muy necesitadas todas de los recursos que habrán de obtenerse. Por lo tanto, llegar a un acuerdo único en lo que se re­ fiere a vías de comunicación transcontinentales, ferrocarriles, carreteras, explo-

20

tación hidrográfica, puertos y aeropuertos, etc., para facilitar e desarrollo conjunto de un vasto plan de aprovechamiento agro­ pecuario, minero y hasta industrial, no será ni difícil ni largo. Para Europa, lo primero es su recuperación. En la fría realidad de los gráficos que acompañan este trabajo apoyamos nuestra tesis. Se compara en ellos las densidades de po­ blación y producción de ambos continentes. Detenerse unos mo­ mentos a contemplarlos es suficiente para comprender las posibili­ dades de cada uno. El paralelismo se rompe todavía a favor de His­ panoamérica; lo rompen varios siglos de cultura y su actual afán de superación. América está hecha; Africa em pieza a hacerse ahora. Vemos, sin embargo, que se ha iniciado un conflicto de insos­ pechadas repercusiones: Africa v. s. Hispanoamérica, que traerá consigo, como primera consecuencia necesaria, un reajuste de toda la economía sudamericana. La alegre utopía de que ha­ blábamos al principio se ha convertido en algo peligrosamente tangible. Entre aquellas Repúblicas hay ya algún recelo, espe­ cialmente acentuado en el Brasil, por ser quizá esta República la primera afectada por los cultivos de ensayo africanos; con­ cretamente, las plantas oleaginosas. Argentina, Perú, Chile, Co­ lombia, etc., seguirán, a continuación, en lo que respecta a ga­ nadería y agricultura, sin incluir, por ahora, la competencia del subsuelo, aunque las potencias interesadas en Africa tienen pues­ tas grandes esperanzas en la producción minera. Pero aún Hispanoamérica puede luchar con ventaja. Sus posibilidades son inmensas y muchas permanecen intactas. Es indiscutible que si Europa y los Estados Unidos han sido sus principales mercados, la desaparición de uno de ellos traería la subordinación incondicional al otro, y aun dentro del esta­ dounidense, la producción de la América española tendría pro­ bablemente que competir con la africana, ya que a Norteamé­ rica hay que considerarla como parte interesada en la explotación de aquel continente. ¿Soluciones? Son muchas las que con el estímulo de este pe­ ligro económico tendrán que proponerse los hispanoamericanos. Una estrecha unión comercial, que persiga como fin la explotación de todos sus recursos, parece la más próxima; antes que empren­ da la carrera el continente negro, puede aun retrasar en su be­ neficio este ensayo africano. Uniones comerciales con simplifica­ ción de los regímenes aduaneros, de sistema parecido al todavía estático pacto argentino-chileno, o al más dinámico suscrito por las Repúblicas que componen la Unión Grancolombiana, habrán de prodigarse. Seguir sustentando con el ritmo actual, o más acentuado, las expediciones científicas encaminadas a conocer con toda exactitud sus posibilidades de todas clases. Concluir acuerdos que lleven al aprovechamiento de las grandes cuencas fluviales, algunas de las cuales, como la amazónica, encierran incalculables riquezas, apoyando iniciativas y dando facilidades a cuantos proyectos de exploración o utilización se presenten. En una palabra, favorecer y estimular de un modo constante todo aquello que lleve como fin, próximo o lejano, un mayor desen­ volvimiento de la balanza comercial, sin olvidar un plan de co­ municaciones transcontinentales, irrealizable hoy, en muchos ca­ sos, por divergencias políticas de poca monta. Que son muchos los ferrocarriles y carreteras iniciados con este fin y no realizados, en toda la longitud proyectada, por pequeñas diferencias de ve­ cindad, muchas veces fomentadas desde espacios nacionales leja­ nos, interesados en que las cosas sigan como están. Algo pa­ recido se podría apuntar sobre el régimen de navegación de los grandes ríos sudamericanos. Pero no acabaríamos nunca, y ya bastante nos hemos salido del plan meramente expositivo de este trabajo. Es indudable que la "antracida” plantea sugestiones e interro­ gantes que se alzan como un desafío ante la permanente y tradi­ cional desunión de las Repúblicas hispánicas. La desaparición lenta, pero ininterrumpida, de la mosca "tse-tse” , debe aportar el beneficio de rendir las viejas querellas, para defenderse con ventaja de la ya iniciada competencia africana.

J UAN

ANTONIO

LIAÑO

HUI DOBRO 21

Agosto, frío en rostro.—Lo dice porque en esta época empieza a ceder el rigor del verano. Agosto tiene la culpa y septiembre lleva la pulpa.—Porque la fruta que se cría en agosto madura en septiembre. Agosto y septiembre no duran siempre.—Porque suelen ser meses de abundancia, ya que son de cosecha.

Año seco, año bueno. El año seco tras el mojado, guarda la lana y vende el hilado.—Dice que no se debe vender la lana cuando se ha lavado el vellón con las lluvias.

Arco al poniente, deja el arado y vente.—Que cuando aparece el arco iris por esa dirección va a llover. Arreboles al oriente, agua amaneciente. Arreboles de la tarde, a la mañana aire. Arreboles en todos los cabos, tiempo de los diablos.

Junio, julio y agosto, ni dama ni mosto.—Dice que las mujeres en esta época (se refiere a las trabajadoras del campo) suelen estar descui­ dadas y delgadas por el trajín que llevan y que, por tanto, no son ape­ tecibles. Por agua del cielo no dejes tu riego. Por San Juan, amo, yo en la silla y vos en el escaño.—Se decía anti­ guamente, porque en esta época^se hacían los contratos de trabajo anual.

Por San Pablo cigüeña en campo. Por San Pedro cada pastor con su rebañuelo. Por Santa María de agosto repasta la vaca un poco; por la de sep. tiembre, aunque al vaquero le pese. Por Santiago y Santa Ana pintan las uvas y para la Virgen de agosto ya están maduras.

Cada refrán supone una verdad pequeñita y viva, que nos llega del acervo común de la añeja sabiduría popular. Es un consejo certero y desinteresado, como píldora homeopática de pura filosofía, guardada no se sabe dónde y trasm itida como herencia preciosa y valiosa de generación en generación. Flores de una experiencia de siglos hecha en la pro. pia carne y en la propia vida de nuestros antepasados, frutos espontáneos de nuestro árbol genealógico, los refranes, decires o sentencias populares, van dejando su perfume folklórico en la conversación y el vivir de las gentes. Engarzados con habilidad y oportunidad, sin abuso, como aconsejara Don Quijote a Sancho, aun al docto lenguaje lo esmaltan de agudeza sutil, de gracia espontánea, de profundidad y experiencia. Desde el punto de vista filológico, los refranes cas­ tellanos constituyen un verdadero tesoro, nacido en los albores mismos del idioma y guardado por un pueblo viejo y por viejo sabio, que iba vertiendo en el naciente rom ance todo el cuadal de su vernácula sabi­ duría ibérica. MVNDO HISPANICO aspira a recoger en esta pá­ gina de su número de agosto, como curiosidad y sin que sirva de precedente, algunos de los refranes meteo­ rológicos más característicos entre los que hacen alu­ sión a problemas del verano en el hemisferio boreal, o sea el verano que em pieza en junio y term ina en septiembre. No deja de ser curioso el contraste que ob­ servarán nuestros lectores del hemisferio austral, que necesariam ente han de encontrar cambiados los tiem ­ pos y los conceptos de estos decires y sentencias meteo­ rológicas— siempre relaciones de causas y efectos—-, ya que ellos tienen cambiadas las estaciones del año. Nuestro dibujante Suárez del Arbol ha ilustrado con su gracejo habitual algunos de estos refranes dej verano, para que la interpretación plástica de sus in­ tenciones permita que más claram ente sean entendidas y saboreadas.

Por San Justo y Pastor entran las nueces en sabor, y las mozas en amor, y las viejas en dolor. Por San Lucas bien saben las uvas. Por San Vicente, alza la mano de la simiente. Por Santa Ana no hay borrica mala, y por Santiago, no hay mal ca­ ballo.

Por sol que haga, no dejes la capa en casa.—Es como: "Por buen día que haga, no dejes la capa en casa”. San Bernabé, dijo el sol, aquí estaré y de aquí no pasaré. San Miguel de las uvas, tarde vienes y poco duras; si vinieses dos veces al año, no quedaría mozo con amo.—Porque en este día se cumplían y pagaban las rentas. San Miguel pasado, tanto manda el mozo como el criado.—Por la ra­ zón que se ha dicho en el refrán anterior.

Una golondrina no hace verano, ni una sola virtud bienaventurado.— Dice que una acción sola no funda costumbre y que por ella no puede juzgarse al que la hace. . Un agua de mayo y tres de abril, andan los bueyes al carril; una ae abril y dos de mayo, valen más que los bueyes y el carro. Mayo hortelano, mucha paja y poco grano.—Si el mayo es templado y húmedo.

para la cosecha es que vengan bien los meses anteriores a mayo. Mayo festero, echa la rueca tras el humero.

ARGENTINA

BOLIVIA

ECUADOR

COLOMB

EL S AL V ADOR

HONDURAS

LIBANO

NICARAGUA

PAKISTAN

m

PARAGUAY

T U RQU I A

m

m

SIAM

U. SUDAFRI CANA

YEMEN

PORQUE P E R M A N E C I E R O N IN S E N S IB L E S A LA C A L U M N I A ESPAÑA, AGRADECIDA, RECUERDA SU LEALTAD EN LA O. N. U

b e r n a d o r d e Q u ito , a n d a b a o rg a n iz a n d o la n u e v a co lo n ia p o r tie r r a s q u e el E m p e r a d o r A ta h u a lp a h a b ía h e re d a d o de su m a d r e , p re s e n tó s e le c ie rto d ía el c a p itá n D . L u is D a z a con u n in d íg e n a de t r a j e y le n ­ g u a d e sc o n o c id o s en a q u e l im ­ p e rio q u e a c a b a b a de h u n d irs e . S e g ú n su r e l a t o — q u e n o s tr a s c r ib e el P . B a y le — , e ra m ie m b ro de u n a E m b a j a d a q u e v in o al I n c a en d e m a n d a de so co rro ; los e m b a ja d o r e s p e re c ie ro n en la ta r d e f a tíd ic a d e C a ja m a rc a , y él in d io p e re g rin o , ú n ic o q u e sa lv ó la v id a , to r n a b a a los su y o s c u a n d o los e s p a ñ o le s r e p a r a r o n e n él, m á s q u e p o r su tr a j e y le n g u a , p o r la s m a ra v illa s q u e de su t i e r r a le o y e ro n . -La c u a l e s ta b a m u y al n o r te , m ás a llá de los P a s to s , y se d e c ía C u n d in a m a rc a ; a b u n d a b a en oro so b re to d a p o n d e ra c ió n ; y en p r u e b a de ello re fe ría la c o s tu m b re de a r r o ja r su s c a c i­ q u e s jo y a s y p ie z a s de o ro p o r m a n e r a d e s a c rific io en u n a la g u n a , d o n d e el se ñ o r p r in c ip a l se z a m b u llía c u b ie rto e n te r a m e n te de oro m o lid o . A q u ie n e s a c a b a b a n de v e r en la s n u e v a s tie r r a s las s u n tu o s id a d e s de los te m p lo s y p a la c io s in c á s ic o s , el m á s g r a n d e y a rris c a d o d e los o b s ­ tá c u lo s h a b ía de p a re c e rle s u n c a m in o lla n o . ¿ P o r q u é n o ib a a se r v e rd a d lo q u e c o n ta b a el in d io ? N ecio s ello s si p e r m a n e c ía n en Q u ito , tie r r a h e r m o ­ sa, p e ro sin g ra n o s de oro . D e sd e e n to n c e s , y p o r tr e s siglos la rg o s , la f a m a de el hom bre dorado fu é c o m id illa e ilu s ió n de to d o s , p lá tic a e n sa lo n e s y tin e lo s , y a c ic a te de a v e n tu r e r o s y d e s o c u p a d o s , a tr a íd o s p o r a q u e lla ilu sió n d e e n c a n ta m ie n to . N o h u b o , e n tr e t a n t a s co m o se v ie r o n e n e l N u e v o M u n d o , e m p re s a q u e m e jo r p r o b a r a el te m p le d e los c o n q u is ta d o r e s , q u e ja m á s se q u e b ró ni en los fra c a s o s , a l v e r q u e a q u e lla ilu s ió n s o ñ a d a e ra u n te r r ib le d e s a s tre d o n d e se h u n d ía n e jé rc ito s , se m a l b a r a t a b a n r iq u e z a s y d e s a p a re c ía n los h o m b re s e s fo rz a d o s. F e r n á n d e z d e O v ie d o , e n su H is to r ia de las I n d i a s , n o s d a la d e sc rip c ió n m á s e x a c ta de a q u e lla c la ra e n s o ñ a c ió n : ’’P r e g u n ta n d o y o p o r q u é c a u sa lla m a n a a q u e l p rin c ip e el c a c iq u e o re y D o ra d o , d ic e n los e sp a ñ o le s q u e e n Q u ito h a n e s ta d o e a q u i a S a n to D o m in g o h a n v e n id o , q u e de lo q u e d e sto se h a e n te n d id o d e los in d io s es q u e a q u e l g ra n s e ñ o r o p rin c ip e , c o n tin u a m e n te a n d a c u b ie r to de oro m o lid o e t a n m e n u d o com o sa l m o ­ lid a ; p o rq u e le p a re c e a él q u e t r a e r o tro c u a lq u ie r a ta v io es m en o s h e r ­ m o so , e q u e p o n e rs e p ie z a s o a rm a s d e o ro la b r a d a s a m a r tillo , o e s ta m ­ p a d a s , o p o r o tr a m a n e r a es g ro s e ría e c o sa c o m ú n , e q u e o tro s señ o res e p rin c ip e s ric o s la s tr a e n c u a n d o q u ie re n ; p e ro q u e p o lv o riz a rs e co n oro es co sa p e r e g r in a , in u s ita d a e n u e v a e m a s c o s to s a , p u e s lo q u e se p o n e u n d ia p o r la m a ñ a n a se lo q u ita e la v a en la n o c h e , e se e c h a e p ie rd e p o r t ie r r a . E e s to h a c e to d o s los d ia s d e l m u n d o . E es h a b ito q u e , a n d a n d o com o a n d a d e t a l fo rm a v e s tid o o c u b ie r to , n o le d a e s to rb o n i e m p a c h o n i se e n c u b re n i o fe n d e la lin d a p e rfe c c ió n d e su p e rs o n a , d e q u e él m u ­ cho se p re c ia , s in se p o n e r e n c im a o tro Capital de. Eldorado, v e s tid o n i ro p a a lg u n a . Y o q u e r r ía m a s la e sc o b illa d e la c á m a r a d e s te p rin c ip e q u e n o la de la s fu n d ic io n e s g ra n d e s q u e de oro h a h a b id o en el P e r u . A si q u e e ste c a c iq u e o re y d ic e n los in d io s q u e es m u y riq u ís im o e g ra n s e ñ o r, e co n c ie r ta g o m a o lico r, q u e h u e le m u y b ie n , se u n t a c a d a m a ñ a n a , e s o b re a q u e lla u n c ió n a s ie n ta o se p e g a el o ro m o lid o o t a n m e n u d o com o c o n v ie n e p a r a lo q u e es d ic h o e q u e d a t o d a su p e rs o n a c u b ie r ta de o ro , d e sd e la p la n ta d e l p ie h a s ta la c a b e z a , e t a n re s ­ p la n d e c ie n te co m o su e le q u e d a r u n a p ie z a de oro la b r a d a d e m a n o de u n g ra n a r ­ t if ic e .” L a e x a c ta v e r d a d d e l m ito es b re v e de n a r r a r . E l te r r ito r io de los m u is c a s , e n c a ­ ra m a d o en la c o rd ille ra de C u n d in a m a rc a , e s tá sa lp ic a d o de la g u n a s , q u e p a r a los in d íg e n a s fu e ro n s a g r a d a s , y en la s c u a le s ,

24

com o o fre n d a a sus d io ses, a rro ja ­ b a n m u c h e d u m b re d e jo y a s , es­ m e ra ld a s y p ie z a s de o ro . D e tales la g u n a s c o rre s p o n d e el p rim e r lu­ g a r, p o r su v e n e ra c ió n , a la de G u a ta v ita , en u n p á ra m o a tres m il m e tro s so b re el n iv e l d el mar. N o lejo s se h a lla b a la c a p ita l de los z ip a s y su c a c iq u e , m agnífico y d e v o to , c e le b ra b a el b a ñ o ritual com o u n g ra n e s p e c tá c u lo , que a tr a ía in n u m e ra b le s g e n te s . E l d ía señalado, c u b ie rta s p o r la m u c h e d u m b re las fa ld a s de la s co lin a s q u e ro d e a n la la g u n a , ’’a s o m a b a el c o rte jo d el c a c iq u e , ru d o y a p a ra to s o ; d e la n te , los n o b le s q u e b a r r ía n el c a m in o , g a y a m e n te c o ro n a d o s de p lu m a s , c e ñ id a s pier­ n a s y b ra z o s de a jo rc a s , y al p e c h o las c h a g u a la so p a te n a s de o ro ; d e trá s , los m ú sic o s, con su s f o tu to s y ta m b o re s , y e n m e d io de la e sc o lta , q u e en la iz q u ie rd a e m p u ñ a b a el a rc o y en la d e re c h a s u s p e n d ía la m a c a n a de la m u ñ e c a , el c a c iq u e , s e n ta d o en su p a la n q u ín fo rra d o de o ro y plum as, ta c h o n a d o d e e s m e ra ld a s . L os ra y o s d e l sol r e v e r b e r a b a n e n su cuerpo re s p la n d e c ie n te , y c u b ie rto de oro m o lid o q u e , so p lá n d o lo p o r canutos, h a b ía n d e s p a rra m a d o so b re la u n tu r a de tr e m e n tin a . ” Y a e s p e ra en la o rilla u n a b a ls a con m u ltitu d de jo y a s y esm eraldas; c u a tr o m o h a n e s o s a c e rd o te s q u e m a n re s in a s o lo ro sa s e n los c u a tr o ángu­ los de la e m b a rc a c ió n , q u e , a p e n a s re c ib id o el c a c iq u e , e m p u ja d a p o r los re m o s , p a r te h a c ia el m ed io de la la g u n a . L le g a la c o m itiv a a u n punto d o n d e se c ru z a n dos c u e rd a s te n d id a s p e rp e n d ic u la rm e n te de orilla a o rilla ; el g e n tío e n m u d e c e y to r n a la c a b e z a a o tro la d o p a r a n o pro fan ar co n los ojos el m is te rio d e la c e re m o n ia , y el c a c iq u e , de u n s a lto , se zam ­ b u lle en las a g u a s , m ie n tra s jo y a s de oro y e s m e ra ld a s , la o fre n d a oficial q u e ib a e m b a r c a d a , y la q u e la d e v o c ió n p o n e e n m a n o s de los indios, c h a p o te a n al c a e r en el lag o . C u a n d o el c a c iq u e sale a la su p e rfic ie , su c u e rp o tie n e el co lo r n a t u r a l c o b riz o ; el oro q u e lo c u b ría y a d o rn a b a se d e s p re n d ió co n el b a ñ o e n h o n ra de la d e id a d .” L a n o tic ia se d isp e rsó a tr a v é s de m iles de b o c a s, c o b ra n d o al tra n s ­ m itirs e m a tic e s d ife re n te s . P e ro ¿ h a c ia d ó n d e c a ía a q u e l re in o cuajado d e m o n to n e s d e oro y q u é r e y o p rín c ip e le g o b e rn a b a ? L a P o e sía h a dicho q u e e ra ’’O v e r th e m o u n ta in s o f th e m o o n D o w n th e v a lle y o f th e s h a d o w ” ;

en

p e ro la H is to r ia y la G e o g ra fía d ifíc ilm e n te c o n te s ta n a la p r e g u n ta . ’ Las in f in ita s se lv a s q u e f o r m a b a n el o c é a n o d e v e r d u r a d e sd e V en ezu ela al C h aco s e rv ía n de e sc o n d rijo al R e y y c iu d a d de lo s e n su e ñ o s; y cab al­ m e n te , p o rq u e e s c u d r iñ a r la s r e v u e lta s d e su s río s y la s m a r a ñ a s de sus b o s q u e s s u p e r a b a las d ilig e n c ia s m á s h e ro ic a s , c a d a c o n q u is ta d o r acogía la e s p e ra n z a de d a r con él, sig u ie n d o o tro ru m b o d el q u e lle v a ro n sus an­ te c e s o re s . L a p rim e ra se ñ a l, la de C u n d in a m a rc a , q u e el in d io d ió en Q uito, p ro n to se ech ó fu e ra ; y d e sd e luego se d e s c o n ta ro n la s re g io n e s p o b la d a s p o r los las bocas del Orinoco. e sp a ñ o le s, in c lu so G u a ta v ita ; q u ed ab an los m is te rio s d e la se lv a , los repliegues in a c c e sib le s de las m o n ta ñ a s , y p o r ellos e c h a ro n a a n d a r los Q u ijo te s de la fanta s ía , y com o el c a m p o e ra in f in ito , nunca f a ltó u n rin c ó n in e x p lo ra d o , u n reducto d o n d e a b ro q u e la rs e las e s p e ra n z a s .’ T ra s s e m e ja n te ilu sió n fu e ro n los mas y a v eces los m e jo re s , y c o rrie n d o de u n a s p a r te s a o tr a s , en po s d e E l D orado s a ld rá a re lu c ir to d a la in v e n tiv a de que es c a p a z la m e n te h u m a n a , co n el cortejo de la s a m a z o n a s , los g ig a n te s y los chi­ q u ito s , to d o a q u e llo q u e m u e v e siem pre la f a n ta s ía de q u ie n q u ie re e s c a p a r del c o tid ia n o q u e h a c e r c u a n d o v a en busca d e u n a riq u e z a . U n o s s itu a b a n el reino e n la G u a y a n a ; o tro s , en el lag o P a rim a , lin d a n te co n la lín e a e q u in o c c ia l, de la otra

Mapa del Amazonas y parte del río de la s A m a z o n a s , o, co m o el P a d r e A c o sta , cerca del río T a p i, al n o r te de a q u e l río . Y es q u e E l D o ­ rado no es y a la p e rs o n a , sin o u n a t i e r r a ric a a la que m arch aran to d o s e m b e b e c id o s en la p e rs e c u c ió n de u n d u e n d e , re c o rrie n d o las regiones m á s e x te n s a s , m á s s a lv a je s e in h o s p ita la ria s del N u e v o M u n d o , por cam inos q u e , d e sp u é s de ello s, ja m á s h a v u e lto a p is a r p la n ta de h o m ­ bre civ ilizad o . ¿Q uiénes fu e ro n ello s, el g ra n s é q u ito q u e t r a b a jó a su c o s ta , con u n a s pocas b a lle s ta s , a rc a b u c e s , c o se le te s, c e la d a s , a m é n de la c o rre s p o n d ie n te es­ pada y d a g a ? S on los h id a lg o s y e n c o m e n d e ro s rico s q u e en la p lá c id a p o se­ sión de sus c h á c a ra s a ñ o r a b a n las e m o c io n e s d u ra s de la c o n q u is ta ; e ra n los ch ap eto n e s q u e n o se h a b ía n e s tr e n a d o en a v e n tu r a s ; los so ld a d o s v ie jo s que lleg aro n ta r d e a l r e p a r to de e n c o m ie n d a s ; los h a r to s del re g o d e o m e n u ­ do en los p u e b lo s de in d io s ; los q u e d e b ía n h a s ta la c a p a , y los q u e aco s­ tu m b ra d o s a la lib re so ld a d e s c a v iv ía n en a p r e tu r a s d e n tro de la p a z . A la cabeza de é sto s fu e ro n u n Q u e s a d a , u n G o n z a lo P iz a rro , u n O re lla n a , u n J e d e rm a n n , u n P e d r o de IJ r s u a y u n L o p e de A g u irre , y u n v o n H u tte n , que n a d a d e s c u b rie ro n sin o n u e v o s m e rid ia n o s y n u e v o s lu g a re s q u e b a u t i ­ zar con n o m b re s e s p a ñ o le s. E l geógrafo M a n u e l U rib e h a d e s c rito el c a m in o q u e m á s o m en o s to d o s recorrieron: ” L a v e re d a q u e d e b ía n t r i l l a r e s ta b a e riz a d a de e n o rm e s d ifi­ cultades y o b s tá c u lo s n a tu r a le s : s e rp ie n te s , ja g u a r e s , m o s q u ito s , b o sq u e s, abrojos, h u m e d a d , fie b re s , s o le d a d , in te m p e r ie , c e n a g a les, lo d o , g ra n d e s rios, esp in a s de g u a d u a , c a lo r in s o p o r ta b le en los v a lle s, frío g la c ia l en las a ltu ra s, llu v ia s c o n s ta n te s y to rre n c ia le s , a tm ó s fe ra s o m b ría , tr u e n o s , te m p e sta d e s, in d io s c a n íb a le s , s a e ta s e n v e n e n a d a s , la n z a s , m a z a s , h a m ­ bre, d esn u d e z , c u e s ta s , p e n d ie n te s , a b is m o s y u n a n a tu r a le z a , en fin , enem iga y h o s til p a r a to d a s su s faces. T o d o e s to , y a u n m á s , h a b ía , y to d o fu é vencido p o r el te n a z h e ro ís m o de a q u e llo s h o m b re s de c o ra z ó n e n te ro y v o lu n ta d in q u e b r a n ta b le .” A las e x p e d ic io n e s de a v e n tu r e r o s sig u ie ro n las de los c ie n tífic o s, sin m ejor re s u lta d o . E n el siglo X V I I I , u n c ro n is ta , f r a y A n to n io C au lin , a f i r ­ m ab a que ’’c e rc a de la la g u n a h a b ía u n cerco m u y v ig ila d o p o r los in d io s que los ca rib e s lla m a b a n A c u c u a n o y los e sp a ñ o le s ’’D o ra d o ” , p o rq u e e s­ ta b a c u b ie r to 'd e a r e n a y p ie d ra s q u e b r illa n com o oro y q u e e s tá llen o de m in e ra l” , q u e e ra lo m ism o q u e a ñ o s a n te s d ije ra W a lte r R a le ig h de u n

las provincias de Eldorado.

f, v ia je del P e r ú , d e sc rib ie n d o u n a m o n ta ñ a de oro Y 1y h o m b re s m o n s tru o s o s y u n a le g e n d a ria c iu d a d lla ­ m a d a M acao. H a s ta D . J o s é O ric a in , en 1790, c o n ­ tin ú a p in ta n d o al fa m o so re y en u n o s cerro s ” q u e sig u en M esde Vilc a b a m b a , con a rro y o s y ríos q u e a r r a s t r a n s u m a s d e o ro e n sus a ren as” . L a a n tig u a ilu sió n h a re b ro ta d o h o y con m ás a lta s m ira s. L a e x p e d i­ ción q u e d esd e tie r r a s d el P e r ú h a o rg a n iz a d o el c o m a n d a n te de A v ia ­ ción J u a n H e y se n p a r a lo c a liz a r E l D o ra d o en el cerro A n g a isa , del d e ­ p a r ta m e n to de S an M a rtín , n o s tr a e o tra v e z ese fa n ta s m a ilu s io n a d o r, m as no y a p a r a e x tr a v ia r y p e rd e r a sus seg u id o res, com o en tie m p o s de ’’los p e c a d o re s c ris tia n o s ” , al d ecir de O v ied o , sino p a r a o rie n ta rs e en el ca m in o de las in v e s tig a c io n e s h is tó ric a s . A q u e lla v ie ja ilu sió n de las n a rra c io n e s del in d io de L a ta c u n g a , c o n v irtió se d e sp u é s, p o r o b ra de la c iv iliz a c ió n y de la c u ltu r a , en v e rd a d e s q u e fu e ro n sím b o lo de la s i n ­ c a lc u la b le s riq u e z a s de esto s te rr ito r io s de A m é ric a . E l G o b iern o p e ru a n o h a d ecid id o se g u ir la p is ta d el v ie jo m ito y h a o rg a n iz a d o u n a e x p e ­ d ició n in te g r a d a p o r m ie m b ro s d e l E jé r ­ c ito y fo rm a d a p o r u n a e s c u a d rilla de av io n es a las ó rd en es del g e n e ra l F r a n ­ cisco S ales. O tra , c o m p u e s ta de so ld ad o s y h o m b re s de cien cia, se d irig e p o r tie r r a al cerro A n g a isa , y h o y , com o a n ta ñ o , las g e n te s sig u en e m o c io n a d a s sus p ro g reso s en la e s p e ra n z a de e n c o n tr a r los so ñ a d o s te so ro s o la v e rd a d de u n a n e g a c ió n clá ­ sica q u e ta m b ié n se rá m e d ita c ió n so b re las h u m a n a s e sp e ra n z a s y v a n id a d e s . H o y c a b a lg a n p o r tie r r a y aire a tr a v é s de s e n d a s d e sc o n o c id a s u n p u ñ a d o de h o m ­ b re s a q u ien es d a n s o m b ra a c o g e d o ra u n a p lé y a d e de o tro s t a n e x tra o rd in a rio s q u e p u sie ro n su n o m b re en la H is to ria a m e ric a n a con le tra s de oro y s u frim ie n to ...

S. M.

T k'ñ u ia d o ~G«rivaia X im tn e f de . Q uejada dff.cuénp f i n u t iv Xfyu« b u . it* úrñtm dn^ J\

25

wmW M M

MÊMMÊMm

[■¿ \§Ê$g P.c^.f-fÿc

m W 'M

W m ÊÊÊÊm _

sû t L-'.·V·.O.Oc’.O· ■' ? •’''VV'Jf.^Or

li

■MH

ÎX <W X'c; <WW & V^On?.

DE LA PRIM ERA SALIDA DE P

o

r

A

N

T

O

N

I

O

B

E

L

L

O

N

costillaje metálico, sin revoco, de la plaza de El Toreo—porque hablo j de la primera salida de ’’Manolete” al ruedo de la gran plaza mejicana—, soporta la multitud impaciente. Para conseguir una entrada, en los al­ rededores del coso se hicieron fogatas y la muchedumbre veló su puesto a gol­ pes. Va a presentarse en el ruedo azteca ese muchacho, serio y espigado, que recibió de Rafaeles* Molina, Guerra y González, ’’Lagartijo”, ’’Guerrita” y el ’’Machaco”, ese secreto tardo de Córdoba para mandar, a todo mando, en el toreo. Va a torear, en tierra de la otra vera del mar, el hijo del ’’Sagaison”, aquel torero recio, que fue íntimo amigo de Rodolfo Gaona, el ídolo mejicano, na­ cida su fama allá en las Españas, en una escuela taurina situada en la Moncloa madrileña, bajo la mirada del ’’Ojitos”. Los rizos de Rodolfo, ”el Califa mejicano”, están serpenteados de canas cuando conoce al hijo de Manuel Rodríguez, y le dice, y le cuenta, de la amis­ tad con su padre. Y hasta se enternece el tercero en discordia con José y Juan, y le recita unas poesías al diestro español que hizo de los alrededores de la plaza mejicana un campamento de impacientes. Es diciembre de 1945, y se va a presentar en la arena de El Toreo, cuando ya se prepara otro coso monumental—Manuel Rodríguez Sánchez, que eso quiere ser él, un Rodríguez Sánchez cualquiera, y olvidarse, apenas se despoje de sus sedas y oros, de que es nada menos, y nada más, que ’’Manolete”. ’’Manolete” ha llegado a Méjico por los aires, pendiente de su palabra, de su sobrio decir, un micrófono que llega a los altavoces de quienes no acu d ieron al aeropuerto. Miles de criaturas están al borde de las pistas de cemento. Ese flaco, con una boinilla, es ’’Manolete”. Dianas y apretujoues lo reciben. Y el ramalazo de canas que promedia su cabellera se cubre pronto con un pi­ cudo sombrero mejicano. ’’Manolete”, con su hombre de confianza, ’’Cantará”, ha tenido muchas con­ versaciones sobre este viaje a Méjico. Es asomarse al mundo. Es, ya famoso, jugarse a cara y cruz esta fama. i'L

E

-f

L

’’Manolete”, el artista de la majestuosa serenidad cuando hace falta, al pisar Méjico se siente totalmente dueño de sí. Tranquiliza su espíritu el calor cari­ ñoso y admirativo de la muchedumbre, que aún no lo vió torear. El hombre ha ganado la primera batalla. Y su fe de cristiano viejo pide ante la Guadalupana suerte—suerte, Señora—para dejar bien a España. Pasadas las cortesías de la llegada, y ya los primeros autógrafos lucidos por tertulias y reuniones, ’’Manolete”, el torero, va a conocer el ganado de la tierra. En la finca de Llaguno le encierran unas vacas. Un verdadero ejército tiene que cerrarle el paso al hormiguero que venteó el secreto de esta actuación y quiere ver a ’’Manolete”, quiere saborear las primicias de su toreo. —Si les hace a los toros lo que a las vacas, ¡vaya un torero!—sentencia un muy famoso ’’gallo peleón” mejicano. El 8 de diciembre. Vísperas de la presentación. Manolete regresa a Mé­ jico. Está contento, seguro y esperanzado. Tiene hasta buen apetito. Y lo satis­ face, copiosamente, excitándole con un diabólico picante que le hace hume­ decer los ojos a cada trago. Aquella pantagruélica comida, rociada de fuego vegetal, hace enfermar al diestro. ¡Y en qué día! En vísperas de la presentación. Cuando las localidades de doce pesos se arrebatan a cincuenta. ’’Manolete”, sudoroso, inquieto, into­ xicado, asusta a ’’Camará” y a ’’Chimo”, su mozo de espadas. Acude un doctor. Un remedio pasa del cristal a una vena del diestro. No La tenido en cuenta el galeno que pincha a un artista, no a un paciente de im­ paciencias, y la reacción del medicamento es tremenda. ’’Manolete ’ tirita con 35 grados y arde con 41. Este ’’sube y baja”, cunde, e inquieta a íntimos y aficionados. ’’Manolete ’ no puede torear. Para su presentación quedan sólo unas horas. Llegan los doctores de la enfermería de la plaza. Dictaminan. Una semana, por lo menos, para reponerse. —Yo estoy ’’anunsiao” y toreo. Toreo como sea—es la contestación de ’’Ma­ nolete”. Ni los paternales consejos de ’’Camará”, ni la insistencia respetuosa de Chimo” en la intimidad y las advertencias de los nuevos amigos, hacen variar a Manolete” su decisión. (Fotos Mulier.)

27

’’Manolete” fué requerido para actuar en el ’’cine”. En esta foto le vemos en el momento en que se somete a los cuidados*de un maquillador en una dehesa ^ ^ de toros bravos.g (FotoS. Yubero.)

—Yo toreo como sea; pero... ¡toreo! Y ’’Camará” se va al sorteo de los toros de Torrecillas, y asegura a los representantes de Silverio el padrino de confirmación de al­ ternativa de ’’Manolete”, y de Eduardo Solórzano, el testigo, que su torero toreará. ¡Yaya si torea Manuel Rodríguez! Ahí está, pálido y reseco, con el tenderete de las prendas toreras íntimas en la cabecera de la cama y dándole ánimos a su apoderado y a su mozo de espadas. (La columnilla del termómetro marca, al salir de la axila de Ma­ nuel, 39 grados,) ¡Yo toreo como sea! £ Y ’’Chimo” comienza a ceñirle el traje, azul y oro, con igual' parsimonia y rito que en los días de responsabilidad corriente, que en Manuel Rodríguez—”el torero que no sabe geografía”, dice de él K-Hito, ingeniosamente, como certera observación sobre el pun­ donor de ’’Manolete” en todos los sitios—es siempre abruma­ dora. ’’Manolete” está vestido, a falta de la casaquilla. El escarolado* de la camisa late. La fiebre lo impulsa, que el corazón de Manuel Rodríguez está sereno ante la responsabilidad y lleno de esperanza, porque, cruzados los dedos, sereno el mirar, reza ante la Dolorosa de Córdoba y ante la Virgen de Guadalupe, que hasta su desgracia recogerán sus súplicas. ¡Al coche! El auto de ’’Manolete” va flanqueado por la trepidación de mo­ toristas, para poder niarchar. Una muchedumbre, que sólo puede ver su salida del hotel—y no vería su llegada por el percance de su presentación—, quisiera repartírselo. La plaza. Miles de miradas. Centenares de estrujones. Serpientes de celuloide aprisionan el rostro enjuto, calenturiento, de ’’Mano­ lete”, un ’’Manolete” dueño de sí, en su noble frente un pensa­ miento: España. La ansiedad, aquí, por su triunfo... Pausado, se ciñe el capotillo. Gritos de guerra, dianas de vic­ toria le llegan a los oídos, zumbados por la fiebre. La arena de El Toreo se abre ante él. Un silencio tremendo*. ’’Manolete” es la gallardía viva en su contonearse, sobrio y torero. Llega a mitad del ruedo. Grita la multitud. Son gritos de hombres en proeza, azuzándole. ! —¡Torero! ¡Torero! ¡Torero!—clama la muchedumbre, que lanza flores sobre el cordobés. Un clavel vivo se queda sobre los muertos de seda. Con carga tan débil termina su paseíllo ’’Manolete”. — ¡Torero! ¡Torero! ¡Torero! ' Un clamor truena en la plaza. Nervios, impaciencia. Sólo está sereno y sobrepuesto al dolor físico ese corazón de Manuel Rodríguez que se pararía para siempre cuando el sol que iluminó sus victo­ rias nacía entre olivares, por tierras de cantes mineros.

CAMARA ”, EN LA VIDA DE raiz de la trágica muerte de ’’Manolete” circularon mu­ chas y muy diversas versiones en torno a la influenc a que en su vida y en su arte, en su triunfo e incluso en su fatídico final, hubiese podido ejercer su apoderado, el ex mata­ dor de toros José Flores González ’’Camará”. Es el caso tantas veces repetido y que se producirá eternamente. Siempre que tiene lugar una desgracia irreparable es norma popular y muy humana buscarle los motivos por los cuales pudo sobrevenir y, al mismo tiempo, los remedios que para evitarla pudieron ponerse. Y achacar la culpa de lo acaecido a diversas circuns­ tancias o personas. Máxime si se trata—como en el caso aquél— de una figura plena de fama y de popularidad. Yo, que por coincidencias más amistosas que profesionales —o por ambas a la vez—, me precio de haber conocido un poco a fondo al célebre torero y al excepcional apoderado—y les son muy justos tales adjetivos—, he de decir hoy—a dos años de la fecha fatal para la Historia del Toreo—, que, sin duda al­ guna, Pepe Flores ha ejercido una influencia marcadísima en el triunfo de ’’Manolete”. Parece como que estaba ’’escrito” que había de ser así, porque el nombre de ’’Camará” juega un importante papel en diversos momentos decisivos de la vida de Manolo Rodríguez. ’’Camará” se retiró del toreo el 27 de mayo de 1926—lidiando en Córdoba reses de Natera, con ’’Chicuelo” y ’’Niño de la Pal­ ma”—, y durante los diez años siguientes estuvo dedicado a los negocios de empresa en su tierra natal y en la provincia. Y precisamente fué José Flores, en su calidad de empresario, quien ”dió” a ’’Manolete” aquella corrida nocturna de su pre­ sentación en Córdoba—12 de agosto de 1933—, gestionada por el íntimo amigo de Manolo, Pepe Ibáñez Mellado, de quien puede decirse que fué el primer apoderado de ’’Manolete”, si por tal entendemos a aquel que sé dedica a ’’firmar” corridas. Aquélla se ’’firmó” muy peregrinamente, en plena calle: —¿Podría usted, Pepe, ’’meter” en la nocturna del próximo sábado al chiquillo de ’’Manoleté”, que tiene muchas ganas de ser torero? ’’Camará” puso al chaval en el cartel y nò le dió más impor­ tancia. Aquel fué el primer contacto de relación entre los que habían más tarde de compartir sinsabores y fama. Desde aquel 1933 al 1936, los negocios no vinieron de cara al ex torero de Córdoba, hasta tal punto que por su pensamiento cruzó la idea de volver a vestir el traje de luces. Mas antes de­ cidió. ’’probarse” en un festival, frente a un novillo. Se entrenó previamente con unas vaquillas en la ganadería de D. Antonio Herruzo. Y previamente también—el 25 de octubre de 1936—, en Ecija, en un festival que toreaba ’’Manolete”, y en cuya or­ ganización tomó parte ’’Camará”, éste se arrojó al ruedo, en ca­ lidad de ’’espontáneo”, y lanceó con fino estilo. Segundo punto de contacto entre Manuel Rodríguez y Pepe Flores. En diciem­ bre—el día 6—torea ’’Camará”, en Córdoba, el festival desque más arriba se hace mención. Y en el mismo cartel también el nombre de ’’Manolete”. Este era ya un novillero ansioso de gloria que—bajo el apoderamiento de D. José Molina Abela”— se había presentado, dando la nota de valor, en corridas for­ males” en Tetuán (Madrid) y Córdoba. Eran tiempos de guerra. De Cruzada española. ’’Manolete” tomó parte en varios festivales y novilladas patrióticas organi­ zados en su aspecto técnico por ’’Camará”. Y en muchos de los

A

Por JOSE LUIS DE CORDOBA festejos—Córdoba, Lucena, Cabra, Priego...—, vestido con el típico traje corto, Pepe Flores estuvo junto a ’’Manolete”. Se fué acusando entonces—1937—la personalidad de gran esto­ queador y buen muletero de Manolo Rodríguez. Y fué entonces cuando D. Federico Soria Casanova, cuñado del espada, deci­ dió hablar a ’’Camará” para que apoderase a ’’Manolete”. El propio Sr. Soria me lo ha manifestado: —Pensé primero en dirigirme a don Arturo Barrera, enton­ ces taurino de postín. Mas creí en las grandes disposiciones de Pepe Flores para ’’llevar” a Manolo. Y le hablé. No me dió, en principio, nada en firme. Me prometió ayudarle, simplemente. ¡Y poco contento que se puso Manolo al enterarse! n Entra en su fase plena, pues, la influencia de ’’Camará en la vida de ’’Manolete”. No ha llegado aún la época de glar” la cabeza a los toros, y con toros de prueba se prueba y se contrasta el auténtico valor de Manuel Rodríguez. José Flores le aconseja y le guía, le orienta y le alecciona coñ su ex­ periencia, un tanto acibarada, de ex torero de fama a quien la fortuna no le fué fiel. Comienza a perfilarse la personalidad del ’’hombre de las gafas negras”. ’’Manolete” le escucha con te, con admiración, que se va traduciendo en auténtico cariño y en plena con"Camará” , a la espalda de ’’Manofianza. Fía su porvenir en lete”, da sus consejos al torero, en los designios de su apotanto uno y otro estudian al toro, derado. Desde entonces en adelante, ¡cuántas ve­ ces habríamos sus amigos de oírle repetir: ’’Ese asunto, que lo resuelva Pepe.” ”De tal cosa se hará lo que diga Pepe.” ’’Decírselo a Pepe, y si a él le parece bien...” Y ’’Camará” comienza a imponer a su torero y a hacerlo pagar caro alas empresas. Más de una vez, ’’Manolete” ha aban­ donado la reunión en que José Flores trataba de firmar con una empresa un contrato en condicio­ nes que entonces parecían exorbitantes. Al regre­ sar ha preguntado, bro­ meando: —¿Se ’’hizo”, por fin, la corrida en las condi­ ciones que usted exigía?... — ¡Se hizo Manolo! —¡Es usted un hombre de más valor...! r—El valor tienes que

MANOLETE” derrocharlo tú, ante los toros, para que yo pueda seguir exigiendo. Y el novillero famoso llegó así a la fecha cumbre—2 de julio de 1939—de su doctorado. Siempre, siempre, ’’Camará” junto al torero. Entre barreras, vigilante, presto a la expresiva insinuación y al provechoso consejo. En la vida privada, vigilante también, porque en el toreo es preciso tener en alta estima la conservación de las fa­ cultades físicas. ’’Camará” viaja junto a ’’Manolete”. En los hoteles, en la misma habitación descansan ambos. Y no es extraño que tras de las azarosas tardes de corrida, en el reposo del lecho, comience entre ellos una conversación interesante, que se prolonga hasta el amanecer, en la que el torero va ex­ poniendo las dificultades que encontró aquel día en la lidia de los toros y el apoderado va analizando y explicando técnica­ mente los motivos y circunstancias por los cuales aquellas difi­ cultades no pudieron ser evitadas por el lidiador. Apoyado precisamente en el tesón de Manuel Rodríguez, realizó ’’Camará” la obra de llevarlo a la cumbre del toreo. Estas* que ahora transcribo son palabras de Pepe Flores: —Desde que lo vi torear por primera vez, que fué en Cór­ doba, en el año 1936, en una novillada que se corrió en el mes de abril, quedé convencido de que dándole Dios suerte y sa­ biéndolo administrar, llegaría a ocupar un sitio destacado en el toreo. Por eso, cuando lo vi en condiciones, en contra de la opinión de muchos, tomó la ’alternativa. Y conste .que aquella temporada podía haber toreado mucho de novillero y al docto­ rado fué con una sola corrida firmada. Ello demuestra la con­ fianza que yo tenía en él. ■ Y cierto día, al preguntarle yo su opinión acerca del toreo de ’’Manolete”, me contestó así: —Ha conseguido perfeccionar el toreo de tal forma, que yo no digo que toree mejor o peor que nadie; lo que sí te afirmo es que como torea Manolo no se ha toreado nunca, ni creo que se pueda mejorar. En el aspecto entrañable no habíá que preguntar el senti­ miento íntimo de uno ni de otro. Eran como padre e hijo: sen­ cillez, afecto, respeto; pero un día, las falsas amistades y los amores falsos, hicieron blandearse un tanto las sólidas relacio­ nes entre torero y apoderado. Sin perderse entre ambos el afecto y el respeto, ’’Camará” se apartó prudentemente, evitando dar consejos de indole privada y procurando atender tan sólo a los asuntos profesionales. No se privó, no obstante—para tran­ quilizar su propia conciencia—, de advertir al torero, no mucho antes de la fecha trágica: —Para seguir toreando hay que cuidarse mucho, porque el público te exige demasiado. Mas ’’Manolete” fiaba también demasiado en sí mismo y confiaba en ’’poderles” a todos los toros. Y les pudo, en efecto. Mas en el caso de ’’Islero”, las fuerzas quedaron igualadas. Y ocurrió la tragedia, que nadie pudo ni prever ni evitar. Y una vez consumado el funesto hecho, había que buscar a al­ guien sobre quien descargar la culpa. Se habló entonces mucho, y demasiado ligeramente, de la persona de ’’Camará”, hacién­ dole objeto de falsas imputaciones. Pero aquello no fué, en rea­ lidad, más que el punto final de una vida alentada por el pun­ donor y aureolada por la gloria. Vida, pundonor y gloria en los Que el nombre de Pepe Flores tuvo una influencia acaso decisiva Que serenamente hay que reconocer y que apreciar.

Foto Muller.

’’Manolete’? era ferviente católico, especialmente devoto de la popular Virgen de los Dolores, de su ciudad natal, Córdoba,, imagen a la que hacía frecuentes y valiosos regálos. (FotoS. Yubero.)

D

OS acontecimientos importantes en la azarosa vida del Rey Fer­ nando VII habían tenido una coincidencia temporal en los días 24 de marzo de 1808 y 1814. El primero fué el ’’dichoso día” de la entrada del Rey en Madrid, después de su exaltación al trono, como consecuencia del famoso ’’motín de Aranjuez” contra Godoy. El segundo, la entrada en España de Fernan­ do VII ’’después del inicuo cautiverio”. Para conmemorar estos dos acontecimientos, escoge el Monarca otro 24 de marzo”, el de 1815. En tan memorable fecha instituye el ’’Deseado” la Real Orden Americana de Isabel la Católica (así se llamó hasta la Real Orden de 1847), dedicada a ’’recompensar la crisolada lealtad, el celo, patriotismo, valor y otras virtudes, que, tanto los individuos de la Milicia como los de todas las clases y jerarquías del Estado, han mostrado y muestren en adelante”. ESTATUTOS Y CATEGORIAS.—En el preámbulo de los Estatutos de la Real Orden Americana de Isabel la Católica, firmados en la citada fecha, Fernando VII se reserva para sí y ”los Reyes mis sucesores” la facultad de ’’aumentar, quitar o variar alguno o algunos de los artículos entonces aprobados si las circunstancias lo exigiesen o conviniese a la Monarquía”. Además de instituir la nueva Orden con el nombre de Isabel la Ca­ tólica para honrar así a la más ilustre soberana que ha tenido la Mo­ narquía española, el Rey fundador puso la naciente institución ’’bajo los auspicios” y celestial patronazgo de Santa Isabel, Reina de Portugal. También quedaron determinadas por el fundador las tres categorías de recompensas, que inicialmente concedía la Orden, taxativamente especificadas en el capítulo III de los Estatutos: ’’Habrá en esta Orden tres clases: la una, de Grandes Cruces; otra, de Comendadores, y la ter­ cera de Caballeros.” MERITOS Y SERVICIOS PERSONALES PARA MERECER LAS DISTINCIONES.—Según el espíritu fundacional de la institución, los méritos para obtener las recompensas de la Orden han de ser rigurosa­ mente personales. Los artículos del primitivo Estatuto que van desde el XV al XXV inclusive, están dedicados a determinar minuciosamente las ’’acciones distinguidas” que pueden ser susceptibles de recibir los galardones de la Orden de Isabel la Católica, tanto para soldados o jefes de escasa graduación como para altos jefes, generales y capitanes generales. En­ tre estas ’’acciones distinguidas” estaban específicamente determina­

30

das las que se referían a actos de valor y heroísmo frente al enemigo. Dichas acciones debian ser perfectamente comprobadas y atestigua­ das, para lo cual debía actuar en cada caso como fiscal un Caballero de la Orden. JEFATURA Y PRIMEROS GRANDES CRUCES DE LA ORDEN. Los primitivos Estatutos establecen que la nueva Orden será compatible con las demás de España y del Extranjero, cuyas insignias podrían lle­ varse recíprocamente. Otra gracia o prerrogativa de la Orden de Isabel la Católica es la de que ’’acompañará como inherente a ella la nobleza personal del condecorado que no la gozare”. LAS CEREMONIAS DEL JURAMENTO.—Los actos públicos de una nueva condecoración habían de celebrarse en una iglesia, con asisten­ cia de los miembros de la Orden y de la persona eclesiástica que había de bendecir la espada. Una vez congregados en la iglesia, ocupaban sus asientos en la forma siguiente: a la derecha del altar, el Eclesiástico; a la misma mano dere­ cha, con alguna separación, estará la silla del Comisionado, y tendrá también a su mano derecha una mesa, donde habrá un crucifijo con dos luces, el libro de los Evangelios y la fórmula del juramento; una bandeja con el Real título y la correspondiente insignia de la Orden. Los demás asistentes formarán dos filas sentados a derecha e izquierda. En el segundo asiento, a la izquierda, estará de pie el agraciado, ocu­ pando el primero el Caballero Maestro de Ceremonias, Acompañante o Padrino. El Comisionado presentará el Real título al nuevo Caba­ llero para que lo reconozca y haga leer al Secretario. Este pondrá la espada en una bandeja para que el Eclesiástico pronuncie en latín la bendición. Terminada la bendición y arrodillado el Pretendiente, le hará el Comisionado las preguntas de rigor: ’’¿Deseáis ser Caballero de la Real Orden de Isabel la Católica?” Y el Pretendiente responderá: ”Sí deseo.” ’’¿Queréis ser Caballero de la Real Orden de Isabel la Católica?” Res­ ponderá: ”Sí quiero.” ’’¿Estáis enterado de-sus Estatutos y de las obli­ gaciones que imponen?” Responderá: ”Sí lo estoy.” Después de estas respuestas tomará el Comisionado la espada bendita, y haciendo con ella una cruz sobre la cabeza y hombros del Preten­ diente, le dará a besar el puño, y se la ceñirá, diciendo: ’’Dios os haga buen Caballero y la gloriosa Santa Isabel, Patrona de esta Orden.” Inmediatamente se levantará el Pretendiente, y puesto de rodillas delante de la mesa en que está el crucifijo y el libro de los Evangelios,

pronunciará el juramento de adhesión a la religión católica, defensa del Misterio de la Inmaculada Concepción y lealtad al Rey de España. Luego se arrodillará de nuevo a los pies del Eclesiástico y éste le impondrá la Cruz de la Orden con su cinta correspondiente. Como final del acto, el Comisionado leerá en alta voz el discurso en que se da por recibido al nuevo Caballero en la Orden de Isabel la Católica. DISPOSICIONES QUE MODIFICARON LA ORDEN.—Varios Reales Decretos modificaron en distintas ocasiones los Estatutos de la Orden. La Reina Doña María Cristina firmó el 15 de abril de 1889 un Real De­ creto, en el que, con el fin de reducir el número de Caballeros Grandes Cruces existentes, no podría concederse en lo sucesivo más que una dis­ tinción de tal categoría por cada dos vacantes que se produjesen. El 25 de octubre de 1900, la misma Reina modificaba en otro Real Decreto las primitivas condecoraciones, estableciendo las siguientes: Caballeros Grandes Cruces, Comendadores con placa, Comendadores y Caballeros. También se establecía en el citado Decreto que el número de Grandes Cruces concedidas a españoles no podría exceder de ocho­ cientos. En el año 1903, S. M. Alfonso XIII crea para la Orden de Isabel la Católica una quinta categoría, denominada Cruz de Plata. Dicha distin­ ción estaba destinada, según el preámbulo del citado Decreto, a hacer asequible ’’este género de distinciones honoríficas al elemento social más humilde, pero no por eso menos útil y digno de estímulo”. Asimismo, el 15 de abril de 1907 el ya citado Monarca creaba una nueva distinción titulada Medalla de la Real Orden de Isabel la Católica, destinada a premiar ’’servicios especiales prestados por las clases e indi­ viduos de tropa, marinería y subalternos o servidores del orden civil”. RESTABLECIMIENTO DE LA REAL ORDEN DE ISABEL LA CATOLICA.—Su Excelencia el Generalísimo Franco, por Decreto fir­ mado en Burgos el 15 de junio de 1938, ’’restablece la Orden de Isabel la Católica con objeto de premiar los servicios meritorios prestados a la Patria por nacionales y extranjeros. Según dicho Decreto, las nuevas categorías de la Orden serán las siguientes: primera, Caballero del Co­ llar; segunda, Caballero Gran Cruz; tercera, Comendador de número; cuarta, Comendador, y quinta, Caballero. En el artículo quinto de la citada disposición se limita el número de collares que pueden concederse a nacionales y extranjeros a 25, que es­ tarán numerados y deberán ser devueltos al Ministerio de Asuntos Exte­ riores por fallecimiento de los titulares. Las Grandes Cruces de la Orden

que se conceden por este Decreto no podrán exceder de 500, ni de 600 las Encomiendas de número. DESCRIPCION DE LAS INSIGNIAS DEL COLLAR.—El Collar de Isabel la Católica, descrito en los nuevos Estatutos, constará de una pieza central, sello de los Reyes Católicos, representado por águila de oro, en cuyo centro, y ocultando el cuerpo de la misma, se destaca el escudo cuartelado de las armas de Castilla y León, que corresponden a Doña Isabel, y las de Aragón y Sicilia, a Don Fernando. A ambos lados del citado escudo parten las piezas o eslabones de que se compone el Collar, sumando en total quince, separados por dos hilos de cadena. En ocho eslabones de forma rectangular figuran, enlazados, un grupo de cinco flechas y un yugo, sobrepuestos en estos atributos, y en los extremos se hallan las letras F. Y., de carácter gótico, esmaltadas en rojo, y que corresponden a las iniciales de los Reyes Católicos. Los eslabones restantes están formados por una corona de laurel de forma circular, en cuyo centro figuran los atributos de dos mundos co­ ronados y dos columnas con la leyenda ’’PLUS ULTRA”. Llenando el resto del campo de este escudo los rayos de luz que irradian de los dos mundos unidos con fraternales lazos simbolizados por una pieza o esla­ bón central, va la venera, que será una cruz idéntica a la de los Caballe­ ros Grandes Cruces. También se describen en el citado Decreto las insignias de las res­ tantes condecoraciones de la Orden tal como ha quedado restablecida en el año 1938. LA ORDEN Y LA ’’LEYENDA NEGRA”. —Puede decirse que a la Real Orden de Isabel la Católica le alcanzó una de las infinitas ramifi­ caciones de la infausta ’’leyenda negra”. Dicha leyenda consistió en decir que la citada Orden había sido fundada para premiar los servicios de quienes luchasen a favor de la Monarquía española y en contra de la libertad de las naciones americanas. Esto, como se desprende de los textos de los Reales Decretos y de las Constituciones de la Orden, también era ’’leyenda negra”. Con tales especies se trataba de echar un ’’sambenito” de antiamericanismo sobre aquellas personalidades es­ pañolas o americanas que mereciesen por sus méritos tan honrosa dis­ tinción. Frente a esa leyenda, hoy ya sin vigencia, se afirma la realidad his­ tórica de la letra y el espíritu de los Estatutos de la Orden, que aquí de­ jamos extractados.

31

f o

E L,

n

o

m

o

N

o

m

b

r

e

SAN SEBASTIAN

rango universal de ciudad predilecta que tiene San Sebastián, capital de la provincia de Guipúzcoa, no se debe ex­ P o r A N T O N I O clusivamente a su estratégica situación fron­ teriza y despejada. El bien ganado renom­ bre lo ha alcanzado, en gran parte, porque ha sabido aprovechar con tino los dones maravillosos que le otorgó la Naturaleza, creando con ellos una población de justas y equilibradas proporciones. Moder­ na, limpia, correcta hasta llegar a lo pulquérrimo. Estas excepcionales cualidades urbanísticas trascienden también en sus propios habitantes, que, con ejemplar amor a su ciudad, saben administrar con unánime celo las riquezas que atesora. Lo que, naturalmente, aumenta y consolida la atracción y simpatía del forastero. Lo más grato y genuino que tiene San Sebastián es, quizá, su ponderado períme­ tro. Yo creo, y lo he dicho más de una vez en su elogio, que parece una ciudad cuyo núcleo urbano es un poco más grande que el famoso paquebot Normandie, mun­ dialmente conocido por sus confortables servicios viajeros. Con este símil, lo que yo he querido expresar siempre ha sido la grata comodidad—que, al fin y al cabo, es la ilusión de todo turista—que ofrece su jugosa y sazonada almendra urbana. La her­ mosa avenida de España, que constituye la arteria vital de la población, no será más larga que la eslora del lujoso transatlántico francés. Por lo tanto, convertida imaginariamente la citada avenida en un enorme dique, al Normandie le faltaría espacio para acomodarse en él. Y así resulta que la vida en San Sebastián se desarrolla como si uno realizase la

más bonita y atrayente excursión inventada por la mejor agencia de viajes a bordo de una gran piróscafo de lujo. Todo está a mano. Los comercios, los hoteles, los Bancos, los restau­ DE O L A S C O A G A rantes, los cafés y hasta las playas, que, por su cerrado contorno, ofrecen a los bañistas el apacible encanto de una piscina, suavemente batidas por las olas del mar Cantábrico, cuyas furiosas acometidas rara vez perturban las aguas sosegadas de la bahía de San Sebastián. *

*

*

La fama ecuménica de San Sebastián, como ciudad resplandeciente y pulcra, viene de siglos. En las crónicas viajeras de los más curiosos observadores de todo e1 mundo se menciona su nombre desde antaño. Y siempre con fervientes elogios, que abarcan desde su perfecta configuración hasta sus acreditadas aficiones gastronó­ micas. Pero, verdaderamente, cuando San Sebastián entra en el rango universal de ciudad escogida para el turismo es a fines del siglo pasado. Entonces se produce su cabal y urgente ensanchamiento. Una egregia dama es la que con su acendrado amor a la ciudad se encarga de acrecentar personalmente los impulsos locales. Es la augusta Reina Doña María Cristina de Habsburgo, quien, enamorada del lugar, se encarga, afanosa, de proteger los proyectos que surgen sin fin de continuidad para ampliar y mejorar la capital guipuzcoana. Con sus negros atavíos de viuda aparece por primera vez en el verano de 1887. Su hijo, el que había de ser más tarde Rey de España con el nombre de Alfonso XIII,

Hasta el mar llegan las colinas que circundan la dudad, y, desde su altura, San Sebastián aparece limpia, fresca y cosmopolita.

I .l i l i i

flit ■ i

Al pie de los bellos edificios, la playa, amplia y dorada, que traza una curva perfecta entre el m ar y los ’’boulevares”

contaba i Ja sazón poco más de un año. Doña María Cristina se alberga en el pala­ cio de A yete, en lo alto de una colina, desde donde se divisa un panoram a incom para­ ble. Precisamente desde aquellos ventan ales su esposo, Don Alfonso X II, presenció la liberación del cerco de San Sebastián, después de em peñadas batallas en los mon1 tes circundantes entre las tropas carlistas y alfonsinas, que habían de term inar en el histórico ’’abrazo de V ergara” , con el que se iniciaba la etapa de la Restauración dinástica. Aquel palacio, perteneciente a los Duques de Casa-V alencia, fué durante varios años alojam iento de la Reina Madre, hasta que San Sebastián, en prueba de gratitud a tan benéfica protectora, le donó los terrenos, donde ella construyó el pa­ lacio de M iramar en uno de los lugares más privilegiados de la ciudad, al pie de la bahía de la Concha. Hoy, el palacio de A y ete es residencia veraniega del Jefe del Estado, el Generalísim o Franco, y el palacio de Miramar, que la Segunda República decretó su incautación, ha vuelto a ser propiedad de los herederos legítim os de Doña María Cristina.

í

San Sebastián cuenta actualm ente con una población, de hecho, de unos 1 10.000 ha­ bitantes. Pero en el verano el censo' aum enta con la presencia diaria de unos 20.000 a 30.000 veraneantes, que constituyen su población flotante desde comienzos de julio a últim os de septiem bre. Para ello se ha desarrollado un gran espíritu hostelero en toda la ciudad. Es decir, que, adem ás de los ocho o diez hoteles de prim era categoría, algunos de ellos verdaderos ’’palaces” , como el ’’María Cristina , el Continental y el ’’ Londres” , se extiende por la capital la más am able y fam iliar hospitalidad, que acoge al forastero con entrañables afectos y que acaban m uchas veces, al cabo de los años, en firmes vínculos de am istad y hasta de parentesco, con bodas que se con­ ciertan entre huéspedes y fam ilias de los ’’patrones . Confirm an estas pintorescas observaciones, im pregnadas de dulce rom anticism o, las dotes com unicativas y socia­ les de la población donostiarra, que alejan la interpretación dem asiado adusta y reconcentrada que se suele atribuir a los vascos... Son tam bién m uchas las fam ilias de los más diversos ám bitos de España que convergen en San Sebastián, donde bien poseen residencias propias o las alquilan para la tem porada estival. De ahí la m ultiplicidad de villas y palacios que deco­ ran el bello anfiteatro de la bahía, o form an elegantes conjuntos en las laderas de los m ontes de Igueldo y Ulía y en los aristocráticos barrios de O ndarreta y Ategorrieta.

Desde aquel verano de 1887 hasta h o y — poco más de sesenta años— , San Sebas­ tián va creciendo. Pero su crecim iento es norm al, como el de un chico sano y bien * * * atendido. Casi todo lo que hoy ve el visitan te en la ciudad pertenece a este período. Lo que más gu sta y atrae al forastero, sea nacional o extranjero, es el elevado Salvo, claro está, la fam osa ’’parte v ie ja ” , el bien conservado casco de la prim itiva tono social de San Sebastián. La población es elegante por propios y naturales de­ ciudad, construido al socaire del m onte del castillo de Santa Cruz de la Mota. Hoy signios. Su cosm opolitism o tiene una este trozo de la ciudad es un barrio peculiaridad inconfundible. No es a b i­ Vista panorámica de la bahía de San Sebastián, tomada desde el Monte Igueldo. que, por su recio tipism o, ofrece la ter­ garrado ni estruendoso. Diríase que es nura del regazo m aternal. En él, aparte una de las pocas ciudades donde la las bellas construcciones de los viejos m ejor lírica tiene su apoyo. La m usi­ templos de Santa María y San Vicente calidad acusa todas las más agradables y del convento de San Telm o — hoy gam as. Desde el rum or de las olas al interesante museo y biblioteca con morir en la playa o al estrellarse contra valiosas jo y as atesoradas— , se en­ los muros de sus deliciosos paseos que cuentran la s principales sociedades bordean la costa, hasta el canto coral koskheras, singular m odalidad de clubs, que surge de un oculto rincón, donde donde los socios dedican sus preferen­ unas voces varoniles entonan viejas cias a arte culinario y lírico, contabi­ melodías vernáculas, cuando el y a n ta r lizando personalm ente su individual ha sido y a un rito gastronóm ico, y la consumo m ediante el pago directo a sobremesa larga y pausadam ente em­ una olla o puchero que actúa de im ­ papada en bebidas del país requiere la pávida ’’ cajera” . Este detalle, insólito más normal de las expansiones y con­ en el mundo, revela la honestidad del vivencias: unas canciones aprendidas carácter de los donostiarras y es la ad­ de niño, con la ilusión de recoger una miración de las gentes forasteras. valiosa herencia de sus antepasados.

. . .

3

a

!

Y en la bahía, los blancos veleros mecidos por las olas que luego se quiebran en la playa.

Desde la altura del Igueldo o del Santa Clara, el mar, festoneado de espuma, es intensamente azul.

Las mujeres tienen una enorme personalidad. Finas, cui­ dadas, de rebosante salud, alcanzan por naturaleza una de las virtudes más preciadas: la de ser, ante todo, mujeres re­ gentes del hogar. De ahí una palabra que las clasifica con verdadero acierto idiom àtico. E c h e k o a n d re es el vocablo. E c h e k o a n d re , traducido al idioma castellano, es ’’señora de la casa” . Las mujeres, pertenezcan a las esferas más elevadas o a las más m odestas, se caracterizan por su buen gusto en el vestir. No son ostentosas. No rebullen las jo y a s ni las bisu­ terías en sus bien perfiladas figuras. Alguien quiere ver en ellas la influencia de las modas francesas, dada su proximi­ dad a la frontera. Pero esta influencia, si es que efectiva­ m ente existe, aparece tan graciosam ente tam izada y esco­ gida, que adquiere en San Sebastián un originalísimo sello. ¿Los hombres? ¡Tam bién los. hombres tienen vigorosa per­ sonalidad! A su laboriosidad y fino criterio se debe esta ma­ ravillosa concepción urbana. Inteligentes y cautelosos, agu­ dos de ingenio y abiertos para la franqueza, responden a una m agnífica talla espiritual. Lo mismo el artesano que el catalogado en las profesiones llam adas liberales. Por esta misma uniform idad, sin duda, se produce el raro fenómeno que es espejo adm irable de una dem ocracia pura. Unos y otros, aunque se m uevan en distintas capas sociales, acaban sus quehaceres reuniéndose fraternalm ente en una de esas típicas sociedades k o skh e ra s. La trágica lucha de claess, te­ rrible azote surgido contra la hum anidad, nunca se ha co­ nocido en San Sebastián ni en la provincia como feroz revul­ sivo de pasi ones cruentas. Y no se ha conocido, ciertamente por esta convivencia tan fam iliar, tan firm em ente sostenida entre sus moradores. Tan perfectam ente es adm inistrado este bello solar de Es­ paña, que se da el caso raro de que no existan mendigos pululantes y entrem etidos, como en otros lugares de la Pen­ ínsula, y que constituyen, a la vez, un fuerte y angustiante tipism o. La mano im plorante del pordiosero, que con lástima acucia los sentim ientos del prójimo, no se ve extendida. Es otra mano la que aparece siempre a vuestro paso. La mano protectora del nativo que tra ta de ayudaros y de haceros grata vuestra estancia...

* * *

Hoy, San Sebastián es un verdadero remanso para la atorm entada hum anidad. A 25 kilóm etros del Bidasoa, el río, que traza la línea fronteriza de los Pirineos occidenta­ les, está, como quien dice, a un paso de Francia. Es, en efec­ to, la bella antesala que recibe al turista extranjero, ávido de conocer a la legendaria España, con una visión melodra­ m ática alcanzada por las más pintorescas fantasías litera­ rias. La sorpresa del visitan te es trem ebunda. El contraste entre lo que él esperaba y lo que ven sus ojos es un exce­ lente pró'ogo, que acaba tam bién, por lo general, siendo anhelado epílogo de una excursión. Miles y miles de turistas cruzan el puente internacional que une a H endaya con Irún o por el puente de Behovia. Para muchos, el aeropuerto de B ayon a los aproxim a rápi­ dam ente a San Sebastián, donde, por su accidentada topo­ grafía, es difícil encontrar un terreno n atural para el trá­ fico aéreo, y su construcción más o menos inm ediata exige ardua intervención de la mano del hombre y de la máquina m oderna. Para otros, el aeropuerto de B arajas es el enlace que los trae de Madrid, en lujosos trenes— los m ejor atendi­ dos de E spaña— o por carretera, a San Sebastián, donde

En el pequeño muelle donostiarra atracan esbeltos ba­ landros que a veces lucen el color de cien banderas.

34

pueden tener la evidencia de que sus vacaciones no se can­ celarán, malogradas por el pesim ism o ni la inconfortabilidad.

* * *

San Sebastián prepara para el año próxim o, para el 1950, grandes festejos, con m otivo de que la ciudad cumple sus ochocientos años de edad o, m ejor dicho, los ocho siglos de su existencia oficial y juríd ica como entidad de población. Porque aunque no conste la d ata de un modo explícito y fehaciente, la m ayoría de los historiadores, a de reserval nunca imposible descubrim iento que pudiera determ inarla exactamente, coinciden en fijar en 1150 la fecha sim bólica y convencional del otorgam iento del fam oso Fuero de San Sebastián, dado a la villa por el rey de N avarra Don San­ cho el Sabio. D iscútase cuanto se quiera acerca de la exis­ tencia o no de un San Sebastián anterior a dicha fecha; dense por buenos, si se quiere, cuantos docum entos hacen mención o referencia de un Izurzun o a un San Sebastián pretéritos; pero el docum ento básico es ese Fuero que se trata de conmemorar fastuosam ente el venidero año. Este Fuero de San Sebastián es uno de los más famosos en los anales de los fueros m unicipales de España, y par­ ticularmente del País Vasco. Por lo que a éste atañe concre­ tamente, baste decir que es el primero y más im portante de los fueros municipales otorgados a una villa guipuzcoana, extendido después a otras villas del litoral cantábrico, lo que hace de San Sebastián la ciudad más antigua y prócer de esa costa y la única fundada en ella por un rey navarro. Por otra parte, sus disposiciones son testim onio explícito del carácter e im portancia m arítim ocom erciales de este rin­ cón en tan remotos tiempos. El Octavo Centenario será revalorizado con tres grandes exposiciones. Una, la Gran Exposición Industrial y Turís­ tica del País Vasco. Porque G uipúzcoa, que es la provincia más pequeña de las cincuenta en que se divide adm inistrati­ vamente España— ¡es un verde y perfum ado pañuelo¡” , di­ cen los poetas— , consta de una exuberante riqueza indus­ trial, calculándose sólo sus instalaciones en unos 1.133 mi­ llones de pesetas, distribuidos en m últiples empresas. No se trata, pues, de una provincia em inentem ente agrícola y tu ­ rística. No. Precisam ente lo que caracteriza a Guipúzcoa es la enorme variedad de sus fábricas y talleres, que con dis­ cretísima presencia esmaltan el jugoso paisaje de sus m on­ tañas y valles. En Guipúzcoa hay ” de tod o” , dicen los que la conocen bien. Sus ancestrales fundiciones de artículos de hierro y acero; la fabricación de armas enraizada en la economía de la provincia, al d atar del siglo X V I; sus indus­ trias del damasquinado; sus fábricas de tejidos y de papel, y más recientemente sus m áquinas de coser y sus bicicletas, de universal prestigio, ofrecen una am plísim a catalogación de manufacturas para el anunciado certam en. A la Exposición Industrial y T u rística servirán de con­ traste y aliciente espectacular e histórico una Exposición Retrospectiva de Guipúzcoa y de San Sebastián, a lo largo de su historia, en todos o la m ayor parte de sus aspectos, así como una Exposición del Gran San Sebastián del año 2000. La organización del Centenario está en plena m archa. Los donostiarras, así llamados tam bién sus habitantes, por llevar la capital guipuzcoana el nombre vasco de "D on osti” — co­ rrupción lingüística, según algunos, de ’’ Don Sebastián” — , o también conocidos, sobre todo a comienzos de siglo, por easonenses, por recibir la ciudad el nombre un tanto m ítico de la Bella Easo, colaboran entusiásticam ente para que la fisonomía de la ciudad aparezca el año que viene alegre­ mente remozada y más hospitalaria que nunca. En la playa se alienta la frescura del mar bajo la sombra de los toldos policromos.

Las mujeres y los niños, principalmente, disfrutan de la playa que ofrece sus limpias arenas a l deporte y a los juegos infantiles.

Wmmà

ASCO más pared, igual a pelota, se ha dicho alu­ diendo a esa consustancialidad de tal deporte con tal raza. No se sabe si la pelota nació vasca o no, como también se ha afirmado, pero lo cierto es que esa estirpe pirenaica ha introducido las variantes que distinguen hoy al juego. Ella ha demostrado ser la más dotada, y lo practica en todo el mundo. Que se jugaba, en algunas modalidades ya desapa­ recidas, por asiáticos, egipcios, griegos, romanos y hasta por algunas civilizaciones aborígenes ame­ ricanas, es cosa cierta y demostrada. Alejandro Magno fué el aficionado que hizo elevar una estatua a su favorito Aristónicos. Luego, en la Edad Media europea, el juego estuvo extendidísimo, hasta el punto de haber en París más industrias dedicadas a. la fabricación de pelotas que a la de libros o tinta. Algún cronicón del siglo XII habla de unos vizcaí­ nos que actuaban en Francia e Inglaterra. En el si­ glo XVI, los frontones galos eran el lugar de con­ currencia de caballeros y nobles damas. Metidos en el XVIII, podemos hacer una mención univer­ salmente famosa: la del Juego de Pelota, donde el Estado llano juró dar una nueva constitución a Francia. Dos reyes han muerto por beber agua en pleno sudor, efecto del juego.

V

EN LA HABANA SE IBA AL JAI-ALAI DE ETIQUETA A propósito de esta afición de la aristocracia, es curioso destacar que en La Habana, hacia 1 9 1 8 , se asistía a los partidos del Jai-Alai con traje de eti­ queta. Verdaderamente, si algún deporte cantado por Homero queda en nuestra época, es este de la pelota vasca, con los perfiles y los gestos de cuyos

cultivadores podrían componerse todavía hoy fri­ sos donde la elegancia viril que eternizan los helé­ nicos no mostraría diferencia esencial, como en la materia de danzas, la que bailan los pastores del Pirineo despierta siempre en el escritor compara­ ciones por el estilo. Pero, en fin, vamos a tomar el deporte de la esferística, según le llamaban los griegos, por la raíz que ha originado el árbol de hoy. El tronco se halla — para nosotros tenemos que siempre ha sido así— en el País Vasco. Las ramas van de Shanghai a Miami. Y la raiz mencionada lleva un nombre y una fecha concretos: Perkain, 17 6 0 . Nombre de epopeya, el de este jugador, a quien se atribuyen todas las ha­ zañas y al que se han dedicado versos, dramas y algún frontón, uno en Pamplona. Nacido en los Alduides vascofranceses, siendo su probable maes­ tro Manech Souhouru, de él nace una línea que cul­ mina en los actuales campeones. Comienza el siglo de oro de la pelota y la expansión. Se abre del todo el muro que en 1750 se entreabrió sólo para que cuatro guipuzcoanos fueran a Cartagena a derrotar a los cuatro campeones del resto de España. Surgen frontones por todo el mundo, y el noventa y ocho por ciento de sus equipos se nutre de la cantera vasca. Hoy se calcula en mil el número de pelotazales vascos. Si la conquista, la navegación y hoy los coros llevan gentes de este país a los confines de la tierra, habitada o 110— como la colonia que recientemente ha descu-iierto Augusto Assía en Idaho— , este deporte, verdadera y privativa expan­ sión de un temperamento, lleva pelotaris de Marquina o Rentería a los lugares más inverosímiles. La pe­ lota, ya, es propiamente vasca, y con ello se ha cum­ plido la gran ley étnica enunciada por el único cien­ tífico— Camille Julien— que ha atinado en la esen­ cia del ser vasco: ”Se diría de esta civilización que cada siglo transcurrido le hace el regalo de úna cos­

La mayoría de los pueblos vascos tienen su frontón, que en las tardes de domingo se alegra de apuestas y de jolgorio. En la foto vemos uno de estos tí­ picos frontones, al que falta la pared lateral y en el que ni el juez ni los voceadores gozan de instalación propia. Hoy, tanto los nuevos frontones del Norte de España cpmo los del Sur de Francia tienen pared a la mano zquierda y son adecuados escenarios para cualquier reñida competición.

D fL PIGI H

P iloti

tumbre imposible de desarraigar. Los vascos son, pues, un museo viviente de la historia humana.” Pero que tiene la desgracia, añadiríamos a propó­ sito del tem a que nos ocupa, de no poseer historia escrita.

AUN SE CONSERVAN MODALIDADES DEL SIGLO XVIII Se jugaba por entonces—siglos XVIII y XIX— el juego a largo y el rebote, modalidades casi des­ aparecidas— esta última se conserva en algunos desafíos de pueblo— , que consistían en el enfren­ tamiento—literal—de dos equipos en un campo sin pared alguna o en una cancha con dos paredes pa­ ralelas, respectivamente. Aquello evolucionó hasta llegar al juego de ’’ble” o pared actual, donde tan­ tas fortunas rebotan a la vez que la esfera, pasando de unas a otras manos. Aquella época, más que la actual con las apuestas reglamentadas, dió los par­ tidos donde el dinero no fluctuaba de uno a otro color, sino que permanecía fijo como prueba de fe en un jugador paisano. Más de un caserío, de una yunta de bueyes, habrán sido el tributo pagado al amor propio local por esos hombres de blusa y boina, a los que se unían los de monóculo en la gran algarabía. El cambiante era propicio también a los desafíos raros, recordándose los partidos que un tal ’’Mariñela” jugaba a cabezazos. Otros concedían al contrario la ventaja de vendarse un ojo o com­ petían debiendo sentarse en una banqueta que lle­ vaban en una mano a la vez que daban el pelotazo, o con los bolsillos llenos de huevos. En una ocasión, una pareja se enfrentó con otra que debía ir monlada sobre borricos, y lo curioso es que fué esta úl­ tima la que ganó. Todavía hoy es frecuente que los naturales de una aldea reten a grandes figuras en esos frontones qúe son los pórticos de las iglesias — primera escuela pelotazale— , donde la limitación de altura, las grietas del suelo, los defectos del re­ bote son factores favorables al nativo. En Arrate, un americano perdió sus onzas por excesiva con­ fianza en tales limitaciones, que logró vencer ’’Chi­ quito de Eibar” , el pelotari con quien se inició el profesionalismo. Un verdadero frontón-escuela ha sido el de Cestona, donde han hecho su aprendizaje casi todos los manistas. No menos lo son los fron­ tones y pórticos de Rentería, Azcoitia, Eibar, Villa­ bona, Lequeitio, Marquina, Ondárroa, y, en ge­ neral, todos los del País Vasconavarro, donde no hay pueblo que no disponga por lo menos de una modesta pared para practicar el deporte.

LA

FEDERACION

Arriba: A la izquierda, el actual campeón del mundo de pelota a mano, el español Gallástegui, ames de un en­ cuentro decisivo, examina las pelotas, que venían precintadas. A a derecha, un jugador de ’’cesta-punta” , en 2 Ì momento en que acaba de recoger y disparar la pelota.—Abajo: A la izquierda, el pelotari de ’’cesta-punta” se coloca y sujeta la cesta. A la derecha, tres campeonísimos del mundo: los españoles Gallástegui—actua campeón—; Mondragonés, ya retirado, a quien le arrebató el título Ataño III, el tercero de la foto, quien, al cabo de muchos años de campeón, perdió el título ante Gallástegui, en 1948, en un partido a cuyos pre­ liminares corresponde precisamente esta foto.

que tenemos noticia, en este terreno de los campeonatos, no se han deba­ tido nunca entre los países de ambos lados del Atlántico. Nos llegan informa­ ciones de que se proyecta la construcción de' un trinquete en San Sebas­ tián para jugar principalmente con los argentinos, que parecen haberse quedado exclusivamente en esa modalidad, que es a la vez la favorita de los franceses, entre los que se yergue la figura de Harrambillet. No fué así antes en el País del Plata, porque allí, durante el pasado siglo, se practicaron las más auténticas modalidades de pelota vasca. Todos los pueblos de la Argentina cuentan hoy con un frontón, consecuencia de aque­ lla afición que el 19 de abril de 1885 asistió a uno de los partidos más fa­ mosos de la historia de la pelota. Se debatió en la plaza Euscara de Buenos Aires, entre ’’Chiquito de Eibar” y Peysandú, y acudió un gentío impre­ sionante. El vapor español ’’Ibarra” , que debía partir en aquella fecha hacia Barcelona, suspendió su viaje para que el capitán pudiera asistir al encuen­ tro. Ni siquiera una tormenta de tierra desencadenada a la mitad de éste fué capaz de suspenderlo.

VASCONAVARRA

DATA DE 1 9 1 4

ENTRE LOS PARTIDOS FAMOSOS FIGURA LA OLIMPIADA DE PARIS

Mili r o m iti

Ȓ- r

-

A id izquierda, el frontón ’’Forum”, de Tientsin, en China, uno de los más importantes del mundo y en el que se celebraron reñidos campeonatos.—A la derecha, interior del frontón cubano ”Jai-Alai”, de La Habana, frontón donde mayor fastuosidad han alcanzado los programas pelotísticos.

Í6

Los pasos que el juego en su organización actual ha seguido se inician en 1 9 1 4 , con la constitución de la Federación Vasco-Navarra de Pelota, seguida en 1925 por la fundación de la Confederación Es­ pañola de Pelota Vasca. Entonces se inician los cam­ peonatos nacionales de aficionados, reanudados, tras el'corte de la guerra civil, en 1945. En esos anos se celebraron unas veinte competiciones, en las que Guipúzcoa se llevó la mayoría de los trofeos, ex­ cepto en cesta-punta, donde el triunfo fué cata­ lán. La Federación Internacional de Pelota se cons­ tituyó hacia 1 9 2 9 , con la adhesión de la Argentina y^jEspaña. Pero los partidos internacionales de los

En este terreno de los partidos famosos, preciso es mencionar los siguientes: El de 1 9 2 4 , en la Olimpíada de París, que desquitó a España de un rudo golpe recibido en el futbol. Otro jugado en el Moderno de San Sebastián, entre ’’Chiquito de Azcoitia” y Marcos Errezábal, donde ardía la rivalidad ■ entre Vizcaya y Guipúzcoa, y que terminó en empate. Fué en 1906 . El juego era más duro que hoy, más lento, más pesadas las pelotas —se dividen en ’’goshuas” o dulces y vivas o pesadas— , siendo frecuente que los jugadqres, al cabo de dos horas y media de juego, acabaran con los pies ensan­ Entre las múltiples variedades de este deporte eminen­ grentados. temente vascongado, merece destacarse la especialidad de ’’cesta-punta”. Vemos en la fotografía el gesto ágil N otab le fu é también el que se de un jugador durante uno de los últimos partidos cele­ jugó en la finca ’’Bordaberry” , de brados en el frontón de Madrid.

37

H end aya, que h ace unos años fué lu g a r de descanso de C h u rch ill, y donde en 193t se puso de m anifiesto una vez m ás la superioridad de A tañ o III, el de la boina inm en sa, sobre ’’ M ondragonés” Los entendidos tendrán com o m em orables quizá otros m uch os partidos donde han podido ap licar el refinam iento de su observa­ ción sobre el refinam iento de la técn ica; pero no es posible dejar de mencionar aquél en el que ’’M ondragonés” arrebató en V erg ara el cam peonato ofi­ cial (extraoficial) a ’’ C an tabria” — que a su vez lo ganó en 19 12 — , título que conservó h asta perderlo en una m añ an a de octubre de 1926 ante A tañ o III, ej fenóm eno que sólo por la delicadeza de sus m an o s y por la edad, ha podido perder su prim erísim a catego ría m an ista, ante G allástegu i, el 28 de no­ viem bre de 1948. A s í, pues, en las cuatro especialidades m ás im portantes de este deporte, los cam peones son h oy los siguientes: el joven G a llá steg u i, de E ibar, m ás notable por su potencia y am or propio que por su p erfección , en m an o, tras el cual pue. den colocarse, entre otros m u ch os, A tañ o V II y Onaindía; en rem onte, el inimi­ table artista Jesús A brego, que sucedió en el trono a Irigoyen y que lo mantiene pese a la resistencia de un Salsam endi III; en p a la , fué u n a gloria ’’ Chiquito de G a lla ría ” , y hoy lo son O roz, P astor y A g u irre. En cesta-p u nta, la especialidad que m enos se h a cultivado en la cu na de la pelota, pero con la cual sus artistas han paseado por todo el m undo el nom bre de E sp añ a, por ser la que predomina en A m érica , se en cu entran en La H abana los delanteros Pistón y Salsamendi y el zaguero valen cian o G u ara, y el gran G uillerm o A m u ch ástegu i, de Ondárroa, que viene actuando desde hace m uch os años en el frontón ’’ M éxico” , de la capital del m ism o nom bre. El otro fenóm eno fué E rdoza, ya fallecido.

EN TORNO A L A P E L O T A V A S C A SE M U E V E N EN E L M U N DO INMENSOS C A P IT A L E S No es p osible m encionar todos los ases, ni esas dinastías de A tan o s, Echaves y G u ru ch agas, en las que la afición se tran sm ite de padres a h ijo s, ni la inten­ sidad y la extensión de la p ráctica del deporte de la pelota vasca. P ara dar idea de su vitalid ad , harem os uso de un recurso que dará a conocer a la vez datos su­ m am en te curiosos, y así adquirirá n oticia quien no la tu v ie ra — no creemos exista— de que en torno a la pelota se m ueven h oy cap itales fabulosos, tanto en las em presas m ism as de los frontones o en el pago a los pelotaris como en las apuestas; en la m ayor parte del m undo, y a reglam en tad as por los tres sistemas de m u tu as, libres y qu in ielas, con interven ción de vocean tes corredores some­ tidos a rígidas norm as éticas. Com o dato de que el ’’to n g o ” apenas existe, se brinda aquel sucedido autén tico del que fué héroe en M adrid R am ón Salsamendi, a quien los h ijos de los R eyes, am igos suyos, pregun taron si podían apostar a su favo r, asegurándoles él que sí, y haciéndoles perder. Tam bién com o dato del vo lu m en del negocio, direm os, por ejem p lo, que en Estados Unidos hay pelotari que cobra m ás de dos m il dólares m ensuales; en M éjico, Ibarlu cea y Ermúa gan an m il doscientos pesos por partido, y en general, todos los puntistas que vi­ ven en A m érica llevan vida de príncipes.

P E L O T A V A S C A EN S H A N G H A I, E L C A IR O Y A L E J A N D R IA No así en E sp añ a, donde tam poco las localidades se pagan tan caras, ni los frontones tienen corrien tem en te un aforo p ara tres m il cu atrocientos especta­ dores, ni m antienen un personal de cuatro m il individuos, com o el ’’A uditorium ” , de Sh an gh ai, que es q u izá el m ejor frontón del m undo, in augurado en 1930 con vascos llevados de El Cairo y A leja n d ría , que tam bién poseen im portantes fron­ tones, fundados h a cia 19 2 1, y que suponem os estarán tan de m oda com o la mú­ sica y los m úsicos españoles. Tam bién es de suponer que después de la contienda m u nd ial, por lo m enos se h abría iniciado la reap ertura de los dos frontones chi­ nos, de los que el no citado es el ’’F o ru m ” , de T ien tsin , que obligó a cerrar la ocupación nipona. El E xtrem o Oriente ha poseído un público de fron tón tan edu­ cado com o silencioso y ansioso. Igu alm en te, en M anila los japoneses obligaron a cerrar el J a i-A la i, fundado en 1940, com o sucesor m áxim o de u n a gran tradi­ ción de frontones filipinos, y que, según n u estras noticias, s.e h a reconstruido, em pezando su n u eva época con el m ism o éxito in en arrab le con que se inició la prim era. En E stados U nidos h a y can ch as en M iam i. N ueva O rleáns y Chicago, donde los pelotaris ju ega n con p an talón corto, en tem poradas anu ales de cien días, y a que m ás no lo perm iten las leyes. N ueva Y o rk , en 1938, quiso tener su ca n ch a , y para ello — cóm o no— com pró el m ayo r teatro del m undo, el Hip­ podrom e, in au gu rán d o la con G uillerm o y P istón; pero que parece no haber te­ nido todo el éxito que se m erecía. M éxico y La H aban a son los dos focos princi­ pales de juego en A m érica; pero se dice que de seis m eses a esta parte el volumen del negocio ha decrecido algo. No o b sta n te, la a fición a la pelota sigue un ritmo crecien te en los lu gares citados, igu al que en B ru selas, Colom bia, Costa Rica, E cu ador, G u a te m a la , Ita lia , N icaragu a, P erú , U ru g u a y , V en ezuela, Brasil y h asta M arruecos, no siendo cierto, com o se h a afirm ado, que el deporte en su cu na va sca se en cu en tra en decaden cia, porque continu am ente lo nutren, si fallan los profesionales, los eternos aficion ad os de todas las clases sociales y pr°" fesion es— antaño no era raro el sencillo cu ra de ald ea que ju g a b a , en los dos sentidos de la p a la b ra — , y no es raro el que, com o Jacinto Q uincoces, retorna a su predilección m ás cara después de evasiones tem porales a otros deportes más nuevos, pero m enos de acuerdo con u n a en trañ a popular, con una m an era de ser que une en sí de m an era inim itable el m áxim o vig o r con la m áxim a elegancia. Por otra parte, n u n ca fa lla rá la can tera de los pueblos, donde los niños nacen sa­ biendo jipgar a la pelota. P ru eba de esa a fición es el a fá n con que se sigue la lite­ ratu ra 3^ el periodism o especializados, que han contado y cu en tan con firm as de prim era m agnitud: en el lejan o pasado, con un P eña y G oñi, que figura en las an tologías literarias; en el ayer inm ediato, con un J u an de Irigo yen , que no tar­ dará en aparecer en ellas, y en la actualid ad, con el discutido e indiscutible ’ Pa­ co rro ” , que desde su diaria colu m na d on ostiarra, un poco a lo Sim eón Estilita por su austeridad, ejerce un verdadero pontificado del juego. A

38

L

B

E

R

T

O

C

L

A

V

E

R

I

A

li

O R fuera, la casa enseñaba su rostro risueño, recién encalado para cubrir las averías del tiem po, ü ti V Æ f Por dentro, una faz más risueña aún. P iW iffiï La sa'*ta, con sus sillas de mimbre, sin faltar la ancha mecedora cionc,e el Padre descansaba. El comedor y la cocina— sobre todo la cocina— con los muebles y ios trastes en su lugar, como denunciando la presencia de una mano femenina. Las recámaras, con las camas dispuestas del m ejor modo, y los lechos limpios, aseados, sin una arruga las cobijas y las sábanas sin un doblez. En la despensa, un arreglo eficaz que hacía posible que, en tan reducido espacio, cupieran una lata de m anteca a medio consumir, un saco de fríjol, otro de harina, varias mercancías más, y , por supuesto, la indispensable leña de m ezquite y palofierro con que se alim entaba el fuego de la estufa. Después del corredor, el patio. Y en seguida, el trascorral, donde las gallinas cacareaban y los gallos cantaban, siempre a horas precisas, como si sus gargantas fueran exactos relojes. Las piezas, am plias, con esa am plitud provinciana que no conoce el ahorro de espacio. Y en todas, una nota alegre. Aquí, el adorno de ocasión. Allá, el bordado que tantas noches de vigilia se llevó. Y presidiendo a la fam ilia— como en v id a — el retrato am plificado de la madre que un día, muchos años antes, se fué de este mundo, dejándole a un viudo una huérfana pequeña. M IM

h

Las manos hacendosas, intensam ente dom ésticas, trajinaban ahora entre la co­ cina y el comedor. Una voz soñolienta las d etuvo cuando llevaban un plato: — ¿Hasta qué horas te vas a acostar, Lola? No era por falta de cariño que se abstenía de aplicarle el dim inutivo, sino porque gozaba llamando a la hija en la misma form a que nombró a la madre. Asi tenía siem ­ pre presente a la madre en el trato con la hija, en la cual había concentrado todo el amor que antes se repartían equitativam en te las dos. Presta acudió la m uchacha a la recám ara del señor Casanova. Y le explicó: Aún no term inaba de preparar el bastim ento para el viaje. La carne frita y los fríjoles y a estaban listos. Pero apenas com enzaba a batir la masa para hacer las tortillas de harina, con m ucha m anteca y mucho dulce. Y prefería acostarse hasta que acabara todo y no levantarse en la m adrugada con el pendiente. No fuera a ser que se durm iera. El padre escuchó— o pareció escuchar— en ese estado interm edio que liga y tam ­ bién divide el despertar com pleto del sueño total. Luego se volteó hacia la pared— huellas de resanado no seco aún, como en los muros que dan a la calle— y se entregó al nocturno y habitual concierto del ronquido. La muchacha, diligente, subió las colchas, tapándolo. Y se volvió a los quehaceres.

Hubo que prender las lám paras de petróleo, porque las tinieblas de la noche touavía no cedían su puesto a la luz del día. Padre e hija habían despertado— sobresalto inicial— a los golpes que sonaban e« la puerta.

Se hizo saber a los próxim os acom pañantes de la viajera que en un momento más estaría con ellos. Recogió bultos y velices, y avanzó rumbo a la puerta. Al pasar por la com unicación del corredor con la sala no pudo im pedir que sus ojos se posaran en el retrato de la m uerta. Su m irada— la de la m adre— la sentía sobre sí. Reanudó la m archa y los ojos la seguían. — Ha de querer que me despida de ella— pensó. Llegó ante la madre, m usitó quién sabe qué cosas y, todavía, con el pañuelo, lim pió de polvo el marco. Luego abrazó al padre y lo llenó de besos. Subió a un carro, y ése y los otros se perdieron pronto entre las calles oscuras. Guaym as vió partir el convoy, camino de Hermosillo.

Em pezaba a aclarar. Lola Casanova iba en su asiento con un viejecito menudo, casi perdido en la v a ­ queta color café que revestía el carro por dentro, para así dejar el m ayor espacio posible a una señora gorda que ocupaba, ella sola, el asiento de enfrente. Am bos dormían a pierna suelta. Dieciocho años tenía a lo sumo la m uchacha y los lucía bien, hasta con cierto garbo, a pesar de su innata m odestia. La piel, blanca, de m estiza. Los ojos, negros, enormes, profundos. Diríanse dos pozos inexplicablem ente abiertos tan cerca uno del otro. Los hombres hubieran querido acudir a ellos no sólo para beber agua. El cabello, de azabache, cubriendo la parte alta de la cabeza para caer luego, hasta la cintura, en dos gruesas trenzas. El decoro del vestido— largo y con mil pliegues— impedía precisar los contornos del cuerpo; pero lo visible era suficiente para adivinarlo recio, bien formado, juvenil.

Por el vidrio de la portezuela Lola Casanova m iraba el amanecer. Y pensaba. A veces recargaba el brazo, pero en seguida lo retiraba ante los frecuentes tu m ­ bos que por el m al camino iba dando el carro, vigorosam ente arrastrado por un tronco de poderosos caballos. No interrum pían sus pensamientos ni los tum bos, ni las ladeadas, ni los gritos constantes de los carreros, ni el relincho de las bestias que iban jalando a los otros carros. Abstraída, recordaba primero lo más reciente: los incidentes previos al viaje. No quería su padre dejarla ir. Am ontonaba razones en contra: que Hermosillo está m uy lejos de Guaym as; que el camino es m uy malo; que una señorita no via ja sola, etc., etc. Pero ella tam bién am ontonó razones en pro: que Hermosillo está m uy cerca de G uaym as; que en la diversión entran las molestias del camino, etc., etc. La resistencia se fortificó en lo indebido de que una señorita viajara sola. Entonces se dió a inquirir sobre los nombres de las personas que irían en el con­ v o y que se anunciaba. Y fué corriendo, con la noticia, a su padre: iban una señora respetable que fué am iga de su m adre y un señor que era amigo de él.

39

La resistenda paterna se prolongó en otros fortines. Pero el ataque fué más tenaz que aquélla, y vino por fin la cap itu lad ón . NO podría d ed r por qué su padre, a la postre, aceptó. ¿ Fué porque le recordó que y a se postergaba dem asiado un via je prom etido, años atrás, cuando acabó la escuela, como premio a sus buenas calificaciones? ¿o porque le hizo presente que no es de hombres dejar de cum plir lo que ofrecen? ¿O fu é la cam paña de mimos, halagos, platillos favoritos? T od avía la víspera, en la noche, cuando se alistaba, le reprochó su entusiasm o por la partida con esta pregunta: — ¿ Y si te pasara algo, Lola? Rió la m uchacha con ganas. Y respondió, zalam era pero firm e en su decisión: — ¡Ah que mi papál ¿A poco crees que nos van a asaltar? A la luz parpadeante que de la m echa salía, como llam a, en la lám para de pe­ tróleo, y a en la m adrugada— parecía que lo estaba viendo— , el sem blante serio del señor Casanova era una protesta m uda. Tan preocupado estaba, que en la despedida perdió hasta el ceceo de la voz, por­ que tam bién ésta la había perdido. Ni una palabra dijo. Se dejó abrazar y besar m uchas veces. Y él le dió sólo un abrazo largo, fuerte, apretado, como si no quisiera dejarla partir.

El recordado silencio expresivo del padre hizo derivar su memoria hacia otro lado. Se interrogó: — ¿Qué será el ceceo, que unos lo pierden pronto y a otros les dura toda la vida? Porque su padre, con tantos años de estar en M éxico— ¿cuántos?— aún hablaba como español. Ahora vagab a su espíritu por otro territorio del pasado, más distante. [Qué agradable la vid a del Colegio! Y las m aestras, [qué buenas! Y las compañeras, iqué amables! Menos, desde luego, aquella Lucía, que era el torm ento de todas. Las travesu ­ ras, pasen. Pero no le perdonaba sus groserías. Sobre todo aquel gesto altanero con que pasaba al pizarrón, en Cuarto Año. ¿Por qué la m aestra de Cuarto la agu an ta­ ría? ¿Sería porque ella era pobre y rico el papá de Lucia? Y la profesora de Sexto, [cómo sabía! Aquellos cuentos que contaba eran el m áxim o de la sabiduría. Y a podía decirlo porque siem pre lo había pensado— y porque nadie la oía— : que aunque estudiaba todas las asignaturas y en todas sacaba buenas calificaciones, unas le gustaban más. Mejor dicho— o m ejor pensado— : no todas las asignaturas le gustaban. [Qué chocantes la A ritm ética y la Geom etría! Puros números inertes y figuras sin significación. En cam bio, |qué bonita la Geografial En alas de ella había realizado mil viajes: a México, a Paris, a China. Pero sólo con la fantasía, porque ésta era la primera vez que salía de su casa y apenas iba a conocer Hermosillo. ¡Y qué bonita, tam bién, la historia! Aquel contacto con hom bres y hechos famosos. Ver primero a M aría A n ton ieta, en Versalles, y un m inuto después, rem ontados los siglos hacia atrás, estar con Cleopatra, a las orillas del Nilo, ju n to a Marco A n to­ nio. Y en otro brinco sobre el tiem po y el espacio, y a m irar a la pobrecita Carlota, del brazo del Archiduque, paseando por el Bosque de Chapultepec. Y sus lecturas, en libros grandotes con estam pas a colores. Ellos, acaso más que nadie, le habían hecho tan v iv a su im agim ación. Porque no nomás los leia con los ojos, sino tam bién con el corazón. Más que leerlos, los vivía. Cada aven tura era ella quien la corría. Así anduvo por selvas, m ontañas, m a­ res y ríos. Y fué pirata y fué bandido. jSi hubiera sido hombre en lugar de mujer! La im aginación detuvo su vuelo. Es que la memoria estaba ahora repa­ sando los amores de un príncipe indio con una m ujer blanca, que en quién sabe qué libro habia leído. ¡Qué romántico!, pensó. En un paraje el convoy hizo alto. Viajeros y carreros, en c o r d ia l re­ unión, tom aron el desayuno, cam biándose sus respectivas provisiones. Dirigiéndose a Lola Casanova y seña­ lando con la mano una eminencia en la lejanía, un carrero que estaba de pie le interrogó: — ¿Ve usted aquel cerro? Tras la respuesta afirm ativa, agregó: — Es el Cerro del Pardo. Antes les ser­ vía de divisadero a los yanquis y a los seris para vigilar este camino y caer sobre las caravanas. — ¿Eso era antes?— preguntó la m u­ chacha. Todos estaban pendientes de la con­ versación. El carrero, que y a había visto m uchas cosas en su vida, no quiso com prom eterse, circunscribiendo el peligro de los asaltos a una época rem ota. Pero no queriendo tam poco alarm ar a la viajera, eludió así la contestación directa: — Si los indios no están alzados, no h a y peligro. E staba brillando en los ojos de la m u­ chacha la emoción de una aven tura que, como todas las que leyó en sus libros, no podía acab ar mal. Dando por supuesto que el carrero quería decir que no había ningún peligro, le requirió:

40

— ¿ Y por qué traen ustedes tantos rifles, que ni para desayunar los dejan? — Por las dudas— fué todo lo que respondió. A los carros, nuevam ente. Lola Casanova subió al suyo. El convoy se puso en m archa. E lla continuaba así un paseo q u e había de durar toda la vida. ¡Y qué vida!

C ruzaban por el punto llam ado La Palm ita. Repentinam ente, lo inesperado: el asalto. Lola C asanova brincó del carro. Sólo pudo dar unos cuantos pasos, y cayó desm ayada. E ntre tanto ocurrió la lucha. Los carreros se defendieron con sus armas de fuego, pero las certeras flechas de los seris lograron imponerse. A lo lejos podía verse el convoy, y a en dispersión, y a los carros huyendo cada uno por su lado. A l recobrar el conocim iento, L ola C asanova se encontró con un indio fuerte y sem idesnudo, que portaba, como peluca, varias cabelleras ajenas (l). Poseída de terror, intentó escapar. El seri, entonces, se postró de hinojos a las plantas de ella, y le dijo en regular castellano: — Y o soy C oyote-Igu an a, rey de los seris, la nación más valien te y orgullosa del mundo. Tú eres la criatura más adorable que he visto. No te vayas. No quiero per­ derte. Antes daría mil veces la vid a. Te haré la reina de mis dominios. Poseo una isla llena de tesoros. Son tuyos. A fron taré las tem pestades y los peligros del mar para traerte las perlas más hermosas. Tus pies descansarán sobre pieles de leones, y con plum aje de aves haré la cuna de tus hijos... Siguió hablando con entusiasm o, con pasión. De ella, de su reino, de su corazón. Lola C asanova creia soñar. Se levan tó como autóm ata. Ni un blanco por el contorno. Sólo seris. Se ju n tó a ellos, y , siempre como autóm ata, insensible a todo y a todos, tomó la ru ta de su salvaje destino (2). ¡Qué extraña vid a la suyal De la m odesta posición social que guardaba entre la clase media a que pertenecía — relativa com odidad, desahogo económico, sencillez pero tam bién civilizació n había venido a parar al centro mismo de la barbarie. E staba reconstruyendo su dram a. Hasta la tibia arena de la playa, a sus pies, llegaban los mansos oleajes del mar en calma. La hum edad de la brisa lo penetraba todo. L a sentía en la m ata misma de la m araña de su pelo, que en otro tiem po caía por la espalda, en dos gruesas trenzas, despertando la admiración de los hombres y la en­ vid ia de las mujeres. Siem pre que recordaba la despedida de su padre, las lágrimas corrían por sus m ejillas. A hora mismo, gota a gota, estaban juntándose con aquella otra agua salada que bañaba la costa, y que, con toda su inmensidad, no era más grande que su dolor. Sobre todo, el abrazo, aquel abrazo largo, fuerte, apretado, que fué como un presagio del corazón paterno. ¿Por qué la dejó partir?, se preguntaba. ¿Porqué? Se borraban de su memoria todos los demás recuerdos para dejar uno solo: aquel despertar, tirad a en tierra, ante el seri gigantesco. Y el terror que la paralizó, im pidiéndole toda acción. Vagas, im precisas, como en un aturdim iento que era espanto, pavor, locura, las palabras del hom bre desconocido que se postraba sumiso, en adoración, mientras en la meseta de El Palm ito se dispersaba el convoy de carros, y viajeros y carreros huían a la desbandada. No supo entonces lo que el seri le dijo. Fué a comprenderlo, después, cuan­ do, desvanecida la dem encia, se encontró en camino con unos indígenas que lleva­ ban perforadas las narices y las orejas, y, colgando de allí, piedras relucientes y con­ chas escogidas. Porque los vió hacer cu­ riosos ademanes y gestos como de reve­ rencia hacia su captor. V olvió el espanto a enseñorearse de su espíritu. Y el primero en quien pensó— siem­ pre era el primero en quien pensaba— fué en su padre. A quel recuerdo de la despedida era la tortura de su alma. ¿Volvería a verlo? A quel adiós, ¿fué el último? A quel via je que comenzó siendo un paseo, ¿acabaría en calvario? ¿Por qué la dejó partir? ¿Por qué, Dios mio? A veces a pie y otras a caballo— siem­ pre el jefe seri, am able, a su lado— , reco­ rrió su propia calle de la am argura. Hasta que le dijeron que había llega­ do a los dominios de su señor. ¿Qué seria de su vid a en adelante? Porque entonces se dió cuenta de que había dejado de ser Lola Casanova. Ahora era— ¿para siem pre?— la mu­ jer de C oyote Iguana. ¿Quién era C oyote-Iguana, el temible y tem erario ante cuya presencia se incli­ naban los seris, y que ella sólo había visto hum illado a sus plantas? Lo fué sabiendo por él mismo y por las mujeres de la tribu, cuyo más precia­ do adorno eran unos enormes collares de conchas y semillas. (1) Tenían los sens la costumbre de arrancar las cabelleras a los comanches que vencían en la gue­ rra y, con ellas se adornaban la cabeza a guisa ne peluca. (2) El caso de Lola Casanova es histórico. Aquí figuran los datos esenciales de su vida, pero, bordando en torno de ellos, el autor se ha permitido algunas ucendas.

Coyote-Iguana no pertenecía a la tribu. Sus padres fueron pimas. En una de sus correrías, los seris incursionaron por la tierra de los pimas. Hubo una b atalla sangrienta. En el campo quedaron, muertos, sus padres. Y los seris regresaron con un niño cautivo. Entre ellos creció. Hábil y bravo, era el prim ero en los com bates. Un día escaló el m ando supremo. Ahora sus dominios se extendían sobre una faja costeña y sobre la Isla del Tiburón, separada de la tierra firm e por el Estrecho del Infiernillo, en el cual había otras islas también som etidas al im perio de Coyote-Iguana.

Diez meses duró la extrañ a situación de la cautiva. Diez meses en que el recuerdo de los suyos era una obsesión que de día la angus­ tiaba hasta el lím ite de toda fuerza hum ana, y que convertía la noche en un cruel delirio sólo cortado por el brusco despertar del sollozo. Transcurrido ese lapso, dió a luz a un hijo de C oyote-Iguana.

Quiso conocer la historia de su tribu. Unicamente de dos caudillos pudieron hablarle sus informantes, y ninguno de aquéllos se doblegó nunca. De Ambrosio, m uerto a traición. Y de Alonso, que cayó víctim a de una sorpresa. Antiguamente la tribu llegó hasta Pópulo, cerca de San Miguel de Horcasitas. Después se concentró en San Pedro de la Conquista (l). Ahora— 1854— la tribu ocupaba la costa de T astiota y las islas que ella sabía. No faltó, naturalm ente, la queja contra el blanco. Se quejaron de las persecuciones que sufrían desde tiem po inm em orial, desta­ cando una infam ia, frecuentem ente com etida por los blancos, consistente en llevarse prisioneras, hasta m uy lejos, a las fam ilias seris que lograban capturar.

Un día se empeñó en que C oyote-Iguana la llevara a la Isla del Tiburón. Alegó la necesidad de conocer a fondo aquella posesión de su reino. No era ese el m otivo verdadero. Quería alejarse de la tribu, y allá, a solas consigo misma, sacarse los secretos de su corazón. El cacique se oponía, aduciendo que el tiem po no era propicio. Que había que es­ perar a mayo, cuando la estación de las lluvias hace menos inclem ente el clima. Naturalmente, venció la mujer. Y en una im perfecta em barcación, sorteando bancos, restingos y escollos, atra ­ vesó el Canal del Infiernillo. A sus ojos apareció la isla volcánica, desértica, que por toda vegetación tiene mezquites, paloblancos y cactus, y que en sus cerros exhibe pórfido de granito. Iba recordando la leyenda de las fantásticas riquezas de la Isla dei Tiburón (2), caminando por una vereda, cuando saltó, m uy cerca, un ciervo colinegro, esbelto, ligero, coronado por la gran ram azón de sus cuernos. Más adelante vió el correr m ontaraz de venados y coyotes. Y arriba, dominando el panoram a abrupto, palom as, m uchas palomas.

En el extremo de la isla hizo que la dejara C oyote-Iguana, im pulsándolo a visitar a los pequeños grupos de seris que habitaban la región. Era un promontorio escarpado y rocalloso. Allí se quedó, sola con su alma. Y se planteó el salvaje problema: ¿Am aba a Coyote-Iguana? En pro, la costum bre de la vid a en común; su acomodo progresivo a la existencia de la tribu; la sim patía que el cacique había ido despertando en ella, trabajosam ente, a base de atenciones y mimos, y , sobre todo, el vínculo más poderoso, el hijo de ambos. En contra, negaciones y negaciones, y aquel grito que tod avía se alzaba desde lo más profundo de su conciencia— cada vez con menos frecuencia y con menos in­ tensidad-llam ándola a la civilización y condenando la barbarie. ¿Cuál era en ella el barniz? ¿E l de la civilización o el del salvajism o? A veces sus m editaciones desem bocaban en lo fatal. Entonces le entraban ganas de resolverlo todo, arrojándose del últim o peñasco del promontorio para ir a perderse entre las olas que rugían allá abajo. Finalmente se impuso el corazón: tu v o que confesarse que am aba a C oyote-Iguana. A la bárbara declaración siguió un sentim iento de horror. Sintió horror de Coyote-Iguana. Sintió horror de sí misma. Sintió horror de su amor. La lucha interior la dejó extenuada. Al reponerse se buscó por dentro una justificación. Creyó hallarla en la posibili­ dad— a su juicio factib le— de civilizar a los seris, civilizando a C oyote-Iguana. No advertía que en el inten to— dram a de tantos civilizadores frustrados— no se­ rian los seris quienes fueran a ella, sino ella a los seris, es decir, a la barbarie. A la barbarie que y a por todas partes la cercaba— hasta en su cara ta tu a d a — y

(1) Hoy se llama villa o pueblo de Seris. Queda en las inmediaciones de Hermosillo. El Río de Sonora lo separa de la capital del Estado. (2) La expedición Jones disolvió el encanto. Nada encontró de valor.

que ella misma, con su carne y con su dolor, ayudaba a perpetuar con el hijo que se­ ría C oyote-Iguana II. No era posible, pues, zarpar contra su trágico destino. En adelante la Reina de los Seris iba a com partir con C oyote-Iguana y con sus súbditos la vid a de los suyos, con todos sus peligros, lo mismo en las batallas que en los asaltos a los ranchos y a las caravanas. Al principio le repugnaban las costum bres de los seris, sobre todo su glotonería y sus actos de salvajism o. Lentam ente se fué adaptando a su n ueva vida. Em pezó por comer carne cruda, andar semidesnuda y recorrer grandes distan­ cias. Igual que los seris, a quienes la gruesa piel de sus pies les perm ite ser m agnífi­ cos corredores. Y a no le parecían miserables las chozas de hojarasca, zacate y rama, sostenidas por cañas. Aprendió a pescar tortugas y a engullir trozos inmensos, dejando al lado, como despojos, los carapachos. Ya sabía sacar su ju go a la biznaga para saciar la sed, y podía distinguir unas plantas de otras, pasando de lado ante aquellas que tienen espinas y amargo sabor como defensa del vegetal frente al animal. Con los suyos, es decir, con los seris, construía flechas para el com bate y envene­ naba sus puntas con la llam ada yerba de la flecha. Tam bién utilizaba el otro procedim iento. Aquel que consiste en m atar una res, sacarle los hígados, m eter éstos en una olla y echar allí, vivos, muchos ciempiés, ta ­ rántulas y otros insectos venenosos, para que, haciéndolos enojar, piquen el hígado y dejen allí su ponzoña. Aquella masa informe debía ponerse luego a corromper y en seguida bañar con ella la puntiaguda arma. Con ellos adoró a la luna nueva, de rodillas, persignándose y haciendo genufle­ xiones. Lanzando aullidos lloró con las mujeres a los seris muertos, de noche, porque de día a los hombres correspondía llorarlos. Y participó en la ceremonia del adiós postrero, colocando los cadáveres entre ramas espinosas para que las aves de rapiña no se los comieran, y allí el sol los fuera secando. Cuando el m uerto era un niño, ayudó ella a sus padres en el corte de pelo hasta la raíz y en la pintura de la cara con color negro, en señal de duelo. Y aprobó— ella, una criolla— la resistencia de los seris para cruzarse con otras razas, aún indígenas. Todo lo supo y todo lo practicó. Hasta el pobre vocabulario seri, desprovisto en absoluto de térm inos de negación. Entonces se borró el últim o vestigio de la criolla. Y a se sentía, verdaderam ente, Reina de los Seris. Y a era una seri más.

T an bello como su nom bre era San Pedro de la Conquista. Allá fué la Reina de los Seris. Y luego a la ciudad de Hermosillo, graciosam ente empinada sobre las faldas del Cerro de la Cam pana (1), cuyo pie baña el río de Sonora. Nadie hubiera reconocido en aquella m atrona seri, de rostro tatuado, que cubría parcialm ente su cuerpo con pieles de alcatraz, a la señorita Dolores Casanova, deli­ cada flor del jardín guaym ense. Y nadie la reconoció. Ella pudo liberarse, huyendo, y volver asi al seno de los suyos. Pero los suyos y a eran otros: los seris. En Hermosillo, adonde llegó a ir varias veces, divisó caras conocidas— una ver­ sión asegura que hasta se encontró con parientes que no adivinaron su identidad— , pero no quiso escapar porque su corazón no aceptó la renuncia al amor de CoyoteIguana y al de los varios hijos que y a tenían.

Algunas sublevaciones aplastó Coyote-Iguana, todas originadas en la repulsa seri hacia la reina intrusa. En una, finalm ente, sucum bió por su amor. Los rebeldes destrozaron el cadáver del cacique vencido y arrojaron los pedazos a los perros.

El espíritu de la venganza se apoderó de la reina viuda. Luchó sin descanso hasta que colocó en el trono a su hijo m ayor, C oyote-Iguana II. Nueva rebelión seri, y con la misma bandera. Y nueva derrota: C oyote-Iguana II cayó defendiendo a su madre.

Pero la constancia y la pasión por el desquite parecían ser las características de la reina seri. Volvió a pelear con denuedo, hasta que C oyote-Iguana I I I — su hijo m enor— asumió el poder. De la madre había heredado el coraje. Lo demostró m atando a todos los seris que se alzaron contra su hermano. B ajo el reinado de C oyote-Iguana III murió la b rava mujer. Los seris, a la fuerza, rindieron los mayores honores a quien fué, en la vid a civi­ lizada, Lola Casanova. (1 )

"Le llaman asi porque muchas de sus piedras, tocándolas con otras, suenan lo mismo que una cam pana” Francisco Velasco.—1850.

Noticias Estadísticas del Estado de Sonora tpor José

CI en Montevideo, República Oriental del Uru­ N Aguay, el 8 de diciembre de 1922, y hasta los

siete años padecí de todas las inclinaciones imagina­ bles, menos de la de dibujante. Ahora, ¿que por qué mi inclinación al dibujo data de los siete años? Muy sencillo. A esa edad ingresé en la escuela. Mis primeros monos fueron, pues, producto de las interminables horas de colegio, y como tal los co­ braba a penitencia por mono. Lamentablemente, mi inclinación era sincera e insistí, y seguí produciendo monos, hasta llegar a lo de ahora. (Después del colegio intenté seguir una carrera. Vano empeño. En eso, en cambio, no insistí; hasta llegar— en otra dirección que con los monos— a lo de ahora. Pero eso es asunto mío.) Puede decirse que quien me inició en la verdadera técnica del cartón ilustrado fué un amigo de mi edad y ambiciones: Pepe. — En todos los vicios siempre hay alguien que te inicie— me decía mi padre— . Donde haya un motivo para perder el tiempo, en eso has de estar. ¡Nobles palabras de aliento! Sin embargo, prose­ guí la lucha, y con la ayuda de Pepe empecé a bos­ quejar monos cada vez más pulcros y atildados. De esa manera, si se quiere producto de un sano afán de contradicción, fué como se despertó mi voca­ ción y nació mi arte. Los primeros años fueron de intensa práctica. Como todo artista que se precie, estaba horrorizado con mis cartones y no me decidía a mostrarlos. El año pasado los di a luz y obtuve un remunerado primer premio (¡materialismo al finí) en un concurso que organizó el diario ” E 1 País” , festejando el cincuen­ tenario de su fundación. Tal afortunado suceso me sirvió de acicate, y em­ peñado en seguir adelante, ideé una serie de cartones denominados ’’¡Qué preguntal” , que actualmente publica semanalmente E l Diario, de Montevideo. Siete cartones de la misma serie tengo el honor de que los publique hoy la página humorística de MUNDO H ISPANICO. Heme ahora, pues, en el sendero tantas veces so­ ñado. Esto es tan bello, que quisiera que Pepe lo viera. Pero desconozco su paradero... Y hablando de Pepe, recuerdo la última vez que lo vi, hace algunos años. Parecía no encontrarse nada bien. (Pepe tiene una sola virtud: es m uy afecto a la bebida.) — V oy a dejar de beber— me dijo. — ¿Qué te sucede, querido? ¿Te pateó el hígado? — No. Me pateó el viejo... En fin. Pero esto es harina de otro costal; de modo que he­ chas las presentaciones, un apretón de manos, una sonrisa y a otra cosa...

QUE LE PASA?... ¿LO MOLESTO?

<2 4 - V H TE CANSO ESTE BEPECHITO MA RUCHO?

;TE MOJO EL CHAPARRON?

NO PUEDE BAJARLA, SEÑOR?

/VE EL ELEFA N TE, M 'H IJITO ?

FUÉ DE AQUI QUE PIDIERON UN PLOMERO?

LA VIDA EN UNA

CARTUJA Por E S T E B A N F E R N A N D E Z

El misterio y la silenciosa intimidad de los que voluntariamente han renuncia­ do al mundo y celebran con gozos la llegada de la muerte, revelado en este trabajo, en verdad impresionante, de un periodista español, especialmente autorizado para visitar la Cartuja de Miraflores (Burgos). A ha sonad o la c a m p a n a m o ­ nacal y, a los pocos segundos, el h e rm ano p o rte ro a b re la p u e rta . Tal vez este h e rm a n o fu é un hum ild e la b ra d o r que a h o ra cu ltiva flo re s en el ja r ­ dín de l a trio de la ig le sia ; p e ro no es m a yo r sorpresa e n co n ­ tr a r en él al a b o g a d o c é le b re , al p o lig lo ta culto, que d is im u la su ciencia, o a l v ia je ro in c a n ­ sable de mares y m undos p intorescos que d ió con la dulce nave de sus sueños y en e lla q u ie ­ re hacer el v ia je de la e te rn id a d . El fu tu ro m onje g u a rd a un breve com pás de espera m ientras se pasa re ca d o a l p a d re p rio r para anun cia rle la visita. Tras esto, un m onje le aco m p a ñ a a la celda que le ha sido d e sig n a d a y en e lla le la va los pies. Con esta cerem onia sim bólica se le da a entender que desde aquel instante d ebe sacu­ dir de sí el polvo d e l m undo y dese ch a r to d o recuerdo del pasado, p a ra e m p e z a r una vid a nueva consagrada a la p ie d a d y a la p ro p ia santificación. G O Z O Y DOLOR DE LOS P R IM E R O S COMBATES Después de esta escena ín tim a y e m o c io n a n ­ te, se adivin a n los más fu e rte s a saltos co n tra la vocación: la so le d a d , el silencio, los muros de la celda y las ta p ia s del ja rd ín que hacen breve el h o rizo n te , p e ro que no tie n e n v irtu d suficiente p ara c e rra r el paso a los recuerdos, que e ntrarán en tro p e l y con más ve hem encia que nunca p a ra g o lp e a r el co ra z ó n d e l que acaba de re n u n cia r al m undo; to d o esto se ve caer como nube de pesadu m b re ca p a z d e d e ­ rrib ar al héroe en el p rin c ip io de la ¡o rn a d a . Pero está d e sp ie rto el á n g e l de la luz y fre n te a estos ataques vio le n to s d e senvaina la e sp a ­ da de su p o d e r. En la sole d a d h a b la Dios al corazón. El ge n io tra b a ja en el silencio. C u a n ­ to más breve es el h o riz o n te d e l m undo, más se fija la m ente en la inm ensidad de los cielos, destino e terno del hom bre. «El que q u ie re a su p a d re y a su m a d re más que a M í, no es d ig n o d e M í. S ólo con v io le n ­ cia se conquista el re in o de los cielos...» ASI ES LA CELDA La celda es a m p lia y espaciosa, y m e jo r que celda le c u a d ra ría el nom b re d e casita, en la que ej ca rtu jo encuentra to d o lo necesario para vivir. Se com pone de p la n ta b aja y p rim e r Piso con dim ensiones a p ro x im a d a m e n te ig u a ­ les. En la p la n ta ba ja , que sirve com o de ves­ tíbulo, están la sala Ñam ada del A ve M a ría , porque siem pre que el ca rtu jo e n tra en la c e l­ da ha de re z a r a rr o d illa d o a n te la im agen de a VJ.r?en, el A ve M a ría ; el co m e d o r, sin o tro m o biliario que una silla de p ino sin b a rn iz a l­ guno y un a rm a rio a d o sa d o a la p a re d , d o n d e se guardan los cubiertos de m a d e ra , y cuya tapa, al g ira r sobre las bisagras co lo ca d a s en |a parte baja y a b rirse de a rrib a a a b a jo , se transform a en mesa de co m e d o r. Tam bién se guarda en este a rm a rio una ta b lita con la in s ­ cripción «Abstinencia», que sirve p a ra in d ic a r gue siem pre que esté puesta en el v e n ta n illo Por donde se in tro d u ce en la celda la co m id a ,

43

ésta h a b rá de q u e d a r re d u c id a , exclusivam ente, a la ra ció n de pan. Y son muchos los días, unos po rq u e lo m anda la re g la y o tro s p o r de vo ció n , en los que el c a rtu jo dom a la ca rn e con estos ayunos rigurosos. En la p la n ta s u p e rio r, que co n stitu ye la ce ld a p ro ­ p ia m e n te dicha, y en la que el m onje pasa la m a yo r p a rte del tie m p o , están el lecho, que consta de un je rg ó n en tosco ca tre de m a d e ra y de las mantas necesarias; el re d u c id o o ra to rio d o n d e hace o ra c ió n y d ice sus rezos, y la mesa de e stu d io con su estante de lib ro s. D e pendencias de la celda son, el ta lle r d o n d e cum ple d ia ria m e n te con la ley del tra b a jo , y el ja rd ín d o n d e «siem bra, tra n s p la n ta , a liñ a , cava, y en ca d a flo re c illa a Dios a laba». QUE HACEN LOS CARTUJOS Y C O M O DISTRIBUYEN EL TIEMPO En la C a rtu ja e m p ie za el d ía cu a n d o aca b a en las dem ás partes; de a h í que los m onjes den p rin c ip io a su tr a b a jo cu a n d o los dem ás se e n tre g a n al D escan­ so. Después de c u a tro ho ra s de sueño, el c a rtu jo se le v a n ta a las once de la noche y com ienza sus rezos en la celda, hasta que la voz de la cam p a n a le lla m a a la ig le sia p a ra c a n ta r los m a itin e s y laudes del o fic io canónico. Esta es la h o ra más e m o cio n a n te de la v id a en la C a rtu ja , p o rq u e en la q u ie tu d y s ile n ­ cio de la noche au m e n ta la a rm o n ía y la m ajestad d e l canto, co b ra re lie v e la poesía in e xh a u sta de los salm os, al n a rra r, de un m o d o a d m ira b le , la h isto ria d e la m is e ric o rd ia de Dios y la m onstruosa in g r a ti­ tud de la h u m a n id a d , y en ellos e n cu e n tra el c a rtu jo el a lim e n to de su v id a e s p iritu a l. Los rezos se p ro ­ lo n g a n hasta las dos de la m a d ru g a d a , h o ra en que regresan a la ce ld a p a ra c o n tin u a r re z a n d o en ella el o fic io de la V irg e n y ha ce r o tra s d evociones que p o r re co m e n d a ció n de la re g la no p ro lo n g a rá n con exceso. Y se acuestan hasta las seis menos cu a rto p a ra re a n u d a r n uevam ente la o ra c ió n , p rim e ro en la celda y después en la ig le sia , y n uevam ente en la celda, hasta las d ie z de la m añana. De d ie z a once, lo d e d ica n a tra b a jo s m anuales y hacen a c o n tin u a c ió n la única M a g n ífico re ta b lo de l A lta r M a y o r, co m id a , S¡ no es d í a en la C a rtu ja de M ira flo re s . de ayuno.

44

Después de com er p rin c ip ia el recreo, siempre d e n tro de la ce ld a , que d u ra hasta la una, en que co­ m enzará el estudio. De dos a tres menos cuarto ha­ rán nuevam ente tra b a jo m anual de ta lle r de ca rp in ­ te ría o c o n fe ccio n a n d o los fam osos ro sa rio s que conservan p e rp e tu a m e n te el perfu m e de las rosas que se deshojan en el ja rd ín . Vuelven de nuevo a sus rezos en la ig le sia y en la celda, hasta las cinco y m edia en que to m a rá n la colación, y que suele con­ sistir en un p o co de pan y a lg o de fru ta que reser­ va ro n de la com ida. A las seis y m edia es la hora de acostarse, p e ro antes las disciplinas h a b rá n de m ar­ c a r huellas sobre la ca rn e fla ca , m ientras resuena el eco com pasivo d e l salm o «Miserere». Si después de ver este h o ra rio el alm a cae en una com pasión pesim ista, es que estas líneas no han sido leídas a la luz c la ra y serena que re fle ja la m irada de los monjes cartujos ni al b o rd e de la «senda por d o n d e han ¡d o los pocos sabios que en el mundo han sido». El h o ra rio y plan de v id a de la C a rtu ja tienen co r­ tas excepciones. Figuran e n tre éstas, el paseo sema­ nal, la com ida en com unidad los días de fiesta, y un breve recreo sem anal, d u ra n te el que pueden ha­ b la r los monjes e n tre sí. Las cerem onias más im p re sion a n te s son la toma de h á b ito , que suele hacerse después de un p e río ­ do de pru e b a que oscila e n tre uno y seis meses, y el e n tie rro de los m onjes, que es el a co n te cim ie n to ce­ le b ra d o con g o zo en las C artujas. EL HABITO SE CONCEDE POR M A Y O R IA DE VOTOS Para co n ce d e r el h á b ito al a sp ira n te a ca rtu jo ha d e p ro c e d e r una vo ta ció n en la que to m a n p a rte to ­ dos los monjes profesos de votos solem nes, y si la m a yo ría de votos le ha sido fa v o ra b le , puede pre­ sentarse ante to d a la com unidad re unida en la sala c a p itu la r. Entonces, p o s tra d o en el suelo, se e n ta ­ bla este d iá lo g o e ntre él y el p rio r: — ¿Qué pides? — M is e ric o rd ia . — Levántate. — Ruego y suplico que, p o r a m o r a Dios, se me a d ­ m ita com o el más hum ilde s e rv id o r de todos, a la

prueba del n o v ic ia d o b a jo el h á b ito m o nacal, si a ti, v e n e ra b le p a d re , y a los demás v e n e ra b le s pad re s os p a re c ie re bien. — ¿Te parece que p o d rá s s o p o rta r la rig id e z de una vid a ta n austera? — A sí lo espero, fia d o en la m is e ric o rd ia de Dios y en las o ra c io n e s de los padres. — De p a rte d e Dios y de la O rd e n , de p a rte mía y de la de mis h e rm a ­ nos a q u í presentes, te a d m ito e n tre n osotros, y te a d v ie rto de paso que antes de la procesión serás due ñ o de s a lir el d ía que te plazca com o lo seremos nosotros de d e s p e d irte si — lo que Dios no p e rm ita — tu c o m p o r­ tam iento no nos satisficiese. A contin uación da el n o vicio un a b ra z o de paz a to d o s los h e rm a n os y se com pletan estas cerem o n ia s con la procesión a la celda p a ra d a rle posesión de e lla y re n u n c ia r a llí al no m b re , que es lo único que le q u e ­ daba del m undo. EL ENTIERRO SE HACE SIN ATAU D La com unidad en p le n o no v o lv e rá a tra s p a s a r los um brales de a q u e lla puerta hasta que lle g u e la h o ra de a d m in is tra rle los últim os S acram entos y de a c o m p a ñ a rle a l ce m e n te rio , «la casa de la e te rn id a d » , d o n d e , si­ guiendo el tu rn o , se re u n irá n a lg ú n d ía to d o s los silenciosos h a b ita n te s de las celdas ca rtu ja n a s, p a ra e s p e ra r la re su rre cció n de los justos, a la sombra de toscas cruces de m a d e ra , p in ta d a s de n e g ro , y sin in scrip ció n alguna que re cuerde el n o m b re del h é ro e que la b ró la s a n tid a d con si­ lencio y p e nitencias. El e n tie rro se hace sin a ta ú d p a ra g u a rd a r el v o to de pobreza hasta la o scu rid a d del sepulcro y d a r ca stig o a la ca rn e hasta después de m uerta. En los e n tie rro s de los ca rtu jo s la tie rra cae so b re el hábito b la n co y no h a y lá g rim a s en el c o rte jo fú n e b re , p o rq u e , en la in te r­ pretación c ristia n a de la m uerte, e n cu e n tra n a n tic ip a d o el g o z o de la re ­ surrección.. N O S O N SUICIDAS S ocialm ente cum plen los ca rtu jo s una m isión e le va d a con el a p o s to la d o de la o ra c ió n , el a p o s to la d o d e la plum a y el de la lim osna. La O rd e n ca rtujana ha te n id o te ó lo g o s , e scrituristas y poetas em inentes q u e han escrito cerca de cu a tro c ie n to s tra ta d o s sobre la V irg e n , a pe sa r del poco tie m p o que les d e ja lib re p a ra el e stu d io el rig u ro s o h o ra rio a que tienen sujeta la v id a . Y los rig o re s e x tre m a d o s de la re g la no a te n ta n contra la salud, sie n d o p ru e b a co n vin ce n te de e llo la lo n g e v id a d que llegan a a lc a n z a r la m a y o ría de los m onjes: U rb a n o V in te n tó m itig a r la dureza de la re g la p o r e s tim a r que con su o b se rva n cia a te n ta b a n co n tra la salud, y v e in tis ie te m onjes, el más ¡oven de o ch e n ta y ocho años, fu e ­ ron a postrarse h u m ild e m e n te a los pies d e l D e ta lle d e l m onum ento se p u lcra l Pontífice p a ra s u p lic a rle q u e d e s is tie ra d e l a los fu n d a d o re s d e la C a rtu ja , intento.

Julio Casares y Sánchez 6-11-1919 m

42 SEÑORES GOBIERNAN EL IDI A QUE HABLAN 150 MILLONES odos los caminos van a Roma, y a Compostela i M I se llega sólo por el Camino de Santiago, que no es I j otro— de Este a Oeste— que la Vía Láctea. Entre «quello pluralidad y esta singularidad, a la Real Academ,a Española, que es la de la Lengua, puede llefl parse por varios caminos, aunque ningún refrán ex~~__ i l prese, de momento, el número. Quizá estén creyendo las gentes que el más seguro.es el de escribir buenos libros de literatura novela, teatro, poesía y el r*p adquirir cierta resonancia intelectual; pero no es m v así, totalmente. En principio, la Academia Española pudo ser como “ ' u n cuerpo de literatos y de eruditos de las letras; pero la vida actual ha planteado a la Real Corporación una serie de problemas que, en gran parte, arrancan del siglo X IX y sus descu­ brimientos técnicos y científicos. La medicina, la ingeniería— del hor­ migón armado a los motores trifásicos— y la química, cada cual con sus importantes hallazgos, han invadido todas las zonas sociales y has­ ta las cabañas familiares. Esto exige la utilización de un léxico es­ pecial, nuevo y contundente. Esto exige, en suma, la ampliación de nuestro vocabulario, la ampliación del limitado repertorio de voca­ blos con que el hombre se bastaba, hasta entonces, para comuni­ carse con sus semejantes. Así, a la Academia llegan, y la Academia los acepta, cuando ya están aceptados por las multitudes parlantes, muchos vocablos: «chófer» o «restaurante»... Pero ¿quién ha de informar sobre la aceptación de «chófer»? ¿El literato o el ingeniero? La Real Academia Española tiende a la matizacíón de su cuerpo, incrustando entre el poeta y el novelista, un químico; entre el filósofo y el dramaturgo, un catedrático de Medicina... De otra parte, una zona amplísima y fundamental de lo bibliografía y de la cultura de un pueblo está expresada, sobre todo en el siglo X X , por los libros científicos. Y en el caso de España, los respectivos especialistas con­ taban con insoslayables dificultades— falta de léxico autorizado— para traducir al castellano la aportación extranjera. A la Academia Española no se llega tan sólo por un camino. r

B

Cuando se ingreso en la Academia, se tiene un sillón. Puede decirse también del revés: cuando se tiene un sillón, se es de la Academia, siquiera existan algunas excepciones que se detallarán más adelante. En total, los académicos son hoy cuarenta y dos, o de­ bieran serlo, en tanto que sólo existen treinta y seis sillones. Cada sillón corresponde a una de las letras del alfabeto castellano: desde la «A» hasta la « Z » , en mayúsculas, y desde la «a» hasta la «I», en minúsculas. (Entre las letras mayúsculas no tienen sillón la «LL», la «Ñ », la « W » y la « Y » .) Cada académico ocupa por vida el mismo sillón, aunque la historia de la Academia registra ciertos traslados de silla, cuyos motivos desconocemos. Cuando se produce una vacante, la provisión se convoca por anuncio que publica el «Boletín Oficial del Es­ tado», y el cónclave selecciono, por votación, al nuevo académico. Este lleva entonces la coletilla de «electo» hasta el mismo instante en que cubre el protocolo, leyendo en sesión solemne— chaquet y con­ decoraciones; casi siempre en domingo, a la tarde— su discurso de ingreso. Desde ese momento, el académico deja de ser «electo» para convertirse en académico de número. En académico, a secas. En aque­ lla sesión solemne, el «electo» es introducido en la sala por otros dos

Agustín González Amezúa 1-3-1928

académicos— uno a cada costado— . El «electo» saluda primero q| presidente ceremoniosamente, y después, dócil, se deja conducir hasta el estrado desde donde ha de leer su. discurso. En 1947 no ha habido recepciones; en 1948, leyeron sus discur­ sos de ingreso Dámaso Alonso, poeta y maestro de filólogos^-catedrático de Filología en la Universidad de Madrid— , y Gerardo Diego, también poeta, poeta siempre, y catedrático de Literatura. En ene­ ro de 1948 fueron elegidos académicos don José María de Cossío, crítico y ensayista, que ocupa el sillón que dejó vacante don Eduar­ do Marquina, y González Anaya, novelista malagueño, que ocupa el de Benavente. (Benavente ha pasado a académico de honor.) Tanto Cossío como González Anaya han leído ya sus discursos. En cambio, no los han leído aún: Ramón Pérez de Ayala— electo en 1928—-, Pedro Sainz Rodríguez— 1938— , Rafael Sánchez Mazas— 1940— y Eu­ genio Montes— 1940— . Parece ser que Pérez de Ayala, actualmen­ te en España, lo leerá en el inmediato otoño. Asimismo, en los pró­ ximos meses leerá el suyo Eugenio Montes, que lleva un año espe­ rando a que otro Eugenio— d'Ors— termine el discurso de contes­ tación.

Los sillones de la Real Academia Española están hoy ocupados por los siguientes señores (y señalamos entre paréntesis, por orden inverso al cronológico, los nombres de los académicos que anterior­ mente disfrutaron de los sillones respectivos): «A ».— Vicente García de Diego, catedrático de Latín. (Bonilla y San Martín, Mariano de Cavia, Juan Menéndez Pidal, Luis Pidal, Agustín Pascual, Severo Catalina, Eugenio de Tapia, Eugenio de la Peña, Antonio Tavira, Marqués de la Regalía, Tomás Pascual de Azpeitia y el Marqués de Villena.) «B».— Narciso Alonso Cortés, catedrático de Literatura. (Ricardo León, Eduardo Saavedra, Bretón de los Herreros, Conde del Montijo, Bucareli, Agustín Silva, Meléndez Valdés, J. J. Flórez, Uriarte de la Hoz, F. Capilla, Vicente de los Ríos, Trigueros, García de Montoya, Jacinto de Mendoza y Juan Ferreras.) «C».— Ramón Pérez de Ayala, novelista. (Vázquez de Mella, Fernández Grilo, J. María Asensio, Colmeiro, Cristino Martos, Anto­ nio Benavides, González Bravo, Martínez de la Rosa, Lardizábal, Francisco Angulo, Andrés Fernández Pacheco, Rodríguez Castañón y Alvarez de Toledo.) «D».— Vacante. (Alcalá Zamora, Francos Rodríguez, Jacinto Oc­ tavio Picón, Castelar, Monláu, López Cepero, Fernández Navarrete, Enrique Ramos, Mogollón, Ventura de Prado y A. González Barcia.) | «E».— Juan Ignacio Luca de Tena, dramaturgo y periodista. (J. Al­ varez Quintero, Ortega Munilla, Campoamor, Castillo y Ayensa, Ranz Romanillos, Pedro R. de Campomanes, Marqués de Montehermoso, I. de Luzán, Ustáriz e Interián de Ayala.) «F».— Emilio Fernández Galiano. (Ignacio Bolívar, Gómez de Bo­ quera, J. A. Cavestany, Cayetano Fernández, Ventura de la Vega, Musso y Valiente, Beltrán de Caicedo, Valbuena, Samaniego, Mon­ dano y Luyando, Carlos de la Reguera, L. de Cardona y P. Bartolo­ mé Alcázar.) «G».— José María de Cossío, escritor. (Eduardo Marquina, Novo y Colson, Emilio Alcalá Galiano, Patricio de la Escosura, González Arnao, Pérez Villamil, J. A. Conde, Tomás A. Sánchez, P. Carrasco, y P. José Casoni.) «H ».— Federico García Sanchiz, charlista. (S. Alvarez Quintero/l

Gregorio Marañón 19-1-1933

Segismundo Moret, /\sen|0 Damien, r. ae /Marcon, L^e ia ruente, Zorrilla— no tomó posesión— , Alberto Lista, Munárriz, Iriarte, Pé­ rez Pastor, Chindurza, Pedro González, Serrano Varona, Fajardo y Dongo Barnuevo.) (¡I»,__ Gerardo Diego, poeta y catedrático de Literatura (Blas Cabrera, Ramón y Cajal, Juan Valera, Jerónimo del Campo, Diego Clemencia, Berguizas, G. de Montoya, Torrero y Marzo y Marqués de San Juan.) «J».— Julio Casares, escritor y lingüista, secretario perpetuo de la Real Academia Española. (González Besada, Herranz y Gonzalo, L. A. de Cueto, Quintana, Vicente de Vera y Duque de Montella'no.) «K».— Gregorio Marañón, polígrafo, médico y catedrático de En­ docrinología. (Armada y Losada, Fernández de Béthencourt, Mellado y Fernández, Pérez Pastor, Francisco Silvela, Roca de Togores, Arriaza, Vargas Ponce, Porlier, Duque de Villahermosa, M ata Linares y Squarzafigo.) «L».— Eugenio Montes, periodista, escritor y catedrático de Filo­ sofía. (Maeztu, Muñoz y Manzano, Fr. Ceferino González, Zorrilla, Caveda, Duque de Frías, Silva Bazán, González Arnao— pasó a la silla «G»—-, Guevara Vasconcelos, Duque de Medinasidonia, De la

Huerta y Vega, Villegas y Oyarvide, Suárez de Figueroa y Cónink.) «M ». — Vacante. (Salvador de Madariaga, Gutiérrez-Gamero, Commelerán, Aragón y Azlor, Corral y Oña, Cutanda, Conde de Quin­ to, Duaso, Ramírez Alamanzón, Duque de Almodovar, J. Puig, A. Gas­ par de Pinedo, Perea y Villademoros.) « N » .— Francisco Javier Sánchez Cantón. (Manuel Machado, To­ rres Quevedo, Pérez Galdós, Galindo y de Vera, Olózaga, Saavedra Meneses, E. Maria del Valle, Ramón Cabrera, J. A. Conde, Conde de Castañeda, García de la Huerta, Rada y Aguirre, F. A. Zapata y Bacallar.) «Q».— Vicente Aleixandre, poeta. (Llanos y Torriglia, Salvador Bermúdez de Castro, Ribera y Tarrago, Paláu, Ferrari, Tamayo y Baus, González Cabo-reluz, García de Arrieta, Chimioni, Manuel Abella, Bazán de Silva, Duque de Alba, Carvajal y Lancaster, Die­ go de Villegas y Quevedo y Gonzalo Machado.) «P».— «Azorín», escritor. (José Martínez Ruiz, Navarro Rever­ ter, Miguel Mir, García Gutiérrez, Gil y Zárate, A. J. Mestre, Flórez Canseco, I. de Hermosilla, A. Verdugo y Jerónimo Pardo.) «Q».~..Rafael Estrada y Arnaiz, historiador y marino— almirante— . (Linares Rivas, Ugarte, Fidel Fita, Fernández y González, Antonio Arnao, Ferrer del Río, Juan Nicasio Gallego, A. Porcel, M a r­ tín de Ulloa, J. López Pacheco y M. López Pacheco.) «R». — Luis Martínez Kleiser, escritor. (Díez-Canedo, López Valdemoro, Aguilera y Gamboa, Canalejas, Dacarrete, Fabié, Rodríguez y Díaz, R. María Baralt, Donoso Cor­ tés, Javier de Burgos, José de Carvajal, Ramón Cabrera

Jacobo Fitz-James Stuart Falcó . ■ 1-2-1940

Rafael Sánchez Mazas

« 1 » .— S a lv a d o r G o n z á le z A n a y a , n o v e lista . {B e n a v e n te — no tom ó p o sesió n , y h o y es a c a ­ d é m ico de honor— , M e n é n d e z y P e la y o y H a rtz e n b u s c h .)

C a rra s c o « c » .— Pedro S a in z R o d rig u e z , e sc rito r y c a ­ te d rá tic o de B ib lio lo g ía . (C o n d e de J im e n o , C o r ­ t á z a r , C á n o v a s del C a s t illo y D u q u e de R iv a s .) « d » .— D á m a s o A lo n s o , c a te d rá tic o de F ilo ­ lo g ía . {A s ín P a la c io s , R á m íre z de S a a v e d ra y A g u s t ín D u ra n .) « e » .— G a b r ie t M a u r a y G a m a z o , h is to ria d o r. (J u lio B u re ll, E c h e g o ra y y M e so n e ro R o m an o s.) « f » . — C a rlo s M a r t ín e z de C a m p o s , p u b li­ c is ta y m ilit a r . (M ig u e l A r t ig a s , M a rq u é s d e V illa - U r r u t ia , L u is C o lo m a , V a le n t ín G ó m e z , B a la r t , T e ja d o , A d e la rd o L ó p e z de A y a la y A n ­ to n io A lc a lá G a lia n o .) « g » .— E ste b a n T e r ra d o s Illa , fís ic o . (R o ­ d ríg u e z M a r ín , F e rn á n d e z V illa v e r d e , B a r r a n ­ tes, José G o d o y, A p a ris i y G u ija r r o y P e d ro José P id a l.) « h » . — V a c a n t e . (N a v a rro T o m á s , C o rte z o , C o d e ra y Z a id ín , M a n u e l del P a la c io , L u is F e r n á n d e z -G u e r r a y E u g e n io de O ch o a .) « i» . — José M a rÍG P e m á n , p o e ta y d r a m a t u r ­ go. (E m ilio C o ta re lo , Pedro de M a d r a z o y A n ­ ton io M a r ía S e g o via .) « j » . — J a c o b o F it z -J a m e s S tu a rt F a lc ó P o r to c arre ro y O so rio . (M a n u e l de S a la r e g u i, M a ­ ria n o C a t a lin a y A le ja n d r o O liv á n .) « k » . — A n g e l G o n z á le z P a lè n c ia , a ra b is ta y a rc h iv e ro . (P a la c io V a ld é s , P e re d a, C a s t ro y S e rra n o , F. de P a u la , C a n a le ja s , N ú ñ e z de A r e ­ n a s y N ico m e d e s P a sto r D ía z .)

T T T W ir r m

Fie m o s d ich o — y p ueden c o n ta rse — q u e los s illo n e s son tr e in ta y seis, en ta n to q u e los a c a d é m ic o s son c u a re n ta y dos. O c u rre , p u e s, q ue en la R e a! A c a d e m ia h a y unos señ o res q u e , a u n q u e te n g a n a sie n to , no tie n e n s illó n . L a p a ra d o ja se e x p lic a por u n a d isp o s ic ió n , m ás o m en os g u b e rn a m e n ta l, de tie m p o s de la D ic ta d u ra . En v irt u d de a q u é lla , fu e ro n n o m b ra ­ dos a c a d é m ic o s , com o re p re se n ta n te s de d ia ­ le cto s re g io n a le s , los señores s ig u ie n te s : E u g e ­ n io d 'O rs , filó s o fo ; L o re n z o R ib e r, e sc rito r y la t in is t a ; J u lio de U rq u ijo , v a s c ó lo g o ; R am ó n C a b a n illa s , e s c rito r; A rm a n d o C o ta re lo , h is t o ­ ria d o r, y R e su rre cció n M a r ía de A z k u e , lin ­ g ü is ta , filó lo g o y co m p o sito r, a m ás de! f a lle c i­ do R vdo. P . F r a y L u is F u llo n a , e sc rito r. L a p a ra d o ja p udo e sta r y a re s u e lta si a la R e a l A c a d e m ia se le h u b ie se o c u rrid o c u b rir los s illo n e s v a c a n te s — se g ú n la s v a c a n te s se p ro d u je ra n — con estos a c a d é m ic o s , a lg u n o de Jos c u a le s — ta l el caso co n cre to de d on E u g e ­ n io d 'O rs — tie n e p e rs o n a lid a d s u fic ie n te p a ra h a b e r lle g a d o a la R e a l A c a d e m ia por c u a le s ­ q u ie ra otros ca m in o s. t- t t t t t

’m

m

F i r

José M a ría de Cossío

r

[R E A L

A C A D E M A M |.ó Ç

U

-o - ji

L IM P IA P IJ A Y D A ESPLENDOR

48

? 0

'

4 - 12-1947

i m

i »

«

VIRANO ESPAÑOL ARECE que p o r a h í fu e ra se está p o n ie n d o de m oda eso de «pasar el v e ra n o en España», o cuando menos, darse una vuelta p o r sus rutas turísticas y ve ra n ie g a s. C ada v e ra n o lle g a n más e x ­ tra n je ro s curiosos de nuestros cam inos, de nuestros paisajes, de nuestras g lo ria s de p ie d ra y esp íritu . En esta cu rio sid a d p o r la «old Spain», abun d a n los y a n ­ quis. A caso haya c o n trib u id o a e llo a q u e lla «España V irgen» en que el judío n o rte a m e ric a n o W a ld o Frank estudia nuestra alm a y nuestra g e o lo g ía en función de la H isto ria , y el pintoresco «R ocinante vuelve al cam ino», de John Dospasos. Los yanquis, dem a sia d o jóvenes y un poco ingenuos, hijos de aq u e i país p in ­ toresco, e x tra v o g a n te y colosal, han in c lu id o p o r fin a España e ntre las abuelas europeas que les es g ra ­ to y conveniente visita r. G ustan de estos viejos pue­ blos castellanos, andaluces, extrem eños y de otras regiones españolas, que conservan pie d ra s ro m á n i­ cas, góticas o barrocas, y les hablan, con su m udo y p lá stico lenguaje, de las etapas heroicas de esta ci­ v iliza ció n la tin a , cristiana y o ccid e n ta l, que ellos q u ie re n conocer. Porque tam b ié n las pie d ra s ro m a ­ nas del A cueducto de S egovia, las m edievales de su A lc á z a r o las góticas de la C a te d ra l de Burgos, sa­ ben y dicen a lg o del o rig e n de los rascacielos. Y eso es lo que estos jóvenes estudiantes y a n ­ quis vienen a buscar y encuentran en España. La últim a e x p e d ició n de estudiantes norte a m e rica n o s que re c o rrió España b a jo los auspicios de l Instituto de C ultura H ispánica escucha en S egovia la a u to ri­ za d a p a la b ra del c a te d rá tic o Sr. M o ra le s O liv e r, d i­ re cto r de la B iblioteca N a c io n a l, de M a d rid . Junto a las pie d ra s venerables, la voz de la vie ja España, de esa o tra a b u e la e u ro p e a , que cada ve­ ra n o vienen a v is ita r con más entusiasm o los jóvenes yanquis. Las fo to g ra fía s que dam os en esta pág in a recogen d iv e r­ sos mom entos de la excursión re a liz a d a a Segovia p o r un g ru p o de estudiantes n o rte ­ am ericanos de los Cursos de V e ra n o de M a d rid , con la com ­ pañía de los ca te d rá tico s se­ ñores M orales O liv e r y Fragua Irib a rn e .

P

49

Por

TVTOMBRE

R E N A T O

DE

M E N D O N Ç A

famoso, destinado a recorrer el mundo, éste de Copacabana! La pequeña capilla de lago Titicaca—en cuyas orillas nació la devoción a Nues­ tra Señora de Copacabana—daría nombre, a la postre y para siempre, al gran escenario del hedonismo playero y elegante de Río de Janeiro. El nombre es en sí mismo pintoresco y tiene olor de palmeras meciéndose al borde del mar; seducción halagüeña para quien desciende abrasado de las mon­ tañas y, sediento, percibe la proximidad de las ondas oceánicas, en contraste con la exhalación tropical de la tierra, al contacto misterioso y profundo de los ele­ mentos. Según la tradición de los americanistas, Copacabana debió de significar pa­ norama deslumbrante. Con esa expresión, los indios de Bolivia intentarían descri­ bir el paisaje solitario y único de las márgenes arenosas del lago más alto del Nuevo Mundo. Tanto los lexicógrafos brasileños como los portugueses, guar­ dan silencio sobre la etimología de la palabra y su traslado a las tierras de Sania Cruz. Es obvio, sin embargo, que esa emigración del vocablo desde las orlas lacustres en el corazón del continente hasta la orilla marítima fué un mi­ lagro^ más de la civilización cristiana y occidental. Nadie sino la ermita de Nues­ tra Señora de Copacabana, situada en un principio en el extremo de la playa desierta, a considerable distancia del centro de Río, dió, al fin y al cabo, renom­ bre y celebridad mundial a aquel maravilloso rincón del paisaje fluminense. Copacabana es como un encaje de perlas entre las playas de Río. Situada entre las de Botafogo y del Arpoador, ofrece su albo tapete de arena fina, en una vasta franja de seis kilómetros. En las mañanas de sol ardiente, la irisación juegf con todos los matices de la gama y pone en la randa arenosa tonos verda­ deramente soberbios, que van desde la blancura nivea de la playa al verde esme­ ralda del mar embravecido. Los días de calor añaden todavía otro colorido: los millares de quitasoles y los maillots de las bañistas, aquellas jóvenes de Copacabana, morenas, tostadas, esbeltas y elásticas, cuyos cuerpos, al emerger de la espuma de las olas, hacen creer en el mito del nacimiento de Venus. 1 1

50

La playa de Copacabana prepara así, a través de la'vida higiénica y depor­ tiva, de la natación al «volley-ball», una nueva generación cada vez más salu­ dable y físicamente apta, que mejorará la muy mestiza población del Brasil. De hecho, el mercader de Estambul no ideó ningún recurso que oponer a la completa ruina. El tapete mágico ofrece, a veces, una realidad consoladora y alegre, llena de posibilidades y recursos fantásticos, en medio de este inundo árido y dominado por el pánico. El turista o el viajero que busca un refrigerio en alguno de los innumera­ bles bares y dancings de Copacabana, ya sea en el «Lido» o en el «Alcázar», en el «Babiera» o en el «O. K.», tiene la sensación de estar deslizándose por el mundo, de estar yuxtaponiendo imágenes y visiones diversas de la vieja Europa o de la América inquieta. Y para que la ilusión resulte completa, está la varie­ dad de los idiomas que se oyen al pasar. En tiempos de la última guerra, la afluencia de extranjeros era tal que se hizo famoso el calambur por el cam­ bio efectuado con el nombre: Jacob... Pacabana, debido a la presencia enorme de israelitas. Este carácter cosmopolita, a quien los viejos casinos «Atlántico» o «Copacaba­ na Palace» prestaron el imán universal de las ruletas y de los «croupiers» de Montecarlo, transformó a Copacabana en una ciudad dentro de otra. Copacabana, independiente de Río, posee vida propia y agitada, no sólo en el comercio, sino en el aspecto social y en el artístico, como lo prueban los «teatros de bolsillo» creados recientemente. Sus cuatrocientos mil habitantes explican el festón de rascacielos que orla la playa, ahogando con su masa compacta y sus bloques monolíticos la existencia recogida y tímida de unas pocas mansiones y casas solariegas, vestigios de la antigua vida patriarcal y burguesa. Copacabana vive la hora de los modernos y pequeños pisos, de los «petits-logements», que sustituyen a los anteriores y lujosos «flats». Los propietarios se co­ dean con los millonarios en la hilera de imponentes construcciones de la avenida Atlántica. No es, pues, de admirar que el vicio haya puesto allí también su garra y qu‘J la «Princesita del Mar» de la canción se haya transformado en la peligros, sirena de Ulises...

51

(¡ALIANDO HACIA LA NIEVE Luis Rosales, uno d e los m ejores poetas esp a ñ o le s d e la h o ra a c tu a l, ya p re ­ se n ta d o a nuestros lectores en un nú­ m ero a n te rio r de «M vndo H ispánico», v u e lv e h o y a nuestras p á g in a s con esta m a g n ífic a co m p o s ic ió n , a C a lla n d o h a ­ cia la nieve», en qu e la o r ig in a l e x p re ­ sión de las id e a s y la fu e rz a de las más au d a c e s m e tá fo ra s , no ex c lu y e n el ra n cio s a b o r de las norm as clásicas, h a cia cuyos m aestros siente Rosales fe rv o ro s a d e v o c ió n . La b io g ra fía de este p o e ta , que na ció en G ra n a d a en 1910, está hecha d e t r a ­ vesuras de B a c h ille ra to a llá en el Insti­ tu to g ra n a d in o (1920-28) y de te x to s u n iv e rs ita rio s en la C e n tra l d e M a d r id -D e re c h o , F ilo s o fía y L e tra s -to d o s e llo s m a rg in a d o s ya de versos nuevos qu e c o n o c ie ro n los g ra n d e s p o e ta s de la época y q u e en 1932 pasan a las p á ­ g in a s fra g a n te s y nuevas de su «A bril», su p rim e r lib ro de versos, p re s e n ta d o p o r la Revista «Cruz y Raya». D esde en tonce s, más y más versos p ro p io s , v a ria s a n to lo g ía s , un c o n tin u o a fá n de cre a c ió n , un e sfu erzo c o n tin u a d o y e fi­ caz c o n tra el prosaísm o y la m o n o to ­ n ía p o é tic a . R ecientem ente ha p u b lic a ­ d o Rosales un lib ro que p u ede con si­ d e ra rs e y a d e fin itiv o : su poem a «La casa e n cendida », y ha s id o , re c ie n te ­ m ente, n o m b ra d o s u b d ire c to r d e los «C uadernos H ispano am e ricanos» , de M a d rid .

52

^

Yo te espum aré la fu e n te del co ra zó n que m o ría sin c o m p re n d e r la a le g ría d o n d e Tu paso se siente;

es ya un espejo en re p o s o de Tu sem blante n evado; el silenció a b a n d o n a d o d e sí, m em oria de p la ta

del co ra zó n , se desata hacia Ti con insistencia, sin c o m p re n d e r Tu presencia ya, p o r sencilla, in m e d ia ta .

la so le d a d d e tu e n cu e n tro da a mi so le d a d s e n tid o , y a l fin , y a , la p rim a v e ra , co lm o de som bra nevada,

a g u a en la noche im a n ta d a , nieve a b s o lu ta y p rim e ra ; ¡qué d e c id id a ceguera en sí, com o nieve a l fu e g o !

S eñor, cuando hum anam ente cam inas en su m ira d a , y o a rre g a z a ré en la e n tra d a d e sus ojos c ie lo y nieve,

^

La so le d a d : to d o a b ie rto , ¡qué silenciosa eficacia! el m undo solo; la g ra cia p u e b la y despuebla el de sie rto

n e cio p o r Ti, p o r Ti ciego, si es cal la nieve en Tu a lb u ra , ¡g u a rd a mi hum ana locura S eñor, cu a n d o a Ti me e n tre g o !

plena d e sentirse leve sosteniendo Tu pisada. 4 e T odo en el m undo ha cesado, to d o y el m ar te m b lo ro so

del e xistir, y es ta n c ie rto m ira r com o ser h e rid o , y el alm a sabe que ha sido d o lo r de Dios carne a d e n tro ;

p

a

r

a

l

o

s

ferrocarriles d

e

E

s

p

a

ñ

a

N E s p a ñ a h a y , com o en los d e m á s p a íse s, fe rro c a rrile s de v ía a n c h a y de v ía e stre ­ c h a . Lo s de v ía a n c h a , q u e v e n ía n c o n s ­ titu id o s p or n u m e ro sa s C o m p a ñ ía s p a r tic u la re s , fu e ro n re u n id o s en 1 9 4 1 e n u n a R ed N a c io ­ n a l, p ro p ie d a d del E sta d o , q u ie n p ag ó a los a c c io n is ta s y o b lig a c io n is ta s de la s a n tig u a s C o m p a ñ ía s el im p o rte de su s títu lo s , ju s t ip r e ­ c ia d o s con b a s ta n te g e n e ro s id a d . D e sd e e n to n ­ ce s, sólo q u e d a n en E s p a ñ a en poder de los p a r tic u la re s la s C o m p a ñ ía s q u e e x p lo ta n f e ­ rro c a rrile s de v ía e stre ch a . E x p lic a r a q u í lo q u e es la R ed N a c io n a l de los F e rro c a rrile s E sp a ñ o le s, es d e c ir, los F e rro c a rrile s de v ía a n c h a , q u e a b a rc a n u n a e x te n sió n de 1 2 .8 0 3 k iló m e tro s, r e s u lta r ía m u ­ ch o m á s e x te n so de lo q ue ca b e en el e sp a cio q u e se nos o fre ce , y , a d e m á s , no e n s e ñ a ría n a d a n u e vo , y a q u e los fe rro c a rrile s se p a r e ­ cen ta n to en unos p a ís e s y o tro s q u e só lo s e r­ v ir ía n u e stra e x p lic a c ió n p a ra q ue los le c to ­ res e n co n tra se n c o n firm a d o este p are cid o . P re fe rim o s, p u e s, e n c a u z a r e sta p e q u e ñ a in ­ fo rm a c ió n m ás b ie n h a c ia el P la n de re co n s­ tru c c ió n de la R ed N a c io n a l e sp a ñ o la , q u e , com o o rg a n ism o v iv o del p a ís , e stá en co n s­ ta n te d e sa rro llo . Por o tra p a rte , éste es un te ­ m a de v e rd a d e ra a c t u a lid a d , p u es h a c e e s c a ­ sa m e n te dos m eses q ue d ic h o P la n de re ­ c o n stru cció n h a sid o a p ro b a d o p or el C o n s e ­ jo de M in is tro s de E s p a ñ a . E llo re v e la q ue E s p a ñ a , a s e m e ja n z a de los d e m á s p a ís e s , c u i­ d a ta m b ié n de su s fe rro c a rrile s y les d e d ic a la a te n c ió n p re fe re n te q u e e x ig e este m e c a ­ n ism o d is trib u id o r de p ro d u cto s y r e c o p ila ­ dor d e m a te ria s p rim a s , sin el c u a l to d a la e co ­ n o m ía m o d e rn a se v e ría en g ra n d e s d if ic u l­ ta d e s p a ra s u b s is tir , y a q u e en to d as p a rte s se h a re v e la d o q ue el tra n sp o rte por c a rre te ­ ra y el aé re o , a u n sie n d o im p o rta n te s, s ie m p re su p o n e n sólo u n a p a rte del tra n sp o rte fe rro ­ v ia r io , o sea un p o rc e n ta je m u y re d u cid o del tra n sp o rte en g e n e ra l. N o q u ie re d e cir esto q u e se a a h o ra c u a n ­ do en E sp a ñ a h a h a b id o p re o c u p a cio n e s por la cu e stió n fe r r o v ia r ia . D esd e q u e se a ca b ó la g u e rra e sp a ñ o la , y con a rre g lo a los m e ­ d io s d isp o n ib le s , en c a d a m o m e n to se vin o r e a liz a n d o un tr a b a jo c o n s id e ra b le en la re ­ p a r a c ió n , ta n to en los e le m e n to s fijo s d el f e ­ rro c a rril com o d e l m a t e r ia l m o to r y de a rra stre . E n el P la n de re c o n stru cc ió n se e n fo c a n todos los asp e cto s del fe r r o c a rr il, desde los re fu e rz o s de p u e n te s, m e jo ra de v ía s , e s t a ­ cio n e s e in s ta la c io n e s , a m p lia c ió n de e s ta c io ­ n e s, m e jo ra de a lu m b ra d o , de s e ñ a liz a c ió n , de c o m u n ic a c io n e s , h a sta la e le c tr if ic a c ió n de 1 . 1 0 0 k iló m e tro s de lín e a , p a sa n d o por el a rre g lo de va g o n e s, co che s y lo co m o to ras, a u ­ m e n to de la s m is m a s , in s ta la c ió n de fre n o c o n ­ tin u o en la m a y o ría de los va g o n e s, a m p lia ­ cio n e s de los ta lle re s , e tc .; todo e llo e stá m i­ n u c io sa m e n te e stu d ia d o en el P la n , lle g a n d o a u n a c ifr a de 5 . 2 5 5 m illo n e s d e p e se tas. L a e le c tr if ic a c ió n a b a rc a la s lín e a s q u e a t r a ­ v ie sa n la s p rin c ip a le s c o rd ille ra s e sp a ñ o la s, pues no h a y q ue o lv id a r el a c c id e n t a d ís im o p e rfil de la s v ía s fé rre a s de E s p a ñ a , seg u n d o p a ís en E u ro p a — despu és de S u iz a — en c u a n to a m o n ta ñ a s. Por lo q u e se re fie re a la s itu a c ió n fe rro ­ v ia r ia a c t u a l, en v e z de e xte n d e rn o s con m a ­ yo r n ú m e ro de p a la b ra s , p re fe rim o s d e ja r h a ­ b la r a la s ilu s tra c io n e s . En e lla s p u e d e n verse la s p o d ero sas lo co m o to ras q u e h a y . q ue u t ili­ z a r p a ra s a lv a r la s ra m p a s de n u e stro s p u e r­ tos, lo co m o to ras q u e se c o n s tru y e n en E s p a ­ ñ a s in d if ic u lt a d y con to d a g a r a n t ía . Pu ed e ve rse ta m b ié n el v ia d u c to d el E s la , q u e es el p u e n te de h o rm ig ó n q u e tie n e el m a yo r a rc o de to d a E u ro p a , p ro ye cta d o por un in g e n ie ­ ro e sp añ o l y c o n s tru id o p o r ob reros e sp añ o le s.

E

E stación de té rm in o , de B a rc e lo n a .

53

P re c isa m e n te por c a u s a de la a c c id e n t a d a g e o ­ g r a f ia de E s p a ñ a , fig u r a n en este p a is n o ta ­ b le s o b ras fe r r o v ia r ia s , lo m ism o en tú n e le s q u e en p u e n te s, y e n tre estos ú ltim o s h a b ía a lg u ­ nos c u a n d o to d a v ía e ra n m e tá lic o s (p ues se h a n s u s t itu id o re c ie n te m e n te en su c a s i t o t a li­ d a d por o tro s de c e m e n to ), p ro y e cta d o s por el in g e n ie ro E if f e l, co n s tru c to r de la fa m o sa to rre p a r is in a ; e n tre e llo s , el q u e te n ía el m a ­ yo r tra m o m e t á lic o de E u ro p a y q u e h o y y a h a d e s a p a re c id o . E ste P la n de re c o n stru c c ió n de la R ed e s ­ p a ñ o la , q u e es m á s b ie n re d u c id o y p e rf e c ta ­ m e n te a ju s ta d o a la s p o s ib ilid a d e s del p a ís , p e rm it ir á q u e en p la z o b re ve los fe rro c a rrile s e sp a ñ o le s se e n c u e n tre n en la s itu a c ió n de m o d e rn id a d y e fic ie n c ia q u e el p a ís re c la m a .

En E s p a ñ a , el fe rro c a rril s ig u e sie n d o el v e r ­ d a d e ro s is te m a d is trib u id o r, a p e sa r de q u e no c u e n ta co n la s fa c ilid a d e s de la c a rre te ra , h e c h a , a d ife re n c ia del fe r r o c a rr il, con fo ndo s g e n e ra le s de la n a c ió n y so s te n id a co n los p re ­ su p u e sto s. A l fin y a l ca b o e l fe r r o c a rr il, en todos los p a ís e s , es el ú n ic o tra n sp o rte q ue e stá v e rd a d e ra m e n te « a r ra ig a d o » a su su elo .—-la s tra v ie s a s son e sas ra íc e s — , y p u e d e d e ­ c irs e q u e ta l a rr a ig o se re v e la en fo rm a de fid e lid a d c u a n d o los tie m p o s son m a lo s. D e todos m odos, y a u n co n ta n d o con la s v e n ta ja s p e c u lia re s de c a d a m e d io de tr a n s ­ p o rte , q u e le h a ce su p e rio r en c ie rto s a s p e c ­ tos a los o tro s, no ca b e d u d a q ue c a d a u n o de e llo s v a e n c o n tra n d o su c a u c e , y por lo q ue h a c e a E s p a ñ a , el re p a rto del tr á fic o e stá h oy e q u ilib ra d o , e m p le a n d o la a v ia c ió n p re fe re n ­ te m e n te p a ra los v ia je s in t e rn a c io n a le s (con E u ro p a o tra n s c o n tin e n ta le s ) y la rg a s d is t q h c ia s d e n tro del p a ís ; la c a r re te ra , p a ra los de c e r c a n ía s de la s c a p ita le s o e n tre é sta s c u a n ­ d o n o e stá n d e m a s ia d o a le ja d a s , y el fe rro ­ c a r r il, p a ra los v ia je s la rg o s q u e e x ig e n un d ía o u n a n o ch e , a p a rte el tra n sp o rte de m e r­ c a n c ía s , en el q ue to d a v ía es in s u s tit u ib le . Este re p a rto s e ñ a la y a el c a m in o de u n a c o o rd in a ­ ció n b ie n o rd e n a d a e n tre los tra n sp o rte s, lo m ism o en E sp a ñ a q u e en los d e m á s p a ís e s . N o p a re c e , p u e s, a v e n tu ra d o d e c ir q u e el fe rro ­ c a r r il, c e n te n a rio y a en todo el m u n d o , c e le ­ b ra rá en p le n a e f ic a c ia su se g u n d o s ig lo . Y d e je m o s a los co n te m p o rán e o s de e sta c e ­ le b ra c ió n el v a t ic in a r a c e rc a de la te rc e ra c e n ­ tu r ia .

El m a y o r a rc o de h o rm ig ó n de E uropa co rresp o n de a e ste p u e n te (sobre el e m b a lse del E sla i, c o n s tru id o p a ra la R. E. N . F. E. por in g e n ie ro s españoles.

P u e n te sobre el Esla, en la lín e a P c ie n c íc -L a C oru ñ a

N u e v o p u e n te d e R airos, con e! tre n de p ru e b a .

JESUS

54

D E

L A

F UE NT E

P u e n te p ro v is io n a l de R airós.

Un e je m p lo de p u e n te s fe rro v ia rio s : el de G a rcía .

POESIA DE ESENCIA TROPICAL El d istinguido p o e ta , h is to r ia d o r y d ip lo m a• o ecuatoriano D . J o s é R u m a z o , h a recogido ^ este v o lu m en d e 129 p á g in a s (1) q u e nos efrece la E d ito ria l m a d rile ñ a A frodisio A g u a ­ do S A., n ítid a m e n te im p re so , u n a selección ,°’ su pro d u cció n p o é tic a c o rre sp o n d ie n te , en su m ayor p a r te , al añ o 1932, según e x p lic a el ¡nismo a u to r en b re v e n o ta . La poesía d e R u m a z o e n tr a d e lleno en el campo de lo q u e se llam ó m o v im ie n to de vanguardia, a u n q u e su c o n siste n c ia fo rm a l tr a e , a veces, re c u e rd o s de la m ú sica m o d e r­ ( OS É RUMAZ O n is ta . E n efec­ to , casi to d a s las co m posicio­ n es e s tá n esc ri­ ta s en a le ja n ­ d rin o s so n o ro s, d e tal* m a n e ra P OES I A q u e p o d ría se­ ñ a la rs e en R u ­ m a z o , com o c a ra c te rís tic a d e su p o esía, la m u sic a lid a d , ju n t o con la r i ­ q u e z a v e rb a l, con lo cu al señ a l a m o s sus ra íc e s tr o p ic a ­ les. E n re a lid a d , e s ta p oesía de ’’Raudal” es ese n c ia lm e n te tro p ic a l, en lo q u e este ad jetivo tie n e d e sig n ificació n ^ telú rica .’R u ­ mazo can ta esa n a tu r a le z a a rd ie n te y m a g n ífic a del trópico cu y a in te r p re ta c ió n p o é tic a tie n e q u e ser necesariam en te c o lo rista y m u sic a l, y p a r a ello sabe em p lear el r itm o y el a d je tiv o p reciso s sin caer en el re to ric ism o fá c il y h u eco . S u tro p icalidad no le im p id e , sin e m b a rg o , al p o e ta claro que es R u m azo , h o m b re p o r lo d e m á s de rig o r y disciplina in te le c tu a le s q u e le p r e s ta n su s o tr a s facetas de e s c rito r, o frec ern o s en c u a r te ta s c lá s i­ cas una poesía d e s c a rn a d a y h a s ta asc é tic a , en el sentido religioso y e s té tic o d e e s ta p a la b r a . Así en los ú ltim o s p o e m a s d e su lib ro : ” T u sa e ­ ta”, ’’L la m a d a ” , ’’A n te s d e l su e ñ o ” , e tc. No p re te n d e m o s en este b re v ísim o c o m e n ta ­ rio enjuiciar la p o esía d e R u m a z o . Sólo p o d e ­ mos aquí d a r n o tic ia d e la a p a ric ió n en u n a E d i­ torial española del lib ro d e t a n sin g u la r p o e ta ecuatoriano.— J . Y .

RAUDAL

(i) J o s é R u m a z o : R A U D A L (poesía). A f ro d is io Aguado, S. A. M adrid, 1949.

POESIA NATURAL DE AMERICA Muchas veces nos hemos preguntado cuál sea la nota distintiva, el timbre peculiar de la poesía am eri­ cana, de la poesía nacida en español, pero desde la tierra misma de América. Poesía, sí, desde la tierra: germinalmente hundida en ella y hecha voz desde lo más hondo de la vida. Poesía universalmente brotada desde un lugar bien determinado, y con su temple pro­ pio y natural. Gracias a su genio, Rubén Darío supo y pudo arran­ car a su misterioso instrumento lírico ese último son inconfundible: inconfundible, quiero decir, con lo europeo, c inconfundiblemente indio-español. Luego, a nuestro juicio, la poesía típica y universalmente americana se continúa y se concentra en dos o tres poetas—grandes poetas—más: César Vallejo, Gabriela Mistral, Pablo Neruda... Pero, por regla muy general, •as influencias estéticas europeas, singularmente fran­ cesas, han continuado pesando tanto y tan pertinaz­ mente en las nuevas generaciones hispanoamericanas, Que apenas ha sido posible discernir, a través de la maraña verbal de un surrealismo trasplantado, el ínhmo acento genuino, natural, de la lírica americana. J por eso digo ahora, en un doble sentido, que la poesía del poeta dominicano Manuel del Cabral me parece Profundamente natural: nativamente y naturalísimamente americana. Cabral ha reunido recientemente en un libro (1) su labor poética dispersa en libros di­ versos a lo largo de diecinueve años. No es posible ni nacedero seguir en esta reseña el proceso de creci­ miento y evolución cronológica de su poesía hasta ‘legar a su grado actual de madurez y sencilla perfec­ ción. Pero como estimamos de importancia amplia y auténtica la aparición de esta obra, queremos al menos intentar fijar alguno de sus rasgos esenciales: singulansimamente, esa condición de lírica y hum ana natural‘dad que su palabra tiene. No siempre, desde luego. Los tiempos—versátiles, contradictorios, inseguros—que la poesía ha corrido durante los últimos años, han dejado, como era ló­ gico, huella, y hasta honda cicatriz algunas veces, en la poesía de Manuel del Cabral y en la de todos sus contemporáneos, americanos o no. Cabral es, o parece, Ademas, un poeta instintivo—también en esto natuy sometido, por lo tanto, a vaivenes y desigualdaes, que una mayor exigencia crítica se hubiera acaso cuidado de eliminar. Pero a pesar de todo, de su volunano descuido y de los azares generales de la lírica oderna, la voz poética de Cabral ha podido y sabido dAjar en lo que se nos antoja el más natural—y espi­ a i .1).

ritual—modo expresivo de la presente poesía joven de Hispanoamérica. Con una juventud de cuarenta y dos años, Cabral canta hoy su verso más infantil, más se­ riamente infantil y verdadero. Voy a transcribir, a m anera de ejemplo y para explicar brevemente mi pen­ samiento, algunas estrofas rápidamente entresacadas de su obra. En la segunda parte—Trópico Negro —de las cinco en que divide su Antología, inserta Cabral varios poemas sobre el negro, claro se está que sobre el negro de las Antillas. Uno de ellos, ’’Negro sin risa” , comienza así: Negro triste, tan triste que en cualquier gesto tuyo puedo encontrar el mundo. T ú que vives tan cerca del hombre sin el hombre, una sonrisa tuya me servirá de agua para lavar la vida, que casi 110 se puede lavar en otra sosa.

A continuación traslado íntegramente, a favor de su brevedad, otro poema de la misfíia serie: ’’Negro manso”: Negro manso, n i siquiera tienes la inutilidad de los charcos con cielo. Sólo con tu sonrisa rebelde sobre tu dolor, como un lirio valiente que crece sobre la tierra del pantano. S in embargo, negro manso, negro quieto; hoy la voi de la tierra te sale por los ojos (tus ojos que hacen ruido cuando sufren).

Estas composiciones, y la -serie de poemas o cartas de Manuel, en las que el poeta conversa y dialoga humanísimamente consigo mismo, constituyen para mi gusto lo mejor de este libro, y lo mejor, o de lo mejor, entre la total poe­ sía americana que I hoy bordea la ma­ MANUEL DEL CAUSAL durez. ¿En qué , estriba el secre­ to, la ternura de esta poesía tan A N T O L O G I A sencilla, tan na­ tural, tan habla­ T I E R R A da, tan poco de! formada por la literatura escrita, tan humanamen­ te desnuda? Con­ testar a esta pre­ gunta no es fácil y n o s llevaría ahora demasiado lejos. Pero lo que sí es posible de­ cir, es que, en sus m o m e n to s más altos, la poesía de Manuel del Ca­ bral brota, man­ sa y directamen­ BDiaöKM cultura insr»mc* te de la vida, flu­ ye desde la entra­ ña del recuerdo y se alimenta en la'contem plación y trato de las cosas cotidianas, hechas a nuestra ternura y a nuestra inalie­ nable soledad de hombres. Tal es, simplemente apuntado, el valor más íntimo y delicado de esta poesía, rica toda ella en canción. La extensión de éste artículo nos fuerza a silenciar, casi por entero, el magnífico intento épico-lírico de Manuel del Cabral. Su criollo Compadre Mon, símbolo popular de la patria dominicana, tan mezclado de con­ tinuos aciertos expresivos como repleto de humanidad, exigiría capítulo aparte. Se trata además de un poema en crecimiento, inacabado todavía y enriquecido, dia­ riamente enriquecido desde la voz más nueva de su creador. Su Carta a Compadre Mon, uno de los poemas más logrados imaginativamente de este libro, perte­ nece ya a la época última del poeta y enlaza visible­ mente con el aliento y el tono de la poesía más natural de esta espléndida obra, que introduce en España por primera vez el fruto bien granado de uno de los poetas americanos que mejor han expresado hasta ahora la esencia de su tierra nativa.—L. P.

ALEGATO CONTRA UNA LEYENDA L a m a g n ífic a E d ito ria l J u s , de M éxico, p re s e n ta u n n u e v o libro del c o n o c id o e s crito r e h isto rió g ra fo m e x i c a n o A l f o n s o J u n c o ( 1 ). S e t r a t a d e u n r i g u r o s o y c la rís im o a le g a to c o n t r a la f á b u l a le y e n d a n e g r i s ta s o b r e el S a n t o T r i b u n a l d e la I n q u i s i c i ó n e n E s p a ñ a . Y a e u 1 9 3 3 h a b í a p u b l i c a d o J u n c o , c o n el m is m o t í t u l o , u n b r e v e f o ll e to , y e n el l i b r o q u e c o m e n t a m o s

M a n u e l d e l C a b r a l : ANTOLOGIA T I E R R A ,

. lci°nes C ultura H ispánica. M adrid, 1949. 199 pá

SO B R E L A IN Q U IS IC IO N . E d ito rial J u s. México, 1949. (1)

A l f o n s o J u n c o : IN Q U IS IC IO N

n o s lo o f re c e a m p l i a d o y d e s a r r o l l a d o c o m o f r u t o d e su s p erso n ales in v estig acio n es, h a c ie n d o u n e stu d io p r e l i m i n a r s o b r e los a n t e c e d e n t e s p o lític o s y re lig io ­ sos de la In q u isició n . T r a t a en s u b s ig u ie n te s c a p í t u ­ los d e la c a li d a d d e los s u je t o s y d e los d e lito s p e r s e ­ g u i d o s p o r el T r i b u n a l , así c o m o d e los p r o c e d i m i e n ­ to s d e ju ic io y d e los c a s tig o s , y a n a liz a lu e g o las f a l ­ sific a c io n e s d e los f a b u l a d o r e s d e la l e y e n d a n e g r a y el t e s t im o n io d e p e rs o n a j e s d e la é p o c a. E n u n estilo d ire c to y con d ialé c tic a firm e e irr e p ro ­ ch a b le , v a d e s b a r a ta n d o J u n c o , a tra v é s de las 300 p á g in a s d e s u lib ro , to d o s los p r e ju ic io s y f a ls e d a d e s a c u m u la d o s c o n tr a u n T r ib u n a l político q u e p re s tó a E s p a ñ a y a la C r is tia n d a d s e rv ic io s i n a p r e c ia b le s en o rd en a m a n te n e r in ta c ta la u n id a d n a c io n a l e sp añ o la y a p r o t e g e r , e n lo p o s ib le , l a u n i d a d r e lig io s a d e los pu eb lo s cristianos, c o n s e rv a n d o la o rto d o x ia f u n d a ­ m e n ta l d e la n a ­ ción i m p e r i a l , q u e e r a el b r a z o s e c u l a r de esa A lfo n so Junco C ristian d ad . Se refiere t a m ­ b i é n J u n c o a la I n q u i s i c i ó n en In q u is ic ió n A m érica, y a q u e s o b r e la t a m b i é n a a llí s e e x te n d ió la le ­ In q u is ic ió n y e n d a an tiesp a­ ñ o l a s o b r e e lla, a p e sar de que fué p r e c i s a m e n te en A m érica donde se d e m o s t r ó m ás c l a r a m e n t e la ju s tic ia y la p u ­ reza del S an to T r i b u n a l , al c o ­ lo c a r a los in d io s fu era de su juris­ d i c c i ó n p o r l a s i m p l e c o n s i d e r a c i ó n m o r a l d e s e r ’’f l a c o s en la f e ” . ■** C o n ’’ I n q u i s i c i ó n s o b r e l a I n q u i s i c i ó n ” , o f r e c e J u n c o u n valio so a p o rte m á s a su y a e x te n s a o b r a po lém ica en d e fe n sa de n u e stra s esencias y tra d ic io n e s h isp á ­ n ic a s .— J . Y.

V ID A D E L A A V E L L A N E D A España y Cuba se disputan en las antologías —eon igual derecho a mi juicio—a la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda. Y no me re­ fiero, claro es, al derecho jurídico de nacionali­ dad (puesto que Cuba era española entonces), sino al derecho espiritual y poético de personali­ dad, que en el caso de la Avellaneda participa por su nacimiento, infancia y juventud (facto­ res los dos últimos verdaderamente decisivos en la formación del alma y, por consecuencia, en su posible ex­ presión lírica) MtRCIDESBALltSTÉROS de la tierra cu­ bana, mientras que por su ma­ durez, y por el resto, casi íntegro, de su existencia se VIDA DE LA enlaza profun­ A V E L L A N E D A da y poderosa­ mente a la rea­ lidad española. Doña Mer­ cedes Balleste­ ros ha acerta­ do, pues, ple­ namente en la elección de la figura, y ha es­ i CULTURA kltPAHICA crito una bio­ grafía (1) no­ ble, sencilla y muy femenina, de la gran román­ tica antillana e hispánica. Pocas vidas, en efecto, habrán sido vividas con romanticismo tan since­ ro, ardiente e impetuoso, como esta que hoy nos relata Mercedes Ballesteros. Desde su adolescen­ cia colonial en Puerto Príncipe hasta su melan­ cólica muerte en el Madrid olvidadizo de siempre, y a través de sus amores (de sus muchos amores) apasionados y desgraciados, y de sus truinfos sociales y literarios, la vida entera de Tula Ave­ llaneda (así la apellidaba familiarmente el Ma­ drid de mediados del XIX) parece derechamente (1) Mercedes B a l l e s t e r o s : V ID A D E LA A V E L L A N E D A . Colección ’’H om bres e Id e a s” , E d i­ ciones ’’C ultura H ispánica” , M adrid, 1949, 134 páginas

guiada por la fatalidad de un destino infausto. Si algunas veces pecan los poetas románticos, o románticoburgueses de insinceridad lírica o de exageración manifiesta en la expresión de sus sufrimientos y en la proclamación vehemente de sus angustias y tribulaciones, no será preci­ samente en este caso. Nada explica mejor los amargos y dolidos versos de la Avellaneda como su propia biografía; y ambas cosas se correspon­ den (como quizá deba de ser) hasta el último de­ talle y, como si dijéramos, al pie de la letra. Mercedes Ballesteros acierta en cambio exqui­ sitamente en el tono expositivo de su narración y en la elección de sus medios expresivos: muy femeninos, muy hogareños, límpidos y levemente irónicos, aunque en simpatía constante y total con la protagonista, acaso demasiado humana, de su obra.—L. P.

V E IN T E

AÑOS DE TEA TRO ESPAÑOL

España e Inglaterra son, indudablem ente, los dos únicos países europeos creadores de un auténtico teatro nacional: de una fór­ mula dramática inédita, brotada popular y poéticam ente de la entraña misma de la raza. ¿Cómo ha sido posible entonces la larga degeneración y ruina de nuestra es­ cena? ¿Cuál NICOLAS GONZALEZ RUIZ h a ¡s id o l a causa de este hondo proce­ so de esteri­ La Cultura Española lidad y cadu­ en los últimos veinte años: cidad, en el q u e s ó lo de vez en cuan­ d o — en un Z o r r illa , en un Benaven­ te, en un Gar­ c ía L o r c a , p ongam os por ejemplo.— INSTITUTO DE CULTURA HISPANICA ha p a r e c id o renacer y repr i s t i n a r s e una de nuestras más ricas tradiciones artís­ ticas? Don Nicolás González Ruiz estudia hoy (i) los últim os veinte años de este lento des­ moronam iento español; aquellos años que precisam ente todos hem os vivido; aquellas obras y aquellos autores que hem os visto desfilar todos de cerca, y que ahora, con­ tem plados en su conjunto y ordenados dentro de su justa perspectiva histórica, adquieren una como nueva personalidad y exacta proporción, gracias a la sencillez, agudeza y claridad con que son tratados en las páginas de este sustancioso opúsculo. Su lectura ayudará eficazm ente a compren­ der el estado actual de nuestra producción dramática y planteará a muchos la urgen­ cia y la. posibilidad de buscar una salida a ese estado. Los análisis— rápidos y necesa­ riam ente esbozados— que el señor Gonzá­ lez Ruiz hace de los dramaturgos contem ­ poráneos, son constantem ente atinadísi­ m os, y los jucios que le merecen, objetivos y paladinos, sin que la proxim idad, tan difícil siempre, de tiem po y personas merme o suprima en ningún m om ento la libertad crítica o diluya la penetrante gravedad de las opiniones. En una época com o la nues­ tra (de tan tím ida im parcialidad, general­ m ente), la noble, justiciera y destrabada serenidad del señor González Ruiz, legi­ tim a de nuevo los mejores usos in telectua­ les de la crítica dramática española.— L. P.

EL

TEATRO

(1) N i c o l á s G o n z á l e z R u i z : LA C U LTU R A E S PA Ñ O L A EN LOS U LTIM OS V E IN T E AÑOS: E L T E A T R O . In s titu to de C ultura H ispánica, Colec­ ción "H om bres e Id eas", 1949.

55

mero, de] 25.000 pesetas, será otorgado al autor de un auto o misterio teatral que cante pre­ cisam ente las dionisíacas fae­ nas de la vendim ia y el jú ­ bilo m ilenario del prim er m os­ to de septiem bre. * Se a n u n c ia n p a r a m u y p ro n to dos n u e v a s ediciones co m p letas de la o b ra de G u stav o A dolfo B é c q u e r, u n a r e a ­ liz a d a p o r E d ic io n e s A frodisio A g u a ­ do y o tr a p o r l a

E d ito ria l

A g u i­

la r . D esde q u e el in v e stig a d o r esp a­ ñol

D.

D io n isio

G am allo F i e r r o s , — m á x im a a u to r i­ d ad e n to d o lo que c o n c ie rn e a n u e s­

El Premio Nacional de'Literatura para este año—que acaba de ser con­ vocado—corresponde a la poesía lí­ rica. Su cuantía asciende a 25.000 pesetas y se otorga a finales de di­ ciembre. Con este motivo resulta interesante hacer nn recuento de los libros publicados en los últimos do­ ce meses o de se­ gura publicación antes de que el plazo de presenta­ ción de originales (30 de noviembre) finalice. Recorda­ mos los siguientes: Gerardo) Diego: ’’Soria”; Agustín de Foxá: ’’Antolología” ;'i Luis Ro­ sales: ” La Casa Encendida”; Leo­ poldo Panero: ’’Es­ crito a cada ins­ tante” ;- José María Valverde: ” La Espera” (¡la espera de 25.000 pe­ setas!); Aurelio Valls: ’’Poema de San Cristóbal”; y entre los de anun­ ciada publicación inmediata, uno de Luis Felipe Vivanco: ’’Continua­ ción de la Vida”, y dos de Vicente Aleixandre: ’’Desamor” e),” 11i-lorias del Corazón”. i*

También, y patrocinado esta vez por el In stitu to de Cultura H ispánica, se anuncia el Premio Adonais para libros de poesía in é­ ditos. Su cuantía es de 3.000 pe­ setas. N i en uno ni en otro caso ha sido proclamado todavía el J u r a d o califica­ dor. Se anuncia la aparición de una n u e v a R e­ vista L ite r a r ia ; aparecerá en V a­ lencia y será di­ rigida por el poe­ ta v a l e n c i a n o X avier Casp. Es­ tará v in c u la d a al I n s t i t u t o de Filología Alfonso el Magnánimo y se titulará ’’Mur­ t a ” , q u e v a le tan to como mir­ to en castellano. (Recordamos una revista, ta m ­ bién valenciana, de este mismo titulo, aparecida allá por los años treinta y tantos.) El aspecto más original de esta nueva publicación es que recogerá en sus páginas la labor poética y literaria de las distintas regiones y hablas penin­ sulares.

# Pedro Lain Entralgo acaba de recoger en un breve y deli­ cioso libro sus impresiones de viajero por tierras de La Argen­ tina, Chile y Perú. Se llama el libro, recentísimamente apare­ cido, ’’Viaje a Sudamérica” .

56

F El investigador norteamericano James Miv Keys, de'la Uuiversidad de Portland, Ore­ gon, ha presenta­ do en la Univer­ sidad de Madrid su tesis de Doc­ tor. Versa sobre ’’Las misiones es­ pañolas de Cali­ fornia y su in­ flu en cia en la vida actual”, y, según nuestras noticias, consti­ tuye un estudio profundo sobre el tema,[que fes tra­ tado y desenvuel­ to desde un pun­ te de vista sumamente original e interesante.

N

ir

f t a

Han llegado con el verano los Juegos Florales. De algunos años a esta par­ te, ha revivido en nuestras pro­ vincias la vieja t r a d i c i ó n prov e n z a l de las Cortes de Am or y P o e s í a (no siem pre c i e r t a ­ mente en benefi­ cio de lafm e jo r poesía). El pre­ mio más intere­ sante y a trayen ­ te es el que ofre­ ce Jerez de la Frontera en sus F ie s t a s de la Vendim ia. M ejor dicho, los pre­ mios, porque son varios. El pri­

t f

E S T U D IA N T E S A M E R IC A N O S EN M A D R I D Muchísimas personas se interesan, en Es­ paña y en Am érica, por conocer la im portancia del m ovim iento estudiantil hispanoam ericano en España, a través del Instituto de C ultura Hispánica y otras entidades. La cuestión es de tanto volum en, que no cabe en una breve respuesta; pero vam os a dar detalles sobre los estudiantes residentes en el Colegio M ayor de Nuestra Señora de Guadalupe, edificio cercano a la Ciudad U niversitaria de Madrid, que acaba de term inar su segundo cursrf bajo la dirección del profesor D. Angel Lago Carbailo. Este Colegio M ayor, como indica su nom ­ bre tradicional, no es m eram ente una residen­ cia de estudiantes, sino una casa de form ación, de intenso am biente espiritual, cuyos habitan ­ tes se tem plan en la vid a religiosa y la civil, lo mismo que en una vid a intelectual de alta cul­ tura, con im portantes fiestas sociales y recep­ ciones que les ponen en contacto con cuantos viajeros hispanoam ericanos y europeos pasan por Madrid. La capilla y la Academ ia cultural del Colegio M ayor polarizan las dos direccio­ nes esenciales de la tarea universitaria, cuyos episodios diarios se viven en las Facultades y en los campos de deportes de la U niversidad. Y las frecuentes excursiones por los alrede­ dores de Madrid y las ciudades artísticas de España, incluso con alguna escapada indivi­ dual al E xtranjero, abren continuam ente el horizonte de los colegiales. En el últim o curso, han obtenido el grado de D octor por la Universidad de Madrid cinco colegiales, a saber: Agustín B asave y Fernán­ dez del Valle, m ejicano, D octor en Derecho; Antonio Soto Sánchez, costarricense, tam bién jurista; César Lanfranchi Landranchi, argen­ tino, abogado tam bién; Carlos Molina Ar-

Con m otivo de su retorno a Buenos Aires, y después de los muchos y brillan tes éxitos de l e c t u r a de su poema dramáti­ co ” E1 perro de M ontserrat”, e¡ director del Inst i t u t o de Cul­ tura Hispánica D. Alfredo Sán­ chez Bella ofre­ ció una cena de d e s p e d i d a al ilustre poeta y diplomático es­ pañol Agustín de Foxá. El ac­ to se celebró en la taberna ” Ei P ù lp ito ” , de la P laza M ayor de Madrid, y con­ currieron al mismo representa­ ciones numerosas y distinguidas de nuestras letras y nuestra di­ plom acia.

tr o siglo X IX lite­ r a rio — d escu b rió y d esem polvó

en la

H e m e ro te c a

nu­

m e ro sa s y, casi sie m p re ,

in d u d a ­

bles p iezas en p ro ­ sa y v erso o rig in a les_ del g r a n lírico ro m á n tic o e s p añ o l, se h a c ía u rg e n te ­ m e n te n e c e sa iio rc a g ru p a r y pu b li­ c a r in te g ra m e n te la o b ra b ecq u erian a . Los textos id e n tific a d o s p o r G a­ m allo no so n , a d e m á s , sim ples c u rio ­ sidades e ru d ita s , sin o que c o n s titu ­ y en g e n e ra lm e n te a p o rta c io n e s v alio ­ sísim as a la m e jo r o b ra del u n iv ersal p o eta españ o l.

f r

t e

El gran músico francés Fran­ cis Poulenc ha puesto música a tres poemas de Federico García Lorca (la noti­ cia no dice cu á­ les). Indudable­ mente la poesía m ágica y popu­ lar del gran lí­ rico granadino se presta marav illo s a m e n t e , por lo menos en su dicción nati­ v a , al a é r e o acompañamien­ to m usical. Des­ conocemos, sin embargo, si los poemas han sido traducidos al francés o la música de Poulenc ha sido traducida al español. *

o

güello, nicaragüense, doctorado en Derecho y en la Escuela de Estudios Am ericanos de Se­ villa; Enrique Torres Llosá, peruano, d octo­ rado en Derecho asimismo. Nada menos que ciento veintiún colegiales ha albergado el últim o año el Colegio M ayor G uadalupe, distribuidos en la siguiente form a por nacionalidades: quince argentinos, cinco bolivianos, tres brasileños, tres colom bianos, cuatro costarricenses, siete chilenos, cuatro do­ m inicanos, cuatro ecuatorianos, veintiséis es­ pañoles, un filipino, un gu atem alteco, un hondureño, once m ejicanos, trece nicaragüenses, un paragu ayo, diez peruanos, un portugués, cinco portorriqueños, cinco salvadoreños y un uruguayo. Téngase en cuenta que el actual Colegio Ma­ yor G uadalupe es un edificio provisional, y a que el definitivo se encuentra en construcción en plena Ciudad U niversitaria, ju n to al Museo de Am érica, y a m uy adelantado en su obra, y lo que será sede del Instituto de C ultura 'H is­ pánica y la B iblioteca Central de los Pueblos Hispánicos. Los estudiantes hispanoam erica­ nos que vivirán en el fu tu ro Colegio, en fecha no lejana, serán varios centenares cada año. Y repartidos por toda España, en los Colegios M ayores de otras Universidades, especialm ente la de Sevilla, tan ligada a Am érica, estudian y a otros m uchachos hispanoam ericanos, cuyo número crecerá tam bién año tras año. La frialdad de estos datos estadísticos oculta, más que revela, una gran verdad: Las ju v e n ­ tudes intelectuales de Hispanoam érica, en este m om ento histórico, olvidando la antigua ten­ dencia a dirigir sus pasos a París y valorando certeram ente lo que pueden aprender en Nor­ team érica, prefieren em prender el via je a Es­ paña para estudiar, entre otros hombres de su estirpe, todos los prestigios antiguos y m oder­ nos de la Ciencia.

El Instituto de Cultura His­ pánica publica­ rá próximamen­ te en sus Edi­ c io n e s la prime­ ra versión espa­ ñola de ” La chí­ nela de raso",el m agnífico dra­ ma b a r r o c o e h i s p á n i c o del gran octogena­ rio lírico fran­ c é s Paul Clau­ del.

Con u n a so n ris a — e n tre irónica ) c o m p la c id a — D . E u g en io d ’Ors, que a c a b a de r e g re s a r de R o m a , donde ha in a u g u ra d o el In s titu to Español de L e n g u a y L ite r a tu r a , n os anuncia que este v e ra n o se cele b ra rá un Con­ g reso de A rte A b stra c to ¿dónde diran u s te d e s ? ï nada m e­ n o s q u e en las cu ev as de A lta m i­ r a , e n tre los biso n tes

pi nt a do s h a c e m iles de añ o s en la ro c a v i­ v a de las m o n ta ñ a s c á n ta b ra s id ea del C ongreso es ocurrencia — c ie rta m e n te o rig in a l— del Gober­ n a d o r civil d e S a n ta n d e r, que q u ie n c u rs a la in v ita c io n e s a los ar­ tis ta s — p in to re s y e sc u lto re s—ibéri­ cos. M ie n tra s ta n to , d o n Eugenici q u e h a tra íd o d e R o m a u n nuevo á n g e l n a p o lita n o , se r e t i r a , como to* dos los v e ra n o s, a d e s c a n sa r de Madri — y ac a so ta m b ié n del a r te abstrae* to — e n s u e rm ita m e d ite rrá n e a .

I

jgoo éramos escasos 18 .000.000 los esp a ñ o le s. En 1949, rozamos lo s o 000.000. En el interm edio ha habierras en Marruecos (veinte años y as quinientas mil bajas), y en el interior Un años y un millón de bajas). A pesar cual, en cincuenta años la población de montado en doce millones a la del am a­ n e c e r del siglo. Desde 1 9 3 9 , el m dice de mortalidad ha 'do a uno de los más bajos de Europa. Y ? nuevos españoles son 300.000 anuales. K1Scoeficiente sube, como es lógico, en proesión geométrica. Para el año 2000, los Hnartamentos de E stadística calculan sin aeerar prudentem ente, una población e a España de 45.000.000 de alm as, como nos gusta decir. De alm as con albedríos, no ¿e "robots” comunizados. Lo que garantiza la riqueza de un país es su cuenta corriente de habitantes. Ellos son ejército de paz y de guerra, desarro­ llo multiplicado de la civilización y ga­ rantía de peso internacional. Ahora mismo ¡os tres millones de soldados de España traen de cabeza a los enem igos de Occi­ dente, y son uno de los pilares en que se asientan las combinaciones de los Estados

E

LA OBRA S IN D IC A L DEL HOGAR MULTIPLICA LOS HOGARES ESPAÑOLES Por TOM ÁS B O R R Á S.

Mayores.

A España, por su incesante e incontenible vitalidad biológica, se le plantean dichosos problemas de capacidad. Víveres, aloja­ miento, talleres, son las tres direcciones en que el Estado ha de emplearse a fondo para encauzar el torrente de vigor y ha­ cerle fecundo. Y este cálculo hay que li­ garlo con los principios políticos. R educi­ do ello a síntesis, lo que el E stado procura es: mejor explotación agrícola, ganadera, pesquera; engrandecim iento de las ciudades y aldeas ampliando -sus edificios; indus­ trialización.

Que cada productor tenga casa ’’suya”.

En Valí de Uxó, provincia de Castellón, la industria ’’modelo” de calzados ’’Segarra” ha construido este moderno pueblo, con la ayuda de la Obra Sindical del Hogar.

El Instituto Nacional y su obra. Por lo que se refiere a la vivienda, los antecedentes numéricos abren su total v i­ sión y justifican lo ingente de la labor aco­ metida. El déficit, en 1939, por destrozos de la guerra y desidia anterior estatal, as­ cendía a 360.000 casas. Por reposición de las que terminaban su vida, otras 392.667 había que añadir. Y com pletado el cálculo (debido a minuciosas informaciones), con las necesarias para el aum ento de habitan­ tes en un decenio, o sea 640.390, el total de hogares a construir antes de 1954 ascen­ día a 1.396.257. Sólo así podría cumplirse la promesa del Jefe del Estado: el español, con pan, y en un hogar con lumbre. No se crea que los gobernantes esperaron a que se disparase el últim o cañonazo para atacar el conflicto. José Antonio Girón, m i­ nistro de Trabajo, preparó una ley que se promulgó el 19 de abril de 1939, veinte días después de la toma de Madrid. A favor de la cual, la técnica, el dinero y los brazos se emplean en elevar, sobre las ruinas, la España de hoy y para el porvenir inm ediato. Esa ley creaba el Instituto Nacional de la Vivienda, con personalidad independiente y con la misión de dictar normas para la construcción de viviendas "protegidas" y contribuir, otorgando determ inados bene­ ficios, a la edificación de casas de renta re­ ducida, con protección preferente a los eco­ nómicamente humildes. Agrupó bajo su amparo legal a particu­ lares, ayuntam ientos, diputaciones, coope­ rativas y sindicatos. Todos ellos formaron sus planes según la necesidad característica de los componentes, y bien dotados por el Instituto, en el ám bito entero de España se dieron febrilmente a cumplirla. Al mismo tiem po el Institu to Nacional de Colonización, Regiones D evastadas y los emprendedores profesionales contribuían a cuajar los paisajes de pueblos p lanta­ dos, pueblos reedificados y pueblos am ­ pliados.

Al través de toda España, la Obra Sindical del Hogar ha mejorado las viviendas de los productores. En la foto, el grupo ’’Guillén Lafuerza” , de la ciudad de Oviedo.

El Instituto de Colonización y Regiones Devastadas. El Instituto de Colonización expropia los latifundios y los distribuye entre los que •abran la tierra directam ente; traslada las aldeas de lugar cuando la creación de un Pantano inunda su solar; y en los sitios de­ sérticos, a los que hace llegar el agua y a ta a la red de com unicaciones con nuevos caminos, planta, com o decíam os, pueblos a b ­ solutamente nuevos. A ragón , E xtrem ad u ra y Andalucía, especialm ente, han visto en años aum entar el núm ero de sus muD'cipios con esos burgos recién nacidos por acto de la fecunda acción de los coloniza­ dores.

Regiones D evastadas, otro organismo autónom o, es el encargado de volver a ele­ var aquello que la guerra destruyó. Cientos de poblaciones me.i res y m ayores, con v e ­ locidad increíble, han sido reedificadas desde 11 raíz, además de cuantos m onum entos su­ frieron daños. Por últim o, los particulares, m ediante un tipo de Sociedad Anónim a denom inada "Inmobiliaria” entraron, como negocio, en el acuciante trabajo de dar a los vecinos casas recientes. Pero el Institu to de C olonizirión no aten­ día más que a sus fines primordiales: densi­ ficar las provincias menos pobladas y dis­ tribuir la tierra estéril. Regiones D evasta­ das bastante tenía con resucitar los cerca de mil pueblos que la guerra dejó en cas­ cotes. Y las "Inm obiliarias” sedientas de lucro, sólo en las grandes poblaciones apli­ caron su dinero a producir más dinero: ca­ sas de lujo, de precio carísimo, que si em be­ llecían y enriquecían las m etrópolis, deja­ ban a la intemperie a la calse media y a los operarios manuales. Por ello fué el In stitu to de la Vivienda quien acom etió la tarea de dar a los es­ pañoles no opulentos el hogar que una Patria distribuidora de Justicia y de Pan les debiera.

Uno de los bellos edificios del grupo ’’Segarra” , en Valí de Uxó.—Todos los obreros de la industria, que residen en la citada villa poseen una vivienda como ésta.

Aliados al Instituto de la Vivienda, Cooperativas, A yuntam ientos, D iputacio­ nes y otras entidades paraestatales o gre­ miales, se preocuparon de sus empleados, d i sus asociados o de sus administrados. Empezaron a surgir bloques de casas, ciu­ dades-jardín, barriadas de colaboradores de un estrato de la Econom ía o de funcionarios de un centro. La clase llamada media, con ese producir constante de albergues, se benefició no sólo del alojam iento circuns­ tancial, del alquiler, sino de la propiedad de la casa que habitaba, como luego v e ­ remos. En cuanto al obrero, al jornalero, al m o­ desto productor que nada puede conseguir, en cuanto comprar, por sí mismo, a él se dedicó con radical entusiasm o la Delegación N acional de Sindicatos. Desde 1 1 promulgación de la Ley del 39, los Sindicatos, por medio de su Delegación Nacional, organizaron a su vez la inaca­ bable y santa tarea. Esta: dotar a cada trabajador de una casa "suya". Es de­ cir. ascender a clase media a la clase pro­ letaria. Para ello creó la Obra Sindical del H o­ gar, que empezó su funcionam iento, una vez estructurada en las cincuenta provin­ cias y dotada financieram ente, en enero de 1941. Es interesante analizar su funcionam ien­ to. En Madrid está la Jefatura de la Obra, con delegación en cada una de las capitales de provincia. A rquitectos, expertos adm i­ nistrativos y una legión de aparejadores actúan en cada punto, una vez aprobados los planes y planos que envían desde el lu ­ gar de donde hay que atender a la necesdad de hogares. Y el beneficiario, el obrero, logra "su" casa según este sistem a: aporta el diez por ciento del precio (y si no lo aporta, la D e­ legación le hace un avance), m ediante una "Cartilla de Ahorro para el Hogar", que le abre la Caja Postal de Ahorros, en cualquier municipio. A ella van los sobrantes de su presupuesto, más los intereses de la Carti­ lla, además de un regalo de cantidades que le hace la Delegación de Sindicatos (45 m i­ llones anuales). La solicitud de ese presunto beneiiciario la adm ite la D elegación pro­ vincial, y com ienza a construirle su casita. El E stado le exim e del pago de contribu­ ción durante veinte años y le reduce en un 90 por 100 el pago de cualquier im puesto (derechos reales, etc.). Inm ediatam ente el Instituto N acional de la Vivienda le otorga el 90 por 100 del coste de la casa, que com ­ pleta el total. Y el ya inquilino abona en cuarenta años (a razón de cantidades que, oscilan entre 92 pesetas y 178 mensuales los primeros veinte años, y 87 y 168 los últim os), el precio total, y queda propieta­ rio absoluto. Si se desentiende de la casa en el período de alquiler-pago, se le devuelve el dinero que en ella empleó. H ay que hacer notar que esos alquilerespagos que hace el beneficiario, son m uy in­ feriores al coste de los alquileres-renta de una casa de propiedad particular, además de que las construidas por la Obra son in­ finitam ente más bellas, lujosas y apropia­ das para cada grupo de profesiones: labra­ dores, pescadores, obreros de fábrica, m i­ neros, etc.

57

D e c ó m o 'h a r e s p o n d id o el t r a b a j a d o r a la lla m a d a d e s u s S in d ic a to s , h e a q u í u n a m u e s tra : e n e l d é c im o a n iv e rs a rio d e la p r o ­ m u l g a c i ó n d e l a L e y d e l 3 9 h a b í a 4 0 .0 3 3 c a rtilla s d e " A h o rro p a ra e l H o g a r”, c o n 3 2 . 3 8 8 .6 1 2 p e s e t a s . C u a r e n t a m i l f a m i l i a s e s p e r a b a n e n a b r il d e e s te a ñ o q u e le s a c a ­ b a se n s u c a s ita .

g T R Ç j^ fO E S fo R A P

Una gran obra en marcha. ¿ L o re a liz a d o y a ? E n e se a n iv e rs a rio y c o m o in ic ia c ió n , d u ­ r a n t e u n o s d ie z a ñ o s , la O b ra S in d ic a l h a l e v a n t a d o e n t o d a s l a s p r o v i n c i a s 9 .3 6 5 v i ­ v i e n d a s , c o n u n c o s t e d e 3 7 1 . 3 1 8 .4 9 3 p e s e ­ t a s . Y e s te 49 s e t e r m i n a r á n y e n tr e g a r á n 7 . 2 0 6 , q u e c u e s t a n 3 3 4 . 0 8 8 .1 r 7 p e s e t a s . S e h a n s u b a s ta d o y e s tá n e n c o n s tru c c ió n , 5 .5 2 8 , p o r u n v a l o r d e 8 0 . 1 1 8 . 7 3 5 . H a y 1 3 .1 6 8 v i v i e n d a s a p u n t o d e s u b a s t a r s e , c o n u n p r e s u p u e s t o d e 5 1 4 . 6 1 9 .7 0 3 p e s e t a s . Y s e e s tu d i a n lo s a n te p r o y e c to s p r o v in c ia le s d e i i . 9 0 1 . L o s t o t a l e s s o n : 4 5 .1 6 8 v i v i e n ­ d a s p a r a a n te s d e 19 54 , P o r u n im p o r te d e 2 . 3 5 8 . 4 0 0 .0 0 0 d e p e s e t a s . L a s c o n s t r u i d a s , e n tre g a d a s y e n té rm in o d e u ltim a c ió n h a n a b s o r b i d o y a m á s d e 1 .0 0 0 m i l l o n e s d e p e s e ta s . L a g e n e r o s a a m b ic ió n — a n tin o m ia b ie n a p lic a d a a lo s f in e s d e la a c t i v i d a d s in d i­ c a l— d e la O b ra d e la D e le g a c ió n N a c io n a l n o s e c o lm a c o n lo h e c h o , n i c o n lo q u e e s t á e n m a rc h a . S u s v u e lo s , d e m a y o r a m p litu d , se v ie ro n s o m e tid o s a u n r itm o le n to p o r la g e n e r a l c ris is d e m a te ria le s . E s p a ñ a , m a l­ t r a ta d a e c o n ó m ic a m e n te , n o p u d o o b te n e r m a q u in a r ia p a r a in s ta la r m á s fá b ric a s d e c e m e n to , n i p a r a m u ltip lic a r s u s A lto s H o r ­ n o s , y p o r e llo la c o n s tr u c c ió n , e n to d o s s u s ó r d e n e s , n o h a s a tis f e c h o lo s p r o p ó s ito s d e lo s q u e la im p u ls a n . L a m e jo r a , c o n s ta n te , d e la s in d u s tria liz a c io n e s , e m p u ja ta m b ié n la v e lo c id a d d e la s a r q u ite c tu r a s . D e h a ­ b e rs e e m p le a d o la D e le g a c ió n N a c io n a l d e S in d ic a to s e n e s ta s e m p re s a s e n u n tie m p o n o rm a l, n o e x is tiría y a p ro b le m a d e v i­ v ie n d a p a r a lo s h u m ild e s . E s u n o d e lo s a s ­ p e c to s e n q u e s e h a n c o n ju g a d o , e n la E s ­ p a ñ a c a lu m n ia d a , la in ju s tic ia e x te rio r c o n e l p ro p io e s to ic is m o . S in e m b a rg o , ¿ p u e d e c o n c e b ir el n o in ­ fo rm a d o q u e , c o n tra e sc a se c es y a d v e rs i­ d a d e s , lo s S in d ic a to s h a y a n r e g a la d o a s u s o b r e r o s c a n t id a d e s d e h o g a r e s y s u m a s d in e r a r ia s c o m o la s q u e c o n s u e lo c u e n c ia e s ­ c u e t a d ic e n lo s n ú m e r o s ? Y , e n s e g u n d o t é r ­ m in o , c u a n d o E s p a ñ a p u e d a d e s e n v o lv e rs e s e g ú n s u ím p e tu , ¿ a q u ié n n o a lc a n z a rá e l b e n e fic io d e la O b ra S in d ic a l, s i e n e lla fig u ra to d o e l q u e tr a b a ja , to d o el q u e es p r o d u c to r , in c lu s o e l té c n ic o a c a d é m ic o y e l m is m o c a p ita lis ta ? E l g e n io d e la r a z a , e n e s te te m a c o n c r e to d e s o lu c io n e s a l c re c im ie n to d e la p o b la c ió n y a la e sc a se z d e v iv ie n d a s p o r d e s tru c c ió n o a g o ta m ie n to , h a d a d o d e s i la id e a o rig i­ n a l q u e s ie m p re d e é l s e e s p e ra . C o n u n s ig n o a q u e y a h e m o s a lu d id o : q u e e n v e z d e a r r u i n a r a l o s p u d i e n t e s , e n v e z d e p rc * le ta r iz a r a la c la s e m e d ia , e le v a d e r a n g o a lo s jo r n a le r o s y d e s v a lid o s , a lo s t r a b a j a d o ­ re s q u e n o s a b e n m á s q u e a lq u ila r su s b ra ­ z o s. Y si p o r m e d io d e la O b ra d e C a p a c ita ­ c ió n le s tr a n s f o r m a e n a r te s a n o s y o b r e r o s c a lif ic a d o s , p o r l a d e l H o g a r lo s h a c e p r o ­ p ie ta r io s . C a d a a ñ o , m ile s y m ile s d e f a m i­ lia s p o s e e n ” s u " c a s a . A sí se c u m p le , p o r el n u e v o E s t a d o , la p r o m e s a p o r la q u e m u ­ rie ro n s u s m e jo re s .

Nacido en Madrid con ape­ llido vasco—lo que ya le dife­ rencia de don Miguel, si no la polifacecia—, existe tantas veces como géneros ofrece la literatura. Su precocidad le da antes de 1936 un parcial Premio N. de Literatura, y después se nos aparece como poeta adscrito, pero no ads­ crito—ésta es siempre su cuestión—al grupo de ’’Garcilaso”, con ”La piedra solita­ ria” , ” E1 canto cotidiano” y ”E1 poema de los tres carros”; como crítico de arte, en el periodismo y en ’’Cubismo”; como ensayista, con ’’Entregas” , y como novelista, con ” E1 empleado” Apenas nos queda añadir que se llama En­ rique Azcoaga y que tiene treinta y ocho años redondos.

De tierras de olivos y mineros, puesto que nació en La Caro­ lina (Jaén), en 1904, Antonio Bellón es hoy uno de los pri­ meros críticos taurinos espa­ ñoles, tras seguir sus dos gran­ des aficiones infantiles: los toros y el dibujo. Así, Bellón hace a un tiempo y en el mismo diario madrileño ’’Pue­ blo” la crítica de toros y la caricatura cotidiana, con su chiste. La dualidad la m an­ tiene desde 1916, o sea, desde los doce años, ya que a partir de entonces colaboró en casi todos los periódicos festi­ vos de Madrid y de España, entre ellos ’’Buen Humor” y ’’Gutiérrez”. Antonio Bellón es hoy, también, re­ dactor del semanario ’’Dígame” también de Madrid.

Inquieto y detallista. Agudn hábil y leal. Hombre de leyes’ y periodista. Armando Chá. vez Camacho, director de ”e¡ Universal Gráfico” , de Méji­ co, autor de ’’Cájeme” y sión de Presa en España”, na! ció en Hermosillo, Sonora sil bella tierra mejicana, el 25de noviembre de 1911. Presidente de la Confederación de Estudiantes, ha conocido la pr¡. sión, y ahora, en premio de sus virtudes, comienza a conocer la gloria. Padre de seis hijos ha viajado por E stadis Unidos, el Caribe y Europa. El Licdo. Chávez Camacho, hoy día al frente de uno dé los mejores bufetes de la ciudad de Méjico, es también el excelente prosista de ’’El'gran amor de Coyote-Iguana’’.

Nació en tierra recia, en Bezana, provincia de Burgos junto a la raya de Santander; se formó estudiando latines y letras a la sombra de la cate­ dral burgalesa. Y recios son el estilo vital y la prosa de Esteban Fernández Ruiz. ”Sig no” , órgano de la Juventud de Acción Católica Española, ad­ quirió maravillosa vibración al impulso de este castellano de pro en los difíciles diez años en que fué su redactor jefe. Más tarde pasó a ’’Ecclesia” , también con el puesto de redactor jefe y después de su trabajo eficaz en la Oficina de Información Diplomática de Madrid, ejerce en Roma el cargo de agregado[de Pren­ sa a la Embajada de España cerca de la Santa Sede.

Ferroviario ’'casi desde 'n iñ o , Jesús de la Fuente—nacido en Madrid, en 1904—es un des­ tacado especialista en los te­ mas ferroviarios, a cuyo estu­ dio, tanto en el aspecto histó­ rico como en el económico, ha dedicado gran parte de su vida. Colaborador de la especiali­ dad en distintas publicaciones españolas, es director de la revista profesional ’’Ferrovia­ rios” , de Madrid, y trata hoy, en estas páginas, un tema que afecta a la actualidad de los ferrocarriles españoles. J. de la F. fué secretario de la primitiva Comisión del Centenario del Ferrocarril, por estos tiempos en que España celebró y celebra los cien años de la inauguración de la primera línea férrea.

Cuando llegaban las vacacio­ nes escolares, entre año y año del Bachillerato, o de Dere­ cho, Julio Fuertes hacía en Yecla (M urcia)—donde nació casi con el siglo—unos perió­ dicos en los que era director, administrador y cajista, pues­ to que él mismo los componía, tipo a tipo. Más tarde, ya en Madrid, colaboró en distintos diarios y revistas españolas, perteneció a ”E1 Imparcial” , a más de llevar una página del semanario ’’Gracia y Jus­ ticia” y de ser confeccionador de ”Fe” y ’’Arriba”. Si­ guió en ’’Arriba” cuando reapareció—1939—como dia­ rio, y más tarde en 1942 fué nombrado redactor jefe, para pasar últimamente a secretario general del mismo.

Historiador oficial de Puerto Rico, Adolfo de Hostos, porto­ rriqueño, ha sido miembro del Congreso Internacional de Americanistas, a más de ser correspondiente de la Acade­ mia de la Historia de Cuba y de la Dominicana de la His­ toria. Pertenece al Instituto Cultural Argentino y es orga­ nizador y secretario de la Junta para la Conservación de Valores Históricos de Puer­ to Rico. Entre su interesante obra figuran los libros "Las excavaciones de la casa de Ponce de León en Capa­ rra y el fondeadero de Colón en Puerto Rico”, ”A1 ser­ vicio de Clio”,” Anthropological Papers” y ’’Aplicacio­ nes industriales del diseño indígena dé Ciudad Murada.

Santanderino, nacido en 1918, Juan Antonio Liaño Huidobro es licenciado en Derecho y teniente de Ingenieros, de un lado, y de otro, cofundador de la Sección Geopolítica del Seminario de Problemas His­ panoamericanos, del Instituto de Cultura Hispánica, de Ma­ drid. Colaborador de publica­ ciones diversas, toma parte en la próxima aparición de un atlas geopolítico—”La marcha hacia el Oeste”—y prepara una antología de autores y escuelas geopolíticas. A su especialidad corresponde el trabajo ’’Africa contra Hispanoamérica” , que enfren­ ta las posibilidades económicas de los dos continentes y que se publica en la página 20 uej este número.

No vamos a hacer aquí la bio­ grafía del autor Joaquín Montaner—, que queda para otra ocasión, sino la del tex­ to: ’’Misisipí”. Cuando anda escasa la poesía épica espa­ ñola, con tanta epopeya, ’’Mi­ sisipí” se nos aparece como una obra emocionada que re­ construye las peripecias de uno de los españoles más grandes y más audaces de to­ dos los tiempos: Hernando de Soto, el de la magnífica y fa­ bulosa aventura por las tie­ rras del Misisipí. Siendo ’’Misisipí” la epopeya de un adelantado en el Nuevo£Mundo. MVNDO HISPANICO ha recogido el colofón: el canto al río que sirvió de tumba a los intrépidos¿exploradores de sus márgenes.

De rancia familia vasca y con ascendencia periodística, An­ tonio Olascoaga term ina la carrera de Derecho e ingresa en el periodismo a los veinte años, en el ’’Pueblo Vasco” , de Bilbao, llegando a ocupar la subdirección de dicho dia­ rio. Durante la guerra de Li­ beración fué corresponsal de guerra y luego redactor jefe de ”E1 Diario Vasco” , de San Sebastián, en 1939. En 1944 fué nombrado Secretario téc­ nico de Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores, a pesar de lo cual sigue m an­ teniendo su colaboración en varias revistas y publica­ ciones españolas. Actualmente es corresponsal de ” La Voz de España” , de San Sebastián, y otros periódicos.

José Luis Sánchez Garrido —o ’’José Luis de Córdoba”—, cordobés, naturalm ente, na­ cido en 1914, es crítico tau­ rino del diario ’’Córdoba” y autor de varios libros sobre to­ ros. A los diciesiete años fun­ dó en su tierra un semanario taurino y dos años después era redactor jefe de ”E1 Defensor de la Afición”. Colaborador desde entonces en las principa­ les revistas taurinas de Espa­ ña. J. L. de C., por taurino y por el paisanaje, fué el primer periodista amigo de ’’Manolete”, cuando ’’Manolete” —nuevo en todas las plazas—era apenas ’’Manolete” , y así en 1939 publicó la primera biografía del torero incipiente, a la que siguieron otros interesantes libros.

Se inicia en las letras y el pe­ riodismo junto al grupo sur­ gido con 1936 en su natal Pamplona. Alterna estudios universitarios con los cursos de la Escuela de Periodismo. En sus ensayos y artículos se advierte preocupación por el estilo y el acontecer histórico. Sigue los caminos del perio­ dismo profesional intervi­ niendo en la fundación de ”La Voz de Castilla” , de Bur­ gos. Pasa a Barcelona, como crítico literario y redactor en ” E1 Correo Catalán” y la ’’Vanguardia Española”. In­ terviene activamente en la fundación del Instituto de Es­ tudios Hispánicos de Barcelona, y pasa a San Sebastián y Bilbao, donde sigue ejerciendo el periodismo activo.

'i

¡T O W B .5 Î

ESETAS

!

m m s.

pesetas

Reservas....................

242.857.192,68 pesetas

Related Documents